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Periodismo a pesar de todo

PP a favor del PP, PSOE contra PSOE

Esta es la situación del bipartidismo: mientras el PP empieza a hacer todo lo posible para asegurarse los triunfos, mayoritarios o no, en las próximas elecciones municipales, autonómicas y generales, el PSOE sigue haciendo todo lo posible por mantener su incapacidad de recuperación. Mientras el PP prepara sus caminos, el PSOE sigue perdido en su propia encrucijada.

El PP sabe que con Ana Botella como candidata podría perder, muy posiblemente, el Ayuntamiento de Madrid, donde la derecha lleva 23 años gobernando, por llamarlo de alguna manera. Botella suscita tal rechazo entre los madrileños, sean o no sus electores, que el partido ha decidido quitársela de encima para conservar una plaza de tal importancia estratégica para los populares.

Tampoco parece que les interese mantener en la Comunidad a un Ignacio González salpicado de presunta corrupción. Un presidente que veranea en un ático de lujo que investiga la justicia porque lo compró un misterioso abogado que ofrece servicios como testaferro desde un paraíso fiscal.

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Victoria

En unas de las manifestaciones contra el anteproyecto de ley de Gallardón. \ Efe

Algunas cosas aún funcionan. Cosas esenciales en un sistema democrático. Debemos de alegrarnos por eso además de alegrarnos con la victoria. La retirada por parte del Gobierno del anteproyecto de ley del aborto más involucionista y atentatorio a los derechos de las mujeres es una victoria. Como tal la celebro.

Desde el principio le dijimos a Gallardón, a Rajoy, al Gobierno en pleno que las mujeres y los hombres de este país que creemos en la libertad íbamos a dar esta batalla. La dimos. En los medios, en las calles. Me alegro mucho de haber participado de forma activa en ella. Mayoría en lucha porque esta ley se hacía contra las mujeres, contra los hombres concienciados pero también contra muchos de los miembros y votantes del Partido Popular que entienden que la moral religiosa de unos pocos no debe ser impuesta a toda la sociedad. Se hacía contra el criterio y con la crítica de organismos internacionales, se hacía contra la razón y contra la oportunidad y se hacía a favor de la Iglesia y del voto ultraortodoxo católico que, además, Gallardón estaba interesado en remansar para no ser vetado en sus ambiciones posteriores.

La lógica de la democracia, quiera o no quiera Rajoy y su rodillo, sigue funcionando. No se puede legislar contra un país o, más bien, no se puede legislar contra los propios electores. La democracia es un sistema de opinión pública. Por eso la creación de una opinión pública libre y crítica es un bien especialmente protegido en ella, como así establece también nuestra Constitución. Y la opinión pública no estaba por la labor de regresar al pasado.

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El populismo me mata

Después de ir a Antena 3 a confesarle a Gloria Lomana que el Estado de las Autonomías era "un lío", el nuevo líder socialista se plantó ante el Comité Federal de su partido para denunciar "la gran coalición que se está produciendo entre los extremos, porque hay un partido que se frota las manos ante el auge del populismo en España: el Partido Popular”. No lleva ni un par de meses y ya vuelven por donde tanto les gusta a los socialistas: todo lo que no sea votar PSOE, es ayudar al PP. Alguien debería advertirles que ese truco ya no funciona y además resulta irritante.

Ya lanzado, el nuevo secretario general arengó a los suyos anunciándoles que su misión era enfrentar el populismo de "un proyecto que se construye sobre el descrédito del otro, sin aportar soluciones, ni futuro a la sociedad española, o mejor dicho, con propuestas que provocarían frustración y un pobre futuro para España”.

Resulta sonrojante escuchar a socialistas o populares imputar el cargo de populismo a Podemos. Uno debería escoger mejor sus palabras cuando habla en nombre de un partido que bajó el sueldo a los funcionarios porque eran privilegiados con un trabajo fijo mientras le recortaba un poco más los impuestos a gente como Emilio Botín. O enterró miles de millones de dinero público rescatando bancos y cajas para que dieran más crédito sin tocar un céntimo de las indemnizaciones millonarias de sus directivos.

