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Cuando ya no temes ni al corralito

Foto: EFE

Ya no nos acordamos, pero hace tres años corrió el rumor de un inminente corralito en España. ¿Lo recuerdan? Al comienzo del verano de 2012, en plena turbulencia bancaria, tras el susto de Bankia y con la prima disparada, echó a rodar la bola del corralito español. Y no fueron conspiranoicos, sino gente con premio Nobel que avisaba de un verano dramático, con Grecia fuera del euro y colas en los cajeros españoles. La mayoría no nos lo tomamos muy en serio, pero conozco a varios que sacaron los ahorros del banco por si acaso.

Y es que el corralito, aunque tiene nombre de canción de Georgie Dann, es una de nuestras peores pesadillas contemporáneas. Estamos acostumbrados a consumir ficciones apocalípticas pobladas por zombies, guerras nucleares e invasiones extraterrestres, cuando en realidad el fin del mundo más terrorífico no necesita más que un cajero en la esquina, una enorme cola de gente desesperada, y falta de efectivo.

El corralito es el Terror con mayúsculas, ese con el que nos han asustado varias veces desde el comienzo de la crisis: “Pórtate bien o vendrá el corralito”. “Hacemos recortes y contrarreformas para evitar el corralito”. “Si gobiernan los populistas, acabaremos en el corralito”.

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Cómo ser mujer en verano

Mujer, un año más, ha llegado el verano. Por un lado, genial: calorcito, playa y cervecitas en terrazas. Por otro lado, mal: con la ropa de verano se te ve la celulitis de los muslos, en la playa haces reflejo porque estás más blanca que la luz al final del túnel y la cerveza te la has quitado con la operación bikini.

No pasa nada, aquí te enseñamos cómo poder disfrutar del verano sin morir en el intento:

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No es que Grecia no quiera pagar, es que no puede

Alexis Tsipras durante el discurso que ha pronunciado tras finalizar la reunión del Consejo de Ministros el domingo.

El anuncio del referéndum sobre las negociaciones de la deuda pública griega ha provocado un terremoto político cuyas consecuencias, en este momento, todavía son difíciles de evaluar. Uno quiere pensar que la situación aún es reconducible, pero quizás estemos dejando de ver Europa como la conocíamos hasta ahora.

No cabe duda de que la abrupta convocatoria, en medio de una ronda de negociaciones, es una derrota política en toda regla para el Eurogrupo. Y no porque no se pueda consultar a los ciudadanos griegos sobre el devenir de su país en el proyecto europeo, sino porque pone de manifiesto que muchas cosas no se han hecho bien durante demasiado tiempo. Las magníficas crónicas de corresponsales en Bruselas como Pablo Rodríguez o Claudi Pérez (El Mundo y El País, respectivamente), nos han transmitido casi en tiempo real lo que ha venido sucediendo. Nadie podrá decir que hemos llegado a este punto por sorpresa.

Queda la sensación de que en el Eurogrupo no se ha hablado seriamente de economía y que los aspectos ideológicos, junto con diferencias personales, han prevalecido sobre el interés general. La arrogancia y el despecho no deberían tener sitio en unas negociaciones de cuyo resultado depende el bienestar de millones de griegos y el futuro de un proyecto común de transcendencia histórica. Una generación de políticos ha quedado retratada para la posteridad.

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La libertad es algo que un día te llega

Lo dice una voz sugerente y candorosa, tipo sombra de Grey, en un anuncio de Loterías y Apuestas del Estado. Y vuela la imaginación paladeando esa grandiosa palabra, libertad, que da sentido al ser humano. Pero enseguida un hombre, con tono prepotente, casi fanfarrón, aclara: "No tenemos sueños baratos". Y ahí sí lo entendemos todo: la libertad y los sueños –para el PP, que gestiona esa empresa, aún con mayoría pública– son el dinero.

Forma parte de un concepto de la vida basado en la riqueza material que prende en numerosas capas de una sociedad sin valores. El dios calvinista ya situó, recién nacido, al dinero entre las virtudes que llevan al cielo, parece que ahora, en la práctica, también el católico. El que abraza ese poder híbrido, ultraliberal, intervenciionista y extremadamente conservador, que nos atenaza. El que lleva todo el día la libertad en la boca y fulmina a quienes la utilizan.

Es cierto que hay pocas cosas más terribles que carecer de los medios para acceder a las necesidades básicas.  Y que, con estas políticas, cada vez más personas caen en esa bolsa de impotencia. El dinero ayuda al bienestar pero es preciso algo más que dinero para lograrlo. Lo más grave es situarlo como eje y razón de la existencia. 

