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El temblor municipal

1. El auditorio está lleno de gente, es domingo y llueve. Me han pedido que hable sobre Ganemos Madrid en el encuentro de presentación de Podemos Móstoles. Luego me he sentado en la parte de atrás del escenario con las otras personas que han ido interviniendo. Detrás de mi presentan a la representante de CIDESPU “Asociación de ciudadan@s en defensa de la educación pública de Móstoles” Sube al escenario y empieza a hablar, el discurso es uno de las mejores defensas de la educación como bien común y servicio público que he oído en mi vida. La gente aplaude y vuelve aplaudir. Yo no puedo verle la cara a la mujer rubia que llena su cuerpo pequeño de pasión y furia, veo sin embargo su espalda y su mano izquierda sujetando el papel que le sirve de notas para ordenar su intervención. Está temblando. El brazo derecho está extendido como un palo, terminado en un puño cerrado apuntando al suelo, como para atar todo su cuerpo al escenario, para no salir flotando.
 
Cuando termina, la mujer viene y se sienta a mi lado, le tiemblan las piernas, me mira nerviosísima y murmura: “¿lo he hecho bien?” Le digo que lo ha hecho muy bien y ella me dice “No lo había hecho nunca” y luego señala a las butacas y me dice “Ahí está mi hija”.  

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Basta de complicidades con Israel, es el momento del boicot

El 2 de julio, de madrugada, el adolescente jerusalemita Mohamed Abu Khdeir fue secuestrado, torturado y quemado vivo por colonos israelíes en venganza por el secuestro de tres jóvenes colonos israelíes que, dos semanas más tarde, fueron encontrados muertos.  Desde entonces, el castigo colectivo contra la población civil en Gaza y los asesinatos en Cisjordania, las detenciones ilegales masivas, los miles de heridos y la colonización se han intensificado más si cabe. 727 palestinos encarcelados, 2.205 muertos, 110.000 personas desplazadas y sin hogar, 18.000 viviendas destruidas… Palestina es una tierra sembrada de números. Cifras que nunca reflejan la desposesión y el desamparo que siente la población palestina ante una tragedia que se repita una y otra vez, en cada ocasión, con mayor intensidad.

El mundo parece haber comprendido la dramática situación de la tierra menguante de Cisjordania y Gaza, que arde desde hace más de 67 años bajo el fuego del colonialismo y la ocupación militar. No hay que ser un lumbreras para ver que, tras 20 años del proceso de Oslo, el mapa territorial ha cambiado, la colonización ha irrumpido en cada centímetro de tierra palestina y la soberanía es un deseado tren sin vías ni destino. Pero no nos engañemos, la cascada de reconocimientos del Estado Palestino, sin fronteras reconocidas, soberanía plena, ni compromiso de los promotores para plazos de concreción, no nos engañemos, es un paso anclado en la estrategia global de Oslo y sus consensos, y puede terminar significando otro balón de oxígeno para Israel.

Los israelíes lo saben. Los palestinos también. Nuestros gobiernos también. La Autoridad Nacional Palestina (ANP), lo sabe. El presidente de la ANP, Mahmoud Abbas, afirmó hace unos días: “Estamos listos para gobernar sobre el 22% de la Palestina histórica”. Algo que hasta los análisis más optimistas dudan. Nadie debe esperar que el reconocimiento del Estado Palestino vaya a acabar con la ocupación militar y el asedio sobre Gaza, la colonización de Cisjordania, donde viven ya más de 700.000 colonos o con el orquestado sistema de apartheid racista con carreteras, autobuses, servicios sociales y sistemas legales segregados. Son necesarias respuestas valientes al crítico momento que vive el pueblo palestino y esa respuesta pasa, inexcusablemente, por la campaña global, no violenta y antirracista, del Boicot, las Desinversiones y las Sanciones (BDS) como medida de presión hasta hacer que el Estado de Israel se avenga a respetar los Derechos Humanos y la legalidad internacional.

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Es urgente

Sí, es urgente cruzar la frontera. Acompañar la música, por bien que suene, de iniciativas concretas y compromisos ciertos que los ciudadanos puedan comprender y defender, porque se identifican con ellos. El PSOE debe atreverse a ello. Como lo hizo en otras ocasiones. Reconociendo, en primer lugar, errores graves, y desmarcándose sin contemplaciones de sus cuadros y exdirigentes que siguen enrocados en esos errores y se empeñan, desde pedestales más o menos resguardados, en seguir marcando el paso al partido. Y debe hacerlo asumiendo riesgos. Liderando un proyecto de transformación social ambicioso y razonable a la vez. Hacerlo ya, sin perder un segundo más. Porque son muchas las personas que lo esperan, y que no pueden esperar más.

