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El presidente de la Comisión defiende a la policía belga tras las críticas de descoordinación e ineficacia

Jean-Claude Juncker opina que los servicios de seguridad belgas no deben recibir lecciones de nadie en una entrevista con Le Soir

Sin embargo, reconoce que el intercambio de información entre los servicios secretos de los estados miembro de la UE avanza con lentitud

Entre los fallos de seguridad, que un yihadista fichado y expulsado de Turquía circularan libremente por Bélgica o que no se desalojara antes el metro

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Juncker cree "nadie debe dar lecciones" a los servicios de seguridad belgas

Juncker cree "nadie debe dar lecciones" a los servicios de seguridad belgas

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, opina que los servicios de seguridad belgas no deben recibir lecciones de nadie, y recuerda  en declaraciones al diario Le Soir que el terrorismo ha afectado a otros países, como España, Reino Unido, Italia o Alemania. "¿Quién no tiene culpa en el ámbito del terrorismo? Ha habido un terrorismo duro y pesado en Reino Unido. Hubo en los años 80-90 en Alemania, en España, en Italia, etcétera", recuerda Juncker.

El presidente del Ejecutivo comunitario rechaza las críticas que Bélgica está recibiendo, que aluden a la supuesta ineficacia de sus servicios de seguridad. La falta de coordinación entre las distintas adminstraciones belgas ha sido una de las principales.

Por ejemplo, se han evidenciado fallos en el hecho de que el autor de los atentados de París, Salah Abdeslam, haya estado más de cuatro meses en el país sin ser detenido. O que los hermanos El Bakraoui fueran delicuentes comunes ya fichados. Además, según el presidente turco detuvieron y expulsaron el pasado 14 de julio a uno de los autores que cometieron el atentado de Bruselas, que ha podido estar circulando por el país libremente desde entonces.

"Fue deportado. Informamos a la embajada belga sobre la deportación y Bélgica lo dejó libre", ha dicho el presidente turco Erdogan. "Pese a nuestras advertencias de que esta persona era un combatiente extranjero, Bélgica no pudo determinar sus vínculos con el terrorismo". Ahora Bélgica ha informado de que investigará qué falló.

Otra de las críticas lanzadas a la seguridad belga es por qué no había desalojado el metro y otras infraestructuras más de una hora después de los atentados en el aeropuerto. La bomba de la estación de Maalbeeck estalló más de una hora después de las de la terminal de salidas.

El propio gobierno admite alguna incapacidad cuando el propio primer ministro, Charles Michel, dijo el martes: "Temíamos atentados y aquí están". Lo sabían, intentaban controlar desde hace meses el barrio donde se concentran un centenar de yihadistas, pero no fueron capaces de fustrarlo.

Otras dudas surgen en por qué quedaron sin un estricto control varias carreteras que conectan Bruselas con París y Holanda. Por una de esas vías pudo huir el sospechoso que todavía busca la policía.

Sin embargo, el reprentante de la Comisión Europea cierra filas con la seguridad belga, aunque Juncker sí admite que el trabajo policial en la UE no es del todo como debería. Constata la lentitud con la que avanza el intercambio de información entre los servicios secretos de los Estados miembros de la Unión Europea.

Terrorismo "importado"

El presidente de la Comisión dice que el terrorismo que tuvo lugar entre las décadas de los años 60 y 90 del siglo pasado en algunos países parecía afectar menos a la gente que los ataques de ahora, y admite que a ese fenómeno se suma la dimensión de los "fanáticos religiosos que llevan nombres que no son belgas, luxemburgueses, alemanes o franceses".

"Es como si el terrorismo que nos golpea hubiera sido importado (...) mientras que quienes cometen estos actos han nacido aquí, como muchas veces sus padres, han seguido nuestros sistemas escolares, etcétera", señala.

Aunque reconoce que los países europeos no han funcionado bien en materia de integración, subraya que el no quiere ceder "al reflejo simplista que quisiera llevar todo esto a una cuestión de religión o de integración fallida".

"Estoy triste, pero no desesperado", dice el presidente del Ejecutivo comunitario, que añade que siente "un impulso de optimismo" después de haber ido el miércoles con el primer ministro belga a la plaza de la Bolsa, donde se produjo una concentración ciudadana, tras los atentados el martes en el aeropuerto de Zaventem y la estación de Maelbeek, en Bruselas.

En esa concentración, Juncker explicó que vio a jóvenes "que oponen un mensaje de amor a esos discursos y actos de odio", lo que consideró "reconfortante".

"En un momento en que todo nos invita a no ser tolerantes, los jóvenes belgas y de Bruselas hacen gala de una tolerancia valiente. Muchas personas, bomberos, policías, civiles, han participado estos últimos días en actos de homenaje. Los belgas pueden estar orgullosos hoy, muchas veces no lo están lo suficiente", opina.

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