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El día que Méndez de Vigo se burló de mí

En España siempre hemos tenido un problema esencial: siempre hemos sido más papistas que el Papa. Ya no me refiero a la defensa de la Fe Romana, la Contrarreforma y la lucha contra los herejes, sino más bien al europeísmo y a ir plus ultra antes que los demás. Precisamente en Roma, en octubre de 2004, los jefes de Gobierno de los estados miembros de la Unión Europea firmaban un tratado por el que se establecía una Constitución para Europa. Nuestro presidente de aquel entonces, Rodríguez Zapatero, decidió convocar un referéndum, deprisa y corriendo, para conocer la opinión de los españoles acerca de esta materia. La fecha que se fijó fue para el 20 de febrero de 2005 y con una participación irrisoria del 42%, los españoles por amplia mayoría del 76% ratificaron el acuerdo que pocos meses el Gobierno había aprobado. ¿Qué recordamos de aquel tratado? Pues prácticamente nada. Se repartieron en los coles ejemplares de la nueva Constitución, se nos dijo que íbamos a ser más felices y que íbamos a comer más perdices y que tarde o temprano, terminaríamos convergiendo en derechos, salarios y libertades con los países del Norte de Europa. Ya claro, cacahué.

No recordamos nada porque el Tratado de la Constitución se desechó tras los referéndums en Francia y en los Países Bajos en ese mismo mayo de 2005, cuando con un 54% y un 61% de los votos nuestros vecinos de arriba rechazaron este acuerdo. Sin embargo no nos adelantemos a los acontecimientos a los que el título de este artículo se refiere.

Corría el mes de abril de 2005, en plena campaña del Referéndum sobre la Constitución Europea en Francia, cuando yo mismo, entonces un joven maño imberbe con trenza jedi y alumno de Políticas de la Complu, cuna de grandes líderes y próceres irradiadores, me encontraba en Estrasburgo, en el salón de actos del IEP de Sciespo. Allí rodeado por decenas de alumnos, terminé escuchando al actual ministro de Educación y Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, entonces (y desde 1992 hasta esta semana) europarlamentario del Partido Popular y miembro de la Convención encargada de elaborar la Carta de Derechos Fundamentales, que alababa las virtudes y bondades de la Constitución y de la Unión Europea y pedía a los jóvenes gabachos que votasen por el OUI, d’accord?.

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¿Es tan difícil ser un periodista decente?

Llevamos años hablando de la corrupción de los políticos. De su falta de transparencia. De cómo una vez llegan al poder, muchos se olvidan de sus compromisos con los ciudadanos que les han elegido y parece que solo se dedican a trabajar para conservarlo. Y de cómo una vez que lo pierden, casi siempre salen más ricos de lo que llegaron o colocados a dedo en grandes empresas “casualmente” relacionadas con los puestos que ocuparon.

Pero hablamos muy poco de lo nuestro, de periodismo, de la esencia verdadera del oficio, de la necesidad de que esté al servicio del público, de lo importante que es la decencia en todo el proceso informativo.

Sí, ser un periodista decente se está convirtiendo en algo cada vez más complicado. “¡Cualquiera se mete hoy en un despacho para protestar por algo!”, me decía ayer mismo desconsolada una periodista de raza sobre la situación en su medio, uno de los grandes.

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Dejen que Grecia vote en paz

Quien pretenda entender la situación de Grecia exclusivamente desde la economía se encontrará con que no puede entender casi nada: varios planes de rescate y miles de millones de euros inyectados desde que comenzó la crisis; el gobierno político de la economía intervenido desde que se implantaron esos planes de rescate; las condiciones de vida de la población en una espiral de deterioro sin freno ni suelo sobre el que aterrizar; la Eurozona hablando de prevenir riesgos de contagio, como si en Grecia hubiera una epidemia de ébola, en lugar de preocuparse de sanar de una vez por todas una economía a la que ha aplicado coactivamente una medicina que está terminando con el enfermo.

Nada de esto puede explicarse desde la economía porque lo que cualquier economista que no introdujera sesgos políticos o juicios morales en su análisis está obligado a reconocer es que la deuda pública griega es impagable y que, por lo tanto, necesitará tarde o temprano de una reestructuración; y que, además, no ha existido en la historia ningún caso de acumulación de superávits primarios tan grande y prolongada en el tiempo como para poder enjugar la deuda pública griega y llevarla a los niveles que exige el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

Y si todo lo anterior lo sabe cualquier economista la cuestión que hay que dilucidar es cómo el Fondo Monetario Internacional, es decir, la misma institución que reconoció que había sobreestimado el efecto contractivo de la austeridad en Grecia, ha sido capaz de forzar la ruptura del acuerdo al que prácticamente se había llegado en la última reunión del Eurogrupo. Una ruptura provocada porque le seguían pareciendo insuficientes las medidas de austeridad ofertadas por el gobierno griego y que sí parecían suficientes al resto.

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Que Dios nos pille confesados

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Nuestros peores temores se confirman. Ya habíamos establecido que uno de nuestros mayores problemas residía en que Europa se halla en manos de idiotas. Ahora acabamos de confirmar, para acabar de arreglarlo, que el Fondo Monetario Internacional está en manos de frívolos arrogantes. Esta crisis la ha causado la codicia pero también la idiotez de unas élites tan entupidas como insaciables.

