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Dos izquierdas y cada una por su lado

El PP ha perdido las elecciones autonómicas y municipales. Pero, ¿qué partido las ha ganado? Sin que ninguno de ellos responda tajantemente a esa pregunta, el PSOE y Podemos consideran que los resultados les confieren el protagonismo del futuro político, lo cual viene a decir que creen que son los vencedores cuando menos “morales”. Los socialistas dicen que ellos han de liderar el cambio. Pablo Iglesias asegura que sus objetivos son derrotar al PP y sustituirlo en La Moncloa. En este momento, y la cosa durará aún unas semanas, ambos trabajan para pactar los gobiernos municipales y autonómicos. Pero cuando ese proceso acabe, la confrontación PSOE-Podemos de cara a las generales ocupará el centro del espacio y del debate político. Y no se sabe cómo puede terminar.

Todo indica que el PP será derrotado en noviembre/diciembre. Parece imposible que el partido de Rajoy se rehaga. Lo contrario, que ahonde su caída, es mucho más probable. En sólo seis meses no puede renovar su personal directivo ni modificar su propuesta política. El PP está abocado a la pérdida del poder y Ciudadanos no va a tener la fuerza política para impedir ese designio. (Sus resultados en el 24-M no han sido excelentes, aunque pueden mejorar en las generales). Ni tampoco el mínimo interés en hacerlo. Porque el partido de Albert Rivera está obligado a pensar a medio y largo plazo. Y si el PP cae y, además, entra en una crisis interna, el futuro de Ciudadanos podría ser espléndido.

La pelota está, por tanto, en el terreno de la izquierda. Porque el PSOE está en la izquierda, aunque tantas veces cueste asumirlo. ¿En qué otra parte colocarlo y más cuando buena parte de sus votantes creen, sin ningún género de dudas, que pertenecen a ese territorio? El problema es que su concepción de las tareas de la izquierda, su modelo político, tienen muy poco que ver con el de Podemos, más allá de las declaraciones de principios. O, dicho de otra manera, que en España hay dos izquierdas. Y que, además, ambas se disputan el protagonismo. Lo cual, por cierto, no es la primera vez que ocurre en nuestra historia.

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La ecología política pide paso

Después de años de estériles esfuerzos, el ecologismo político ha emergido por fín en las recientes elecciones municipales y autonómicas. Las numerosas actas logradas por los diferentes partidos verdes, incluso con mayorías absolutas como la del Ayuntamiento de Villena, unidas a los 90 concejales y 3 parlamentarios autonómicos de Equo prueban que la conservación de la naturaleza y el cuidado y la mejora del medio ambiente ganan relevancia entre los electores.

De hecho este incremento del voto verde viene a normalizar una situación que venía siendo excepcional respecto a los países de nuestro entorno, donde los partidos ecologistas ocupan un papel protagonista tanto a nivel estatal como comunitario. Con 52 diputados y casi un 7% del total de los votos, las últimas elecciones europeas consolidaron a Los Verdes (European Greens, al que pertenece Equo) como el cuarto grupo del europarlamento tras populares, socialistas y liberales.

En los últimos años hemos avanzado mucho en la concienciación social respecto al cuidado del medio ambiente. Por eso cada vez somos más los que exigimos que las administraciones se impliquen en su protección y dejen de delegar esa tarea en los ciudadanos. Es evidente que queda mucho camino por recorrer, pero lo cierto es que el interés de la gente por las cuestiones relacionadas con la ecología no para de crecer. Pero faltaba una manifestación de ese compromiso a través del voto. Algo que por fin está empezando a ocurrir.

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Listas, programas, debates y campañas electorales

Los debates son (deberían ser al menos) algo consustancial al funcionamiento democrático de una sociedad. En periodos electorales se oficializan entre los candidatos. Pero normalmente son de carácter muy general, encorsetados a menudo por las rígidas reglas pactadas, empobrecidos con frecuencia por el fácil recurso a la descalificación del adversario.

Las televisiones nos ofrecen muchos debates entre tertulianos profesionales, que más parecen centrados en representar un papel en el espectáculo mediático que en aportar razonamientos serios. Por otro lado, es imposible esperar grandes aportaciones de quienes se sienten capacitados para pontificar sobre cualquier tema que pueda plantearse.

Desgraciadamente, los debates parlamentarios adolecen a menudo de parecidos vicios. Los plenarios, son más un espectáculo cara a la galería que un auténtico intercambio de puntos de vista en búsqueda de las mejores soluciones para los problemas de la ciudadanía. Más oportunidad ofrecería el trabajo en comisiones: pero habitualmente es una sucesión de intervenciones escritas y no un intercambio de pareceres.

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¿Micromachismos?