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De Merkel a Cañete (pasando por Prisciliano)

Ramón Chao, un prestigioso periodista gallego (Vilalba-1935), residente en París, publicó en el año 1999 un libro titulado “Prisciliano de Compostela” donde defendía  que el apóstol Santiago jamás pisó Galiza y  que los restos que se veneran en la capital compostelana no son los suyos, sino los de un gallego de nombre Prisciliano que en el siglo IV revolucionó el cristianismo primitivo chocando frontalmente con la iglesia. Un hereje considerado por la institución eclesiástica que fue ejecutado en la ciudad alemana de Treveris en el año 385 y cuyos restos habrían sido trasladados por sus seguidores hasta este país de la periferia de la periferia.

Tomando por buena la hipótesis de Chao podemos llegar a concluir que la visita de la kaiserina Merkel “a colonias” a finales de agosto para negociar con Rajoy el juego de tronos de Cañete y De Guindos, sirvió para que Merkel en vez de abrazar al apóstol en la catedral de Compostela, abrazara  a un gallego ejecutado en suelo alemán 18 siglos atrás. Metáforas galaicas para estos violentos años diez que ilustran la dura realidad de las políticas de nuestros días impulsadas a espaldas de la mayoría social.

Vivimos desde hace años instalados en una crisis sistémica del capitalismo que convive con un proceso de procesos constituyentes en el estado español. En este tiempo en la zona euro, la crisis financiera norteamericana mutó en crisis fiscal y esta cuestionó la solvencia de algunos estados (primero el griego) para hacer frente a sus pagos de deuda (ilegítima). Fue en ese momento cuando se empezaron a pautar las medidas criminales conocidas como el austericidio "made in Germany" que tanto daño han hecho hasta hoy.

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Un silogismo devastador

La canciller alemana, Angela Merkel. / Efe

Aquellos que ya vamos teniendo años nos acordamos de cuando se produjo la implosión no de la URSS, sino, mucho antes, de los partidos comunistas del sur de Europa. A principios de los setenta, en la España franquista y el Portugal salazarista, esos dos partidos eran, con mucho, los más poderosos en el campo de la izquierda. No fue, sin embargo, la caída de las dictaduras respectivas lo que hizo desfondarse a esos dos partidos. Lo demuestra el hecho de que el PCI y el PCF eran también la fuerza dominante en la izquierda italiana y francesa. Berlinguer o Marchais eran los prohombres. Eran incluso más: leyendas vivientes para sus bases militantes.

Lo que se produjo a mediados de los setenta en todo el mundo fue un cambio de ciclo. Los dorados sesenta, aquella amalgama de Beatles y Beach Boys, la contracultura y el SDS, los Black Panthers y el FLN argelino, por alguna extraña razón dejaron tras de sí las bases de una revolución conservadora. Por decirlo como un lema: es como si, después de Mayo del 68, el capital le hubiese perdido el miedo al trabajo. O tal vez, simplemente, en aquellos años hincó sus pies a tierra el deseo de revancha de una derecha que sentía que las cosas se escapaban de sus manos. El miedo a la revolución desapareció y las máximas de Reagan –"el Estado es el problema, no la solución"– y Margaret Thatcher –"no existe la sociedad, sólo los individuos"– empezaron a extenderse como un virus para el que no existía antídoto.

Fue un cambio de ciclo. Tal vez acababa en ese momento un período histórico que provenía de mediados del XIX, de la era de Marx, Bakunin y el movimiento obrero. La implosión de la URSS se demoró unos lustros todavía, así como la conversión de los comunistas chinos al capitalismo más o menos salvaje –como si China imitase a los USA del siglo XIX-, pero las bases sociales, políticas y culturales del gran cambio ya estaban asentadas en ese momento–. Las culturas políticas de la clase obrera –muy fuertes en regiones como la Toscana o el Alentejo– se fueron diluyendo progresivamente. Una nueva relación de fuerzas se fue fraguando lentamente.

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“Lo que hay que hacer es mandaros los tanques”

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La V de la Diada omple la Gran Via i la Diagonal / ENRIC CATALÀ

"Allò que abans havia estat cosa, allò que abans havia ocupat un lloc, ara relliscava abatut cap endarrere. I en canvi, res no es movia". Albert Balasch.

