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Mejide, Machado y Lorca

Una polémica frívola puede ser un buen caso para analizar cómo evoluciona el orden social. Veamos el noviazgo del cuarentón Risto Mejide con la teenager Laura Escanes. Vivimos en una sociedad liberal en las costumbres, así que si dos adultos consienten, ¿quiénes somos los demás para cuestionarlos? Mejide ha estado acertado a medias al afirmar lo siguiente: “ un país que se actualizó casando parejas del mismo sexo, pero que aún critica parejas de distinta edad”. Es verdad que nos hemos actualizado en el matrimonio igualitario, pero lo de la crítica a las parejas de distinta edad también es una actualización. Para entender mejor esto, vayámonos a la España de hace casi un siglo. Fijémonos en la vida amorosa de otros dos grandes creadores y magos de la palabra, aunque prefirieron poner su talento al servicio de la lírica en vez dedicarlo al espectáculo y el dinero. Antonio Machado, cerca de la cuarentena, tuvo una relación con una adolescente, Leonor, a la que daba clase. Empezó a escribirle poemas de amor cuando ella tenía trece años. A día de hoy sería poco menos que un delincuente. Es paradójico que haya institutos que lleven el nombre de una persona que en el mundo actual podría acabar en la cárcel por relacionarse así con sus estudiantes. Esto nos recuerda que no podemos juzgar a las personas de otras épocas por los valores del presente, como muchas veces se hace. Como veremos, hace falta entender el contexto.

En el caso de Lorca, la evolución ha sido opuesta. Su opción afectivo/sexual era un delito, y ahora es legal y cuenta con gran apoyo social en España. Esto no ha sido casual, sino que es el resultado de una lucha política pacífica y sólida a largo de muchos años del movimiento LGTBI, con mucho sufrimiento. Tendemos a pensar que esta evolución ha sido a mejor: dejemos que los adolescentes se desarrollen en su vida afectiva y sexual sin la intromisión de los adultos, y que los adultos se relacionen entre ellos como gusten. Pero esta forma de ver el problema nos oculta que la evolución moral no algo natural hacia un mundo más digno, sino resultado de muchos factores socioeconómicos.

Hace un siglo en España, a los 13 años una persona podía llevar varios años trabajando, cosa que es impensable actualmente. Es decir, a pesar de su corta edad, contaba con serias responsabilidades de adulto. Más importante desde el punto de vista de lo que aquí tratamos, una mujer no era una persona adulta. El estatus legal de la mujer era inferior, necesitando de la firma de un “cabeza de familia” para diversas gestiones. Es decir, entre un menor, una mujer de edad adulta, y un hombre adulto, había diferencias que hoy no existen. Daba lo mismo la edad de la mujer (siempre que tuviese capacidad reproductiva), pues era considerada inferior al varón, pero superior al niño. Este posiblemente sea uno de los puntos por los que ha saltado la polémica. Actualmente se supone la relación amorosa debe ser una relación entre iguales, pero entre una persona de 19 años y otra de 41 no parece que haya mucha igualdad.

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Entre 'Las uvas de la ira' y un catálogo de Ikea

Refugiados durante la II Guerra Mundial regresan a sus casas

En estos días son muchas las personas que han vuelto o volverán de las vacaciones experimentando la satisfacción –quizás momentánea- de llegar a casa. Esa confortable sensación de refugio. Esa mezcla agradable de extrañamiento y reconocimiento de nuestro propio espacio. Desde nuestro sofá, en nuestro rincón, leeremos en la prensa acerca de la llegada masiva de refugiados procedentes de África y de Oriente Medio. Este verano han sido decenas de miles las personas que han cruzado el mar poniendo en peligro sus vidas. A las que consiguen llegar, Europa les dice que se vuelvan. Pero… volver, ¿a dónde? Si lo que dejan atrás es una ciudad en guerra, una casa en llamas, un país desestructurado. Siria, Irak, Afganistán, Nigeria, Somalia... Para ellos no hay refugio delante pero tampoco hay vuelta atrás.

De manera que en este momento en que muchos experimentamos esa grata emoción del regreso a casa que Ikea aprovecha para recordarnos en su nuevo catálogo que "las pequeñas cosas del hogar son lo importante"…, en este momento, digo, es en el que mejor podemos contextualizar y entender el drama de estas familias. Porque, muy lejos de esas pequeñas cosas, ellas se enfrentan primero con la violencia de la guerra, después con la muerte en el camino y finalmente con el hacinamiento y el desconcierto de no saber a dónde ir. Según el Índice de Paz Global publicado este verano, el mundo está cada vez más dividido y este año se ha dado el nivel más alto de población desplazada por conflictos desde la Segunda Guerra Mundial.

