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Manostijeras

Cuando Ruiz-Gallardón llegó al Ayuntamiento traía consigo una serie de proyectos que se hicieron realidad a lo largo de los primeros años. El soterramiento de la M-30; cambiar un edificio austero del siglo XVII, antigua cárcel, por un majestuoso palacio del siglo XX; conseguir la elección de Madrid como sede olímpica; remodelar el eje Prado-Recoletos… Proyectos todos ellos con un denominador común, cemento y, por lo tanto, dinero para las empresas constructoras. Ya lo dijo Cristina Almeida cuando se le propuso como candidato a Alcalde: "Hace obras que benefician a los ciudadanos, pero que más benefician a los intereses que representa. Le gusta echar cemento, escuchar música a solas o con sus interesados amigos".

Nunca salieron las cuentas. La M-30 pasó de un coste de 1.700 millones de esuros a más de 6.000; la Caja Mágica, de 120 millones a 294; el Centro Acuático comenzó con 137, y ya va por 192 y lo que le queda. Pero también se derrochó dinero en las sedes municipales y obras en Cibeles: en 2010 se estimaba que el montante anual de alquileres se elevaba a 52 millones, mientras que la reforma de Cibeles estuvo en torno a 500 millones. Madrid pasó a ser la ciudad más endeudada de España.

Y llegó la crisis, golpeó de lleno a España y en Madrid hubo que echar el freno a las inversiones faraónicas, al engrosamiento de la cúpula municipal, al derroche generalizado… Habría estado bien, pero no fue así. Cuando Rodríguez Zapatero decreta un ahorro de 1.200 millones por parte de las Comunidades Autónomas, Ruiz-Gallardón, en un alarde de generosidad, comunica que el Ayuntamiento de Madrid va a ahorrar 1.000 millones paralizando todas las inversiones que no estuvieran adjudicadas. ¿De qué inversiones hablaba? ¿Ya no se iba a construir la Ciudad Olímpica? ¿O no se iba a reformar la Peineta? ¿Quizá se paralizaría el Eje Prado-Recoletos?... Nada más lejos de la realidad, las inversiones afectadas eran las que aportaban menos al proyecto del PP: equipamientos sociales, escuelas infantiles, remodelación de calles en los barrios, inversión en equipamientos culturales…

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Electricidad para todos

Tendido eléctrico. EFE

Cuando el Partido Popular llegó al Gobierno en 1996, tardó apenas un año en liberalizar por completo el sector eléctrico. Se justificó el cambio en la falta de competitividad en precios del sector, en la necesidad de hacerlo más confiable técnicamente, más seguro en materia de suministro y más universal. Para la consecución de esos objetivos la participación pública empresarial ya no era necesaria, y menos aún la planificación; sólo se debía regular la libre competencia. El mercado con los mecanismos propios daría las señales correspondientes y completaría el ajuste y la tarea en el mediano plazo. En términos modernos, se acabaría desarrollando un modelo de sistema eléctrico sostenible, moderno tecnológicamente y accesible para la economía productiva y el bienestar de los ciudadanos.

En aquel año de 1997 el mercado eléctrico (demanda eléctrica global de ese año por el precio promedio) suponía unos 11,6 mil millones euros. Seis* empresas se repartían el comercio eléctrico en España, un 2% del PIB de entonces. Se consideraba al sector esencial, necesario y básico para el progreso de la actividad económica. Estaba sujeto a la planificación indicativa en el entorno de un Marco Estable, fundamentalmente de precios, para permitir concretar las instalaciones de generación y distribución que el crecimiento de la demanda exigía. Era un intercambio de responsabilidades mutuas: el sector invertía y el Gobierno se comprometía a reconocer a las empresas una rentabilidad mínima, vía tarifas eléctricas, para garantizar que se hicieran.

Transcurridos más de diecisiete años de la liquidación del Marco Legal y Estable**, la cifra del negocio eléctrico se multiplicó por 2,7. Pasó de los 11.600 millones de euros a los 24.600 mil millones en 2012. Aumentó un 140%. En relación al PIB su peso creció hasta el 2,7%. En ese mismo período, el consumo aumentó en un 50%, el precio y la inflación lo hicieron un 65% y un 50% respectivamente. ¿Qué explica esa diferencia de aumento de la facturación del negocio eléctrico español respecto al resto de las variables? La respuesta es que la subida de precios fue muy superior al 65% indicado por la estadística y que ésta no lo refleja porque se oculta en el pago diferido a quince años del llamado déficit de tarifa originado en la diferencia entre el pecio del mercado y los precios máximos autorizados por el Gobierno.

