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Golfos

José María Rodríguez, expresidente del PP de Palma, y Álvaro Gijón, diputado autonómico y concejal del PP en el Ayuntamiento de Palma.

Mientras se habla de la "recuperación económica", casi un tercio de los nuevos contratados dura menos de una semana en su puesto de trabajo. Casi la mitad, no llega a un mes. No vaya a ser que se acostumbren a vivir medianamente en condiciones. Por estas cosas jode tanto que se hable del final de la crisis o que el Gobierno diga que garantiza "la estabilidad". Que le expliquen al creciente precariado cómo se planifica así un proyecto de vida. Duele por esto y porque seguimos viendo miseria con todo lo que aquí se roba o se ha robado ya.

Prestemos atención a lo siguiente. Quizás porque estamos saturados de tanto golfo o porque a veces ponemos demasiado el foco en Madrid, la historia de Don José María, Alvarito y Bartolo está pasando un tanto desapercibida. Puede servir como botón de muestra en un traje que parece hecho a medida de los que se han aprovechado de lo de todos para medrar. José Mari fue instalador de cable,  Bartolo recogepelotas y a Alvarito le cambió la vida cuando, con 30 años, llegó a concejal del Partido Popular.

Políticamente, el más poderoso de todos era el señor Rodríguez, Don José María. Un hombre devoto y de apariencia formal. Echando cables, llegó a senador, delegado del Gobierno, líder del PP en Baleares y conseller de Interior. Todo un cacique en las islas. El fervor no lo perdió nunca. En público, promovió ofrendas a la Virgen y se arrodillaba al paso de la procesión. En privado,  cuentan hoy los testigos que era putañero, cocainómano y ladrón. Con casi 70 años, ahora resulta que señalan al meapilas como un vicioso vividor. Pagado por todos, que es lo que más nos interesa aquí.

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Al fin, el principio

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en su reunión de esta semana en el Congreso de los Diputados.

Al fin el martes logré ver la imagen que llevaba esperando legislatura y media: Pedro y Pablo, juntos en el Congreso; Mariano y Albert, departiendo en el almuerzo. Es la lógica de las cosas. Es la verdad parlamentaria. No es cuestión de estética sino la plasmación de la realidad que no es otra que la existencia de dos maneras distintas de entender la sociedad en la que queremos vivir. Con matices. Con diferencias. Con visiones. Dos formas diferentes que se resumen en la de aquellos que creen que España no se divide en ganadores y perdedores y los que están siempre con los primeros.

Al fin, como decía, nos encontramos al principio del camino. Se hace camino al andar. Machado tenía claro en qué fotografía no hubiera querido aparecer. Somos muchos los progresistas que estábamos esperando a que imperara la cordura, los que pensamos que más vale pájaro de política social en mano que ciento de neoliberalismo volando, los que queremos ver la cara de Rajoy si se le empiezan a desmontar los rodillos que impuso a los españoles durante su mayoría absoluta en temas que aplastan y vulneran a toda una parte de la sociedad.

Negociar sobre la situación laboral insostenible de los jóvenes, sobre igualdad, sobre derechos de los trabajadores o sobre el futuro de las pensiones es empezar a demostrar que no hay una única forma de aportar soluciones, como nos llevan una década vendiendo los conservadores y los liberales, desde Madrid y desde Bruselas.

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Orgullo de todos

Manifestación del Orgullo Crítico en Madrid.

Es posible que una de las pruebas del éxito y consolidación de los valores de la agenda LGTBI en el conjunto de la sociedad española sea la existencia de discrepancias y críticas explícitas desde dentro del propio movimiento.

No es casual que fuera hace cuarenta años, también, cuando los primeros gays y transexuales salieran a la calle en la Rambla de Barcelona, en una manifestación de libertad rompedora de la que hasta entonces no teníamos imagen.

En el franquismo tardío, la homosexualidad era delito y se les aplicaba a los homosexuales, entonces se les llamaba de otra forma, la llamada Ley de vagos y maleantes, denominación tremenda que casi ahorra cualquier explicación. Luego la tunearon como ley de Peligrosidad social, pero ser homosexual seguía siendo delito y se podían ir al talego por serlo. Las lesbianas ni existían para el franquismo.

