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Para mito, el de que las deudas siempre se pagan

Foto: EFE

Está claro que nuestros analistas andan muy puestos en cultura clásica: qué manejo de la mitología griega, qué capacidad para encontrar en dioses, héroes y batallas de la antigua Grecia todo tipo de metáforas con las que explicarnos lo que está pasando en la Grecia de hoy.

Yo no quería ser menos, y pensaba escribir hoy un artículo sobre Grecia con la muleta de algún mito, leyenda o tragedia famosa, que siempre lucen bien. Pero hago repaso de lo publicado en las últimas semanas, y ya no queda ninguno libre, los han cogido todos: del rapto de Europa a la batalla de las Termópilas, de Cronos devorando a sus hijos a la caverna de Platón, de la victoria de Pirro al vuelo de Ícaro, el laberinto de Teseo o la desobediente Antígona, no queda ya una entrada de la Wikipedia que no haya sido visitada estos días por los articulistas.

Así que, puestos a usar un mito, recurriré a uno de los más viejos, y de los más venerados todavía en nuestros tiempos: ese que dice que las deudas siempre se pagan. Lo repiten estos días gobernantes, expertos, articulistas, tertulianos: las deudas siempre se pagan, si te dejan dinero tienes que devolverlo, las deudas son sagradas. Y para reforzar la idea te suelen decir, en plan cuñao: “si tu me prestas dinero, quieres que te lo devuelva, ¿verdad?”. El problema de Grecia, insisten, es que no quiere pagar, y mientras se niegue a pagar sus deudas no habrá acuerdo posible.

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Grecia arranca las máscaras de la Unión Europea

El  resultado del referéndum griego ha sido el triunfo rotundo e indiscutible de la dignidad de un pueblo. Y aún puede añadir otro decisivo logro: ha despojado a la política actual y, en particular, a la Unión Europea de todas las caretas en las se envuelven. Aunque disimulen, muestran ostensibles sus vergüenzas al aire. Y es el objetivo más perentorio sobre el que actuar.

Antes y después de la consulta a los ciudadanos griegos, propuesta por el gobierno de Syriza, hemos asistido a un cúmulo de desafueros.  Les sobran las urnas, no entran en sus objetivos empresariales. Lo han declarado por activa y por pasiva.  En cabeza, los socialdemócratas alemanes Martin Schulz y Sigmar Gabriel. El primero, ascendido a Presidente del Parlamento europeo, ha llegado a declararse partidario de colocar a un gobierno tecnócrata, otra vez, y en gesto manu militare. El segundo, mano derecha de Merkel en el gobierno, afirmó tras conocer el No de los griegos que implicaba la ruptura de todos los puentes de Tsipras con el resto.  Desafío, chantaje, los políticos se han empleado a fondo. También en España. Desde el fosilizado ex presidente Aznar a la ministra de Agricultura. Desde un Zapatero que justifica su patética cesión por “ayudar a Grecia”, al actual presidente que pide no “ceder” ante Syriza. Pensando como siempre en sus propios objetivos políticos.

Sumemos a unos medios de comunicación oficiales que llaman a los ciudadanos de un país a “derrotar a su gobierno”, como hizo El País, o que se ríen públicamente del presidente de Grecia como la enviada especial de TVE, una tal Susana Burgos, contratada para la redacción paralela que ha desplazado a los auténticos profesionales. Varios diarios, aún siguen vomitando su rabia y servilismo desde las portadas. 

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Grecia pone a Europa en su sitio

Esto de la democracia es un marrón. Con lo tranquilitos que estaban en Europa imponiendo la santa voluntad de la Troika de abaratar la mano de obra y privatizar el sistema social sin preguntar a nadie y ahora vienen los griegos y les joden el invento. No contaban con esto. Contaban con cargarse a Syriza, colocar a un gobierno de marionetas y seguir tan ricamente con sus políticas sin la incómoda oposición del pueblo griego. Tan convencidos estaban de que a Tsipras le iba a salir el referéndum por la culata y de que las coacciones y el corralito que forzaron iban a someter a los griegos, que no saben muy bien qué hacer ahora.

