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El conflicto de El Prat o las externalizaciones 'low cost'

Colas para acceder al control de seguridad del Aeropuerto de Barcelona-El Prat en uno de los paros de los trabajadores de Eulen.

El Consejo de Ministros se ha reunido, con caracter extraordinario, para adoptar las medidas que permitan iniciar una solución arbitral, de carácter obligatorio, que ponga fin al conflicto entre los trabajadores encargados de realizar el control de filtros de seguridad en el aeropuerto de El Prat y Eulen, como empresa adjudicataria de este servicio. El conflicto se prolonga ya desde hace algunas semanas, sin que las partes hayan podido resolver sus diferencias mediante un acuerdo que contemple una mejora salarial y un refuerzo del número de trabajadores encargados de prestar el servicio.

Como en cualquier otro conflicto laboral similar al que ocupa ahora nuestra atención, también en este caso los trabajadores han hecho uso de su legítimo derecho a utilizar distintos medios de presión en defensa de sus pretensiones. Obvia decir que ello ha afectado, en determinados momentos, al buen funcionamiento del aeropuerto de Barcelona en uno de los momentos del año más críticos debido a la afluencia de pasajeros.

Aunque la presión ejercida por los trabajadores no ha quebrado el pulso a la empresa forzando una nueva propuesta que se acomodara mejor a las pretensiones de aquellos, la atención mediática del caso y las quejas de los usuarios sí han motivado la intervención del ministro de Fomento con la excusa, una vez fracasado el acuerdo entre las partes directamente implicadas, de garantizar la seguridad del aeropuerto.

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¿Qué harías por los tuyos?

Manifestación por la independencia de Cataluña. (EFE)

"Yo por mi hija, mato, ¿me entiendes? ¡eh! MAAA-TO". Belén Esteban ha sido una heroína popular. La Princesa del pueblo. Suya es esta declamación de contenido universal. La Esteban expresaba, de manera estrafalaria y desmedida –propia del personaje que ha construido– un sentimiento que no nos resulta ajeno. Somos proclives a anteponer las necesidades y aspiraciones de los "nuestros", especialmente nuestros familiares (por los que podemos llegar a estar dispuestos a matar para protegerlos), pero también de los semejantes que sentimos más próximos, a nuestros ídolos y los líderes que nos representan.

La tendencia a favorecer a los miembros del propio grupo ha sido acreditada en condiciones experimentales. Son particularmente interesantes las investigaciones académicas que crean grupos con personas desconocidas entre sí usando criterios arbitrarios. Diversos estudios con experimentos han mostrado como incluso esas agrupaciones pueden conducir a identidades grupales, en que los miembros de esos "equipos" terminan manifestando preferencia por individuos de su grupo recién creado (endogrupo) frente a los de un grupo externo (exogrupo). Bajo ciertas condiciones pueden acabar desarrollando actitudes negativas hacia los miembros del exogrupo.

Un experimento célebre en esta línea es el de Robbers Cave, diseñado por el matrimonio de psicólogos Muzafer y Carolyn Sherif en 1954. En el estudio, veintidós adolescentes que no se conocían entre sí fueron trasladados en autobús a un parque natural en Oklahoma, en dos expediciones de once chicos cada una. Los muchachos acamparon en dos áreas lejanas entre sí, de manera que durante los primeros días la presencia de los 'otros' fuera ignorada. Tras esta primera fase de convivencia aislada fueron agrupados. Antes de la agrupación, se les invitó a poner nombre a sus grupos. Unos escogieron "The Rattlers" (Los Serpientes de Cascabel), los otros "The Eagles" (Los Águilas).

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La gallina Turuleca

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Trabajadores de Eulen protestan en la T1 del Aeropuerto de Barcelona-El Prat en el tercer día de huelga indefinida.

Lo cantaban los Payasos de la Tele: "Yo conozco a una vecina, que ha comprado una gallina, que parece una sardina enlatada. Tiene las patas de alambre, porque pasa mucha hambre y la pobre está todita desplumada". Buena parte de lo que estamos viendo este verano con el modelo turístico, algunas protestas vecinales y movilizaciones de trabajadores, como los de El Prat, muestra que el turismo no puede ser ni la gallina de los huevos de oro, ni la Turuleca que deba poner dos al día echándole la mitad de pienso.

