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La gestora del PSOE echa el freno a la idea de romper con el PSC

Javier Fernández y Miquel Iceta ven discrepancias pero se dan tiempo para calmar las aguas y buscar una solución para la discordia interna

Dirigentes del PSOE han tratado en los últimos días de rebajar la tensión ante la posibilidad de una ruptura que acabe con el PSC fuera de los órganos federales

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Fernández e Iceta acuerdan crear una comisión para abordar sus discrepancias

Javier Fernández y Miquel Iceta durante su reunión en Ferraz. EFE

Los líderes del PSOE y el PSC admiten sin paños calientes que la relación entre ambos partidos atraviesa una crisis. No es la primera en su historia conjunta, pero Javier Fernández y Miquel Iceta no descartan que sea la definitiva. La comisión que han acordado para abordar las "discrepancias" tiene sobre la mesa la posibilidad de romper de facto el vínculo de las dos formaciones tal y como se ha desarrollado hasta ahora. Pero la creación de ese órgano de discusión es en sí misma una oportunidad que da la gestora del PSOE al PSC cuando algunos dirigentes abogaban por expulsar a los socialistas catalanes de los órganos federales, incluido el congreso en el que los militantes deberán elegir al próximo secretario general del PSOE. La salida del PSC dejaría fuera de las primarias a los cerca de 18.000 afiliados de Cataluña.

La decisión del Consell Nacional del PSC de desobedecer la orden colegiada del Comité Federal y mantener el no en la votación de la investidura de Mariano Rajoy ha marcado un punto de inflexión en una relación que no se ha tocado en 38 años. Las suspicacias del sector más españolista del PSOE se remontan a la etapa en la que los socialistas catalanes defendieron el derecho a la autodeterminación. Aunque esa premisa se ha abandonado, la propuesta de un referéndum a la canadiense si no prospera en Cataluña la reforma constitucional y la definición de esa comunidad como nación han elevado la tensión de una crisis que se cerró en falso.  

El detonante de la investidura llevó a destacados socialistas a plantear la ruptura con el PSC, entre ellos presidentes autonómicos como Emiliano García-Page o Guillermo Fernández Vara. Esa decisión, según defendían algunos dirigentes, podría ejecutarse eliminando a los socialistas catalanes de los órganos federales del PSOE (Ejecutiva, Comité Federal y congresos). 

Quienes abogan por esa conclusión sostienen que antes el PSOE debía tener miramientos con su socio catalán porque era uno de los principales graneros de voto, pero consideran que la caída actual no les obliga a hacerlo. Los socialistas catalanes han pasado del 39% de los votos (21 escaños) en el año 2000 al 16,12% (siete actas) en junio de 2016. 

La primera consecuencia en el tiempo de esa revisión del protocolo de unidad por el que se rige la relación entre PSOE y PSC desde 1978 en esa dirección sería la imposibilidad de los afiliados catalanes de participar en las primarias para elegir al próximo secretario general del PSOE. El temor en el sector crítico es que esa fulminación buscara allanar el camino a Susana Díaz dada la involucración de Iceta con Pedro Sánchez y la identificación del PSC con el "no es no" frente a la abstención defendida por los barones, entre ellos la andaluza. 

Se rebaja el tono

El primer secretario del PSC ha intentado en las últimas semanas de despegarse de Sánchez. Iceta aseguró en el congreso del partido catalán que su apoyo había sido al secretario general más que a la persona. Este lunes ha asegurado que la "lealtad será a prueba de bombas" sea quien sea el líder del PSOE, incluida Susana Díaz.  

El dirigente catalán ha insistido en que el PSC quiere mantener intacta su relación con el PSOE tras la ruptura de disciplina de voto en la investidura, que ha pedido considerar una "excepción".  "Puede ser la excepción que confirma la regla. 38 años, tres excepciones. Podemos revisar las reglas pero intentemos que sean reglas que provoquen menos excepciones, no más", ha resumido.