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'Wildlife war'

El corresponsal en África del diario británico The Guardian, David Smith, publicaba la semana pasada una estremecedora crónica sobre el avance de la denominada wildlife war: la guerra contra la fauna que el mundo está perdiendo en África.

Quizá usted no se considere un gran amante de la naturaleza. Es posible que ante las enormes incertidumbres a las que debemos hacer frente sienta escaso interés por la suerte que puedan correr leones, rinocerontes, elefantes o cualquier animal africano. Pero aunque sea así permítame que le comente un tema: buena parte de esos animales, que quizá solo conozca por los documentales de La 2, desaparecerán para siempre antes de fin de siglo.

Las organizaciones conservacionistas alertan que el primero de ellos será el rinoceronte blanco (Ceratotherium simum), uno de los mamíferos terrestres con el registro fósil más antiguo del planeta. Las imágenes de los guardas armados del parque nacional del Kruger custodiando a uno de los últimos ejemplares mientras pastaba en las praderas dieron la vuelta al mundo hace unos meses. Pues bien, un buen amigo de Save the Rhino, una de las asociaciones que lucha con mayor esfuerzo contra la matanza de rinocerontes, me informaba de que incluso ése famoso ejemplar había sido abatido por los furtivos.

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La hora del cambio

Hace ya 16 años que Madrid no conoce otro gobierno que no sea el del Partido Popular. Y 16 años son demasiados. No son sólo la trama Gürtel o la financiación ilegal. No son sólo Esperanza Aguirre, Ignacio González, Granados o Sepúlveda. Son unas instituciones que han dejado de servir al interés general y se han puesto al servicio de los de siempre, de los de las tarjetas black y los áticos.

Esta manera de entender la política conforma una Comunidad que no está pensada para vivirla, establece un modelo sanitario que no garantiza la atención para todas las personas por igual. Esta política, su política, vende la vivienda social a fondos buitre y pone la educación pública al alcance únicamente de una élite. Los servicios públicos se conciben como una oportunidad más de negocio y se recortan los derechos civiles... En definitiva, en este periodo hemos perdido derechos y libertades para que los cuatro empresarios de siempre se llenen sus bolsillos.

Hasta ahora, la política no sólo ha sido ineficaz, sino que también ha sido injusta, haciendo de la injusticia ley. Por eso, ha llegado la hora de que nosotras, la gente, seamos las protagonistas del cambio. Tenemos que acabar con un modelo que beneficia a unos pocos, y trabajar, entre todas, por recuperar el objetivo principal del trabajo político, que no es otro que ocuparse de la mayoría.

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La fiesta

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A la fiesta de la democracia, elecciones tras elecciones, estamos siempre todos invitados. Y, como en todas las fiestas, hay gente que no va, hay otros que van por cumplir pero sabiendo que no se lo van a pasar bien y otros que van eufóricos y a darlo todo. Los hay que van con lo puesto y los hay que van sabiendo que su entrada vale por más copas que la tuya. Hay gente que va muy harta de fiestas que luego resultan ser pesadillas y dejan una resaca de mil demonios. Luego están (estamos) los que piensan (pensamos) que ésa será la fiesta definitiva que marcará un antes y un después; una donde, después de mucho tiempo soportando que paguemos la cuenta los de siempre para que sólo la disfruten unos pocos, nos vamos a poner de acuerdo para echarlos a empujones, a ellos y a sus reglas maquiavélicas según las cuales ahora son los propietarios de la fiesta, del edificio y hasta de los panchitos. Y creen (creemos) que ya verás qué fiesta, que lo primero que vamos a suprimir será la zona VIP y vamos a lograr, sí o sí, que todos los invitados puedan beber, comer y expresarse por igual. Y te creces, porque imaginas un sitio donde los que se han colado año tras año y encima te han robado el bolso, van a empezar a pagar todas las entradas pasadas y, además, te van a devolver lo robado. Hombre, pues sólo faltaba.

Pero luego llega, una vez más, la fiesta de la democracia -qué digo fiesta: FIESTÓN- y te pones tu mejor vestido, te invade de nuevo la ilusión y la esperanza, “ésta sí será la buena”. Has hablado con todos tus amigos, tus familiares, en todas las redes sociales la gente clama al cielo, porque está cansada, no puede más, tu pueblo entero está ahogado de recortes y de corrupción, no merecemos eso, y tú misma dices que normal, que hasta tú tuviste que emigrar hace mucho para tener un trabajo digno. Y tu hermana. Y amigos a los que ya no ves. Y está claro, esta vez no va a ser como todas las anteriores porque el sentimiento de hartazgo se respira en el aire, casi lo puedes tocar. Quizás no vaya a ser un giro completo pero lo que está claro es que hoy sí que empieza el cambio.