"Lo que hay que hacer es mandaros los tanques", sostiene una mujer culta, treintañera, al día siguiente de La Fecha. El escenario: Zaragoza, mediodía de viernes, familia de clase media alta. Las copas tintinean y los demás comensales asienten. En alguna parte del esternón asciende esa sensación de injusticia, de brutal injusticia ante la agresión explícita, lo no entendido, lo no reconocido, lo que te convierte en aquello extraño.

En ese preciso instante, en Barcelona, en el servicio de Urgencias de un hospital, la televisión. Entre las doce y las dos de la tarde, la cantinela de Televisió de Catalunya reparte los programas destinados a jubilados y parados. Eso, en TV3 implica tertulias, la sección del tiempo y un programa semanal sobre mascotas. En el tiempo hablan de la V del día anterior, y la comparan con una foto de pajaritos que ha enviado un televidente. Qué cosas, el tiempo anterior como previsión. El telediario de las dos de la tarde desgrana qué hicieron aquellos que quisieron ir a manifestarse pero no podían porque estaban enfermos. Después, un monográfico sobre la adolescente que depositó el voto. Pasan los minutos.

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Primera línea de playa

El hotel de la playa de El Algarrobico, en pleno Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. \ Efe

Parece que la Junta de Andalucía ha depositado 2,3 millones de euros para formalizar la titularidad pública de los terrenos sobre los que se construyó el controvertido hotel de la playa de El Algarrobico. Para quien no lo conozca, estamos hablando de una construcción de 20 plantas y 411 habitaciones en pleno Parque Natural Cabo de Gata-Níjar que nunca debió construirse y que ha conseguido ser calificada por Greenpeace como el símbolo más flagrante de la destrucción de la costa.

Estos días, en los que una buena parte de nosotros hemos estado o estamos disfrutando de alguna escapada veraniega fuera de la rutina del resto del año, son un buen momento para plantearnos la importancia que estas escapadas turísticas tienen para el desarrollo social, ambiental y económico de las zonas a las que vamos. El turismo puede llegar a ser una fuente indudable de riqueza en esas tres dimensiones que conforman el desarrollo sostenible.

A nivel económico, todos hemos escuchado reiteradamente cómo las actividades relacionadas con el turismo se encuentran entre las principales fuentes de generación de ingresos de nuestro país y cómo todos los años por estas fechas mejoran las estadísticas de empleo gracias a las contrataciones temporales que se realizan estacionalmente para poder atender la demanda turística del verano. Sin embargo, los mayores impactos y los que, además, pueden superar esa estacionalidad convirtiéndose en permanentes son precisamente los sociales y los medioambientales.

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Los poderes hacen acto de sumisión a los Botín

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El expresidente del Banco Santander Emilio Botín. / Efe

La España que manda se ha puesto de luto por la muerte de Emilio Botín. Políticos, del PP y del PSOE, banqueros, grandes empresarios, dirigentes de medios de comunicación, firmas del establishment periodístico y hasta sindicalistas como Cándido Méndez, el secretario general de UGT, o la esperanza blanca de los socialistas, Susana Díaz, se han esforzado en estos días por expresar de la forma más brillante posible su dolor por la desaparición de un "grandísimo hombre, que ha hecho mucho por España", tal y como ha dicho Felipe VI, el jefe del Estado. Ese espectáculo inaudito, impensable en cualquier otro país europeo, confirma contundentemente que si alguien manda en España es la banca y, a su cabeza, el Santander. Pero también lleva a preguntarse qué es lo que de verdad ha movido a tanto personaje a rasgarse las vestiduras. Porque lo cierto es que la posibilidad de que un hombre de 79 años tuviera que abandonar en breve su cargo estaba en el centro de las cábalas del mundo empresarial y financiero desde hacía ya un tiempo.