Tras tres años sufriendo el pernicioso e ineficaz (des)gobierno de Mariano Rajoy, en este país hay pobreza infantil; hay un desempleo descomunal y persistente; hay desigualdades crecientes de renta y de recursos económicos; hay mucha evasión y fraude fiscal; hay corrupción, insoportable corrupción; hay un enquistamiento de discriminaciones de diversa índole, que padecen señaladamente las mujeres; hay una crisis territorial agravada en los últimos años; hay un modelo de crecimiento económico agotado; hay, en definitiva, problemas graves, pero identificables, y, en esa medida, abordables. Entendemos, a este respecto, que el PSOE debería, de inmediato, asumir los compromisos y actuaciones que más abajo esbozamos. Lo ha de hacer por su propia supervivencia y, lo que es mucho más importante, por el conjunto del país, tan necesitado de una regeneración política, democrática e institucional.

RENTA MÍNIMA GARANTIZADA. La situación de emergencia social que vive nuestro país tiene su cara más dramática en la pobreza, muy en particular en la pobreza infantil. Este drama del que diversos informes recientes nos ofrecen una escalofriante fotografía actualizada es el reflejo –en parte, al menos– del fracaso de una política económica impotente ante unas cotas insoportables de desempleo, y que tiene como dos ejes de actuación destacados la devaluación salarial y la reducción del Estado de bienestar (recorte de la protección por desempleo, rebaja de las pensiones, desmantelamiento del sistema de dependencia, copago farmacéutico, etc.).

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Jóvenes y vulnerabilidad: sus oportunidades perdidas son también las nuestras

Manifestación de Juventud Sin Futuro en Alicante. CC Neil Vega Murrieta vía Flickr

¿Qué factores o sucesos nos hacen más vulnerables? ¿Cómo podemos protegernos de la vulnerabilidad? ¿Quiénes están más expuestos a la vulnerabilidad? ¿Y quién cuenta con las mayores oportunidades para salir adelante frente a la adversidad ? El Índice de Desarrollo Humano 2014   expone que vivimos en un contexto cada vez más cambiante e impredecible, y la reducción de la vulnerabilidad y el aumento de la resiliencia (la capacidad de sobreponerse a las circunstancias adversas) son cuestiones cada vez más importantes : en un mundo en que se produce una cada vez mayor inestabilidad climática, donde los conflictos internacionales e internos se complejizan, y donde otras catástrofes generadas por el sistema en el que vivimos, como la crisis económica a nivel mundial, la vida de muchas comunidades, colectivos y países enteros se ve condicionada por estos reveses , cercenando sus posibilidades de satisfacer sus necesidades básicas en el presente y en el futuro.

Pero, ¿nos afectan estas crisis y cambios a nivel mundial a todos por igual? Evidentemente, no: hay muchos factores que inciden en el incremento de la vulnerabilidad, y estos factores a su vez interac cionan entre sí, retroalimentándose .   P or ejemplo, una mujer afectada por una emergencia humanitaria es más vulnerable que un hombre ante ese mismo contexto que súbita o gradualmente ha cambiado a peor. Y lo es aún más si pertenece a una minoría étnica, si es discapacitada o vive varias de estas situaciones a la vez.

Pero la vulnerabilidad no sólo nos puede afectar más o menos según nuestra identidad : ciertos momentos en nuestras vidas , como la infancia y la juventud, nos hacen también más vulnerables. De este modo, v ernos sometidos a una restricción de nuestros derechos en un momento vital específico no sólo puede privarnos de acceder a oportunidades más amplias en ese momento puntual , sino que puede condicionar de forma irrecuperable la capacidad de satisfacer nuestros derechos el resto de nuestras vidas. No es lo mismo para el organismo humano padecer desnutrición durante la edad adulta que durante la primera infancia, ya que en este caso, esta situación puede condicionar tu desarrollo físico e intelectual durante el resto de tu vida, y con ello la capacidad de aprendizaje, las oportunidades de trabajar en condiciones dignas y, por tanto, de afrontar circunstancias adversas en el futuro.

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La dignidad no se compra

Participantes de las Marchas de la Dignidad para pedir "pan, trabajo y techo", en Alcalá de Henares el pasado 23 de noviembre. / Efe

No paramos de leer en distintos medios de comunicación, en discursos e incluso a lo largo y ancho de las redes sociales algo que todo el mundo acepta ya como un lugar común: y es que tenemos un acervo de movilizaciones sociales a las que hay que dar expresión política. Que venimos viviendo un ciclo de movilización social, sindical y política que hemos de lograr convertir en poder institucional. Articular los mecanismos para llevar a las instituciones lo que antes hemos exigido en las calles se concibe como una de las tareas prioritarias de la izquierda organizada, y sin embargo, lo que hoy está en juego tiene que ver más bien con el ser capaces de disolver ese “antes”. No puede ser que los debates actuales se cifren en torno al agotamiento de la movilización social. Ahora es el momento de decir alto y claro que llevaremos a las instituciones lo que seguimos reclamando en las calles, porque las políticas que planteamos se oponen al poder y el sendero que nos lleva de la movilización a la institución, nunca se había mostrado con tanta claridad como ahora. Gobernar hoy, no significa lo mismo que gobernar ayer. Hoy se trata de tomar el poder.