Y vas a la fiesta decidida. Te plantas allí con los brazos en jarra, y tu cara dice 'qué pasa aquí'. Pero no tardas mucho en darte cuenta de que, una vez más, hay miles de personas te han dejado plantada, que han decidido no asistir y que casi la mitad de la sala está vacía. Y, para tu pesar, ves que los que sí han ido están, como cada año, riéndole las gracias al que les ha robado el bolso y haciendo corrillo alrededor del que se acaba de colar en la fiesta y se está bebiendo tu copa.

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Participar y confluir desde los extrarradios

Una vez me dijeron que para conocer la auténtica realidad de una ciudad siempre hay que mirarla desde los extrarradios, nunca desde el centro. Desde el centro es relativamente sencillo acabar creyéndose las luces, las grandes avenidas concurridas, los escaparates y las marquesinas. Sin embargo, son las luchas y las esperanzas invisibles de los extrarradios las que acaban marcando el nivel de desarrollo y cohesión social real de una ciudad. Es fácil, instalados en la Puerta del Sol, decir que en Madrid no hay un problema de malnutrición infantil. Si nos asomamos por un instante a El Gallinero, tan Madrid como El Retiro, vemos que ese problema existe y que además es grave.

Vivimos tiempos vertiginosos en los que la nueva política, en su constante lance frente a la antigua, parece protagonizarlo todo. Todo es nuevo y todo avanza muy deprisa. Lo que una semana estaba construido, la semana siguiente se deconstruye para volverse a construir unos días más tarde con mucha más fuerza y coherencia. Cada paso es una aventura pionera que inunda de nuevos términos la cotidianidad política. Primarias ciudadanas abiertas, programa participativo, compromiso democrático, revocatorias, partido instrumental, confluencias… son términos que hasta hace nada casi nadie asumía y que ahora parecen haber llegado para quedarse y transformarlo todo.

En el escenario concreto de Madrid, donde a veces la actualidad de las confluencias se mueve tan rápido que llega a despistar, se está viviendo un proceso histórico que sin duda marca un antes y un después en la vida política de la ciudad. Las primarias ciudadanas abiertas que decidirán la lista final de  Ahora Madrid están demostrando a la ciudadanía que es posible construir una candidatura plural y desde abajo en la que el debate sano y la participación sean ejes fundamentales. Seis listas, más varias candidaturas personales, en competición fraterna para construir un único equipo que consiga ganar Madrid. El domingo, cuando las votaciones se hayan cerrado y haya por fin una única lista, se despejarán todas las dudas y los despistes: conoceremos la candidatura de unidad popular bajo el único nombre de Ahora Madrid dispuesta a devolver la ciudad a sus ciudadanas y ciudadanos.

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Por la democratización y descentralización de los órganos de gobierno de la ciudad de Madrid

Los barrios populares y de la periferia de Madrid acumulan un abandono secular. La anexión franquista de los pueblos limítrofes a Madrid, a mediados del siglo XX, relegó estos barrios a espacios de aluvión de trabajadores procedentes de la inmigración interior como mano de obra barata para el desarrollo industrial de la época, hacinados en bloques o habitando en chabolas infrahumanas.

El movimiento vecinal de los años 70 forzó a que los primeros ayuntamientos democráticos mitigaran en parte el déficit de equipamientos e infraestructura que se había acumulado. Pero desde entonces la estructura centralista municipal ha favorecido que los sucesivos gobiernos de la ciudad hayan priorizado sus actuaciones y presupuestos en el centro escaparate y financiero, relegando de nuevo a los barrios populares a un creciente abandono. Esto resulta muy visible si se compara estos barrios de Madrid con el crecimiento y desarrollo bien visible, en estas últimas décadas, de unos municipios limítrofes, que tienen una composición social similar a los barrios periféricos, pero que conservan su autonomía municipal.

