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El derecho y la obligación de ser Jerry Fletcher

Si descartamos, por principio, una teoría de la conspiración es porque creemos en el sistema y confiamos en los controles existentes

Hoy, todos: ciudadanos, jueces, fiscales, policías y periodistas debemos evitar dar algo por hecho… por muy lógico y plausible que parezca

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Jerry Fletcher

Jerry Fletcher en La teoría de la conspiración.

Hace exactamente 20 años se estrenaba en Estados Unidos un entretenido largometraje titulado, originalmente, La teoría de la conspiración. En él, Mel Gibson encarnaba con maestría el papel de Jerry Fletcher, un paranoico taxista de Nueva York que creía ver en cada esquina todo tipo de tramas ocultas, manos negras y conspiraciones pergeñadas desde el poder. Aunque poco a poco se va confirmando que Jerry no anda desencaminado en sus, aparentemente, descabelladas hipótesis, el personaje (patriotismo exacerbado aparte) no deja de ser una caricatura del típico “conspiranoico” con el que nos topamos, de cuando en cuando, en el bar, la oficina o las redes sociales.

Yo era uno de esos que me reía y repudiaba sistemáticamente a cualquier Jerry Fletcher que se cruzara en mi camino. Nunca he soportado la llamada teoría de la conspiración, independientemente de cuál sea el tema sobre el que se desvaríe: ya fueran polémicas inocuas como la muerte de Elvis, la llegada del hombre a la luna o los extraterrestres de Roswell… o campañas mediáticas y políticas tan deleznables como la que se emprendió en nuestro país para intentar vincular con el 11M a ETA, al PSOE, a la policía y al sursuncorda.

El problema es que desde hace seis o siete años se están produciendo una serie de hechos que nos obligan, aunque no lo queramos, a dudar de casi todo. Yo he sido el primero en sorprenderme y hasta casi escandalizarme de mí mismo al cuestionarme la versión oficial sobre la muerte de Miguel Blesa. Parece claro, por el resultado de la autopsia y por el testimonio de quienes le acompañaron en sus últimas horas en la finca Puerto del Toro, que el banquero se suicidó. Y si todo apunta a que fue así, ¿por qué sigo albergando una duda más irracional que razonable sobre este tema? Antes que seguir flagelándome, he preferido buscar respuestas.

Si descartamos, por principio, una teoría de la conspiración es porque creemos en el sistema y confiamos en los controles existentes: la policía, la Justicia, el Gobierno, la Prensa… Es aquí, llegados a este punto, donde toca repasar algunas de las cosas que hemos descubierto en la última década:

-El presidente del Gobierno ha sido acusado por el extesorero de su partido de cobrar sobresueldos en dinero negro.

-Los hijos de otro extesorero del partido del Gobierno han denunciado que su padre ha sufrido “extrañas” caídas en la puerta de su domicilio. Esos “accidentes”, a la postre, le inhabilitaron para declarar ante el juez.

-El partido del Gobierno ha destruido pruebas solicitadas por la Justicia.

-El partido del Gobierno pagó con dinero negro las obras de reforma de su sede central.

-El partido del Gobierno está siendo investigado por financiación ilegal.

-Gracias a unas grabaciones nos enteramos de que el Ministro del Interior creó una policía “patriótica” para atacar a sus adversarios.

-Gracias a esas grabaciones supimos que se elaboraban informes policiales falsos sobre adversarios políticos.

-Gracias a esas grabaciones supimos que el Gobierno utilizaba a la Fiscalía para “afinar” esos informes.

-Gracias a esas grabaciones supimos que había periodistas dispuestos a publicar lo que les pusieran en las manos sin comprobar su veracidad.

-Gracias a otras grabaciones supimos que un supuesto gran corrupto intentaba conseguir, y consiguió, que trasladaran al juez que instruía su caso.

-Gracias a esas mismas grabaciones supimos que ese supuesto gran corrupto intentaba conseguir, y consiguió, que nombraran Fiscal Anticorrupción a una persona de su confianza.

-Ese Fiscal Anticorrupción, cuando tomó posesión, intentó frenar un registro policial en el domicilio del supuesto gran corrupto.

-Ese Fiscal Anticorrupción se dedicó a cesar a algunos de los fiscales que más luchaban… contra la corrupción.

-Ese Fiscal Anticorrupción acabó dimitiendo porque se descubrió que tenía una empresa en un paraíso fiscal.

-Gracias a otras grabaciones supimos que había periodistas y empresarios de la comunicación que presionaban para evitar que se investigara a supuestos corruptos

-Han “desaparecido” de instituciones públicas documentos clave relacionados con tramas de corrupción.

-Uno de los comisarios implicados en la llamada policía patriótica está siendo investigado por el apuñalamiento de una doctora que había denunciado el acoso sexual al que la sometía un amigo íntimo de los Reyes de España.

-En ese mismo caso se relevó al policía que investigaba los hechos y que había confirmado la supuesta responsabilidad del comisario.

-Se han producido varios robos en casas de fiscales y de inspectores de Hacienda que investigan casos de corrupción.

-Se han forzado cambios en los juzgados y las comisarías para apartar a jueces y policías de investigaciones especialmente sensibles.

-Y la última y más reciente: el Fiscal General del Estado ha premiado con un ascenso al fiscal que, según sentencia del Tribunal Supremo, vulneró los derechos de una juez a la que investigó sin base ni competencias para hacerlo. Casualmente, esta investigación irregular se produjo en plena campaña electoral en la que la juez se presentaba como candidata de un partido de la oposición.

Es solo una pequeña muestra en la que he evitado, intencionadamente, mencionar otros hechos menos explicables como las extrañas muertes de varios actores de la trama Gürtel. No he llegado, al menos todavía, a ser tan paranoico como el taxista neoyorquino que interpretaba Mel Gibson. Sigo creyendo, o quiero seguir creyendo, que gracias al trabajo de políticos decentes, jueces insobornables, fiscales valientes, policías honestos y periodistas rigurosos, la verdad acabará saliendo a la luz. De hecho, es gracias a algunos de ellos por lo que hemos conocido esos vergonzosos acontecimientos que he incluido en la lista anterior.

Sin embargo no podemos hacer como si no pasara nada, como si la situación fuera la misma que hace 10, 20 o 30 años. Si entonces alguien me hubiera adelantado algunos de los tejemanejes que se iban a producir en España, me hubiera contado detalladamente lo que se relata en el magnífico documental de Mediapro/Público “Las cloacas de interior” o en la estupenda serie de podcast de la Cadena SER “V, las cloacas del Estado”, con toda seguridad le habría dado la espalda tachándole de conspiranoico. Hoy, todos: ciudadanos, jueces, fiscales, policías y periodistas debemos evitar dar algo por hecho… por muy lógico y plausible que parezca. Son ellos: los Nachos, Rafas, Jorges, Marianos y Uves los que nos obligan a cuestionarlo todo… a dudar de todo... a buscar una tercera confirmación de lo ocurrido. Son ellos, y solo ellos, los que nos han dado el derecho y hasta la obligación de ser Jerry Fletcher.

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