Los pingües beneficios empresariales deben ir acompañados de sueldos razonables para los empleados y de una ordenación sostenible del turismo, que no pasa por simplificar como "turismofobia" o llamar "radicales" a todos aquellos que pidan algo de sentido común. La gallina Turuleca no va a poner uno, dos, tres y así sucesivamente, sin acabar "loca de verdad", como rezaba la canción.

Lo que se mueve ahora en El Prat me parece un buen síntoma de todo esto. Pudiera ser un "basta ya" que no ha cogido vacaciones. Los trabajadores de seguridad del aeropuerto de Barcelona pueden extender un aviso a navegantes frente a unos cuantos abusos de nuestra época: privatización de lo público, lo de todos, para el suculento beneficio de unos pocos, con sueldos de miseria para la mayoría. La respuesta del Gobierno es decir que "asistimos a protestas radicalizadas" y envía a la Guardia Civil, que también lamenta sus condiciones laborales o ha visto recortadas sus funciones en favor de estas empresas privadas.

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Espirales de mierda

Un manifestante con una bandera confederada en la marcha neonazi de Charlottesville (Virginia).

La superficie de nuestras pulidas democracias se ve de forma creciente asaltada por grumos de cieno, de fango pútrido, de mierda, vamos; que suben a borbotones desde los más profundos y oscuros rincones de unas sociedades amansadas y domesticadas.

Estábamos bañándonos en principios que creíamos irreversibles cuando llega una burbuja de lodo y nos estalla en plena cara. Acaba de suceder en Estados Unidos. Es sólo el último episodio, aunque nadie podría decir cuántos avisos más llegaremos a recibir antes de la erupción final. Los racistas se han mostrado con una nitidez que nadie hubiera esperado volver a ver. Ante la violencia que supone la mera expresión de palabras como "supremacismo blanco" y ante la voluntad decidida de quienes no están dispuestos a observar de brazos cruzados cómo destruyen la sociedad que tantas vidas costó construir, Trump sólo ha opuesto una postura de equidistancia inadmisible.

La equidistancia es la mayor trampa moral en la que puede caer un pueblo. La manipulación ha conseguido que millones de personas crean que ante situaciones terribles es posible no posicionarse y que consideran virtuoso mantener una postura a medio camino. Aristóteles marcó el punto medio, el equidistante, como el virtuoso entre dos extremos viciosos. Ambos extremos deben ser moralmente malos para que la virtud se sitúe en ese punto. Por eso es evidente que entre el bien y el mal no hay equidistancia posible. Sólo cabe posicionarse junto al bien. Entre el racismo y el antirracismo, sólo cabe alinearse firmemente con la igualdad esencial de todos los seres humanos. Si nos presentan un dilema entre el fascismo y los antifascistas, sólo contra el fascismo estaremos ejerciendo la virtud.

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Los asesinos de mujeres y Juana Rivas

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Pancarta de la manifestación del 7N. / Marta Borraz

El anteúltimo hombre español asesino de una mujer es un antropólogo vasco, de Bilbao, se llama Héctor Menchero y se fue hasta Ecuador para asesinar a la que fue su mujer, con la que tenía una hija.

Con este crimen llegamos a las 34 mujeres asesinadas por hombres en España y a las 103 en Ecuador en lo que va de 2017. Una matanza. Matanza que sobrecoge aún más si en vez de hacer una contabilidad anual –como si pudiéramos poner el mortal cuentakilómetros a cero cada uno de enero– recontáramos las mujeres asesinadas desde que hay estadísticas en España: más de mil. Más que ETA.

El antropólogo vasco, 45 años, asesinó a Paola, un mujer ecuatoriana, ingeniera de sistemas, de 43 años, que había abandonado a su asesino hace seis años por maltrato y se había ido de Bilbao para vivir en Ecuador, creía que sin miedo, con su hija.

