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El Gobierno pone fin a la autonomía de los Mossos

Mossos junto a vehículos de la Guardia Civil el día de la operación en la Conselleria de Economía.

En la mañana del sábado, los lectores de ABC se desayunaron con este titular: "Policía y Guardia Civil intervendrá (sic) para mantener el orden si los Mossos no actúan". El texto y los testimonios recogidos no dejaban dudas sobre las intenciones de Interior o Moncloa (según "fuentes solventes"): "En ningún caso se va a tolerar que se vuelva a producir una situación como esa (la concentración del miércoles ante la Conselleria de Economía), y si los Mossos no actúan o muestran una cierta pasividad la Policía y la Guardia Civil intervendrán para mantener el orden público".

Mensajes en el mismo sentido han aparecido destacados esta semana en varios medios. "Los mossos ceden al separatismo la calle para acosar a los jueces", tituló El Mundo en su portada del viernes. Un día antes, el mismo periódico ya había acusado en portada a los Mossos con el aviso de que el Gobierno estaba dispuesto a intervenir: "Interior planea sustituir a los Mossos por su pasividad". En ambos casos, se intentaba argumentar que la Policía catalana estaba colaborando con la Generalitat en la campaña por el referéndum permitiendo las movilizaciones en la calle. 

Este sábado, se ha procedido a cerrar el círculo. La Fiscalía del TSJC ha comunicado a los Mossos que el control de la seguridad en todos los asuntos relacionados con el referéndum pasa a manos del Ministerio de Interior a través de la Secretaría de Estado de Seguridad. Un coronel de la Guardia Civil –cargo de confianza del Ministerio desde los tiempos de Rubalcaba– se ocupará de la "coordinación" entre las distintas fuerzas policiales implicadas, el término aparentemente inofensivo con el que se define la operación. 

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El tubo de escape mata más que el volante

Coches circulando en Barcelona

Este artículo no es agradable de leer. Ni de escribir. Pero dado que estamos en la Semana Europea de la Movilidad Sostenible y Segura no puedo dejar de hacerlo.

El tubo de escape mata más que el volante. O lo que es lo mismo: la contaminación del tráfico provoca más muertes que los accidentes de tráfico. Y no lo dice Ecologistas en Acción, ni Amigos de la Tierra, ni el resto de organizaciones ecologistas que apelan a nuestra razón desde su compromiso con el medio ambiente, esas a las que ignoramos pero a las que tanto debemos. No, lo dice la ciencia y lo dicen los médicos.

Podría convertir este apunte en una tormenta perfecta de datos científicos incontestables, de porcentajes enlazados a artículos de Nature, Science y el resto de revistas científicas donde aparecen periódicamente. Esos  papers que recogen años de investigación y que nuestros políticos se pasan por el forro porque les enfrenta a realidades que no quieren, no saben o no pueden afrontar.

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Los descontentos con la inteligencia emocional y las reglas del juego económico

Jóvenes trabajando

La inteligencia emocional está de moda. Hay muchos libros que nos invitan a comprender nuestras emociones y las de los demás, y que ponen en relieve los grandes beneficios de ser empático, altruista y cooperativo. Muchos educadores y técnicas de aprendizaje apuestan también por la inteligencia emocional como forma de educar a las nuevas generaciones y resolver los conflictos. Múltiples estudios científicos en psicología demuestran que las personas con inteligencia emocional alta tienen mayor felicidad. 

El tema de la felicidad y de cómo ser feliz está también de actualidad. Hay muchos libros de autoayuda que prometen la felicidad, y también hay numerosas iniciativas políticas que hablan de fomentar la felicidad de la población. Un ejemplo es el informe que el expresidente francés Nicolás Sarkozy encargó a varios economistas prestigiosos, entre ellos dos premios Nóbel de economía, para que buscaran alternativas al producto interior bruto como indicador de desarrollo. Entre los indicadores propuestos por el equipo, el de la felicidad de las personas tiene un protagonismo especial. También la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que aglutina a 35 países ricos, ha considerado la felicidad de los países que la integran como aproximación a su prosperidad. Muchos Institutos Nacionales de Estadística, como el de Alemania, México, Inglaterra, Estados Unidos o Ecuador se han interesado también en la medición de la felicidad. Bután, un pequeño país asiático, desde hace años mide la felicidad interior bruta en lugar del producto interior bruto para aproximar el bienestar de sus ciudadanos y el desarrollo de su país. 