Pues ahora tienen que hacerle frente a una ciudadanía que les ha dicho clara y contundentemente que no. Tienen que hacerle frente a la democracia y aunque siguen teniendo a los griegos cogidos de los euros, están más protegidos dentro de las urnas. No es lo mismo aplastar a un gobierno en minoría que a la mayoría de un país. No es lo mismo despreciar a un partido político con un 36% de apoyo, que a un 61% de votantes. Por eso siempre han preferido hacerlo todo sin preguntar porque cuando preguntas la respuesta ya no la puedes obviar. Por eso están que trinan tanto ellos como sus portavoces en la prensa. Porque les han dejado sin respuesta y la respuesta brutal que les gustaría dar, les retrataría como buitres ante la opinión pública que les vota.

También trinan porque los que votan han descubierto que se puede votar en contra. Es histórico por inédito. Por primera vez unos ciudadanos europeos han tenido la oportunidad de expresarse en las urnas sobre la austeridad y han dicho basta. El antecedente que querían evitar se ha producido. Es un terremoto cuyas réplicas aún están por llegar. La opinión pública europea ha visto que es posible levantarse, oponerse a la troika y ponerla en aprietos. Es posible enfrentarse a los billetes con papeletas. No digo que vencerla pero al menos evitar que te venza. Es una victoria más simbólica que real pero en política los símbolos sientan jurisprudencia. Grecia ha roto con la sentencia que nos condenaba a veinte años de hastío.

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Mariano, ¿qué has hecho con Floriano?

Los que me leen habitualmente saben que me gusta contar una anécdota real para acompañar mis historias. Esta también es completamente real. Muchos días cuando voy a trabajar me cruzo con el antiguo vicesecretario general de Organización del Partido Popular, Carlos Floriano. Tener la oficina a 400 metros de Génova 13 ayuda. Siempre que lo veo me da la risa porque recuerdo algún chiste o parodia de El Intermedio de La Sexta del día anterior y lo regurgito cual rumiante, saboreándolo por segunda vez.

Hoy, que se cumplen 45 días de las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo, ya se han constituido todos los ayuntamientos y comunidades autónomas que estaban en juego y podemos hacer balance la pérdida de poder institucional que ha sufrido el Partido Popular. Esta legislatura los alcaldes del PP van a gobernar en 15 capitales de provincia menos (-44%) que en la legislatura anterior y allí dónde siguen, sin mayoría absoluta, con el apoyo más o menos tácito de Ciudadanos, según el pobre Floriano, Siudatans. Todavía escuecen especialmente las derrotas de Madrid y Valencia, a manos de Manuela Carmena y Joan Ribó. Incluso, si miramos entre las ciudades mayores de 200.000 habitantes que no son capitales de provincia, el Partido Popular ha perdido el gobierno en todas aquellas en las que ostentaba la alcaldía: Elche, Badalona, Cartagena, Jerez de la Frontera, Móstoles y Alcalá de Henares. A nivel autonómico el Partido Popular ha perdido el gobierno de 6 de los 10 de los gobiernos regionales de los que dispuso en la legislatura anterior. ¿Y cuál ha sido la respuesta del presidente del Gobierno? Cargarse a José Ignacio Wert y a Carlos Floriano.

Del primero no era difícil deshacerse. Lo primero es que él quería marcharse. Aparte era el ministro peor valorado desde Leopoldo de Gregorio, Marqués de Esquilache, el cual tuvo que huir de España antes de ser linchado tras la hambruna de 1766 siendo sustituido como jefe de gobierno por los caciques del partido aragonés del Conde de Aranda, así que a su sucesor no le será difícil superarle. Pero no nos vayamos tan lejos.

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M de Marea

En Galicia la M (con mayúsculas) ya no pertenece a Don Manuel Fraga. Cuando el dinosaurio se fue a dormir el sueño eterno, surgieron las Mareas Municipalistas. Le han ganado la batalla en la evolución del ecosistema político. Galicia, que fue el laboratorio electoral de Podemos, lo es también de las plataformas de unión popular. Éstas se gestaron en tres fases, que proporcionan otros tantos elementos con los que debieran contar quienes apuestan por esta fórmula desde la izquierda social y transformadora.

