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El problema de Francia no es la ropa de baño de las mujeres

Policías franceses patrullan por la playa de Cannes.

Las playas de Francia parecen haberse convertido en el lugar en el que afirmar lo que allí llaman los "valores republicanos", a veces llamados "valores franceses". El objetivo fue hace unos días una mujer de 34 años con sus hijos, tumbada sobre la arena de la playa de Niza y con la cabeza y las piernas cubiertas. Allá fueron cuatro policías armados para comprobar qué llevaba debajo e imponerle una multa.

Mucha gente sintió vergüenza y perplejidad, sobre todo fuera de Francia, al ver esas imágenes, producto de la decisión del Ayuntamiento de Niza de multar a aquellas mujeres musulmanas que no fueran con un traje de baño convencional. Desde el principio –por ejemplo cuando el alcalde de Cannes dijo que “el burkini es el uniforme del islamismo extremista, no de la religión musulmana”–, ya se vio que esta prohibición tenía mucho que ver con los prejuicios contra la principal minoría del país, además de por la tensión creada por los atentados ocurridos en Francia en el último año. ¿Pero en qué medida la vestimenta de las mujeres tiene que ver con la seguridad?

La relación no existe, según el Consejo de Estado francés, máximo tribunal administrativo del país. En una decisión relacionada con la prohibición dictada por otro ayuntamiento, el Consejo ha aceptado el viernes el recurso presentado por una organización de derechos humanos. El veto al burkini no es legal:  "Ningún elemento permite interpretar que se hayan producido riesgos de problemas de orden público en las playas de la localidad de Villeneuve-Loub et. Ante la ausencia de esos riesgos, la emoción y la inquietud resultantes de los atentados terroristas, especialmente del cometido en Niza el 14 de julio pasado, no son suficientes para justificar legalmente la medida de prohibición".

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Esas tiendas que usan el frío como cebo

Cuando las altas temperaturas convierten las aceras en una sartén, los grandes comercios recurren a uno de los mejores cebos para atraer clientes. Y no me refiero a esa artimaña para librarse de mercancía obsoleta a la que llaman “último remate de las rebajas”, sino a algo mucho más sutil y seductor: el frío.

No importa si venden perfumes o ropa de colores desiguales, al pasar por delante de sus enormes puertas abiertas de par en par a la calle recibes una seductora caricia de aire frío que te invita a pasar dentro, aunque no tengas ninguna intención de comprar.

En el caso de las grandes cadenas de perfumerías franquiciadas, y a pesar de que de la recargada mezcla de fragancias resulte insoportable, la verdad es que da gusto deambular un ratito por entre las estanterías con la mirada perdida, esquivando dependientes. Porque lo que hace en su interior no es fresquito sino directamente frío, mucho frío.

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Irresponsabilidad

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy.

Resulta increíble el incesante desfile de presiones al PSOE para que permita la investidura de Rajoy como presidente de Gobierno. Con métodos propios de la propaganda nazi, se repite hasta la saciedad que otra actitud distinta de la abstención sería un signo de irresponsabilidad.

En esa tarea de convertir en verdad incuestionable lo que interesa a los poderes dominantes, contribuyen todos los medios de comunicación escritos, los líderes del PP y de Cs, y, lo que resulta más desolador, prominentes figuras de la historia del partido socialista.

Este bombardeo muestra, por un lado y una vez más, el control absoluto de los medios de comunicación dominantes que ha conseguido la derecha. Esta unanimidad, de darse en Venezuela o en cualquier otro país cuyo gobierno despierte parecidas animadversiones en nuestra prensa derechista, merecería una permanente atención de columnistas y tertulianos como expresión de la falta de democracia.

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¡Pedro, no nos falles!

Se acerca la vuelta al cole. Los anuncios de El Corte Inglés, infalibles, nos lo anuncian en la radio. Y los odio. El final del verano me ha sumido durante años en la mayor de las tristezas. Se acababan las disculpas y las trampas. Llegaba el momento de la verdad, de enfrentase al colegio, al vértigo de no haber hecho las tareas, a los exámenes de septiembre, a pasar de curso por los pelos.

Lejos por la edad de todo eso, aún me siguen estremeciendo las publicidades que nos abocan al inevitable regreso a la realidad más auténtica de lo cotidiano. Del trabajo, la familia, las facturas, los impuestos y demás. Sin embargo, este no ha sido un verano cualquiera. Ha sido diferente. Extraño, intenso, duro, apasionante y también decepcionante.