En resumen, existe una tendencia a fomentar otras formas de educar a nuestros hijos e hijas y de aproximar la prosperidad de los pueblos basada en lo intangible, es decir, en las emociones que sentimos y en cómo las gestionamos, así como en las valoraciones que hacemos sobre nuestras vidas. Se acepta por tanto que lo realmente importante en la vida no es lo que producimos en el trabajo, sino cómo gestionamos nuestra vida hacia experiencias saludables y felices. Y la inteligencia emocional parece una herramienta importante.

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La calle desbordada

Protestas ante el TSJC

Spain, this will not work in Catalonia. The Catalan people have a right to self-determination. Arrests only unify and strengthen them. pic.twitter.com/mRYBdRroHz

Estamos viviendo momentos de claroscuros donde el pasado muestra toda su debilidad aunque aún conserve cierto poder para impedir la aparición de un mundo nuevo. El Régimen del 78 llega a su fin pero antes de caer derrumbado, se defiende a su manera que es la manera nacional–católica, o sea, dando muestras de su herida, semejante a una brecha abierta en la superficie del mapa.

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La verdad, aunque cueste

Redacción de eldiario.es

Recuerdo las primeras clases de periodismo, en el pueblo, cuando la hazaña consistía en hacer un periódico en un mural con lo que pasaba en la comarca del Moncayo. Estábamos en EGB y la peripecia se llamaba "Octavo al día". Los redactores éramos los alumnos de esa clase y al frente había un maestro de escuela, José Vilda, que nos enseñaba que las noticias eran algo tan simple como "contar lo que pasa". Con el tiempo aprendí que no era tan sencillo.

Aquel maestro nos enseñaba también a amar a Machado. Es algo que en Soria era aún más comprensible. Por eso, del poeta, me quedaré hoy con estas palabras contundentes: "La verdad es lo que es y sigue siendo verdad aunque se piense al revés". Vienen al pelo para defender la esencia del periodismo, ahora que me pongo a felicitar a eldiario.es por su quinto aniversario y a escribir algunas impresiones sobre la situación del oficio en España.

Corren tiempos en los que contar "lo que es" o "lo que pasa" no es tan fácil. La crisis económica se ha aprovechado para aumentar la intromisión en el periodismo. La debilidad de las cuentas de no pocas empresas periodísticas la aprovecha el poder político para controlar. Ese intervencionismo va unido a las malas prácticas empresariales que conciben la libertad de prensa al servicio de sus intereses y no de la ciudadanía.

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Una papilla turbia

Representación de la justicia

Antaño estudiante de historia, siempre me pasmaban las causas que precipitaron los acontecimientos más prodigiosos que a lo largo de los siglos ha producido este país. Quizá demasiado corta de edad, no terminaba de asimilar por qué a aquellos tipos les dolía tanto España o cómo los que pensaban lo mismo se fragmentaban en sopas de siglas difíciles de diferenciar. Como aprender es comprender, a veces se hacía muy cuesta arriba memorizar aquellos desarrollos ininteligibles de pasiones y malentendidos que parecía fácil solucionar con la perspectiva de los años. Daban ganas de plantarse en aquel siglo y aclararles a gritos qué estaban haciendo mal y las consecuencias terribles que aquello tendría.

No pensaba entonces hasta qué punto el periodismo y la realidad me iban a hacer revivir aquellas historias que hacen la Historia. Cuando observo estos días la papilla turbia que se desliza por las mentes y los folios, por los tuits y las ondas, percibo retazos de viejas páginas aprendidas. Veo cómo somos incapaces de separar las emociones de las realidades y cómo algunos lo aprovechan en su beneficio. Me duelo de la incapacidad de mantener conversaciones o debates productivos porque no hay una posibilidad intelectual de centrarse en cada uno de los problemas y dirimirlos hasta poder pasar al siguiente. Muchos argumentos, algunos realmente inanes, son como un vómito regurgitado por espasmos funcionales que nada tienen que ver con la razón. Ya decía Ortega que "no es la menor desventura de España la escasez de hombres dotados con el talento sinóptico suficiente para formarse una visión íntegra de la realidad nacional donde aparezcan los hechos en su verdadera perspectiva, puesto cada uno en el plano de importancia que le es propio" y como si de un vidente se tratara completaba la idea afirmando que "no puede esperarse ninguna mejora apreciable de nuestros destinos mientras no se corrija previamente ese defecto ocular que impide al español medio la percepción adecuada de las realidades colectivas".

