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Primero tomaremos Atenas, después tomaremos Berlín

Los griegos han elegido votar no a una oferta que no se sabe muy bien en qué consistía o para qué servía, donde lo único claro era que iban a sufrir más y aún más. Lo han hecho para respaldar a un gobierno que ha cometido muchos errores, se ha movido como una pato mareado entre las instituciones europeas y no sabe muy bien cómo salir de semejante atolladero, pero al final sólo pretendía que le concedieran una mínima reestructuración de su deuda impagable y así poder ofrecer a los suyos un futuro donde tanto sufrimiento sirviera para algo y tuviera un punto y final.

Unos les dirán que los griegos y las griegas se han vuelto locos. Otros les contarán que se trata de unos jetas que quieren vivir del cuento y no trabajar para devolver lo que deben. Otros les invitarán a celebrar el triunfo de la democracia y alguno incluso pronunciará emotivos panegíricos sobre la dignidad de los pueblos. Hablar sale barato cuando puedes ir a un cajero y sacar todo tu dinero sin problemas.

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La piñata del Gobierno

El Gobierno se ha lanzado a la campaña electoral con esa competencia desleal que solo pueden aplicar quienes tienen el control del Boletín Oficial del Estado. Así, el presidente Mariano Rajoy anunció esta semana el adelanto al 1 de julio de la rebaja del IRPF que tenía prevista para enero de 2016. Cómo España ya va bien —que dicen ellos— pues ya se puede devolver a los ciudadanos una parte del esfuerzo que han hecho. Lo dicen también ellos desde el PP y desde el Gobierno.

Insinúan también una revalorización de las pensiones, cuya ley modificaron al principio de la legislatura para eliminar la cláusula de revalorización automática vinculada al IPC y dejarla reducida a un 0,25%. Ahora se sugiere una subida del 1%. No es mucho, tampoco los 5, 10 o 15 euros que van a percibir mensualmente los salarios medios con la bajada fiscal, pero suena bien. Y a eso se agarran. A cualquier cosa que suene bien para ver si así pueden recuperar los dos millones y medio de votantes que les dieron la espalda en las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo. En particular el millón y medio que, según sus propios cálculos, no votó a otros partidos sino que se quedó en casa.

A esa intención parece responder también ese empeño en aprobar los presupuestos generales antes de las elecciones. Porque —también lo dicen ellos aunque en privado—los presupuestos serán su programa electoral. Así que prepárense para la piñata: habrá caramelos para todos. Dulces para tratar de embaucar a los electores. Nada de mejorar los servicios sociales, la sanidad y la educación públicas, las becas, los subsidios de desempleo —solo un 54% de los parados recibe algún tipo de prestación— o de devolver los derechos laborales y civiles extirpados con la excusa de la crisis.

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La economía política del referéndum en Grecia

Hay consenso entre los economistas en que Grecia tiene que reestructurar su deuda. Esto no solo lo piensa Varoufakis, que de macroeconomía sabe un poco, también lo creen, por el lado progresista Stiglitz, Krugman y Piketty, y por el lado conservador Rogoff, Feldstein y el Fondo Monetario Internacional. Entonces, si los números están claros, ¿por qué no se hace? Para responder a esta pregunta es importante comprender las limitaciones del análisis estrictamente económico. Los economistas tienen serios problemas para entender dos conceptos claves en la sociedad: el dinero y el poder.

Como es así suelen evitar hablar de ellos. Tratan el dinero como si fuese una unidad de cuenta, un medio de intercambio y una reserva de valor neutral. El dinero simplemente sirve para engrasar la maquinaria de la economía. Nada más. Pues bien, esta definición es errónea. Todo dinero es deuda, y por lo tanto siempre es una relación social entre acreedor y deudor. Y sucede que toda relación social, intrínsecamente e ineludiblemente, está basada en una interacción de poder, es decir, en la economía política.

La unión monetaria europea es un área social enorme que cuenta con 330 millones de personas, que a su vez entran en cada instante en miles de millones de transacciones entre acreedores y deudores. Cada billete que tenemos en nuestro monedero representa una relación de deuda, y por lo tanto hay un deudor y un acreedor. ¿Quién es el acreedor de los 20 euros que tengo en el bolsillo? Yo. ¿Quién es el deudor? El resto de los ciudadanos de la zona euro, que me deben 20 euros en bienes y servicios. Tradicionalmente, el deudor sería el soberano. Es por eso que en su día teníamos al Rey Juan Carlos I grabado en nuestras monedas.