Los distritos madrileños tienen unas Juntas Municipales sin competencias reales (incluso para las gestiones más sencillas), un presupuesto ridículo y nulo peso político en la gobernación de su territorio. Además están integradas por personas que no han sido elegidas por los vecinos, y tienen escasa dedicación, por simultanearla con otras tareas y obligaciones del gobierno central de la ciudad. Así es imposible ocuparse con solvencia de los problemas de una población que supera en algunos casos los 250.000 habitantes. La participación vecinal, individual o colectiva, sencillamente no existe. Como ejemplo se puede comparar los 57 concejales electos en Madrid y los 527 que elige París, 163 para el pleno municipal y otros 364 para gobernar los distritos.

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Somos Manuela y estamos a la escucha

Manuela apura el café mientras nosotros la escuchamos. Es la primera vez que nos vemos y nos habla de participación, de escucha. Ella deja cuidadosa la taza en el plato y ambos callamos, como para empujarla a que hable. Antes de si quiera emitir el sonido final de sus frases, Manuela nos sonríe y hace que todo cobre sentido. En esa sonrisa está la lucha de una vida. Está la capacidad para escuchar y entender al diferente, de convencer al equivocado y de respetarlos a todos. En esa sonrisa está la razón de la lucha por la democracia.

Manuela es la ultima estación de un viaje más largo. Empieza antes, en las plazas, en la calle. En las redes. Cuando empezamos a encontrarnos, cuando empezamos a pensar no que debíamos cambiarlo todo, sino que podíamos hacerlo. Es una confianza que nace de estar juntos, de compartir la historia de millones de personas. Manuela llega a echarnos una mano en este empujón institucional, en este momento, que no es el final, sino el principio.

Terminamos el desayuno, abandonamos la cafetería, y al salir a la calle sentimos de nuevo el temblor de esta ciudad.

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La política, esa cosa entre el yo y el nosotros

Detalle de la portada del cómic "Psychoanalysis” (1955)

Escuchando los mítines y las declaraciones de esta primera tanda electoral, he prestado particular atención al lugar desde el que hablaban los candidatos y sus apoyos, esa primera persona que a veces es singular, “yo”, y otras plural, “nosotros”.  En principio es pura retórica, ya sé, pero merece la pena echar un vistazo.

En fin, de lo que no cabe duda es que siempre es importante saber desde dónde se habla, para poder saber también desde dónde escucharlo. Queramos o no, existe una tensión permanente entre uno y los otros, por no hablar de las contradicciones propias. 

Cabría preguntarse ¿es necesario parapetarse siempre detrás de ese nosotros? ¿No puede subir alguien a un estrado y hablar de los problemas que tiene con su marido? Claro que puede. O al menos debería no ocultar que habla desde ahí, y desde ahí es que utiliza ese ideal de nosotros, de bien común. Este año electoral hay mucha gente que no es “política de profesión” y que ha dado un paso al frente. Esas personas tendrán que vérselas con todo esto. Y también deberíamos confrontar ese toma y daca entre el yo y el nosotros los votantes. Lo real eres tú, lo ilusionante lo que te ofrecen. Los discursos pueden estar vacíos, lo que no puede estarlo son las cabezas de los que los escuchan. Por eso estoy a favor del crecimiento personal, no del crecimiento del número de partidos.

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Preguntas que ahora no toca hacer

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¿Ah, que el copiloto decidió estrellar el avión? Pues nada, ya podemos cerrar el amago de debate sobre seguridad aérea que otra vez habíamos abierto, el mismo que abrimos tras cada accidente. En cuanto nos aseguren que está solucionado el fallo y que no volverá a ocurrir, pasaremos página y nos olvidaremos. Hasta el próximo accidente.

Entonces, cuando se caiga el próximo avión, en esas primeras horas de incertidumbre repetiremos las mismas preguntas que nos hicimos el martes: ¿se cumplen los protocolos de seguridad?, ¿están las compañías demasiado preocupadas por reducir costes?, ¿relajan el mantenimiento de los aviones?, ¿están bien formados los pilotos?

En cuanto se cae un avión, reaparecen idénticas las mismas preguntas, que desaparecen cuando la investigación las va descartando. Preguntas que surgen de una sospecha ambiental, una sensación muy extendida que solo pronunciamos cuando cae un avión: puede que volar no sea tan seguro, quizás en el enorme negocio de la aviación lo de menos son las vidas de los pasajeros.

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sobre este blog

Zona Crítica es el canal de opinión política de eldiario.es. Un espacio colectivo de reflexión, análisis y testimonio directo.

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'Fronteras y mentiras', ya en los quioscos

Ya está en los quioscos la revista de eldiario.es con la investigación periodística sobre las muertes de Ceuta y la inmigración en España, que desmonta el discurso oficial de la alarma social

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