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Fascismo, la complicidad del silencio

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Neonazis, simpatizantes de Alt-Right y supremacistas blancos participan en una marcha en la noche antes de la manifestación 'Unite the Right' en Charlottesville, Virginia.

Agosto se nos tiñó de nazi. Se desparramó el depósito que a duras penas lo contenía. Y se plasmó el sábado 12 de agosto en la ciudad universitaria de Charlottesville, en el Estado de Virginia que albergó la capital de los Confederados en la Guerra de Secesión norteamericana. Una nutrida representación, masculina, blanca, violenta, irracional, fascista, armada hasta con fusiles de asalto, sembró de odio y sangre las calles para hacer alarde de la superioridad que creen ostentar. Una mujer –Heather Heyer, 32 años– asesinada, una veintena de heridos, múltiples apaleados, una sociedad con una profunda brecha en el corazón. Las impactantes imágenes grabadas por HBO dejan poco lugar a la imaginación para saber la dimensión de lo qué está ocurriendo. 

"Una injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia en todas partes", decía Martin Luther King, el líder de los derechos civiles que caería abatido por esta misma intolerancia en 1968. El despertar del nazismo latente en un país es una amenaza para todo el mundo libre, podríamos parafrasear. No es insignificante lugar los Estados Unidos de América, lo que le añade gravedad. Y no cabe tregua. El sábado en Charlottesville emergió cuanto se venía gestando, lo que llevó a Donald Trump al poder. El presidente que tardaría 48 horas en condenar la violencia de los partidarios de la supremacía blanca, obligado por una intensa condena a su reacción inicial. Cuando, hablando de "distintas fuentes", enarboló la bandera de la falsa equidistancia siempre, siempre, culpable. Este martes recuperó la versión de "las dos partes", culpables ambas y con buena gente ambas en su interior, y dijo que la prensa había tratado injustamente a los manifestantes neonazis a los que justificó. Trump no abandona a los suyos. Las felicitaciones más efusivas -dentro de un clima de desolación- han sido las de un par de líderes del KuKluxKlan  agradeciendo a Trump "la condena a los matones de izquierda que nos atacaron". 

El brote estadounidense se produce en la sociedad de la confusión, donde voces insistentes tratarán de minimizar y establecer paralelismos con cualquier otra tendencia. No la hay. El fascismo destruye la sociedad. Basado en la idea de la supremacía, de la superioridad de la raza blanca sobre las demás, buscan imponer su dominio por la fuerza. Tras la raza superior van los hombres superiores sobre las mujeres inferiores, y todas las "perfecciones" que se atribuyen. Salen al calor de Trump, sin duda. Muchos lo han señalado. Los nazis precisan un líder y el tosco personaje que ocupa la Casa Blanca jugó todos los números para serlo.

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El cazo de Meirás

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Misterios de la gestión pública en manos del Partido Popular. La Xunta de Feijóo puede regar a la familia Franco con decenas de miles de euros para que cumpla con su obligación de abrir al público el Pazo de Meirás, pero no puede hacer algo para obligarles a que la gestión de un bien de interés cultural responda a los principios de mérito, capacidad y transparencia que informan la gestión pública. En otra palabras, la familia Franco puede meter el cazo para quedarse con un bien robado o recibir cuantiosas subvenciones públicas, pero las autoridades no pueden decir una palabra sobre el pazo. El presidente gallego Núñez Feijóo debe vivir en un episodio permanente de Barrio Sésamo y parece evidente que está convencido de que todos los demás también.

El gobierno bipartito, aquel que no hizo nada ni cambió nada, declaró bien de interés cultural el Pazo de Meirás, a pesar de la furibunda oposición jurídica de la familia Franco, que perdió todos y cada uno de los pleitos iniciados. También contó con la oposición política del Partido Popular, que siempre que se pretende hacer justicia y escribir la historia como fue defiende la injusticia y el olvido usando el nombre de la reconciliación en vano. Era una manera de empezar a devolver al patrimonio público un bien de valor histórico y cultural robado por el dictador y su familia bajo el simulacro de una donación hecha a punta de dictadura.