Una lectura desapasionada y en detalle de los resultados electorales del 24 de marzo da la razón a los dos modelos en liza. O más, en concreto, a una lista de confluencia que no renuncie al nombre de Podemos, pero con algún añadido o expresión que reconozca la existencia e importancia de sus compañeros de viaje. El partido de P. Iglesias catalizó voto allá donde no había suficiente tejido social movilizado, ni representantes de la sociedad civil capaces de catalizar el voto indignado con la fuerza de los líderes de Podemos. Quienes defienden de “confluencia y desbordamiento de Podemos”, según el modelo de A. Colau o M. Carmena, debieran considerar si cuentan con, al menos, tres factores que han propiciado su éxito.

Uno, dos y tres. Primero, un ciclo de movilización social prolongado, cuya cristalización institucional se demora en el tiempo y sufre vaivenes. Segundo, el fracaso previo de coaliciones de gobierno entre partidos de viejo cuño. Y, tercero, el realineamiento de los liderazgos políticos y culturales, en sintonía con los sectores de la opinión pública más renovadores. La receta se resume en tres M con nombre propio. Nunca Máis, Xosé Manuel Beiras y Manuel Rivas. Más allá de personalismos, representan la evolución imprescindible del campo social, político y cultural para que esa dichosa “unión popular” no sea una quimera y la candidatura que la represente, un artefacto electoral fallido. Las tres M resumen la labor de zapa del legado de don Manuel, realizada por el “viejo topo” que ha arrebatado el poder a sus herederos.

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Primero tomaremos Atenas, después tomaremos Berlín

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Los griegos han elegido votar no a una oferta que no se sabe muy bien en qué consistía o para qué servía, donde lo único claro era que iban a sufrir más y aún más. Lo han hecho para respaldar a un gobierno que ha cometido muchos errores, se ha movido como una pato mareado entre las instituciones europeas y no sabe muy bien cómo salir de semejante atolladero, pero al final sólo pretendía que le concedieran una mínima reestructuración de su deuda impagable y así poder ofrecer a los suyos un futuro donde tanto sufrimiento sirviera para algo y tuviera un punto y final.

Unos les dirán que los griegos y las griegas se han vuelto locos. Otros les contarán que se trata de unos jetas que quieren vivir del cuento y no trabajar para devolver lo que deben. Otros les invitarán a celebrar el triunfo de la democracia y alguno incluso pronunciará emotivos panegíricos sobre la dignidad de los pueblos. Hablar sale barato cuando puedes ir a un cajero y sacar todo tu dinero sin problemas.

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La piñata del Gobierno

El Gobierno se ha lanzado a la campaña electoral con esa competencia desleal que solo pueden aplicar quienes tienen el control del Boletín Oficial del Estado. Así, el presidente Mariano Rajoy anunció esta semana el adelanto al 1 de julio de la rebaja del IRPF que tenía prevista para enero de 2016. Cómo España ya va bien —que dicen ellos— pues ya se puede devolver a los ciudadanos una parte del esfuerzo que han hecho. Lo dicen también ellos desde el PP y desde el Gobierno.

Insinúan también una revalorización de las pensiones, cuya ley modificaron al principio de la legislatura para eliminar la cláusula de revalorización automática vinculada al IPC y dejarla reducida a un 0,25%. Ahora se sugiere una subida del 1%. No es mucho, tampoco los 5, 10 o 15 euros que van a percibir mensualmente los salarios medios con la bajada fiscal, pero suena bien. Y a eso se agarran. A cualquier cosa que suene bien para ver si así pueden recuperar los dos millones y medio de votantes que les dieron la espalda en las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo. En particular el millón y medio que, según sus propios cálculos, no votó a otros partidos sino que se quedó en casa.

A esa intención parece responder también ese empeño en aprobar los presupuestos generales antes de las elecciones. Porque —también lo dicen ellos aunque en privado—los presupuestos serán su programa electoral. Así que prepárense para la piñata: habrá caramelos para todos. Dulces para tratar de embaucar a los electores. Nada de mejorar los servicios sociales, la sanidad y la educación públicas, las becas, los subsidios de desempleo —solo un 54% de los parados recibe algún tipo de prestación— o de devolver los derechos laborales y civiles extirpados con la excusa de la crisis.