"¿Qué son los micromachismos?", le respondí a una alumna cuando me pidió opinión sobre los mismos. 

"Es un concepto que utilizó Luis Bonino para denominar conductas o comportamientos discriminatorios –como el lenguaje y los piropos, que no se ven–", me respondió.

Fue entones, a través de sus palabras, cuando como me di cuenta de que a pesar de ser comportamientos machistas que se han “naturalizado” y por tanto no se ven, los micromachismos no existen.  Lo que existe el machismo y lo que se ha hecho es poner en circulación un término amigable.

El micromachismo es el concepto con el que se intenta denunciar prácticas y relaciones de poder de dominación masculinas en el ámbito simbólico, pero hacerlo suavemente y sin pretender molestar. Este término vendría  claramente a corresponderse con el de violencia simbólica que enunciara Bourdieu y a lo que particularmente yo prefiero denominar como "dominación masculina" -para reducir "la violencia" a una de las expresiones de dominación más brutales–.

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¿Qué hay de lo nuestro?

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Tras cada cambio de gobierno, desde la presidencia del país hasta el último ayuntamiento, resuena el viejo “¿qué hay de lo mío?” de quienes esperan que los suyos les recompensen los servicios prestados, cumplan sus promesas o decidan otro reparto de la tarta. El “qué hay de lo mío” es el lema del clientelismo, y el clásico estribillo de la corrupción.

El último relevo, el del pasado 24M, también tendrá sus “qué hay de lo mío”. Pero por ahora los que más se oyen, en Barcelona y Madrid, no tienen el tono esperanzado del que aspira a ganar algo con el cambio, sino el aire lastimero de quien teme perder lo que tenía, o lo que esperaba seguir ganando y ahora cree truncado.

La llegada a las alcaldías de Ada Colau y Manuela Carmena hace que muchos contratistas exclamen a la vez: “¿qué hay de lo mío?” ¿Y si a las nuevas gobernantes les da por revisar o no renovar los contratos de tantos servicios privatizados, esos que hasta ahora se han repartido entre unas pocas grandes empresas, a menudo con poca transparencia en la adjudicación, cuando no directamente sospechas de corrupción, y que mueven miles de millones al año?

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El final de un personaje

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La presidenta del PP de Madrid y candidata a la Alcaldía de la ciudad, Esperanza Aguirre. / Efe

Aunque el PP ha perdido cientos de miles de votos en Madrid por sus políticas, por el hartazgo de la gente y por la emergencia de otras opciones que han sabido ganarse a pulso la confianza de los votantes, la diferencia de votos, inesperada, entre Aguirre y Cifuentes y que han dejado a la primera fuera de la alcaldía, esa se la ha ganado a pulso Esperanza Aguirre en las dos semanas que ha durado la campaña electoral. Poca gente podía predecir cuando la campaña estaba empezando la manera en que ésta iba a terminar para Aguirre. Al fin y al cabo, cuando se presentó, y no siendo precisamente la preferida de Rajoy, lo hizo porque ella misma y su partido la veían como imbatible, como la única que podía conservar el Ayuntamiento para el PP. No sólo no lo ha , sino que ha perdido humillantemente su particular batalla contra Cristina Cifuentes. El caso de Aguirre, o como puede una persona pasar de ser una triunfadora a una caricatura de sí misma en quince días, puede que se convierta en un caso de estudio para el futuro.

Esperanza Aguirre es una mujer rica, privilegiada desde la cuna, que considera que todo le es debido por nacimiento; se relaciona con la gente como se debe relacionar con el servicio (llama a todo el mundo de tú y les trata como si fueran niños), está falta de la más mínima empatía humana, es inculta y lo lleva a gala, autoritaria y no muy inteligente, aunque sí tiene olfato político. Y con estos mimbres se ha creado un personaje que, sorprendentemente, caía bien a mucha gente y que le ha durado muchos años. Podríamos decir que ese personaje, que se ha ido bandeando mejor que bien por lo más proceloso de la política, no ha podido sobrevivir a este momento, en el que se exige una política que de verdad resuelva los problemas de la gente. Cuando la política ha dejado de ser el espectáculo en el que el Partido Popular la ha convertido y se está desgajando a trozos de pura putrefacción, es cuando Esperanza Aguirre aparece claramente como lo que siempre fue, una especie de caricatura, un personaje despreciable.