Tras el cambio de gobierno en 2009, Feijóo pagó a la familia Franco para que cumpliera la ley y abriera el pazo al público al menos cuatro días al mes. Así son las cosas en España: a la familia Franco se le paga para que cumpla la ley, a los trabajadores se les manda a la Guardia Civil. La familia Franco ha recibido, que sepamos, más de 50.000 euros hasta 2013 para cumplir mal, tarde y a regañadientes las obligaciones impuestas por la declaración de bien de interés cultural, mientras se hacía reportajes a todo color para la prensa del corazón y el pazo se cerraba en agosto para que no se les molestase durante sus vacaciones. De acuerdo con este modelo de gestión a lo Barrio Sésamo de Núñez Feijóo, tenemos la obligación de pagar a la familia Franco pero que ésta pueda gestionar las visitas a "su" propiedad como le dé la gana. Si no fuera una falacia tan grosera, hasta daría risa.

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Notas de una turista en tránsito

Un grupo de viandantes fotografía la fachada del recién inaugurado teatro Kabukiza, en Tokio, Japón.

Barcelona, 19.30 horas

Por primera vez en mi vida me siento un poco mal al irme de vacaciones. Hay dos cuestiones que me preocupan. Bueno, tres: "En Japón, ¿bikini o bañador entero?", "¿cruzaremos a tiempo el control de seguridad de El Prat?". Y por último, "¿cómo se supone que debe sentirse una barcelonesa que odia el turismo en su ciudad, cuando es ella quien se convierte en turista?".

Barcelona, 4.00 horas

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Cristina Kirchner o la grandilocuencia de los sentimientos colectivos

Cristina Fernández de Kirchner, ex presidenta de Argentina

La pasada madrugada argentina se vivía entre la sorpresa y la emoción. Con el regreso a la política de Cristina Kirchner renace el peronismo como estrategia electoral. La ex presidenta de la República regresaba a la política recuperando la confianza ciudadana en esta elección, las PASO, unas primarias previas a las legislativas de octubre.

Un mujer argentina que emociona en el escenario y que conmueve con su discurso populista, en el sentido positivo del término, es casi un modelo electoral en ese país. La emoción, la lágrima, la mano en el pecho y todo el despliegue sentimental que levanta a los colectivos movilizados. La herencia del peronismo electoral.

"Yo tengo una sola cosa que vale. La tengo en mi corazón, me quema en el alma, me duele en mi carne y arde en mis nervios. Es el amor de este pueblo". Esta frase es de Eva Perón en su último discurso público. Fue pronunciada entre lágrimas reales. También podría haber sido dicha por Cristina Kirchner. Ambas comparten la elección de un camino propio más allá de sus esposos, pero también el estilo electoral de calle, de abrazo, de mencionar el nombre propio de los anónimos. De la grandilocuencia de los sentimientos colectivos.

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En defensa del hombre blanco heterosexual

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Pancarta antifascista en las protestas de Charlottesville (Virginia).

Las mujeres no nos entienden. Ni los gays. Tampoco los negros ni los árabes. Ninguno de ellos comprende la situación que los varones blancos heterosexuales estamos viviendo últimamente. La angustia, la tensión, la certeza de ser siempre observados con suspicacia, víctimas de la discriminación sexual bajo la bandera de la igualdad y de la discriminación racial con la excusa de la multiculturalidad.

A iguales condiciones, nos dicen, mejor una mujer, mejor un negro, un árabe, un gay. Ya ni abrir las piernas en el metro podemos sin ser por ello censurados.

Se nos considera privilegiados, pero no es cierto. A los varones blancos heterosexuales nadie nos ha regalado nada. Más bien al contrario; nuestro actual estatus es fruto de siglos de trabajo. Tuvimos que someter a las mujeres y esclavizar a los negros. Despojamos a los indígenas de cuanto tenían, prohibimos la homosexualidad y aniquilamos a quienes disentían de nuestro punto de vista.

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