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El club de las esposas disidentes

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El club de las esposas disidentes

El club de las esposas disidentes

Hasta hace un año y medio, Wang, Li y Yuan eran tres felices amas de casa, pero todo cambió en cuestión de un día, cuando sus maridos desaparecieron. Entonces no se conocían y hoy se tratan como hermanas: son compañeras "de guerra", de su difícil batalla contra el sistema chino.

Wang Qiaoling, Li Wenzu y Yuan Shanshan son las mujeres de tres destacados abogados de derechos humanos de China, Li Heping, Wang Quanzhang y Xie Yanyi, arrestados en una operación policial contra este colectivo a mediados de 2015.

Su vida se truncó para siempre en julio de ese año, después de que las autoridades hicieran "desaparecer" a los padres de sus hijos sin explicación alguna, un arresto que no confirmaron hasta que pasaron unos meses.

"Al principio, lloraba casi todos los días", rememora Wang en una entrevista con Efe.

Su historia habla de persecución, de un sistema corrupto en el que una persona puede estar un año detenida sin juicio o sin poder contactar con un letrado de su libre elección y, sobre todo, del valor de tres mujeres que hoy se han convertido en importantes defensoras de los derechos humanos.

"Se podría decir que somos activistas contra el sistema chino", sentencia Yuan junto a sus inseparables amigas, que se apoyan y se animan cada día.

Wang ayuda a entender su camino hacia la disidencia: "Antes de los arrestos, vivíamos en una sociedad con información falsa; este caso nos hizo darnos cuenta de que la realidad es muy distinta".

Tras 17 meses sin poder ver o hablar con sus maridos, sospechosos de subversión o de incitar a la misma por llevar casos incómodos para el Gobierno -de disidentes a miembros de comunidades religiosas-, Li Wenzu recuerda el día en el que se dio cuenta de que la policía le perseguía.

"Se cumplían seis meses desde el arresto de mi marido y quería ir a la ciudad de Tianjin (norte) a preguntar a la fiscalía que lleva el caso. Al bajar de casa con mi hijo me topé con un coche en el que estaban dos hombres, que se escondieron al verme. Me metí en un restaurante y me siguieron", recuerda enfadada.

En esa ocasión, Li consiguió despistarles e ir a Tianjin tras varias horas escapando. "Me sentí muy mal. Soy una persona corriente, ¿por qué no me dejan vivir una vida normal?", lamenta.

Hoy saben que varios hombres "siempre" están en su puerta y, aunque disfrutan de una relativa libertad de movimientos, han sido detenidas varias veces por cortos periodos de tiempo, y en la última ocasión, el mes pasado, les obligaron a desnudarse frente a dos agentes.

"Es una práctica habitual", asegura Wang. "Lo que no es normal -señala Li- es que te graben. Nos desnudamos y de repente una agente me dijo 'saluda a la cámara'".

El acoso de la policía, no obstante, no les quita la sonrisa ni la fuerza para protestar, cada vez con más sarcasmo.

En su primera protesta escribieron con pintalabios en hojas de papel y la última es un divertido vídeo en el que, con afinada ironía y la voz distorsionada para que suene más aguda y rápida, afirman que la policía les ha tratado "muy bien, forzando a los colegios a rechazar a sus hijos y a los propietarios de sus viviendas a echarles".

"Antes estábamos atemorizadas, pero ahora sabemos que lo que hacemos y lo que hicieron nuestros maridos es legal", afirma Yuan, quien estaba embarazada de tan sólo un mes cuando se llevaron a su cónyuge y aún no le ha puesto nombre a su bebé porque quiere que él lo haga.

Recientemente, Wang recibió un premio franco-alemán por su labor en la defensa de los derechos humanos y el Estado de Derecho, y todas ellas saben que el galardón traerá consecuencias.

"El premio pone a Wang en una situación muy arriesgada y al mismo tiempo nos beneficia a todas", considera Li.

"No es motivo de alegría. Preferiría recibir un galardón por ser la mejor vestida, vivir en una sociedad normal", explica la combativa Wang, que ya se prepara para el juicio de su esposo.

Seguramente, comenta, ocurrirá "pronto", a puerta cerrada y sin que les avisen previamente, como sucedió con otros profesionales detenidos en 2015 y sentenciados a cárcel este verano.

"Quiero ser su defensora. La ley china recoge que cualquier familiar puede defenderle y yo quiero ser quien lo haga".

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