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Por la boca muere el pez… y Ayuso y Feijóo, también

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, interviene en un mitin durante la campaña electoral de Aragón
5 de febrero de 2026 22:32 h

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Ya lo dice el viejo refrán: por la boca muere el pez. Y Ayuso y Feijóo, también. Apenas han pasado dos meses desde que dejaron para la hemeroteca frases demoledoras contra Pedro Sánchez, contra el PSOE y contra el Gobierno al completo a cuenta del “caso Salazar” que destapó elDiario.es

¿Recuerdan? El ex asesor del presidente acusado de acoso sexual por varias de sus colaboradoras en Moncloa y en Ferraz que fue expulsado de la dirección del partido y destituido fulminantemente como secretario general de Planificación Política de la Presidencia ante las primeras denuncias publicadas en julio del pasado año por este periódico. Cinco meses después, el escándalo cogía aún más vuelo cuando a esta misma redacción llegaron pruebas incontestables de que el PSOE había cortocircuitado de su canal interno para casos de acoso los escritos remitidos por al menos dos de las denunciantes.

El PP se despachó a gusto, y no sin razón, contra el que fuera uno de los principales asesores del presidente del Gobierno, al que Feijóo llamó “guarro”, en un desconocimiento absoluto de la realidad normativa de su país. El acoso sexual es un delito que nada tiene que ver con la higiene personal, sino con una conducta tipificada en el Código Penal que, según los casos, implica pena de prisión y/o multas, con agravantes para casos de superioridad (laboral/docente), menor de edad o vulnerabilidad, pudiendo incluir inhabilitación profesional.

Marrano o no, la doctrina Feijóo establece que un “guarro” no puede ser asesor del presidente del Gobierno, pero sí alcalde de Móstoles si este último es del PP, se entiende. La instrucción del líder del PP se deduce de las palabras con las que este jueves despachó las preguntas sobre el PP de Madrid, cuyos máximos dirigentes, presionaron a una concejal para tapar una acusación de acoso contra el popular Manuel Bautista. “El amparo del partido pasa porque te quites de la cabeza cualquier tipo de denuncia, Protegerte es no hacer nada”, le dijo Ana Millán, vicesecretaria de Organización del partido y vicepresidenta de la Asamblea de Madrid, la persona a la que se le asignó el caso.

Según las citas textuales recogidas en los escritos que la concejala elevó al partido y publicados en El País, Millán le desaconsejó desde el comienzo que acudiera a un juzgado con frases como: “¿De verdad te merece la pena? ¿Por tus hijos, por ti, por tu padre?”; “Ayuda no es hacerlo público, eso te va a hundir”; “Lo que no puede ser bueno para ti es una denuncia en el juzgado, porque te comen”; “El PP está para ayudarte, ese amparo pasa por quitarte de la cabeza cualquier tipo de denuncia”; “Vamos a parar esto. Esto es un acoso de manual. Tienes que protegerte a ti, y protegerte es no hacer nada”. Y en parecidos términos le habló el secretario general del PP de Madrid, Alfonso Serrano, de verbo ágil cuando se trata de descalificar al adversario y parcas palabras cuando a quien afectan los escándalos es a su propio partido, ya que despachó a la edil de su partido con un calladita estarás mejor.

Para quienes hayan enterrado entre los pliegues de su memoria lo que dijeron el PP y sus dirigentes sobre el escándalo Salazar, basta recordar que los de Feijóo reivindicaron durante aquellos días su protocolo anti acoso frente a la parálisis del PSOE con las denuncias contra el ex asesor de Moncloa. En Génova, afirmaron que contaban con un Código Ético y una Oficina de Compliance que analiza las denuncias. Justo la que decidió archivar la presentada por la concejala de Móstoles, y donde le recomendaron que cerrara la boca y se marchara por dónde había llegado.

La hemeroteca está repleta de declaraciones de los dirigentes del PP sobre el asunto Salazar y la exigencia de responsabilidades política a Sánchez por haberle tenido en la nómina de sus más estrechos colaboradores. Feijóo dijo aquello de que “Salazar es un guarro y un guarro no puede ser asesor de cabecera del presidente del Gobierno” y que se avergonzaba de que el PSOE hubiera intentado “dar carpetazo y mirar para otro lado” a las denuncias de militantes socialista. Ayuso no se quedó atrás en la ofensiva contra los socialistas y “su falso feminismo” y hasta llegó a decir que  con Salazar nació el concepto de las listas cremallera, en alusión a la bragueta del ex asesor.

Uno y otro ahora se sacuden la responsabilidad y niegan la mayor sobre el supuesto acoso sexual de su regidor: que si es una venganza; que si la presunción de inocencia; que si no hay una causa judicial; que si es un caso fabricado; que si se investigó y nada se probó…. Qué curioso que todos y cada uno de los argumentos sean casi idénticos a los que se escucharon en las filas socialistas ante las primeras informaciones sobre Salazar. Pero mucho más que sean ahora quienes quemaron en la hoguera pública a todos los socialistas por el comportamiento de un asesor quienes echan tierra sobre el escándalo del alcalde mostoleño. Y, con todo, lo más lacerante es que en 2026 se repitan idénticos patrones machistas a los del siglo pasado. 

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