Solo existe algo peor que un idiota y es otro idiota con un arma cargada como supone hoy la salida del Euro. Una diferencia de unos cientos de millones en la recaudación del IVA y un puñado de tecnicismos sobre las pensiones y las privatizaciones nos han traído al borde de este abismo. Cristine Lagarde podrá sentirse orgullosa. Nunca nadie hizo tanto daño con tan poco y a tantos sin saber muy bien siquiera qué estaba haciendo exactamente. 

Casi cinco años después, con la tercera parte del PIB griego tirado a la basura, con unos cientos de miles de millones de euros malgastados y unas decenas de miles de vidas arruinadas y destrozadas solo para demostrar que eran fácilmente arruinables y destrozables, volvemos a la casilla de salida.

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El arco iris que dignifica el camino

Ayuntamiento de Madrid bandera arco iris

“Hola, soy madre de una chica transexual de 15 años, apenas se abrió desde hace dos meses, no se cómo afrontar la situación. Es mi única hija, tengo dos varones. Me hago la fuerte para no confundirla más en el proceso, no sé si nunca quise ver, pero ha sido un golpe muy duro, por favor necesito orientación, cómo la ayudo, cómo manejo la situación. Con la familia, cómo. Salgo de esta depresión que me está dando. Ella está más tranquila porque cree que yo manejo ya la situación y voy a ser su guía pero no sé cómo. Ya la puse en tratamiento con terapeuta”.

Esta es el desesperado llamamiento que hace una madre en la web de Chrysallis, una asociación de familias de menores transexuales, niños y adolescentes transexuales. Chrysallis forma parte, junto con otras 30, de la Plataforma 28J, que en esta nueva edición del Orgullo recuperará en Madrid el espíritu reivindicativo de la emblemática y multitudinaria marcha LGTBI. Junto con ese espíritu, el Orgullo 2015 ha recuperado ya la colaboración del Ayuntamiento, que bajo el mando de Ana Botella lo entorpeció y boicoteó. Botella representaba a una derecha ultracatólica cuya seña de identidad, entre otras, es una homofobia y transfobia poco disimulada. En su caso, muy poco, dados los obstáculos de toda clase que se empeñó en poner a una cita que ha llegado a convocar hasta a dos millones de personas.

Esta es una de las diferencias entre alguien como Ana y alguien como Manuela. Mientras aquélla se dedicaba a poner multas a la organización del Orgullo, la alcaldesa Carmena ha izado la bandera del arco iris en el Palacio de Cibeles y ha dignificado la fachada del Ayuntamiento y la fuente de la diosa con los colores de la libertad, de la igualdad, de la diversidad. En definitiva, de los derechos humanos, que es lo que defiende el movimiento LGTBI. Y de la justicia, como bien ha resumido Manuela: “La verdadera justicia es la desaparición de las injusticias. Esta semana festiva tiene que ser aliento para quienes sufren”.

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Si a Cristina Cifuentes le hubiera importado algo la cultura

Vamos a intentarlo. Vamos a imaginar cómo hubiera sido una Cristina Cifuentes a quien le importara la cultura. Que se la tomara en serio. Aunque solo fuera un poco. Que entendiera que la rentabilidad de la cultura no solo se mide en términos económicos, sino también por su capacidad de crear lazo social. Que supiera que la cultura es conocimiento, es alegría, es hacer cosas juntos por el simple placer de hacerlas. O que, incluso, solo por mero cálculo, hubiera asumido que el ejercicio de la creación y del conocimiento genera beneficio. Cómo hubiera sido, en definitiva, una Cristina Cifuentes que hubiera dicho basta y hubiera puesto el punto final a más de veinte años de indiferencia y desprecio institucional hacia la cultura en la Comunidad de Madrid.

Podríamos intentar imaginarlo, pero es muy difícil. Ya lo anticipaban los escasos párrafos dedicados a la cultura en el programa del Partido Popular o los sucintos doce puntos del programa de Ciudadanos, algunos acertados pero carentes de un modelo meditado. Lo ha corroborado el pacto de gobierno entre ambos partidos, que ha tenido como resultado una única mención a la cultura en su hoja de acuerdos y su relegación a una Oficina de Cultura y Turismo dependiente de la Consejería de Presidencia.

En su discurso de investidura, Cristina Cifuentes, quiso hacer creer que la cultura y, sobre todo, el turismo, son tan importantes que han de ser transversales y estar cerca del corazón del Gobierno. La realidad es que se ha desplazado la cultura a una simple Oficina sin autonomía. A un limbo jerárquico donde tendrá solo la importancia que la Presidencia quiera con discrecionalidad otorgarle. Y, sin duda, llevar cultura a Presidencia, es un movimiento que pretende poner en escena un especial interés en un sector que tiene importantes desavenencias con el gobierno central. Una vez más la cultura se pone al servicio de la construcción de una imagen política. Concebirla como algo que solo sirve para rentabilizarse en términos políticos, impide abordar la cultura a partir de un planteamiento integral sobre qué se necesita en el sector y sobre cómo poder generar un tejido rico que no sea dependiente de las instituciones.

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eldiario.es dedica su nueva revista monográfica a los modelos de ciudad ante unas elecciones, las del 24 de mayo, que definirán el alcance de nuevos espacios políticos antes de las generales.

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