Del mismo modo que ya no cabe prometerle a la gente que cuando vaya a votar, deposite la papeleta y regrese a casa esperando que cierta clase política les represente, hoy afirmamos que las consignas contra este régimen forman parte ya del sentido común. Igual que eso ha cambiado, también la forma de entender la gobernanza desde las instituciones ha variado. Y en este sentido, es esencial el debate en torno al programa, es decir qué queremos llevar a la instituciones. Qué cosas son las que nos colocan más allá de la identidad que nos demos a nosotros mismos.

En el eje que se perfila hoy con claridad, en el eje ruptura o transición, tenemos claro que somos ruptura. Somos un proceso constituyente frente a un poder constitutido y en esa medida somos conscientes de que el poder constituido se va a defender, y sólo contar con militancia organizada en espacios de unidad popular nos va a posibilitar materializar nuestras políticas. De nada vale decir que mañana nacionalizaremos un espacio si no vamos a poder movilizar a la ciudadanía, a las mayorías sociales que van a situarse en la puerta, frente a ese lugar. Las Marchas de la Dignidad junto con las Mareas Ciudadanas y plataformas de movilización social como la PAH, son sin lugar a dudas, los primeros y más fundamentales espacios de construcción de la convergencia social y política. Pero hay tres características que diferencias a las Marchas de anteriores espacios de movilización:

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El caso nuestro de cada día dánosle hoy

Mariano Rajoy y Ana Mato, en el Congreso. / Efe

Casi cada día surgen, sobre todo de la mano de los jueces, pero también de los medios, nuevos casos de corrupción política, o nuevos giros e imputaciones de actores de otros casos ya abiertos. Algunas de estas instrucciones judiciales pasarán a juicio oral en los próximos meses, un año cargado de elecciones municipales, autonómicas (quizás también catalanas) y generales. Aunque el Gobierno disponga de algunas palancas para, en algunos casos, retrasarlos si le conviene. Y le convendrá.

En general los jueces actúan de manera profesional y no politizada, aunque la cúpula de la judicatura sí lo esté. El problema de la Justicia en España no es de politización sino de lentitud. Los casos se alargan durante años. En Inglaterra, Bárcenas no habría podido quedarse en prisión preventiva sin juicio durante más de dos años, ni el caso seguiría abierto cinco años después. Claro que allí Rajoy no hubiera durado ni cinco minutos en el cargo tras conocerse su SMS (“Sé fuerte”) al ex tesorero del PP. Es verdad que la complejidad de algunas instrucciones implica alargarlas, pero no tanto. Una Justicia creíble debe ser también más rápida. Lo que implica, para empezar, más medios.

En este ambiente llegan, tras haberlas anunciado repetidamente, aunque ahora las amplíe, las propuestas del Gobierno de Rajoy para la mal llamada regeneración democrática. Pues, como ya hemos dicho en otras ocasiones, no se trata de regenerar sino de transformar la democracia, el sistema político. Y aunque la lucha contra la corrupción deba ser un elemento central de tal transformación, esta no puede limitarse a eso. No bastará, si a la vez no se refuerzan algunas instituciones y no se cambia de forma radical, mucho más allá de lo que se esta proponiendo desde la propia política la manera en la que funcionan los partidos políticos, algo que ya apuntó Javier Pradera en los años 90 en sus columnas, y en un libro que nunca publicó pero que ahora ha salido a la luz (Corrupción y política: los costes de la democracia, Galaxia Guntenberg).

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No nos engañemos, nos gobierna Nicolás

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Debo de ser de las pocas personas que cree a Nicolás. Su historia es delirante, sí, pero es que así de delirante es la política que hace el Partido Popular. Nicolás exagera, claro; o quizá se le ha ido la cabeza: demasiado joven para tanta influencia. Por supuesto que se da a sí mismo mucha más importancia de la que realmente tiene o tenía, pero lo cierto es que las reuniones, los conocidos, los contactos, la posibilidad de hacer negocio, todo eso es verdad.

Los desmentidos del PP en este asunto vienen a ser como decir "todo es mentira, salvo alguna cosa". Nunca sabremos lo que había de verdad y lo que había de mentira o exageración porque al chico le van a mandar a galeras, pero yo puedo decir que sé que una gran parte de lo que cuenta es cierto porque lo he vivido muy de cerca. Y no, yo no deliro.

