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El gran peligro de Europa es el auge del fascismo

En lugar de estar hablando de por qué se permiten campos de concentración en Europa y la violación de los derechos humanos, se induce la asociación de migrantes con terrorismo.

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Sorteando alambradas

Sorteando alambradas, protegiendo a sus hijos

Los ves bajar de la barcaza, llorando, ateridos de frío y miedo. Padres y madres que cargan a sus hijos. Mujeres entradas en años, obligadas a afrontar el riesgo de un viaje incierto por huir de una vida aún peor. Ancianos que han de ser sostenidos por otros para caminar. Los propios chiquillos que han ofrecido una cadena de expresiones con todos los registros, hasta llegar al cuerpo inerte del niño-niño como dormido en la derrota que no le permitirá despertar jamás.

Algunos, los más jóvenes sobre todo, muestran alegría en las metas superadas. Pero todos ellos han de sortear después el calvario que la Unión Europea y algunos países en particular les deparan. Desde alambradas con cuchillas -de fabricación española, por cierto- a engaños y encierro. Y cuando casi vislumbran la meta les levantan una barricada más. Tenemos las retinas llenas de sus caras, su dolor, sus carreras, su resolución. Son una evidencia que sacude la infinita hipocresía de Europa, una conmoción para las conciencias, si se tienen. Europa se derriba a sí misma al hundir Schengen.

Es posible advertir a los periodistas que trabajan sobre el terreno -salvo la desnaturalizada húngara Petra Laszlo cuyas excusas no cuelan- sobrepasados por la magnitud de la tragedia. La Europa de la austeridad ha resucitado hasta los campos de concentración para recluir a los enemigos… de la codicia, a sus víctimas hoy más ostensibles. Una doctora española cuenta a Ana Jiménez de TVE que los centros de internamiento -de reclusión en realidad- de Hungría están peor dotados y atendidos que los de África. Olga Rodríguez aguanta el tipo para describir el trato inhumano que reciben: como animales. Como piara de cerdos, sí, les echan comida guardias húngaros al servicio del gobierno ultraderechista de Viktor Orban. Gobierno votado en las urnas, naturalmente, por individuos con ese derecho.

Hungría lidera el fuerte impulso de algo que se parece extremadamente al fascismo y varios países cercanos se están situando en la misma órbita. Este martes pone en vigor una ley más del corte autoritario que le caracteriza y que le permitirá hasta encarcelar emigrantes. Y así vemos a la embajadora húngara en España declarar en La Sexta Columna, de A3Media, que les preocupa “la composición étnica de Europa”. La malcarada, agria y soberbia representante de un país casi irrelevante en la cada vez más irrelevante Unión Europea se permite situarse como modelo étnico y decidir quién lo cumple y quién no. Asombra la desproporcionada autoestima de esta gente que se cree superior a otros. Y el peligro que entraña la defensa de esa pretendida pureza racial con estos métodos.  El fantasma de los años 30´revive tal cual. 

Orban, el amigo de Aznar, “preocupa desde hace tiempo en Europa”, dicen, pero no han movido un dedo para pararlo. Ni uno. La mano, para darle palmaditas en la espalda. Grecia es ejemplo de que, cuando el mando en Bruselas quiere ejecutar y castigar a alguien, lo hace sin la menor contemplación. Claro que solo es cuando adeuda dinero, no derechos. Marine Le Pen y Sarkozy en Francia, los ultras de los países nórdicos que se adueñan de las encuestas, Cameron que ha salido del armario de derecha radical con su mayoría absoluta, el PP español al que el húngaro considera su mejor aliado… Ya están aquí. Parecía una broma –el efecto Godwin, decían- y los tenemos tomando decisiones. Y ganando poder por días. 

Los que más asusta son ciertos especímenes humanos. Los que pegan y prenden fuego a refugiados, y los que preparan las hogueras. “Yo esto de los refugiados lo arreglaba fácil: cuatro bombas y fuera. Total se están matando en sus países”, escuché decir con mis propios oídos al conductor de un microbús, jaleado previamente por un grupo de mujeres ignorantes y racistas. Escenas como ésta se suceden y cualquiera las relata.

 De nada les valen los convenios internacionales, todas las normas que Europa está incumpliendo con los refugiados o la escasa proporción de su número: los llegados entre 2014 y 2015 suponen el 0,065 de la población de la UE. Políticos sucios y periodistas a su servicio con el mismo tizne lanzan y recogen la cuerda para identificar migrantes con terrorismo. Cuando hasta Alemania ha negado esa relación. Todo argumento es inútil si el racismo anida en esos seres embrutecidos y oscurantistas.

La derecha neoliberal, más o menos xenófoba, controla el temario del debate en favor de sus intereses de poder y económicos. Han logrado colar el discurso que les conviene y, en lugar de estar hablando de por qué se permiten campos de concentración en Europa y la violación de los derechos humanos, se induce la asociación de migrantes con terrorismo. Pura técnica goebbeliana en la que caen hasta periodistas bienintencionados. 

El PP ha pedido defender a la industria armamentística y lo que ellos entienden por informar a los ciudadanos de los beneficios que produce la investigación en este terreno. La investigación y las ganancias empresariales que cuida con esmero el Ministro Morenés. No necesitan fingir. Esta es la hipocresía europea, dado que los principales vendedores de armas están aquí y en EEUU y esas armas han servido en algunos casos para violar derechos humanos. En países de los que, como Siria, ahora huyen los ciudadanos.  Sus votantes no se lo cuestionan. 

Crecen los pobres y los multimillonarios. Para eso se gobierna. El último informe de Intermon Oxfam así lo demuestra una vez más. Los recortes y la política fiscal tienen una influencia directa en el aumento de la desigualdad. Y, tras comprobar sus resultados, los presupuestos 2016 ahondan en la misma dirección, según la ONG. En España se han duplicado los multimillonarios y ya hay tres millones de pobres. Más del 50% de los hogares no llega a fin de mes. Un lector comento: “Y ahora encima los sirios”.  No acabemos con este atropello que me quita lo mío para aumentar el lujo de unos pocos, no: los sirios. Baja la cerviz y calla: que paguen los sirios. Hasta que la voracidad de la codicia y la hipocresía lleve la emigración a su puerta.

La muerte de Aylan, los ahogados de cada día, las decenas de criaturas arrastradas por los caminos, las vallas, las terribles escenas que muestran los informativos, han cambiado la percepción de otras muchas personas. Por eso, algunos políticos –como el PP de las alambradas con cuchillas y de los muertos de Ceuta- se mueve internando contentar a las distintas sensibilidades. A los racistas y a quienes les incomoda lo que ocurre.

Preocupa en la ultraderecha de la UE “la composición de la etnia europea” Y la Hungría que cierra caminos, encarcela migrantes y los trata como animales es la que, según parece, se ha arrogado el derecho de repartir los carnés de pureza étnica. Y todavía hay quienes piensan que no pasa nada. 

Miles de personas están saliendo a la calle en apoyo de los refugiados políticos y económicos. Varias ciudades toman la iniciativa para crear una red de acogida, desde Barcelona a París. Organizaciones No Gubernamentales piden a Europa que cumpla, los desplazados no pueden esperar. La gran esperanza, la única, es que estas mareas muevan a la Europa que se unió –aunque como alianza económica-  precisamente para combatir el fascismo que desintegró sus pueblos, el que está volviendo a arraigar en ella. El ascenso del fascismo es hoy uno de nuestros más graves problemas.

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