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La economía política del referéndum en Grecia

Hay consenso entre los economistas en que Grecia tiene que reestructurar su deuda. Esto no solo lo piensa Varoufakis, que de macroeconomía sabe un poco, también lo creen, por el lado progresista Stiglitz, Krugman y Piketty, y por el lado conservador Rogoff, Feldstein y el Fondo Monetario Internacional. Entonces, si los números están claros, ¿por qué no se hace? Para responder a esta pregunta es importante comprender las limitaciones del análisis estrictamente económico. Los economistas tienen serios problemas para entender dos conceptos claves en la sociedad: el dinero y el poder.

Como es así suelen evitar hablar de ellos. Tratan el dinero como si fuese una unidad de cuenta, un medio de intercambio y una reserva de valor neutral. El dinero simplemente sirve para engrasar la maquinaria de la economía. Nada más. Pues bien, esta definición es errónea. Todo dinero es deuda, y por lo tanto siempre es una relación social entre acreedor y deudor. Y sucede que toda relación social, intrínsecamente e ineludiblemente, está basada en una interacción de poder, es decir, en la economía política.

La unión monetaria europea es un área social enorme que cuenta con 330 millones de personas, que a su vez entran en cada instante en miles de millones de transacciones entre acreedores y deudores. Cada billete que tenemos en nuestro monedero representa una relación de deuda, y por lo tanto hay un deudor y un acreedor. ¿Quién es el acreedor de los 20 euros que tengo en el bolsillo? Yo. ¿Quién es el deudor? El resto de los ciudadanos de la zona euro, que me deben 20 euros en bienes y servicios. Tradicionalmente, el deudor sería el soberano. Es por eso que en su día teníamos al Rey Juan Carlos I grabado en nuestras monedas.

Pero, claro, la zona euro no tiene un soberano. El euro se construyó sobre la lógica economicista de que el dinero es neutro y por lo tanto se puede (e incluso se debe) despolitizar. Es por eso que hemos hecho del Banco Central Europeo el más independiente de los bancos centrales de la historia. Craso error. Tanto el dinero como el banco central, como cualquier interacción social, siempre están sujetas a relaciones de poder, y por lo tanto la política siempre estará presente. ¿Qué tiene que ver todo esto con el referéndum en Grecia este domingo? Mucho, ya que desde que empezó la crisis en 2009 el problema es qué hacer con la deuda acumulada.

La solución a esta pregunta está en cómo se desarrolle la interacción de poder entre los acreedores y deudores. En un estado soberano, normalmente esto se realiza a través de las urnas y el parlamento. Ahí se decide, de una manera democrática y legítima, quién va a cargar con los costes de la crisis. El problema está en que en la zona euro no hay un soberano ni hay un parlamento para decidir legítimamente la distribución de estos costes. Es por eso que se enfrentan las democracias entre sí. El gobierno griego de Syriza, democráticamente elegido, le pide a sus acreedores en el Eurogrupo una quita en su deuda. Estos, sin embargo, que también fueron democráticamente elegidos por sus pueblos, dicen que no.

A veces la izquierda se olvida de esto. Se dice que esta es una batalla del pueblo griego frente a la troika. Nada más lejos de la realidad. Esta es una batalla entre un gobierno de izquierdas griego que se enfrenta a 18 gobiernos conservadores o socialdemócratas. ¿Quién es más democrático? Todos. Todos han sido elegidos por sus ciudadanos. Por lo tanto lo que sucede en el Eurogrupo es que hay una asimetría de poder. Syriza no ha conseguido ningún apoyo en cinco meses y se ha quedado solo. Esto no es antidemocrático. Es democracia en estado puro. La mayoría conservadora-socialdemócrata gana. Si Varoufakis quiere cambiar las reglas del juego tiene que conseguir una mayoría, lo que no vale es decir que el sistema es antidemocrático porque no hace lo que quiere una pequeña minoría.