En este asunto, como en otros muchos de la política española, el Partido Popular se beneficia de que la realidad resulta casi increíble para la mayoría de la gente no relacionada con los círculos de poder, por lo que basta con desmentir para que la gente se crea el desmentido. Pero si Nicolás miente en algunas cosas, también mienten los desmentidos.

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Más que leyes, actitudes

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. / Efe

Que nadie lo entienda mal. No es que no sea necesario reformar la Ley de financiación de los partidos políticos o ser "implacables en el castigo" a los corruptos, como dice Mariano Rajoy. Claro que hace falta eso y, seguramente, algunas medidas más que las que plantea, con años de retraso, el presidente del Gobierno para acabar con la corrupción. Pero más que leyes, que ya hay muchas que permiten perseguir a quienes se apropian del dinero de todos, lo que hace falta para luchar contra esas prácticas es cambiar las actitudes.

Eso es lo que parece que no han entendido, entre otros, Rajoy, que este jueves ha hecho un relato de la situación como si no fuera con él, como si a él no le afectara, como si él no fuera el presidente del PP, el partido al que el juez Ruz ve como beneficiario de la trama Gürtel y de cuya financiación ilegal dice tener indicios sólidos a través de la contabilidad B, que denunció el extesorero Luis Bárcenas y que los dirigentes populares siguen negando, aunque Bárcenas pene por ello en la cárcel de Soto del Real y los dos ex tesoreros anteriores, Álvaro Lapuerta y Ángel Sanchís, estén también imputados.

Si Rajoy, su Gobierno y su partido quieren que los ciudadanos recuperen la confianza en el sistema democrático y en sus representantes, tienen que empezar por asumir responsabilidades políticas por lo que ha pasado, tienen que dejar de amparar a los acusados por corrupción y colaborar con la Justicia en lugar de entorpecer las investigaciones, escamoteando documentación al juez o destruyendo los discos duros de los ordenadores de Bárcenas. Y más urgente que redactar nuevas leyes o remodelar las existentes es dotar con medios suficientes para investigar a la Agencia Tributaria, a la Policía, a la Fiscalía Anticorrupción y a la judicatura, que van escasos de efectivos y desbordados por tantos escándalos como se les van acumulando encima de la mesa.

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Rajoy, eres el siguiente

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Ana Mato ha parado la bala que va para Rajoy. Y van tres tiros en la nuca del presidente para salvar su cuello. Primero elimina a Bárcenas, después a Gallardón y ahora mata a Mato, que no ha caído ni por traer el ébola ni por los recortes y repagos sanitarios ni por eliminar la Sanidad universal ni por abandonar a los dependientes, a las maltratadas o a los enfermos de hepatitis C, ni por huir de los periodistas como de una epidemia ni por las bochornosas ruedas de prensa ni por ser la peor ministra del ramo en toda la democracia, sino por beneficiarse de la Gürtel, o sea, por lo mismo que ha hecho su partido.

El auto del juez Ruz, que ayer cerró seis años de investigación, dice que también el PP se lucró de la trama corrupta. Cae ella por el pecado de todos, y amén. Pero la bala va hacia Rajoy como jefe de Génova. Por el momento, la ha detenido usando a su ministra de escudo humano. Valiente presidente.

Ni siquiera la ha forzado a dimitir porque quisiera, sino porque se ha visto obligado para evitar la insostenible situación de presentar hoy sus medidas de regeneración en el Congreso junto a ella. Rajoy ha dado el tiro de gracia, pero ha tenido que venir un juez a dictarle la sentencia. El problema de no hacer política es que al final te pilla la Justicia y acabas ajusticiando.

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Brigadas Internacionales

"Estas son las últimas cosas –escribía ella–. Desaparecen una a una y no vuelven nunca más. Puedo hablarte de las que yo he visto, de las que ya no existen; pero dudo que haya tiempo para ello. Ahora todo ocurre tan rápidamente que no puedo seguir el ritmo. No espero que me entiendas. Tú no has visto nada de esto y, aunque lo intentaras, jamás podías imaginártelo".

Paul Auster, El país de las últimas cosas, 1987, describiendo la Ciudad de la Destrucción.

Muchos días, en Madrid, tenemos la sensación de que vivimos en la ciudad de la Destrucción, la ciudad de este Gobierno, con el que estamos viendo desaparecer, teatros, cines, palacios de la música: la destrucción. Pero también la ciudad que premia a algunos con regalos en forma de edificios o con calles y plazas del plano de la capital.

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sobre este blog

Zona Crítica es el canal de opinión política de eldiario.es. Un espacio colectivo de reflexión, análisis y testimonio directo.

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