Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Sobre este blog

No nos gusta la palabra “discapacitado”. Preferimos retrón, que recuerda a retarded en inglés, o a “retroceder”. La elegimos para hacer énfasis en que nos importa más que nos den lo que nos deben que el nombre con el que nos llamen.

Las noticias sobre retrones no deberían hablar de enfermitos y de rampas, sino de la miseria y la reclusión. Nuria del Saz y Mariano Cuesta, dos retrones con suerte, intentaremos decir las cosas como son, con humor y vigilando los tabúes. Si quieres escribirnos: retronesyhombres@gmail.com

Cómo hablamos de la discapacidad

Nuria del Saz

1

Sobre este blog

No nos gusta la palabra “discapacitado”. Preferimos retrón, que recuerda a retarded en inglés, o a “retroceder”. La elegimos para hacer énfasis en que nos importa más que nos den lo que nos deben que el nombre con el que nos llamen.

Las noticias sobre retrones no deberían hablar de enfermitos y de rampas, sino de la miseria y la reclusión. Nuria del Saz y Mariano Cuesta, dos retrones con suerte, intentaremos decir las cosas como son, con humor y vigilando los tabúes. Si quieres escribirnos: retronesyhombres@gmail.com

A veces basta con encender la televisión, abrir un periódico o escuchar la radio para darse cuenta de quiénes siguen sin estar. O, peor aún, de cómo están. Las personas con discapacidad aparecen en los medios, sí, pero casi siempre vinculadas a la excepción, al testimonio, a la superación o al problema. Rara vez como expertas, como profesionales, como voces autorizadas que opinan de economía, cultura, ciencia o política. Y, sin embargo, también están ahí. Solo que no siempre se las mira como personas antes que como discapacidad.

Por eso no es la primera, ni tampoco será la última, pero ya venía haciendo falta. Me refiero a la Guía de discapacidad para los medios de comunicación  que este final de año ha publicado el Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA). La discapacidad necesita ser visible, porque lo que no vemos no existe o acaba por olvidarse. De la discapacidad hay que hablar, debe estar presente, pero hacerlo con propiedad y conocimiento de causa. Para eso sirve una guía como esta, que en realidad es una actualización de la anterior.

A finales de los noventa y principios de los dos mil, los medios de comunicación vivimos un despertar a la realidad de la discapacidad. Me atrevería a decir que se produjo una pequeña edad dorada: por fin, los medios tendían la mano a la discapacidad, la incorporaban a sus contenidos y se ocupaban de darle no solo espacio, sino un tratamiento más acorde con la realidad. Existía una preocupación por poner la comunicación al servicio de las personas con discapacidad. Toda esa conciencia generada en aquellos años ha ido dando frutos, hasta llegar a un punto de cierto estancamiento. Hacía falta una revisión. Tocaba renovar votos.