Pero, claro, la zona euro no tiene un soberano. El euro se construyó sobre la lógica economicista de que el dinero es neutro y por lo tanto se puede (e incluso se debe) despolitizar. Es por eso que hemos hecho del Banco Central Europeo el más independiente de los bancos centrales de la historia. Craso error. Tanto el dinero como el banco central, como cualquier interacción social, siempre están sujetas a relaciones de poder, y por lo tanto la política siempre estará presente. ¿Qué tiene que ver todo esto con el referéndum en Grecia este domingo? Mucho, ya que desde que empezó la crisis en 2009 el problema es qué hacer con la deuda acumulada.

La solución a esta pregunta está en cómo se desarrolle la interacción de poder entre los acreedores y deudores. En un estado soberano, normalmente esto se realiza a través de las urnas y el parlamento. Ahí se decide, de una manera democrática y legítima, quién va a cargar con los costes de la crisis. El problema está en que en la zona euro no hay un soberano ni hay un parlamento para decidir legítimamente la distribución de estos costes. Es por eso que se enfrentan las democracias entre sí. El gobierno griego de Syriza, democráticamente elegido, le pide a sus acreedores en el Eurogrupo una quita en su deuda. Estos, sin embargo, que también fueron democráticamente elegidos por sus pueblos, dicen que no.

A veces la izquierda se olvida de esto. Se dice que esta es una batalla del pueblo griego frente a la troika. Nada más lejos de la realidad. Esta es una batalla entre un gobierno de izquierdas griego que se enfrenta a 18 gobiernos conservadores o socialdemócratas. ¿Quién es más democrático? Todos. Todos han sido elegidos por sus ciudadanos. Por lo tanto lo que sucede en el Eurogrupo es que hay una asimetría de poder. Syriza no ha conseguido ningún apoyo en cinco meses y se ha quedado solo. Esto no es antidemocrático. Es democracia en estado puro. La mayoría conservadora-socialdemócrata gana. Si Varoufakis quiere cambiar las reglas del juego tiene que conseguir una mayoría, lo que no vale es decir que el sistema es antidemocrático porque no hace lo que quiere una pequeña minoría.

Es verdad que Syriza tiene apoyos en toda Europa, pero también es cierto que encuentra mucho rechazo. En general, las poblaciones del norte de Europa le tienen muy poca simpatía. El finlandés, eslovaco y estonio que ha tenido que soportar reformas estructurales y bajada de salarios para mantenerse competitivo en la era de la globalización no entiende como el griego no hace lo mismo para poder tener una economía moderna y sostenible. Si además se les dice que el griego se jubila antes de los 60 el desapego es todavía mayor. El caso es que Syriza se asocia con cuatro características que encuentran enorme rechazo en Alemania: populismo, nacionalismo, chulería y comunismo. No es de extrañar que Schäuble sea tan duro, y que el 70% de los alemanes lo apoyen.

Sin embargo, sería un error limitar las relaciones de poder entre acreedores y deudores a los estados. Éstas también se producen en cada uno de los países de la unión. Demografía, formación y poder económico juegan un papel determinante. La gente mayor, que tiene ahorros y activos, suele ser acreedora, mientras que los jóvenes que están estudiando o tienen una hipoteca son deudores. Igualmente, la gente con estudios y con poder económico alto es acreedora, mientras que la gente con estudios mínimos está más endeudada. Es por eso que si se va hoy a Atenas la mayoría de la gente mayor y con recursos va a votar Sí (porque tienen mucho más que perder), mientras que los que tienen menos votarán No, porque creen que Tsipras logrará una quita de la deuda y por lo tanto tendrá más para repartir. Lo más normal es que el grupo más grande gane el referéndum.

Lo interesante es que estos dos grupos se encuentran a lo largo y ancho del continente. Los ciudadanos más conservadores o liberales, por edad, ideología o por activos, piensan que se tendría que votar Sí, y viceversa, los más progresistas apoyan el No. Estas posiciones enfrentadas han quedado claras tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales. Esta dialéctica es de lo más positivo que ha traído el referéndum griego, independientemente del resultado. Por primera vez estamos presenciando la formación de una opinión pública trans-europea, algo que no existía. Algunos piensan que el drama griego está dividiendo el continente. No estoy de acuerdo. Lo está politizando. Y eso no es necesariamente malo. Todo sabemos que la política es combativa. Si queremos ver algún día una demos europea, vamos a tener que acostumbrarnos a las batallas ideológicas.

Eso sí, hay que aprender de las experiencias. La tragedia griega demuestra que si queremos mantener el euro (y ojalá Grecia sea parte de él) necesitamos construir estructuras democráticas legítimas, es decir, un soberano europeo que decida como se reparten los costes de la crisis. Como he indicado, las relaciones de poder entre acreedores y deudores no están limitadas a los estados miembros, son transnacionales, o mejor dicho, trans-europeas, y por lo tanto se tienen que dirimir a nivel europeo. Si no al final tendremos a naciones acreedoras y deudoras enfrentadas unas contra las otras y todos sabemos en qué acaba eso.