Y ahí seguimos. El filósofo no conocía aún el campo que las redes sociales abrirían a la expansión incontrolada y espasmódica de tales males. No contaba con el refinamiento que la posverdad y los bulos amañados añadirían. No sabía de los bots de Putin y su afán por desestabilizar el continente con el uso de hackers. Todo es una turbia papilla que no tiene nada de inocente. Si se emplean argumentos cincelados en la confusión, como que defender el Estado de Derecho es estar con Rajoy, o que recordar que la democracia está condensada en las normas y procedimientos para ejercerla y que violentarlos es destruirla es ser un fascista; sólo vuelve a mi cabeza una y otra vez la caracterización que Orwell hizo del pensamiento nacionalista marcado, según él, por la obsesión, la inestabilidad y la indiferencia frente a la realidad: "Para ellos las acciones son buenas o malas no por sus méritos sino según quien las lleve a cabo", escribía en 1945 en un ensayo el autor de "Homenaje a Cataluña".

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Rajoy nos lleva a todos al desastre

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Mariano Rajoy.

Quienes ingenuamente creían que Mariano Rajoy podía rectificar y que el diálogo aún era posible no han tardado mucho en comprobar la vanidad de su sueño. No han pasado ni 48 horas desde la “razzia” de la Guardia Civil del lunes para que el fiscal general haya ordenado la apertura de una causa por sedición, seguramente contra los líderes de Omnium y ANC, y para que el ministro del Interior anuncie el envío de más policías a Catalunya. “Para poder poner bajo sus órdenes a los Mossos d’Esquadra” ha dicho el Gobierno catalán. Con el fin de reprimir a fondo la movilización popular. Y antes del 1-O pueden pasar cosas aún más graves. Y no digamos el día mismo de la consulta.

No es impensable que miembros del Govern, y Puigdemont mismo, estén para esas fechas en la cárcel. Tampoco que las calles de las principales ciudades catalanas estén tomadas por la Guardia Civil y los antidisturbios para impedir concentraciones y manifestaciones y la votación misma. Sobre todo esto último. Puede pasar de todo si eso ocurre. Habrá que ver qué hace la policía catalana. Una ley de 1986 podría ser invocada para ponerla a las órdenes de los cuerpos estatales. ¿Se negará el mayor Trapero a obedecerla? Si algo de eso se produjera, el conflicto ascendería a otro nivel: el de la confrontación entre fuerzas policiales distintas. Casi una guerra.

Más allá de hipótesis tremendistas, que desgraciadamente pueden verificarse, lo que está claro es que el Gobierno del PP no está dispuesto a permitir que se celebre nada que se pueda parecer a un referéndum. Y, por otro lado, también es evidente que los líderes independentistas no van ceder. No hay duda de que saben perfectamente lo que les puede caer encima. Pero mantienen su posición. La declaración de Puigdemont en la tarde del jueves tenía algo de anuncio de tragedia.

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eldiario.es, periodismo en tiempos difíciles

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El equipo de eldiario.es, en la redacción de Madrid.

eldiario.es cumple 5 años en un momento especialmente intenso que invita a  reflexionar sobre el periodismo y sobre la sociedad a la que sirve y en la que se desarrolla. De todo lo sucedido en este lustro, lo que parece más grave es la pérdida de referentes. Cómo se fue gestando la confusión para que haya dejado de ser rotundo el valor del propio periodismo, de la verdad, de la justicia, e incluso de la democracia. Los pilares existen aunque no del todo nítidos en esa nebulosa. 

Cuando nació eldiario.es la España de la indignación había sido vencida por la que decidió darle mayoría absoluta al PP en elecciones municipales, generales y europeas. Todo el poder. Empezábamos a sufrir los drásticos tajos de la tijera en todo lo que sostiene el Estado del Bienestar, la peculiar forma de venderlo, un quitar que parece un dar. Estalló por desbordamiento la corrupción. Emergió de nuevo la protesta en otra forma de ejercer la política. Y al final el PP sigue mandando con una minoría que apenas se diferencia de la mayoría absoluta, sostenida por unos medios que cada día se alejan más de su razón de ser que en absoluto es convertirse en una extensión del poder. Añades banalidad y relajación del rigor y la suma da negativa.

El periodismo siguió su degradación. Pasó de las ruedas de prensa sin preguntas a las comparecencias por plasma del presidente del Gobierno. De verle huir de los periodistas por los pasillos del Senado, a ensalzar la soberbia que despliega actualmente en sus comparecencias parlamentarias. Los medios en crisis ya venían perdiendo audiencia y prestigio, se prodigaron despidos selectivos, cierres y EREs.  De sus víctimas surgieron periódicos de Internet con propósito de ser competitivos. Buscando las rendijas de la posibilidad como había anticipado el gran teórico John P. Barlow. Uno de los primeros, eldiario.es fundado por Ignacio Escolar tras ser despedido de la dirección de Público. Más de trescientos medios de Internet se pusieron en marcha en estos años, con mucho esfuerzo y desigual fortuna.  La oferta informativa, el periodismo, se ha transformado con ellos. 