Aguirre, señora bien de toda la vida, condesa consorte que habita en un palacio, se trasmutó en una señora de barrio, castiza y chulapona, que mucha gente sentía cercana;  y hay que reconocer que en eso tuvo éxito. Al fin y al cabo, el personaje de alcurnia que lejos de comportarse de manera estirada se comporta, aparentemente, como el pueblo, tiene una larga tradición entre la monarquía y la nobleza de este país. Recordemos que también es así el rey Juan Carlos, al que le ha pasado exactamente lo mismo que a Aguirre. Si en el Reino Unido, por ejemplo,  la familia real parece que se ha metido un huevo en la boca, aquí por el contrario los borbones se han jactado siempre de hablar y actuar como todo el mundo; si me apuran incluso peor que todo el mundo. Ser muy castiza, en el caso de Aguirre, consiste en ser capaz de bailar chotis, pasear por la verbena, ir a los toros, contar chistes verdes, llamar a todo el mundo de tú, mostrar una (falsa) cercanía con todo tipo de gente, gustar de los huevos fritos más que del caviar, y sobre todo no ser culto ni parecerlo; es importante que se note que se está mucho más a gusto con Norma Duval, por poner un ejemplo,  que con un renombrado filósofo o con una poeta. La cultura, para estos castizos de pacotilla siempre es sospechosa. Se trata de mostrar que se es, no ya como todo el mundo, sino más bien como nos imaginamos que es todo el mundo; y eso a pesar de que se duerma en un palacio y se acumulen los ceros en la cuenta corriente.

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La comunicación del PP

(FICCIÓN)

Despacho del presidente del Partido Popular. 48h después del correctivo electoral del 24 M. Asistentes: Mariano Rajoy, María Dolores de Cospedal,  Carlos Floriano, Pablo Casado y Soraya Sáenz de Santamaría.

—Se veía venir—dijo Rajoy aparentemente calmado aunque guiñó un ojo repetidas veces—el CIS, nuestras encuestas y hasta Arriola lo decían—añadió sorbiendo una taza de café sin azúcar con un gesto amargo en su semblante.

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Aprender a ganar

En las últimas décadas en la Izquierda, bajo sus diferentes figuras, hemos cometido una y otra vez el error de no aprender de nuestras derrotas. Este déficit de aprendizaje nos ha llevado demasiado a menudo a hacer de necesidad virtud. Esto ha tenido como consecuencia no abrirnos a las experiencias históricas nuevas, a los cambios imprevistos de coyuntura, pero también a plantear sofisticadas coartadas para no hacer política habitando estas tensiones. Al menos, un tipo de política orientada hacia la mayoría social con voluntad hegemónica y partiendo de las condiciones efectivas existentes, por definición siempre demasiado terrenales y desiguales. Girando en círculo, en la Izquierda se ha sacrificado no pocas veces el conocimiento de la realidad a su reconocimiento en ella. Pero mirándose a sí misma en el espejo no ha dejado de hundirse.

Podemos surgió hace más de un año y medio para superar la pinza del bipartidismo, pero también –y esto parecen olvidarlo algunos estos días– para salir de otro bloqueo, no menos importante: el existente entre la lógica de aparato de una IU, cada vez más encerrada en su alicorto posibilismo, y unos movimientos sociales ciertamente vitaminados por el ciclo de movilizaciones abierto por el 15M. Bienvenidos fueron y serán todos aquellos que, viniendo de estas decisivas luchas, se incorporaron a este proyecto, pero hay que recordar que el inédito y exitoso camino recorrido desde el indudable aldabonazo de las elecciones europeas a la consolidación de Podemos en los recientes comicios no puede ser desandado. El riesgo es volver a esa estéril, pero para muchos también confortable zona de bloqueo.

Los resultados electorales son "la hora de la verdad". Aunque lo que está en juego a partir de ahora hasta, probablemente, noviembre será la disputa por el sentido de los datos, estos no pueden ser infinitamente interpretables. Existe una resistencia contumaz de la realidad y una necesidad política a disciplinarse a la vista de los resultados objetivos de la coyuntura y sus volátiles circunstancias. De ahí que tanto el marco "vuelco a la izquierda" como el "vuelco a la unidad popular" parezcan interpretaciones parciales.

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Un escenario pendiente del guión

Estamos, sin duda, ante una situación nueva en la política española. Y tan nueva que podemos decir que, aun siendo esperada, pilla a los actores muy confusos respecto al guión que han de seguir en medio de ella. Ciertamente, las elecciones municipales y autonómicas, incluidas las andaluzas, anteriormente celebradas, nos han traído al escenario que, con su novedad, era previsible: el escenario de una pluralidad de fuerzas políticas en ayuntamientos y parlamentos notablemente incrementada.