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Perlas informativas del mes de junio 2015

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Dibujos de presos

De los presos venezolanos, si son opositores del gobierno, es noticia hasta los dibujos que hacen. El Mundo publica el 11 de junio unos dibujitos a lápiz que el preso Leopoldo López hace en su celda. Llama la atención que titulan el asunto como "Diario de dibujos en la celda de castigo". No entiendo por qué la llaman "celda de castigo" si allí le está visitando su familia, los líderes de la oposición y hasta expresidentes de otros países (Felipe González). Una celda de castigo, como recuerda Aministía Internacional, son las de Estados Unidos donde el preso está aislado de 22 y 24 horas al día. Pero a esas no van los medios españoles a recoger dibujos de los presos.

Precio prohibitivo

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Sobre la ley mordaza

Desde el jueves pasado la libertad es más pequeña.

La visión restrictiva y represora del PP se ha impuesto a dos siglos de lucha por la libertad. ¿Dónde estaban los liberales del PP cuando aprobaron esta Ley? ¿Dónde estaban los liberales que defienden que el Estado no debe interferir en la vida de las personas, que la opinión no personal no puede ser sometida a los intereses del estado? No estaban porque no hay liberales en el PP, sólo quedan los liberales de chequera.

El jueves fue un día aciago para los defensores de la libertad. Pero los socialistas queremos que sea el día del anuncio del fin de esta Ley Mordaza. Porque va a ser un Ley de corta vida. Porque después de las siguientes elecciones vamos a recobrar de nuevo los mismos niveles de libertad de pensamiento y crítica que antes de la existencia de esta Ley.

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La basura de los cruceros

Hace aproximadamente una década del descubrimiento de la gran “sopa de basuras” que flota como una gelatina en mitad del océano entre las costas de California y Japón, muy cerca del archipiélago de las Hawai. Desde entonces esa gelatina plástica (la mal llamada “ Garbage Island” pues no tiene ninguna solidez) no ha dejado de crecer por los millones de fragmentos de plástico que arrastran las corrientes oceánicas para concentrarlas en ese punto donde inician su giro.

Sin llegar al enorme tamaño de ese emplasto flotante (casi diez veces la península ibérica), la concentración de residuos en el Mediterráneo también va en aumento. Cada vez son más los navegantes que alertan sobre la formación de grandes placas de plásticos flotantes entre Cataluña y Baleares que podrían llegar a unirse y generar otra sopa de basuras frente a nuestras costas.

Uno de los principales causantes de este grave problema ambiental es el constante aumento en la navegación de cruceros por el Mediterráneo con el puerto de Barcelona como principal destino. Estas auténticas ciudades flotantes, con casi 9.000 personas a bordo entre pasaje y tripulación, generan diariamente toneladas de residuos que deben ser tratados de una manera ambientalmente responsable. Pero ¿lo hacen? ¿Existe un verdadero compromiso con el medio ambiente por parte de las grandes compañías de cruceros?

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Rajoy cree que la crisis griega le viene muy bien

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" La crisis griega es un regalo para Rajoy". Eso dice un titular del Financial Times de este viernes. Porque, añade, puede utilizar electoralmente, y lo está haciendo, la idea de que España estaría como Grecia si no se hubiera aplicado la política del PP; y porque la crisis helena le sirve para que la corrupción pase a un segundo plano. Aceptemos que algo de eso pueda pasar. Pero el conflicto entre Atenas y Bruselas puede también ser muy malo para Rajoy. Porque salga como salga el referéndum, lo más probable es que al mismo le siga la inestabilidad en los mercados financieros, mayor o menor según cual sea ese resultado. Y un país como el nuestro, que tiene una deuda externa de 1,78 billones, se verá seriamente afectado por la misma. Hasta el punto de estropearle la campaña electoral al PP.

El gobierno ha debido apostar a que ese efecto negativo no va a aparecer con claridad suficiente antes de que se celebren las elecciones generales, es decir, antes de noviembre. Y si la inestabilidad financiera aparece antes, decretaría un adelanto electoral, que tendría en el temor a la subida de la prima de riesgo su principal motivo, frente a otros con los que se ha especulado.

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El orgullo del cambio

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La reivindicación de la igualdad legal (simbolizada por el matrimonio igualitario) no es una reivindicación cualquiera (por más importantes que puedan ser otras reivindicaciones). Es un avance civilizatorio de esos que poco tiempo después de ser aprobado, nadie discute.  A estas alturas ya todo el mundo entiende que esta reivindicación no tiene que ver con casarse o no, sino con la eliminación de la más importante discriminación legal basada en la orientación sexual que quedaba. Hay otras muchas que quedan pendientes y que pueden ser mucho más dolorosas para la gente que las sufre que el hecho de poder o no casarse, pero creo que conseguimos explicar que la igualdad legal es una base imprescindible sobre la que continuar batallando contra la lgtbfobia. No votar seguramente producía menos dolor a las mujeres que sufrir malos tratos, pero conseguir el derecho a voto es imprescindible para continuar esa lucha mucho más larga hacia la completa igualdad que permitirá disfrutar de una vida libre de violencia.