Tuvimos un principio amargo. Perdimos la Eurocopa y vimos pasar al cometa Obama por España tan rápido, que a nuestros políticos todas las fotos que se hicieron con él les salieron movidas. La buena imagen de Vueling, trabajada durante años, se esfumó en tres días de caos y enseguida pasó a sustituir a Ryanair en los chistes de retrasos. Felipe González nos agobió con entrevistas, declaraciones y artículos con su renovado sentido de la responsabilidad histórica. Se nos murió Emma Cohen mientras media humanidad (al menos eso decían los periódicos) andaba cazando pokemons. Y llegó el atentado de Niza, de una brutalidad tan estremecedora, que parece mentira que casi lo hayamos olvidado. Pero ni era el primero, ni, por desgracia fue el último. Este ha sido en ese sentido uno de los veranos más aterradores de los últimos años.

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Ganas de gritar

Fotograma del film"Topper returns", 1940

Podría haber sido un cuadernillo de crucigramas, una revista de bricolage, un Diez Minutos, sin embargo, en uno de esos tiempos muertos de la siesta de agosto me encontré leyendo la revista mensual del Financial Times. En mis manos de trabajadora precaria que pasa el verano en Madrid por falta de dinero, cayó precisamente la How to spend it (cómo gastarlo).

La revista desde luego es magnífica. Tiene una edición envidiable. ¿Anuncios de ropa para la próxima temporada? ¡No! Anuncios de joyas, zafiros y diamantes para siempre. ¿Promoción de práctico monovolumen? Ni hablar: Empresa de alquiler de jets con piloto incorporado. Por supuesto se anuncia un banco pero ¿prometiendo menos  comisiones o ventajas en préstamos o hipotecas? ¡Deja! Este es el banco para gente con dinero, la mejor opción si tienes un día filántropo. Tus ahorros pueden ayudar a una buena causa, ellos te ayudan a tramitar tu impulso caritativo.

Unas páginas más adelante me sale al encuentro, precisamente, un ejemplo de filantropía. Un empresario nicaragüense, y su mujer, de profesión "filántropa" según la Wikipedia, han abierto un complejo turístico, sí, pero también un hospital para niños quemados (la señora sufrió graves quemaduras tras un accidente de avión). Sin embargo, en cuanto profundizas un poco –cosa que por supuesto hice- te encuentras las declaraciones del hombre donde enseguida se le escapa la palabra "negocio". Uy. Esa palabra en el supuesto contexto de la salud por la caridad cristiana.

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Sobre consejos y violaciones

Las mujeres somos constantemente bombardeadas con consejos (casi siempre por parte de hombres, de la policía o de las instituciones) para evitar violaciones. 

Consejos como: "lleva el número de la policía en la marcación abreviada", "lleva dinero para emergencias y ¡no te lo gastes!" (en el "no te lo gastes", no sé ustedes, pero yo veo una orden), "dile a todo el mundo dónde vas". Éstos últimos son algunos de los consejos que nos dio a nosotras el mismísimo Instituto de la Mujer de Castilla y La Mancha para evitar violaciones en cita. En contraposición, daban 8 consejos –que más que eso eran súplicas– para ellos, tipo: "No te ofusques" o "no te pongas pesado".

Cuando das consejos que más que empoderarte te generan miedo, y más que consejos son órdenes que parecen culpabilizarte si algo sale mal, es que en algo estamos fallando. Máxime cuando los consejos que tienes que darles a los que luego violan ni son consejos ni son órdenes, y más bien son frases que le dirías a un niño pequeño: "No te ofusques". 

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El burkini: totalitarismo, patriarcado y xenofobia en la Europa de las libertades

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En estos días, la vestimenta de las musulmanas ha vuelto a estar de actualidad porque al menos diez ciudades costeras francesas han prohibido el burkini, un bañador de cuerpo entero con un gorrito, que utilizan las mujeres que no quieren mostrar el cuerpo. Como obedeciendo a una consigna, algunos alcaldes – la mayoría del partido Republicano de Sarkozy, más un socialista- decidieron a la vez que ese traje de baño debía ser erradicado de las playas francesas.

Los argumentos para la prohibición, como siempre, han sido de lo más diverso, pero al saltar a los medios españoles, hay básicamente uno: que el burkini representa la opresión sexista y las mujeres que lo portan, la vanguardia del islam y el oscurantismo fundamentalista.

De este modo, el prohibicionismo sostiene que esas vestimentas son símbolos que atentan contra la autonomía de las mujeres, contra la igualdad de géneros y que por tanto, necesariamente las mujeres lo llevan contra su voluntad, mostrando justamente su sumisión y necesidad de ser liberadas y empoderadas. O aún peor, lo llevan voluntariamente, lo cual muestra su intención de extender esos valores patriarcales en la “Europa de las libertades”. La discusión sobre el burkini ha hecho reaparecer también al pañuelo y al niqab, como parte del escenario discursivo.

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Trump y la élite de los ignorantes

Descubro por un amigo que existió en Estados Unidos un movimiento llamado Know Nothing ( Saber Nada). Operó a mediados del siglo XIX y dio lugar a un partido político, el Native American Party, que permaneció activo apenas dos décadas.