Y las respuestas a ese interrogante no son menos inquietantes que lo han sido, por sí mismas, las declaraciones de Mariano Rajoy –"la noticia ha sido un mazazo para mí"– y del nuevo secretario general del PSOE, Pedro Sánchez –"siento tristeza y mando un fuerte abrazo a sus familiares"–. Porque si detrás de esas muestras de dolor poco creíble, y además innecesarias, asoma una actitud muy próxima a la sumisión –cargos tan altos como ellos deberían haberse limitado a transmitir corteses pésames, como mucho–, el homenaje sin límites que la nomenklatura del poder ha tributado a alguien que se sabía que iba a durar muy poco en el cargo sólo puede entenderse como un acto de reverencia a sus sucesores, es decir, a su hija y a quienes ella designará como sus principales colaboradores.

Por activa y por pasiva, el Banco Santander tiene en sus manos el futuro de alguna de las mayores empresas del país. Telefónica es un caso muy claro de ello. Los grandes periódicos mucho más: si Ana Patricia Botín decide que ya está bien de mirar para otro lado, como su padre llevaba haciendo desde hacía años por la razón que fuera, y de un día para otro, sin tener que pedir permiso a nadie, ordena mandar al juzgado los impagos multimillonarios que esos medios tienen con su banco, los actuales dueños de esos medios se quedarán sin ellos. Por eso, lo prioritario es estar a buenas con la heredera. Cuyas intenciones son una incógnita. Pues aunque su padre no dejara de aumentar los dividendos –también para acallar cualquier descontento interno- y aunque las cifras oficiales sobre la marcha del banco sean aparentemente muy buenas, no hay poco descontento entre los principales accionistas del Santander, y particularmente entre los poderosos fondos de inversión. Para esas gentes insaciables el Santander no va tan bien como parece y lo que es más serio, su inmensa estructura, presente en decenas de países, presenta demasiados flancos débiles que un día pueden convertirse en vías de agua.

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V de Botín

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Se muere su majestad el rey de España y Santander, Emilio Botín, creador del cielo y la tierra, de todo lo visible y lo invisible, y llega una nueva Diada independentista, dos hechos que parece que no tienen nada que ver y sin embargo representan los dos mundos en los que se divide este país: la minoría que decide frente a la ciudadanía que ni pincha ni corta. Botín es el símbolo del régimen para el que la democracia es un decorado. La Diada, aunque monopolizada por el soberanismo catalán, es también un clamor que pide más democracia.

Botín es el sistema y la consulta es una oportunidad de cambiarlo. O por lo menos es la oportunidad de decidir si se quiere seguir con el actual o si se quiere sustituir por uno similar pero con acento catalán, que también puede ser. Eso deberían poder decirlo los catalanes. Pero parece que va a ser que no porque España no es Gran Bretaña. Es cierto que la importancia estratégica de Escocia en el Reino Unido es menor que la de Cataluña en España, pero además  los ingleses no muestran en las encuestas demasiada preocupación con que el reino se les desuna. 

Aquí, sin embargo, la unidad de España es inviolable por la gracia de Dios y de Franco. Según el discurso españolista oficial, nuestra supervivencia como país depende de la permanencia de Cataluña en el Estado español. Pero la realidad es que no es nuestra supervivencia la que depende de ello, por más que la ruptura pueda ser social y económicamente traumática. Es la supervivencia del régimen la que está en juego. De ese régimen que cerró filas con la monarquía anteayer y con Botín ayer mismo. Esos son los que tienen miedo a que se vote.

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Varias manifestaciones al precio de una

Barcelona está colapsada por tercer año consecutivo. No se cabe. El metro está repleto de participantes de la manifestación del 11S. Un usuario de una sociedad reconoce a su sociedad con un vistazo. Y en los vistazos que echo, reconozco familias que votan derecha e izquierda, miembros de asociaciones folclóricas y sociales contradictorias entre sí, grupos de amigos de barrios up y barrios down. Es, en fin una muestra importante de una sociedad, tan amplia que es difícil de caricaturizar. Incluso resulta difícil acceder a lo que aparece en el cerebro varias casillas antes de la caricatura: la descripción. Una concentración humana tan amplia, es algo complejo y que supera en amplitud y perplejidad, por fuerza, la razón de su convocatoria. Hummm. Este artículo es un intento de explicar cuantas manifestaciones habían en esa manifestación. Me parece algo más sencillo y honesto que el típico artículo defendiendo una línea de interpretación entre todas las líneas que los diferentes partidos ofrecen al mercado. De hecho, hay una posibilidad muy alta de que, muchos de los manifestantes de hoy, carezcan de líneas interpretativas en los actuales partidos.