En 1939, ante un barco, el St. Louis, anclado a unas millas de la costa americana con 938 emigrantes que huían de la guerra en Europa, un editorial del Washington Post cuestionaba: “Clearly there should be some place where these victims of twentieth century persecution can find at least a temporary heaven”. Los perseguidos del siglo XXI deberían también cuando menos suscitar nuestra compasión. Esta crisis humanitaria merece un debate ético serio y comprometido por parte de las autoridades europeas, centradas sin embargo ahora en las maneras de blindarse contra el problema como si estuviéramos en la Edad Media y se tratara de hacer más altos los muros del castillo. Cuando se ha abogado por una economía global, no se puede pretender que las cuestiones sociales queden restringidas al ámbito nacional exclusivamente. Si en un lugar se han vendido armas o se han explotado sus recursos naturales, no se puede quedar luego uno al margen de lo que esto provoque.

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Crímenes machistas y fantasmas patriarcales

Como golpe a la conciencia colectiva llega siempre la temida noticia de otra mujer asesinada por su pareja, víctima del horror de un nuevo crimen machista, vida segada por la violencia de género. Al dolor de los familiares y a la consternación de los vecinos se suma el sentir de una ciudadanía apesadumbrada, que tanto expresa su indignación como manifiesta su solidaridad, sentimientos que en definitiva revierten sobre una comunidad que no sale de su extrañeza cuando ve lo que se produce en su seno. Tal amalgama de sentimientos aún se intensifica más cuando la criminal violencia contra las mujeres alcanza a hijas e hijos convertidos en objetos de injusta y brutal venganza a manos de un varón enceguecido por la violencia que desata sobre quien es o fue su pareja. Algo muy profundo se quiebra en los cimientos de una comunidad que no puede sino expresar, junto al dolor, la insoportable sorpresa -por más que reiterada- de que tales hechos sigan ocurriendo entre sus integrantes. Sin embargo, suceden.

Desgraciadamente, crímenes machistas, muertes por violencia de género, se siguen produciendo después de décadas de empeño social y político por la igualdad de género, de leyes a favor de la misma y expresamente contra la violencia de género, de nuevos enfoques penales y de procedimientos judiciales respecto a crímenes machistas, así como de innovadoras prácticas policiales para protección de mujeres maltratadas o amenazadas por los hombres que son o fueron sus parejas. Todo ello son logros conseguidos por un movimiento feminista presente en las dinámicas sociales y capaz de haber hecho valer sus reivindicaciones en el campo político. Fue paso decisivo que la violencia de género se sacara de las sombras de la vida privada para ponerla bajo los focos de la esfera pública, como cuestión que ahí debe estar, por más que surja desde los ámbitos de convivencia de las vidas personales, toda vez que atañe a la dignidad de las mujeres y a sus derechos, empezando por el derecho a la vida. Pero, aun con todo ello, un clamor emerge desde la sociedad ante la dura realidad de los asesinatos de mujeres que se siguen produciendo, incesante goteo de una barbarie que debe ser erradicada de una realidad social que ha de estar a la altura de la dignidad humana y del nivel civilizatorio que marca la exigible igualdad entre mujeres y hombres.

Es atendiendo a dicho clamor social como se plantea la necesidad en nuestro país de un Pacto de Estado contra la violencia de género, como marco para adoptar nuevas decisiones políticas y medidas más eficaces para acabar con ella. Es cierto que los objetivos de igualdad de género ahí están como metas sociales y logros políticos que han de reforzarse entre todas y todos, por un lado, y que la violencia de género es conducta de individuos concretos, que debe ser sancionada penalmente, por otro. Pero el mismo tratamiento que se le da en el espacio público ya da a entender que, siendo cuestiones diferentes, guardan una relación que no ha de pasarse por alto.

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Este Parlamento ya es fantasmal. Atiendan al rey

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En el Parlamento se debaten estos días unos presupuestos para el próximo año, no puede haber nada más serio pues los presupuestos tratan de la vida misma de las personas: la comida, la casa, la salud, la escuela, la luz, el frío… Y sin embargo, ese debate es un juego vacío y absurdo, un brindis al sol. El año próximo transcurrirá previsiblemente con otros presupuestos y de forma radicalmente distinta a como nos lo representa Mariano Rajoy, utilizando a las Cortes como un teatro.

Hace años, con Rajoy en la oposición, predije que los políticos jóvenes que agrupó a su alrededor Rajoy caducarían antes de reinar, entonces no había fecha para que reventase Wall Street y pinchase la burbuja inmobiliaria que había creado Aznar. Me equivoqué en parte, la crisis y todos los apoyos empresariales y mediáticos llevaron al fin a Rajoy a la Moncloa y ahí están Santamaría, Moragas y otros que salen en televisión y cuyo nombre no recuerdo en este momento. Esa nueva generación llegó al Gobierno pero ya se inmola en la pira con el presidente.

