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El primer ministro australiano descarta renunciar pese a pérdida de apoyos

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El primer ministro australiano descarta renunciar pese a pérdida de apoyos

El primer ministro australiano descarta renunciar pese a pérdida de apoyos

Sídney (Australia), 2 feb (EFECOM).- El primer ministro australiano, Tony Abbott, descartó hoy renunciar a pesar de que un 67 por ciento de los ciudadanos desaprueban su gestión y aumentan las presiones de sus correligionarios para que sea sustituido.

"El pueblo es el que contrata y francamente es el pueblo el que debería despedir", dijo Abbott en el Club de la Prensa en Camberra, donde además dijo que se considera la persona más cualificada para gobernar Australia.

Abbott hizo sus declaraciones después de la derrota el fin de semana del Partido Nacional Liberal, que él lidera, en las elecciones del estado de Queensland y tras una polémica semana al decidir honrar con el título de caballero de Australia al príncipe Felipe, duque de Edimburgo y marido de la reina Isabel II.

El mandatario conservador admitió que su Gobierno ha pasado por "dos meses difíciles", al referirse también a una serie de reveses políticos que le han obligado a desestimar varios planes como los copagos por las consultas a los médicos de cabecera, entre otros.

Las encuestas de la consultora Ipsos publicadas por el diario "Sydney Morning Herald" señalan que un 67 por ciento de la población encuestada desaprueba la gestión de Abbott.

En ese mismo estudio, la coalición conservadora que lidera Abbott cuenta con un 46 por ciento de popularidad frente al 54 por ciento de respaldo del opositor Partido Laborista.

En medio de las turbulencias, los miembros de la coalición presionan a los ministros de Comunicaciones, Malcom Turnbull, y la de Exteriores, Julie Bishop, que gozan de una mayor simpatía popular, para que sustituyan a Abbott, según la cadena local ABC.

No obstante, ambos ministros han respaldado al jefe del Ejecutivo.

Abbott dijo que "no se trata de una competición de popularidad", al insistir en que no se puede repetir la situación que se creó en 2010 cuando el entonces primer ministro laborista, Kevin Rudd, fue sustituido en el cargo por Julia Gillard.

Tres años más tarde, Rudd le devolvió la jugada a Gillard y recuperó la dirección del Partido Laborista hasta la derrota de las elecciones generales, en septiembre de 2013.

Este lunes, Abbott defendió su gestión al señalar que el crecimiento del producto interior bruto de Australia es del 2,7 por ciento, aunque según analistas bajará este año a un 2,2 por ciento.

El primer ministro prometió centrarse en nuevas baterías de reformas con tinte económico.

"Si nos damos por vencidos, muestro país corre el riesgo de sucumbir a la enfermedad europea, de convertirse en un país de segunda clase", aseguró.

Abbott también confirmó que retirará uno de sus principales caballos de batalla, el multimillonario pago por baja maternal que pretendía otorgar a las mujeres el total de sus salarios durante seis meses hasta un total de 77.836 dólares (68.818 euros).

También dio señales de un recorte de los impuestos a las pequeñas empresas de un 1,5 por ciento, prometió que no cambiará unilateralmente el impuesto a los bienes y servicios, además de anunciar la búsqueda de mecanismos más efectivos para regular las compras de terrenos agrícolas y viviendas.

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