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Ignacio González cerró su caja de seguridad en el banco tras sospechar que le vigilaban

Tardó 48 horas en trasladar el contenido de esa caja a otra entidad distinta después de ser alertado por error de un posible seguimiento

La Guardia Civil investiga de dónde sacaba el dinero para pagar relojes de lujo y hasta un Lexus que los agentes aún no han encontrado

El expresidente madrileño también se puso en contacto con un detective privado para controlar quién entraba y salía de su despacho en la calle Atocha

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Ignacio González, durante un pleno de la Asamblea de Madrid. EFE

Ignacio González recibió una llamada en su móvil a principios de octubre de 2016. Su interlocutor, cuya identidad desconoce la Guardia Civil, usó un lenguaje en clave e intentó que el expresidente de la Comunidad de Madrid le respondiese, pero este no entendió nada. El hombre se disculpó, dijo haberse equivocado y colgó inmediatamente. Tras esa llamada, González se puso en contacto con un detective privado y cerró, con ayuda de su mujer, la caja de seguridad que ambos tenían en un banco. En apenas 48 horas la vaciaron, abrieron otra caja en una entidad distinta y trasladaron a ella su contenido.

Se trató de “una maniobra” llevada a cabo por el matrimonio para “cambiar de ubicación” el contenido de su caja de seguridad, inmediatamente después de esa llamada que alertó al expresidente madrileño de un posible seguimiento. Así lo recoge un informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, en el que se detallan los distintos movimientos de González tras esa comunicación. No han identificado al hombre que realiza la llamada, pero el número de teléfono está asociado al Canal de Isabel II.

La llamada se produjo a las cinco de la tarde del martes 4 de octubre de 2016. “Disculpe, acaba de hacer papa en vehículo”, dijo quien llamó a la antigua mano derecha de Esperanza Aguirre. González no entiende nada, su interlocutor se disculpa y cuelga de inmediato. La Guardia Civil cree que el Canal vigilaba a González o a otra persona, y quien le llama se equivoca y marca por error su número. Lo que tienen claro los agentes es que emplea un leguaje codificado en espera de una respuesta, similar al que utilizan ellos y la Policía, y que este hecho alerta al expresidente.

Gonzalez empezó a moverse al sospechar que le vigilaban. El contenido de las llamadas que intercambió con su mujer, Lourdes Cavero, en las 48 horas siguientes ha permitido a los agentes conocer la existencia de una caja de seguridad en un banco. El matrimonio se apresuró a cerrarla y abrió otra en una entidad distinta, lo que evidencia, según el informe, un intento de cambiar la ubicación del contenido de esa caja de seguridad.

Según un informe de la Agencia Tributaria, González y su mujer pagaban el alquiler de una caja de seguridad a través de una cuenta en el Barclays en la que ambos constan como titulares. Esa caja se abrió en 2006 en ese mismo banco, en su sucursal de la Plaza de Colón en Madrid. Los agentes no saben por ahora si la caja que se cerró era la de ese banco, ni en qué entidad se ha abierto la nueva porque en las conversaciones no se dan esos detalles.

Las cajas se seguridad son instrumentos que garantizan la confidencialidad de los clientes. Sus titulares no tiene que declarar su contenido y aunque muchos bancos prohíben depositar en ellas dinero en efectivo, no lo controlan. En 2013 la Agencia Tributaria abrió una gran cantidad de estas cajas a nombre de morosos con Hacienda y encontró importantes cantidades de billetes, además de drogas y armas en algunas de ellas.

Relojes de lujo y un Lexus sin localizar

La UCO enmarca los movimientos de González tras esa llamada dentro de la investigación sobre su patrimonio oculto, que manejaban a partes iguales él y Cavero. Los agentes están a la espera de que Suiza conteste a sus comisiones rogatorias para determinar si el expresidente madrileño tiene dinero escondido en ese país, pero mientras tanto ya han acreditado su disponibilidad de dinero negro y sus intentos por blanquearlo.

Además de las operativas descritas en su informe para lograr el efectivo que sustentase su tren de vida, la Guardia Civil ha documentado una serie de comportamientos de González que apuntan a que atesora importantes cantidades de dinero sin declarar. Llegan a esta conclusión tras detectar varios movimientos de dinero cuyo origen desconocen y que están investigando. Es el caso de una donación que el matrimonio hace a sus dos hijas en el año 2010: reciben 144.568 euros, algo más 72.000 euros cada una. “Se desconoce el origen de los fondos”, señala el informe.

También investigan la afición de González por los relojes de lujo y cómo podía pagarlos, cuando este manifiesta en varias conversaciones sus problemas financieros. Su maquinaria de blanqueo se puso en marcha para poder pagar abogados, secretarias y el alquiler del despacho en el que trabajaba, e intentaba ponerse un sueldo a través de una sociedad instrumental.

Los relojes eran de las marcas Rolex y Breitling y su precio superaba los 1.000 euros. González pujaba por ellos a través de Subastas Segre, la empresa de su mujer, y trataba directamente con la directora de la sección de “joyas, relojes y vintage”. Los agentes hacen constar en el informe que desconocen con qué dinero pagaba esos caprichos, teniendo en cuenta que no percibía apenas ingresos.

Las llamadas que revelaron los gustos del expresidente madrileño por los relojes de lujo también apuntaron su gusto por los coches caros. González cuenta en varias grabaciones que posee un Lexus, pero los agentes no lo han encontrado porque no está a su nombre. La Guardia Civil apunta en su informe que estos coches tiene un coste elevado, así que investigan cómo lo pagó y, si efectivamente disfruta de él como cuenta en las grabaciones, por qué no está a su nombre.

Cambio de cerraduras y un barrido del despacho

Una hora después de recibir la llamada que le pone sobre aviso de un posible seguimiento, González se puso en contacto con el detective privado José Antonio Novo. Del contenido de esa primera llamada se desprende que han quedado para verse en persona y vuelven a hablar al día siguiente. La grabación confirma que ambos se vieron en la tarde anterior para hablar de las posibles medidas de contravigilancia con las que Gonzalez quería protegerse del seguimiento del que se acababa de enterar.

En esa conversación, justo 24 horas después de la primera llamada, el detective le informa de que los servicios que ha encargado cuestan 1.200 euros. El expresidente le había pedido, por lo que se desprende del resto de la conversación, un barrido completo de su despacho para detectar posibles micrófonos. Durante la llamada, González informa al detective de que ha cambiado las cerraduras y le pregunta si es posible instalar cámaras ocultas que detecten quién entra y sale del despacho. Su interlocutor le contesta que lo estudiarán durante el barrido, que les llevará unas tres horas.

El informe de la Guardia Civil destaca los esfuerzos inmediatos de Gonzalez por “instalar fuertes medidas de seguridad y contravigilancia en su despacho” tras la primera llamada. Los agentes lamentan la decisión de González, que en su momento afianzó sus sospechas sobre las actividades criminales del expresidente madrileño, pero que dificultaron la investigación.

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