El derecho al matrimonio, del que este año se celebra el décimo aniversario, es de esas conquistas simbólicas con capacidad para cambiar la manera en que una sociedad piensa y se piensa, como el derecho al voto de las mujeres. La igualdad legal crea conciencia del derecho a la igualdad. La prueba es que en aquellos países en los que se aprueba este derecho, la lgtbfobia desciende acusadamente en poco tiempo. Es, por tanto, una modificación legal con un enorme potencial de cambio social. Eso era visible el día que se aprobó y ha sido visible ahora, al celebrar un aniversario tan redondo como el décimo.

Ahora que muchos medios me buscan para preguntarme algo especial, algo que no se haya contado de aquellos días, lo que me viene a la cabeza es, precisamente, eso. La sensación de cambio que iba más allá del matrimonio. Y esa sensación no sólo la teníamos nosotras, las personas lgtb, sino mucha gente que no tenía en principio que ver con nosotros/as. Si la ley salió adelante es porque una gran mayoría social la hizo suya, vio en ella ese potencial de cambio hacia una sociedad mejor y la apoyó. Nuestro éxito estuvo basado en que conseguimos transmitir a la gente que una ley así nos afectaba a todos y todas como sociedad y no sólo a las personas lgtb. Recuerdo especialmente que el día en que se aprobó la ley y volvía a casa andando desde el Congreso, la gente me paraba y me daba besos, los coches tocaban la bocina y todo el mundo me daba la enhorabuena. Y todas esas personas no eran lgtb, era gente que habían identificado una ley concreta con un cambio social hacia una sociedad más libre, más igual, más justa.

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Por qué a Grecia, que se ha esforzado más, le ha ido peor que a España

No se dirá suficientes veces que compartir la misma moneda necesita avances en la política fiscal y presupuestaria europea que no se han producido. Y que, con el diseño actual de la zona euro, seguiremos agravando los desequilibrios económicos entre los países que presentan grandes diferencias en sus indicadores de productividad y en sus tasas de inflación. Esto vale tanto para Grecia como para España, y para la Unión en su conjunto.

Si miramos a lo específico de la deuda griega veremos que no se explica por la supuesta irresponsabilidad financiera de su ciudadano medio. Según la OCDE el endeudamiento conjunto de las empresas y hogares griegos estaba entre los menores de la zona euro en 2007 (momento álgido de la burbuja de crédito). Equivalía al 113% del PIB, muy por debajo del 161% de Alemania, el 200% de Francia y el 275% de España. Actualmente Grecia sigue estando entre las economías europeas con menor endeudamiento privado, clasificación que España sigue liderando.

Existe el consenso de que el hecho diferencial de Grecia reside en el funcionamiento de su sector público. En 2007, mientras la deuda pública española estaba en el 35,5% del PIB, la deuda griega alcanzaba ya el 103,1%. Usando un símil ciclista, Grecia llegó al inicio de la subida a puerto absolutamente fundida. Y no llegó a ese punto por los dictados de la Troika, sino por errores propios.

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Me apuesto mil pesetas a que Grecia no sale del euro

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Foto: EFE

Pensaba jugarme un dinerillo apostando sobre la situación griega, pero en la casa de apuestas me dijeron que lo de Grecia es un deporte, sí, pero de riesgo, y que cierran la ventanilla: William Hill decidió hace unos días dejar de jugar con el Grexit, que se les estaba yendo de las manos.

Mi apuesta iba a ser favorable a la permanencia de Grecia en el euro. Por mucho discurso apocalíptico que atruene estos días, no habrá Grexit tras el referéndum. Bien porque gane el “Sí”, que parece lo más probable; pero tampoco si gana el “No”. Tan claro lo tengo, que pensaba hacer la apuesta en pesetas: en caso de perderla, seguramente me tocaría pagarla en nuestra vieja moneda, ya que la salida de Grecia del euro desestabilizaría tanto el sistema monetario europeo que tarde o temprano acabaríamos volviendo a la peseta.

A Grecia no la van a echar porque no hay puerta por donde salir, pero sobre todo porque nadie va a arriesgar el euro entero por unos pocos miles de millones del impago griego. Una cantidad que para los griegos es un mundo, pero para el conjunto de Europa es calderilla. Y aunque hay quien asegura que el euro sobreviviría sin Grecia, los riesgos son demasiado grandes, no es jugarte unas perras en una casa de apuestas sino poner en peligro una Europa que ya ha vivido demasiados sustos.

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