Una manifestación por el derecho a votar. La mani, en primer lugar es eso. Una mani antigubernamental. Contra un Gobierno que niega la posibilidad de un referéndum reclamado por la sociedad catalana. Pero también es una mani contra el grueso de la oposición, contra la mayoría de partidos que apoyan también ese decisión gubernamental. Es, en fin, una mani contra un Régimen sin capacidad discursiva, sin soberanía, deslocalizado en instituciones no democráticas que, a través del Gobierno, están realizando la mayor contrarreforma democrática de los últimos tiempos. El tema territorial es, precisamente, el único tema en el que aún parece tener alguna soberanía este Gobierno. En un momento en el que el Estado se revela como una entidad con muy poca entidad, el Régimen carece siquiera de la capacidad intelectual para dar una respuesta democrática a las demandas de la sociedad catalana. Entre todas las situaciones de fin de Régimen que se van dibujando, el Gobierno, con su negativa e incapacidad, está aumentando, tal vez, la única que está capacitado de serie para entender: una crisis territorial. El Gobierno aún no ha entendido, por ejemplo, que lo que intentaba CiU al pedir un Pacto Fiscal era salvar el Régimen en Catalunya. Y que, tras ese fracaso, pedir un referéndum no vinculante, con pregunta y fecha sensibles de ser negociadas, y resultado que conduciría a una negociación de dos gobiernos, antes que a la aceptación propia del resultado –es decir, pedir poco o nada, pedir que siguiera existiendo una CiU que fuera pactado cositas–, es también una lucha desesperada para que siga existiendo algo parecido al Régimen. A estas alturas de partido, es posible que el Régimen, desautorizado en esta manifestación descomunal, acabe pagando a un precio muy alto el no haber comprendido que, hasta hace muy poco, se le pedía lo de siempre.

Una manifestación progubernamental. A su vez, la manifestación tiene un alto componente gubernamental. El Govern ha participado más allá de lo decoroso en la manifestación, a través de los medios de comunicación públicos. En ocasiones, de forma bochornosa/letizista: un locutor, por ejemplo, emitía por TV3 esta alocución norcoreana/urdaciana: "Los manifestantes hacen una ola perfecta, aún con la dificultad añadida de que, muchos de ellos, llevan una bandera en la mano". Otra participación gubernamental es a través de la policía. Es decir, a través de su ausencia. Estas manifestaciones carecen de tipos encapuchados, que la lían y, posteriormente, te detienen, como en el grueso de manifestaciones en la lógica 15M. La ANC –Assemblea Nacional de Catalunya, organizadora del acto–, es, a su vez, una cosa rara. En su cúpula es una suerte de AVT, al servicio de lo que diga el Govern –ex.: su presi, Carme Forcadell, en un arranque de extroversión, llegó a declarar: "No molestemos al Govern con preguntas", glups–. En su base, por otra parte, la ANC integra un gran tejido social catalán, seriamente comprometido en algunos tramos con la revolución democrática que está erosionando el Régimen, también en Catalunya. La manifestación, en todo caso, acabó con sendos discursos de Forcadell, Muriel Casals –presi de Omnium Cultural–, y Vila d'Abadal –presi de Associació de Municipis per la Independència–, en los que unían las demandas de la manifestación y el futuro a las políticas gubernamentales. En ese sentido, la manifestación, como casi todo en Catalunya, es una tensión, también muy de fin de Régimen, consistente en intentar reducir y reconducir las demandas de renovación democrática de la sociedad, hacia un sólo tema y una sola solución –un referéndum, no vinculante, de bajo perfil–. Y en intentar evitar que el malestar se exprese en otros temas y en otros referéndums no canalizados por el Govern.

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sobre este blog

Zona Crítica es el canal de opinión política de eldiario.es. Un espacio colectivo de reflexión, análisis y testimonio directo.

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