La pluralización de la realidad política española es, pues, el hecho fundamental, al que se añade, por la derecha, la pérdida de poder institucional sufrida por el PP y, por la izquierda, las distintas situaciones que se presentan según el PSOE haya conseguido mantener la primacía o, por el contrario, ésta haya pasado a manos de otras fuerzas, como es el caso de Ahora Madrid, con Manuela Carmena como candidata revelación que puede estar al frente del gobierno municipal de la capital de España, o de Ada Colau con Barcelona en Comú dispuesta a gobernar la capital catalana. El Partido Socialista, mediando determinados acuerdos, se ve gobernando, además de en la comunidad andaluza, en Extremadura, Castilla-La Mancha, Asturias, País Valenciano y, quizá, Comunidad de Madrid. Pero si en algunos de esos casos tal posibilidad es muy factible, en otros no se presenta fácil de realizar. Aparte circunstancias concretas de cada ámbito, como las que pueden darse también en ciertas ciudades, como Sevilla o Córdoba, por señalar algunas descollantes, el caso es que ante panorama tan complejo podemos observar ciertos elementos comunes que son, al fin y al cabo, causas en buena parte de una incertidumbre que parece difícil de disipar.

Habiendo sido muchas las voces que, concretamente desde la izquierda, hemos insistido en la necesidad de haber ido preparando las propuestas políticas ante un escenario como el descrito, en el sentido de haber ido anticipando las condiciones para lograr pactos que permitan no sólo hacer que el PP pierda gobiernos, sino configurar alianzas de izquierda para conformar ejecutivos y dar estabilidad a mayorías parlamentarias, nos encontramos hoy pudiendo verificar que la preparación para esta necesidad, actualmente sobre la mesa, no se ha dado como hubiera sido de desear. En estrategias de alianzas y cultura de pactos, que para el PSOE y otros partidos, han de ser por la izquierda, no se ha llegado a este momento con los deberes hechos. Las indiscriminadas descalificaciones mutuas de las que tanto se ha abusado, como es la acusación de "populismo" hacia Podemos o la descalificación sumaria del PSOE como partido de la "casta", obstaculizan ponerse a trabajar con agilidad y eficacia en la búsqueda de los necesarios acuerdos para dar forma a las alternativas de izquierda que buena parte de la ciudadanía espera para poder hacer frente de verdad a la derecha y sus políticas injustas. Y si ahondamos un poco más, las pretensiones tan enfáticamente formuladas por unos y otros de alcanzar cada cual una posición hegemónica, con lo que supone de pretensión monopólica en el espacio de la izquierda y de retórica grandilocuente muy ayuna de reconocimiento del otro, no ponen fácil el mismo ponerse a trabajar en busca de la confluencia necesaria sobre lo que se tiene en común.

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Rajoy se presentará, ganará y no gobernará

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No es un vaticinio, aunque la afirmación se basa también en el análisis, sino lo que se piensa en algunos ámbitos del PP, pese a un movimiento de fondo en contra de Rajoy, e incluso del PSOE. Mucho ha pasado en la política y la sociedad españolas, sacudidas por un movimiento tectónico de gran alcance, que empezó ya en 2010 y que sólo empezamos a entrever. Aunque queda y mucho puede pasar de aquí a las elecciones generales a celebrar entre noviembre y febrero.

El propio presidente del Gobierno, que asumió el grueso de la campaña electoral para el 24 M, ha indicado su intención de presentarse de nuevo encabezando el cartel del PP a las generales. Sería además un error táctico para el PP, como lo fue para el PSOE la renuncia de Zapatero en favor de Rubalcaba en 2011, cambiar de jinete a pocos metros de la meta. No sólo no ganarían nada los populares, sino que perderían al mandar la imagen de fracaso por la gestión de estos años. Hay, sin embargo, movimientos en el PP y en otros entornos en contra de esta opción. En ausencia de primarias y de democracia interna, en este partido su presidente -y más aún si lo es también del Gobierno-, tiene mucho mando, todo el mando. Ahora bien, la pérdida de poder regional y municipal, y muchas diputaciones,  puede desbaratar las redes clientelares del Partido Popular generando graves problemas en su organización y capacidad de movilización de cara a los comicios nacionales.

Tanto los resultados del 24 M como las últimas encuestas indican que el Partido Popular será el más votado y con más escaños en el próximo Congreso de los Diputados, aunque la distancia con el PSOE de Pedro Sánchez (un político al que, de momento, acompaña la suerte) ha disminuido mucho. Ambos han perdido votos. No es tan claro que haya habido un corrimiento general del electorado hacia la izquierda, sino una recomposición del voto en el seno de la derecha y de la izquierda, sin grandes transferencias de votos entre una y otra, salvo por antiguos abstencionistas. Sí ha habido un corrimiento hacia lo nuevo que no tiene por qué detenerse ante unas elecciones generales, aunque serán diferentes. 

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eldiario.es dedica su nueva revista monográfica a los modelos de ciudad ante unas elecciones, las del 24 de mayo, que definirán el alcance de nuevos espacios políticos antes de las generales.

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