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La violencia sectaria en Birmania se extiende a las provincias centrales

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La violencia sectaria en Birmania se extiende a las provincias centrales

La violencia sectaria en Birmania se extiende a las provincias centrales

Incidentes violentos entre musulmanes y budistas se registraron anoche en las provincias centrales de Birmania tras el estallido de un nuevo brote de violencia sectaria en el noroeste del país, informan hoy los medios locales.

Al menos una mezquita y una madrasa fueron destruidas por turbas budistas en la ciudad de Mone, en la provincia de Pegu, a unos 200 kilómetros de Rangún, la antigua capital del país.

"No se han informado de víctimas mortales ni heridos", declaró un portavoz de la oficina policial de Kyauk Gyi, comisaría a la que pertenece la seguridad de Mone, al diario "The Irrawaddy".

Las autoridades también indicaron que aún no se ha detenido a nadie relacionado con la destrucción de los edificio religiosos y que la ciudad hoy permanece bajo control.

Al menos una persona murió y otras cuatro resultaron heridas en acciones de las fuerzas de seguridad para contener los disturbios surgidos hace dos días en la ciudad de Lashio, de la región Shan.

La portavoz presidencial, Ye Htut, indicó que los efectivos de la Policía se vieron obligados a hacer disparos al aire con el fin de disolver a los grupos de alborotadores que recorrían las calles.

Varias decenas de edificios, incluida una mezquita y un orfanato, fueron devorados por el fuego provocado durante los enfrentamientos librados en esta localidad entre pobladores de religión budista y musulmana.

El detonante de la violencia sectaria fue esta vez el ataque de un hombre musulmán a una mujer budista a la que prendió fuego y que se encuentra internada en un hospital con pronóstico estable.

El año pasado, la violación y asesinato de una joven budista a manos de varios musulmanes en el estado de Rakhine (oeste) desató una ola de violencia sectaria que causó 163 muertos y más de 100.000 desplazados, de los que gran parte aún continúan en campamentos de refugiados.

Otras 43 víctimas mortales fueron contabilizadas el pasado marzo durante un rebrote de los disturbios en las provincias centrales del país tras una discusión entre los dueños musulmanes de una tienda de oro y clientes budistas, que además ocasionaron 12.000 desplazados.

La ONU, Estados Unidos, la Unión Europea y los gobiernos de otros países han expresado su preocupación por que los disturbios puedan contribuir a descarrilar las reformas que acomete Birmania después de casi medio siglo de regímenes militares.

Birmania tiene cerca de 60 millones de habitantes, de los que el 89 por ciento son budistas, un 4 por ciento musulmanes y el resto de otras religiones.

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