La beligerancia se ha reducido en las últimas semanas. Tras la primera advertencia de la gestora tras la decisión del PSC de mantener el no, cuando aseguró en un comunicado que su socio catalán había provocado una "ruptura unilateral" de la unidad de ambas formaciones. La posible ruptura ha tenido contestación interna. El presidente valenciano, Ximo Puig, se mostró contrario a romper con el PSC, al igual que los dirigentes afines a Pedro Sánchez, incluido el exsecretario general. 

Importantes dirigentes de la órbita de la gestora han rebajado el tono últimamente sobre las consecuencias del desacato y el grado de revisión de la relación que debía suponer. Eduardo Madina apostó por "mejorar" u "optimizar" los lazos, Elena Valenciano pidió "no volar los puentes" con el PSC porque es "de los últimos" que quedan con Cataluña y la presidenta andaluza ha dicho que no entiende "el PSOE sin el PSC". Son algunos ejemplos. En privado, desde la gestora también lanzaban mensajes contrarios a la separación. 

"Muestran arrepentimiento. Era una salvajada"

"Muestran arrepentimiento. Las últimas declaraciones demuestran que están intentando rebobinar. Era una salvajada. Lo último que nos faltaba es romper con el PSC en la situación en la que estamos", expresa una destacada dirigente. Es una reflexión compartida por diversas fuentes consultadas por eldiario.es. Pero el temor en el sector crítico es que la intención de romper con el PSC sigue viva: "No saben cómo hacer lo que quieren hacer", señala un miembro de la Ejecutiva de Sánchez, que admite que en el relato de la ruptura la gestora lo tiene difícil. 

Por el momento, Fernández e Iceta han acordado darse un plazo de un par de meses para que una comisión integrada por tres o cuatro miembros de cada partido trate de encontrar soluciones a las "discrepancias". El primer reto, según el presidente de la gestora, que tiene que afrontar esa comisión es la diferencia en la concepción territorial de España. Mientras que Fernández considera que la Declaración de Granada –la apuesta del PSOE por una reforma constitucional hacia un modelo federal del Estado– es el "punto de llegada" del partido, Iceta lo considera "el punto de partida". 

Además, el PSOE no quiere, por el momento, ni oír hablar del término nación para Cataluña, pero se abre a hacerlo si es en el sentido cultural e histórico de las singularidades y no como concepto jurídico. 

Una vez resuelto ese conflicto, el presidente de la gestora considera que será el momento de entrar en el plano organizativo y zanjar cómo se articular el entendimiento entre las dos formaciones para evitar "el choque de legitimidades", como lo ha calificado Susana Díaz, entre los órganos de dirección del PSC y los del PSOE. Ferraz no quiere que pueda volver a producirse un desacato de los socialistas catalanes de una decisión colegiada del PSOE. 

Lo que ha sentado peor en las filas socialistas es que el PSC participó en la votación del Comité Federal en la que se decidió la abstención y después optó por no acatarla. "No puedes participar en un órgano de decisión y si la resolución no te gusta no aplicarla", coinciden las fuentes consultadas. 

Tanto en el PSOE como en el PSC se da se da por hecho que el protocolo que les ha unido se va a revisar en los próximos meses para afrontar la crisis orgánica. Lo que defienden Iceta y dirigentes afines a Sánchez es que no se use esa modificación con fines personalistas en la crisis interna arrebatando a la militancia del PSC de su derecho a participar en la elección del próximo secretario general. 

Además de la opción de expulsar al PSC de los órganos federales, la comisión que trate de zanjar la crisis tendrá otras alternativas, como plantear que los socialistas catalanes queden excluidos de la Ejecutiva y el Comité Federal, donde hasta ahora tenían representación por norma, pero dejarles participar con voto en el congreso; mantener su representación pero sin derecho a voto o dejar su alianza en un mero pacto con interés electoral. 

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