Es verdad que Syriza tiene apoyos en toda Europa, pero también es cierto que encuentra mucho rechazo. En general, las poblaciones del norte de Europa le tienen muy poca simpatía. El finlandés, eslovaco y estonio que ha tenido que soportar reformas estructurales y bajada de salarios para mantenerse competitivo en la era de la globalización no entiende como el griego no hace lo mismo para poder tener una economía moderna y sostenible. Si además se les dice que el griego se jubila antes de los 60 el desapego es todavía mayor. El caso es que Syriza se asocia con cuatro características que encuentran enorme rechazo en Alemania: populismo, nacionalismo, chulería y comunismo. No es de extrañar que Schäuble sea tan duro, y que el 70% de los alemanes lo apoyen.

Sin embargo, sería un error limitar las relaciones de poder entre acreedores y deudores a los estados. Éstas también se producen en cada uno de los países de la unión. Demografía, formación y poder económico juegan un papel determinante. La gente mayor, que tiene ahorros y activos, suele ser acreedora, mientras que los jóvenes que están estudiando o tienen una hipoteca son deudores. Igualmente, la gente con estudios y con poder económico alto es acreedora, mientras que la gente con estudios mínimos está más endeudada. Es por eso que si se va hoy a Atenas la mayoría de la gente mayor y con recursos va a votar Sí (porque tienen mucho más que perder), mientras que los que tienen menos votarán No, porque creen que Tsipras logrará una quita de la deuda y por lo tanto tendrá más para repartir. Lo más normal es que el grupo más grande gane el referéndum.

Lo interesante es que estos dos grupos se encuentran a lo largo y ancho del continente. Los ciudadanos más conservadores o liberales, por edad, ideología o por activos, piensan que se tendría que votar Sí, y viceversa, los más progresistas apoyan el No. Estas posiciones enfrentadas han quedado claras tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales. Esta dialéctica es de lo más positivo que ha traído el referéndum griego, independientemente del resultado. Por primera vez estamos presenciando la formación de una opinión pública trans-europea, algo que no existía. Algunos piensan que el drama griego está dividiendo el continente. No estoy de acuerdo. Lo está politizando. Y eso no es necesariamente malo. Todo sabemos que la política es combativa. Si queremos ver algún día una demos europea, vamos a tener que acostumbrarnos a las batallas ideológicas.

Eso sí, hay que aprender de las experiencias. La tragedia griega demuestra que si queremos mantener el euro (y ojalá Grecia sea parte de él) necesitamos construir estructuras democráticas legítimas, es decir, un soberano europeo que decida como se reparten los costes de la crisis. Como he indicado, las relaciones de poder entre acreedores y deudores no están limitadas a los estados miembros, son transnacionales, o mejor dicho, trans-europeas, y por lo tanto se tienen que dirimir a nivel europeo. Si no al final tendremos a naciones acreedoras y deudoras enfrentadas unas contra las otras y todos sabemos en qué acaba eso.

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Perlas informativas del mes de junio 2015

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Dibujos de presos

De los presos venezolanos, si son opositores del gobierno, es noticia hasta los dibujos que hacen. El Mundo publica el 11 de junio unos dibujitos a lápiz que el preso Leopoldo López hace en su celda. Llama la atención que titulan el asunto como "Diario de dibujos en la celda de castigo". No entiendo por qué la llaman "celda de castigo" si allí le está visitando su familia, los líderes de la oposición y hasta expresidentes de otros países (Felipe González). Una celda de castigo, como recuerda Aministía Internacional, son las de Estados Unidos donde el preso está aislado de 22 y 24 horas al día. Pero a esas no van los medios españoles a recoger dibujos de los presos.

Precio prohibitivo

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Sobre la ley mordaza

Desde el jueves pasado la libertad es más pequeña.

La visión restrictiva y represora del PP se ha impuesto a dos siglos de lucha por la libertad. ¿Dónde estaban los liberales del PP cuando aprobaron esta Ley? ¿Dónde estaban los liberales que defienden que el Estado no debe interferir en la vida de las personas, que la opinión no personal no puede ser sometida a los intereses del estado? No estaban porque no hay liberales en el PP, sólo quedan los liberales de chequera.

El jueves fue un día aciago para los defensores de la libertad. Pero los socialistas queremos que sea el día del anuncio del fin de esta Ley Mordaza. Porque va a ser un Ley de corta vida. Porque después de las siguientes elecciones vamos a recobrar de nuevo los mismos niveles de libertad de pensamiento y crítica que antes de la existencia de esta Ley.

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