Soraya Santamaría comenzó a sentir el calor en sus pies hace unos meses e intentó escapar del fuego que amenazaba, pero experimentó el temible frío de la hostilidad de Rajoy. La política no es un barco de pasajeros, cuando el barco se hunde la tripulación se hunde con el capitán, aunque haya mujeres y niñas a bordo. Porque el barco se hunde y en los astilleros de la derecha ya está preparado para hacerse a la mar un nuevo buque, bautizado 'Cristina Cifuentes'. Pero esa es otra historia.

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Viejas violencias y nuevas hegemonías

Hace un tiempo en este mismo medio publiqué  un artículo sobre las agresiones a personas LGTBI (lesbianas, gays, trans, bisexuales e intersexuales). Insistía en algo muy sencillo: la denuncia de la violencia que sufren nuestros vulnerables cuerpos debe ser articulada con una impugnación de los asesinatos de mujeres por violencia de género. Como feminista, me veo en la responsabilidad ética de insistir en ese imperativo cuando nos encontramos con una situación de alarma social por ese incesante número de asesinatos machistas y que parece importarle bien poco a unas élites que no gobiernan precisamente para garantizar el bienestar de las mayorías sociales.  

Ahora mismo, no recuerdo ni un solo día en las últimas semanas en el que hayamos obviado la lacra de la violencia machista. Nuestra sociedad sigue en su empeño por mantener una jerarquía entre los géneros, entre hombres y mujeres, como efectos performativos de un orden social concreto. En otras palabras, se trata de papeles sociales, aparentemente “naturales”, que sostienen representaciones para una obra de teatro que funciona como si de una dinámica divina se tratase. Con cada agresión y cada asesinato, se renueva este orden que afianza el terror para más de la mitad de la población, recordando a todas las mujeres que ninguna está a salvo de ser agredida por el mero hecho de ser mujer.

En efecto, afirmo la existencia de importantes conexiones entre la violencia de género y las agresiones a gays, lesbianas, trans, bisexuales e intersex (en adelante LGTBi-fobia). Antes bien, soy consciente de las diferencias entre unas y otras, pues como marica aún no vivo con el miedo a la violencia sexual en la madrugada aunque sí con ser apaleada por un grupo de varones que termina su fiesta demostrando lo “machos que son”. Ambas amenazas son entendidas como una llamada al orden para que todo siga igual, sin resistencias a la subordinación. Conceptualizar el heteropatriarcado como un entramado de relaciones de poder, implica admitir que los mayores índices de violencia sobrevendrán si se suscita una mayor insubordinación. Si la resistencia a la subordinación es menor, la necesidad de la coerción se esfuma. Aquí entra en juego la famosa hegemonía que, cuando es cuestionada, siempre deja paso a la fuerza. Esta última puede expresarse, por ejemplo, con la violación como práctica performativa que inscribe en los cuerpos la sumisión aceptable para el varón, pero igualmente con aquellas agresiones que resultan de la obsesión masculina por protegerse de lo homosexual, ya que en el fondo es bien sabido que no hay nada que también le impida serlo. Luego, ¿qué se supone que ocurre con aquellas personas trans que desestabilizan tanto las normas de género como las sexuales, aunque no sea de forma consciente?  ¿El odio hacia las personas trans –la transfobia- podría ser entendido como el efecto de una práctica en la que interviene tanto el sexismo como la homofobia?

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Cuando Rajoy buscó un hat trick en el Congreso

Mariano Rajoy, en los pasillos del Congreso

Los periodistas que cubren la actualidad del Congreso habitan los tiempos muertos a la espera de ministros y otros líderes políticos con los que llenar los huecos de sus informativos o sus páginas. La espera se produce en un pasillo que rodea el hemiciclo y que todos llaman M30 (en referencia a la autovía que rodea Madrid). Sus libretas están llenas de preguntas para satisfacer a todos los jefes de sección de sus redacciones: Una de sanidad para inmigrantes por si aparece Alfonso Alonso, otra sobre Rato por si es Fernández Díaz quien se deja caer y cualquier cosa para la vicepresidenta, aunque se para poco. 

Con Rajoy, este juego de persecución y pregunta conduce habitualmente a la melancolía. El presidente es experto en solventar con un "buenas tardes" cualquier cuestión incómoda. A veces con eso es suficiente para que las teles hagan de la no respuesta una no noticia, siempre y cuando el día no haya traído algo mejor. 

Hay redactores expertos en buscar que no les respondan porque siempre hay hueco para eso en una escaleta. Sobre todo si el político en cuestión comete el error de darse la vuelta tras ser interpelado y se escapa por el garaje. Rajoy lo hizo y fue un escádalo. Nadie recuerda ya la pregunta, solo que huyó. Así es la historia del periodismo. 