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El PP tiene la conciencia tranquila

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Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, este lunes.

Dice Pablo Casado, vicesecretario de Comunicación del PP, que tiene la conciencia tranquila, él y su partido tienen la conciencia tranquila. Ese delito del que usted me está hablando, la corrupción, es algo extensamente desconocido. Rajoy vuelve a ver manos inquisitoriales en quienes intentan indagar y atribuir responsabilidades a uno de los más grandes saqueos de las arcas públicas que ha podido darse en un país formalmente democrático. Pero, como dirían algunos de los escribidores del periodismo oficial, hay al menos dos formas de verlo.

El PP no se ha financiado ilegalmente durante décadas tal como contó su tesorero Luis Bárcenas –cuando hablaba– y confirmó con múltiples pruebas documentales la investigación judicial.  El PP no ha recibido donativos de empresarios a muchos de los cuales entregó luego obra pública. Ellos lo hacían por cariño y a quién mejor dar negocio en justa compensación.

No hubo sobres en B, ni cajas de puros llenas de billetes en B. No se cargaron los discos duros del ordenador de Bárcenas, borrándolos 35 veces, donde había aún más pruebas. Los SMS de Rajoy, presidente del Gobierno, fueron solo otra prueba de afecto. El propio Bárcenas pasó de ser un apestado a quien cargar las culpas, a un colega que defiende los intereses del PP en la Comisión investigadora del Congreso con la prepotencia que lo haría cualquiera de sus portavoces. Repartiendo culpas y responsabilidades fuera. Y callando cuanto dijo. Sopla el viento de otro lado, trayendo silencio. Nadie nunca supo nada, ni recordó, ni le constó y si alguna desviación mínima se produjo es atribuible en exclusiva a otro tesorero, Álvaro Lapuerta. Incapacitado actualmente por demencia sobrevenida. En el umbral  de los 90 años y tras haber sufrido una caída que le mantuvo en coma, es el único responsable de los deslices. Inimputable, tras una trayectoria marcada al servicio de la derecha ya desde el franquismo.

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Esto se anima, Mariano

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Sánchez e Iglesias en su reunión de este martes para buscar alternativas al Gobierno de Rajoy.

Todo el mundo sabe que Mariano Rajoy ha cimentado su éxito y su estrategia desde el 20-D sobre un convencimiento: dado que los dos partidos a la izquierda, PSOE y Podemos, se disputan el mismo electorado, jamás iban a ser capaces de entenderse y forjar una coalición capaz de conformar una mayoría alternativa. A esa hipercompetencia electoral, Rajoy seguramente también sumaba a su favor las décadas de agravios pendientes entre la "socialdemocracia" y la llamada "verdadera izquierda". Hasta ahora ese convencimiento se ha cumplido como un seguro que le ha permitido sacar adelante la legislatura sin grandes apuros.

Pero nada es eterno, ni dura eternamente; ni siquiera para Rajoy. La primera reunión entre Pablo Iglesias y Pedro Sánchez tras Vistalegre 2, y las primarias que marcaron la resurrección de líder que le llamó "indecente", no traen buenas noticias ni para el presidente, ni para su aclamada estrategia.

La primera mala noticia para Rajoy es que parece que ambos líderes han decidido hacer borrón y cuenta nueva, dejar lo pasado en el pasado. Ni memorial de agravios, ni juego de échale a él la culpa, ni melodramas al estilo Pimpinela, ni tramas enrevesadas para hacer una especie de mix entre Juego de Tronos y House of Cards con toques de Cuéntame. Que Iglesias y Sánchez dejen de mirar al pasado para mirarle a él y al futuro no parece una buena señal para Rajoy. El camino de la confianza resulta largo y fatigoso, pero éste suele ser el primer paso.

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La gestación subrogada en el Estado high-tech con el que sueña Ciudadanos

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Albert Rivera y la diputada de Ciudadanos Patricia Reyes.