Su base ideológica era la pura xenofobia, proyectada fundamentalmente contra irlandeses y alemanes. Su eslogan: "Native Americans Beware of Foreign Influence" ("Protegiendo a los nativos americanos de la influencia extranjera"). Sostenían que solo los auténticos americanos (o sea, los protestantes) debían tener acceso al sistema educativo y al empleo público, y que debían reforzarse las fronteras porque solo así se mantendría pura la mentalidad y el espíritu de la república. 

Al enterarme de todo esto me pregunto si soy el primero en vislumbrar un paralelismo con la figura de Donald Trump. Obviamente, no lo soy. Google me muestra una docena de artículos, en blogs y periódicos estadounidenses, que comparan, punto por punto, las ideas xenófobas de Trump con las del partido decimonónico.

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Españoles, aprendan catalán

Como cada año Rajoy recomienza su año político en Ribadumia, una localidad de la provincia pontevedresa, el feudo político de Nené Barral condenado por narcotráfico y blanqueo. Desde allí, respaldado por Rivera, prometerá luchar contra la corrupción y por la regeneración de la política.

Si a usted no le habían contado de por qué Rajoy comenzaba el ciclo político cada año desde ese ayuntamiento y tampoco le mostraron la foto del candidato Feijóo a bordo del yate de Marcial Dorado, procesado por narcotráfico y blanqueo, debería preguntarse qué medios de comunicación tiene España y hasta que punto esto está siendo una democracia o una monarquía bananera.

También puede preguntarse cómo es posible haber llegado a este grado de absurdo, de sinvergonzonería y encanallamiento. Todo está relacionado, lo que hemos vivido en el siglo pasado y concretamente en las últimas cuatro décadas es un continuo hasta este aquí. Habría que ir hacia atrás, a la fuente, pero no puedo ni quiero hacerlo de modo pretendidamente científico permitan entonces que les hable de mi abuela materna.Las abuelas son los verdaderos ángeles, las figuras tutelares, y pertenecen a otro mundo. Mi abuela Dolores era de otro mundo y en éste mundo mío correría peligro de ir presa, pues era una fuera de la ley.

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¿Qué es corrupción?

Corrupción, según el diccionario, es soborno o cohecho, perversión o vicio. Creo que es una definición claramente insuficiente. Faltan detalles, como en el papel que puso Ciudadanos en la sien del PP a cambio de negociar la investidura. Y así estamos. No se entienden las prisas de Albert Rivera por hacer firmar a Rajoy una vaga declaración de intenciones, que han tenido que ir matizando a cada minuto que pasa.

En este momento, con el acuerdo inicial solemnemente sellado, no sabemos si la limitación de mandatos tiene carácter retroactivo y, por lo tanto, este sería –si llega- el último gobierno de Rajoy. No sabemos por qué se le pide al PP el compromiso de reformar la ley electoral si para ello hace falta el PSOE, que no está en el pacto. Tampoco es fácil de comprender para qué sirve el compromiso genérico de eliminar los aforamientos, si para eso hay que reformar la Constitución y también es necesario el PSOE, que sigue sin estar en el pacto. Y es extraño que una de las condiciones sea la creación de una comisión de investigación sobre la presunta financiación ilegal del PP, cuando no hace falta el consentimiento de Rajoy para llevarla adelante: el resto de partidos están de acuerdo y para esto sí tendrían una mayoría suficiente. Quizá el punto que parecía más claro era el que hacía referencia a la dimisión de todos los cargos públicos imputados por corrupción. Y resulta que aquí es donde se ha enredado Ciudadanos de manera absurda.

Cada día tengo más claro que la exigencia sobre los imputados se redactó única y exclusivamente para que Rivera pudiera cobrarse la cabeza de Rita Barberá, una vez que hable el Supremo. Es lo que más rédito le ha dado a Ciudadanos hasta ahora, el poder colgarse las medallas de la jubilación de Chaves y Griñán o de aquellas personas implicadas en casos de corrupción en la Comunidad de Madrid. Y a mí me parece estupendo que trabajen por regenerar la vida política. Pero como da la sensación de que redactaron sus exigencias pensando en Barberá, se han encontrado con que hay imputaciones presentes más urgentes que las futuras. Eso les ha empujado a meterse en un frondoso jardín para definir la corrupción. Y claro, limitarlo –como hicieron en un primer momento- al enriquecimiento personal por meter la mano en la caja y a la financiación ilegal, equivale a blanquear a un montón de políticos que no se lo llevaron para ellos, pero sí despilfarraron de manera salvaje el dinero público, en muchos casos a sabiendas. Después, en Ciudadanos han abierto el abanico al enriquecimiento a terceros, pero es algo que también necesita concreción. Y sinceramente, no hay nada que le venga mejor a Rajoy que aquellas exigencias en las que caben todo y también nada. Es el camino más corto para que el líder del PP haga lo que mejor sabe hacer: todo y nada al mismo tiempo.

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