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25 años de Puerto Hurraco y del nacimiento del sensacionalismo en televisión

Un cámara de televisión toma imágenes del cuerpo sin vida de la niña de 13 años Encarnación Cabanillas. Foto: Florencio González/EFE

Se cumplen 25 años de la matanza de Puerto Hurraco. Y, también, del inicio del sensacionalismo en la televisión española.  Aquel 26 de agosto de 1990 fue el estreno de las entonces nuevas cadenas privadas en la cobertura de un hecho de notable repercusión. Su puesta de largo.

Puerto Hurraco es un pequeño pueblo de apenas 200 habitantes situado en la provincia de Badajoz que va a vivir una enorme tragedia. Acaba un domingo de calor tórrido, final de vacaciones. Los hermanos Izquierdo, los Patas Pelás, se colocan a la salida de un oscuro callejón y disparan a los vecinos, indiscriminadamente. Las primeras en caer fueron dos niñas, las hermanas Antonia y Encarnita, hijas de su mayor enemigo en el pueblo: Antonio Cabanillas. Ambas murieron en el acto. Y tras ellas otras cinco personas. Dos más fallecieron al día siguiente. Hubo una decena de heridos más. Escenas terribles. El padre que cae muerto cuando va a proteger a su hijo. El joven que quedará paralítico por intentar salvar a su novia.

Los vecinos huyen y se parapetan en sus casas con escopetas de caza, pero nadie hace nada más. El silencio y la tensión se prolongan durante largas horas. En la madrugada, los agresores son detenidos en las afueras del pueblo, en el campo.

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El ojo de halcón

Decir una cosa y la contraria tiene una ventaja: siempre habrá alguien que escuche lo que quiere oír. Sin embargo, tiene un inconveniente que no conviene perder de vista: el votante termina completamente desorientado y puede acabar apoyando al que le resulte comprensible, aunque le haya decepcionado. El problema es que ahora mismo son muchas las opciones políticas en movimiento y esto no lo arregla ni el ojo de halcón.

Si nos detenemos en el PP, resulta que Rajoy salió de su inmovilismo la pasada semana y propuso impulsar una reforma constitucional limitada y consensuada. Pocos días después, ha salido Pablo Casado para decir que no. Resulta un poco chocante que un vicesecretario corrija al presidente del Gobierno. Debería ser al revés. Hace unos meses el ministro de Sanidad dijo, por motivos claramente electoralistas, que los inmigrantes ilegales solo podrían acceder a la atención primaria. Ahora, por los mismos motivos, el Gobierno ha decidido que tendrán la tarjeta sanitaria. El candidato del PP en Catalunya ha asegurado que, si de él depende, no será así. El guionista de Génova debe de estar preparando la próxima versión. Y por último, porque en algún momento hay que parar, la vicesecretaria Andrea Levy aseguró este fin de semana que estudiaban bajar el IVA cultural. El ministro de Economía lo negó acto seguido. Y Cristóbal Montoro ya dijo hace meses que ese tipo de impuesto ni siquiera existe. Entonces, no sé de qué están debatiendo sus compañeros de partido. Parece que los dirigentes del PP han pasado de no decir nada en público, a hablar mucho en público antes de hablar entre ellos en privado.

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No le preguntes a Rajoy

Hace unos meses se nos anunció a bombo y platillo un cambio de estrategia en la comunicación del presidente Rajoy. Iba a ponerse a hacer política de la buena, iba a mostrarse más accesible, más próximo y pensaba asumir en primera persona el deber y la tarea de explicar sus decisiones y su manera de gobernar.

Como ya anticipamos aquí, siguiendo el Código Mariano, nada de eso sucedería y todo seguiría exactamente igual. Eran cosas que se filtraban y decían desde el entorno de Rajoy para darse importancia y para dar a entender que mandan mucho. Fiel a su código, el presidente dejaba hacer para que no le comieran la cabeza con tonterías mediáticas y tener a los suyos entretenidos.

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Cifuentes también cumPPle

Amanecíamos el lunes con la flamante afirmación de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, sobre las promesas electorales cumplidas en sólo dos meses de mandato. Parece que mientras algunas se van de vacaciones y aniquilan flora y fauna allá donde pisan, otras se quedan en Madrid cumpliendo puntos del programa como si no hubiera mañana.

Cuando leímos que Cifuentes daba por cumplidos 50 de los 300 puntos del programa del PP de Madrid -para la Comunidad, pues para el Ayuntamiento no presentaron programa alguno- nos sorprendimos, porque o bien Cifuentes presentó un programa de pura continuidad con el Gobierno anterior o directamente miente. Así que nos pusimos a leer la letra pequeña.

Independientemente de que estemos a favor o en contra de las medidas, o de si realmente se han llevado a la práctica, lo primero que llama la atención es que sólo 12 de los 50 puntos están realmente en su programa, el resto ni aparecen.

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