Ciudadanos presentó este martes su Proposición de Ley para regular lo que llaman "el derecho a la gestación por subrogación", una denominación que es, en sí misma, más que discutible porque, por una parte, presupone derechos donde ni los hay, ni los puede haber, y, por otra, malversa el contenido esencial de los derechos que se reconocen.

¿Cuál es el derecho sobre el que bascula esta regulación? Según la Proposición de Ley, hablamos del derecho que "asiste a los progenitores subrogantes a gestar, por la intermediación de otra [persona], para constituir una familia, y a las gestantes subrogadas, a facilitar la gestación a favor de los subrogantes".  Pero, ¿qué derecho asiste a los comitentes?

Todo el mundo sabe que ni los deseos, ni las frustraciones, dan lugar a derecho alguno, especialmente, si su satisfacción exige que una tercera persona renuncie irreversiblemente a sus derechos propios. Hablar de derechos es hablar de necesidades básicas, y tener un hijo genéticamente idéntico no puede considerarse una necesidad como tal, aunque la imposibilidad de concebirlo provoque un intenso sufrimiento.

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Todas, tod@s, todxs, todes: historia de la disidencia gramatical

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No hay nada inherentemente femenino en una grúa, ni masculino en un botón. Aun así, decimos que en español grúa es femenino y botón es masculino. En realidad, cuando se trata de objetos, nada impediría que hablásemos de que las palabras tienen género A y B, en lugar de hablar de masculino y femenino. Pero cuando hablamos de personas, la cosa se complica. Es cierto que el género gramatical no tiene necesariamente por qué coincidir con el género social. Pedro puede ser una víctima y Mari Carmen un portento. Pero, en general y en la mayor parte de los casos, el género gramatical coincide con el género social y a los hombres se les denomina en masculino y a las mujeres en femenino. Sustantivos, adjetivos, pronombres: las frases están llenas de palabras que cuando van aplicadas a las personas exigen que nos decantemos entre masculino y femenino. Resulta complicado (por no decir imposible) expresarse en español sorteando los huecos de género que la gramática nos obliga a rellenar. ¿Y qué escapatoria tienen quienes no se identifican ni como hombre ni como mujer?

En los últimos años se ha popularizado la propuesta de utilizar la forma en -E (todes, elle, nosotres, misme) como género neutro en español. La propuesta es que este tercer género sirva para denominar a las personas de género no binario (personas que no son hombre ni mujer) y ya de paso ejerza además de neutro genérico (la función que tradicionalmente ha asumido el masculino, como cuando decimos "nosotros" para referirnos a un grupo mixto).

Y es que el género gramatical es una de las grandes fallas lingüísticas activas del español. Desde hace tiempo, distintos colectivos de hablantes ven limitante y conflictivo el uso convencional del masculino y el femenino y proponen formas de disidencia gramatical. El género neutro en -e (todes) es el último episodio en la sucesión de enmiendas y reformulaciones en torno al género gramatical que han surgido en el español de las últimas décadas.

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Bárcenas y Villarejo se cruzan en la cloaca

Luis Bárcenas, ex tesorero del PP.

Si la serie "Corrupción en España" tuviese detrás un buen equipo de guionistas, los caminos de Bárcenas y Villarejo se habrían cruzado ya en alguna cloaca. Total, las suyas son vidas sorprendentemente paralelas, cada uno en su cloaca: el comisario en la policial, el ex tesorero en la de financiación de los partidos. Y como las redes de cloacas suelen ser laberínticas, seguramente ambas canalizaciones cruzan sus aguas sucias en más de un punto.

Preguntado en el Congreso, Bárcenas dijo que no, que no tenía el gusto de conocer al comisario. Y entrevistado por Jordi Évole, Villarejo dijo que tampoco: que estuvo a punto de investigar al ex tesorero, pero no le dejaron. Ahí se frustró un encuentro que habría revolucionado el mundo cloacal y dado más emoción a nuestra serie.

Yo los imagino a los dos en plena huida, pues ambos cayeron en desgracia a la vez. Uno correría por la cloaca del PP cargado de papeles, contabilidades B, recibís y grabaciones; el otro recorrería frenético la alcantarilla policial con la mochila llena de vídeos y audios comprometedores. Y al girar una esquina, de pronto, se encuentran de frente. Imaginémoslo por un momento.