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Larga vida a la comunicación política

Estadio de el Espanyol.

En este país falta estrategia política y comunicación política. Da la impresión de que ni los unos ni los otros han tomado muy en cuenta qué pasará después de las respectivas acciones finalistas que llevan a cabo Gobierno y Generalitat. De nuevo una guerra a muerte en la que no quedarán muchos soldados heridos que valgan para otra guerra. De nuevo un acción pensada para un objetivo final, inmediato y a corto plazo. Sin estrategia.

En política internacional, en una escala mayor según desde dónde se mire, asistimos al “edificante” intercambio de amenazas entre Donald Trump y Kim Jong-un, una situación en que la gravedad que contienen sus palabras no se corresponde con la banalidad de sus formas y lo grotesco de la situación. Hemos sabido que el presidente de los Estados Unidos de América amenazaba con destruir totalmente Corea del Norte y su oponente con probar una bomba H en el Pacífico, y hemos leído que el coreano asegura que “domesticará con fuego al viejo chocho estadounidense”, mientras  Trump “ordena estrangular la economía de Corea del Norte”. No soy la primera en considerar estos diálogos propios de una política fuertemente masculinizada basada en la lucha destructiva más relacionada con la competitividad sin objetivos que con un estrategia orientada a la solución. 

Entre Gobierno y Govern no ha habido diálogo sobre el conflicto prácticamente nunca. Se enfrentan a muerte dos dignidades. Una de esas dignidades es una apuesta sentimental de relato identitario basado en la confrontación con un estado opresor y la otra es una respuesta tardía de índole legal, política y policial. Irreconciliable, absolutamente antagónico. La emoción no dialoga con la razón. El Govern de Catalunya, o mejor dicho, los partidos que lo sustentan, han conseguido una movilización histórica durante más de cinco años basada en esa épica de la opresión y la injusticia con la promesa de una vida mejor. Un relato impecable, tan movilizador como todo lo que lleva a perseguir un sueño. En el lado opuesto, el del inmovilismo del gobierno que ha ido construyendo con poca ayuda y bastante apoyo político. Prácticamente nadie ha matizado nada en esa construcción legalista y racional pero, sobre todo, tan frontista como la de su enfrentado rival catalán. Fuera de Catalunya nos han cargado de munición anticatalana, en un ejercicio de total irresponsabilidad por parte de los dirigentes políticos y sus colaboradores que han alimentado el enfrentamiento, a base de ningunear el problema, primero, y de atacarlo, después. Los problemas políticos no se atacan, se afrontan y se resuelven. Y eso no ha pasado. Detener, incautar, aplacar, reforzar no es solucionar. La actitud y la comunicación del Gobierno es útil en lo legal e inútil en lo político. Es pan para hoy y hambre para mañana. 

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Una, grande y libre

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Para serles sincero, la unidad de España nunca me importó mucho, en realidad nada (menos mal que no tengo que estrenar ninguna película, como le pasó a Fernando Trueba). Siempre me recordó al lema de la propaganda franquista "Una, grande y libre". Ese grito ultranacionalista y excluyente bajo el que este país vivió casi cuarenta años. Como decía, siempre pensé que esto de España era algo bastante dudoso y que solo cobraba sentido si la suma de los factores respetaba las diferencias.

Hoy, cuando la política cerril del PP, con Mariano Rajoy al frente, nos ha llevado al borde del precipicio, recuerdo una recopilación de cómics del genial Carlos Giménez, que también se titulaba España Una, Grande y Libre y que fue publicada por entregas en la revista El Papus entre 1976 y 1977. Contaba en vivo y en directo la historia de la Transición, esa piedra sagrada de la actual democracia que tantas cosas buenas tuvo, pero que tantas cosas dejó sin resolver.

Pues bien, si vamos a la Wikipedia descubrimos que "Una", la primera parte de las historietas de Giménez, ponía de manifiesto que quienes seguían en el poder eran los herederos del franquismo. "Grande", la segunda, hablaba de la violencia (visible e invisible, física y económica) que ejerce el poder; y "Libre", la tercera, planteaba la necesidad de luchar contra la herencia franquista y la frustración popular.

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