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Las mujeres que enfadaban a Javier Marías

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Que los columnistas cipotudos españoles han encontrado en el feminismo una diana contra la que disparar no creo que se le escape a nadie. Seguro que le vienen a la mente un buen puñado de ellos. Cambian sus caras y sus nombres pero no su misoginia, que los lleva a sacar las mismas conclusiones machistas hablen de lo que hablen, escriban de lo que escriban, piensen en lo que piensen.

Cuando escriben de mujeres es sólo para venerar sus físicos o para odiarlas por lo mismo. Rara vez uno de estos columnistas cipotudos dedican sus columnas a mujeres (mucho menos a mujeres cuyas apariencias no encajen dentro los consabidos cánones que contentan a la cipotudez) y, cuando lo hacen, jamás lo enfocan de igual a igual, sino que adoptan un tono (en el mejor de los casos) paternalista-condescendiente que dice más de lo que supuran sus líneas. A muchas ya hace años que no nos engañan, y quizás por eso insisten en tratar a las mujeres como objetos con los que ganarse el pan que surten en Casa Lucio, para que nuestra rabia viralice sus textos. 

En realidad les da igual toda esa pataleta feminista que viene tras cada artículo perpetrado, su miedo de hecho está muy lejos del griterío; es precisamente la ausencia de éste los que les aterra. ¿Hubiera leído mucha gente a Pérez Reverte contar que ha estado bebiendo Frangelico en Casa Lucio si no hubiera dicho que Christina Hendricks tiene las tetas gordas? ¿Hubiera leído tanta gente ayer la opinión de Javier Marías sobre una autora si no hubiera sido un ataque a Gloria Fuertes y al feminismo? ¿Lee la misma cantidad de personas a Salvador Sostres cuando escribe sobre las virtudes de nuestra España que cuando dice que "las lesbianas no existen"? Estas preguntas se responden solas. Y ellos lo saben. 

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Las cloacas del Estado en 'prime time'

Una imagen de Villarejo en el programa Salvados.

"El Estado de derecho también se defiende en las alcantarillas", dicen que dijo hace muchos años Felipe González, precisamente cuando las alcantarillas echaban humo con los GAL. Este domingo, el programa Salvados nos ha ofrecido un ejemplo en prime time del funcionamiento de esas alcantarillas que no pertenecen únicamente a los primeros años de la Transición ni a los turbulentos años 80. La entrevista de Jordi Évole al comisario Villarejo ha tenido de todo: policías, espías, jueces, políticos, periodistas... A fin de cuentas, Villarejo se ha movido con varios gobiernos como pez en el agua en las cloacas prestando servicios a políticos y empresarios, repartiendo información a periodistas de confianza y jugando a ser espía para gran enfado de los que cobran por esa función a fin de mes.

La actividad profesional de Villarejo se acelera cuando vuelve a la policía en los años 90 tras una excedencia de diez años. A partir de entonces, trabaja para los gobiernos posteriores que siempre encontraron utilidad para un hombre como él. No hay ministro que deseche la idea de tener un informe en su despacho sobre asuntos confidenciales, no para presentar cargos en un tribunal –la función legal de la policía–, sino para saber más que sus adversarios o en ocasiones hacerles daño. A partir de ahí, la creatividad del comisario a la hora de interpretar las órdenes de sus jefes es lo que le mantuvo en activo durante tanto tiempo. Siempre es bueno contar con un sicario que convierte las insinuaciones en órdenes, que siempre va más lejos de lo que le han pedido.

La entrevista, a pesar de la larga sucesión de mentiras de Villarejo, nos concedió un asiento de primera fila en la representación de esas cloacas a las que se ha relacionado con la fabricación de pruebas contra los rivales políticos del PP en los últimos años. En ese sentido, fue un programa valiente y con una perfecta puesta en escena que nos convirtió en testigos de una parte del funcionamiento del Estado que raramente aparece en el horario televisivo de máxima audiencia. 

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