El día en que una nueva educación se abrió paso: un paseo por los últimos grupos escolares republicanos fundados en Madrid
Desde hacía dos meses, la esperanza había vuelto a gran parte de la sociedad española. El triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 trajo consigo aires de renovación ante un bienio derechista anterior en el que se legisló contra los avances sociales de los primeros años republicanos. El impulso de una educación laica, mixta y pública pronto volvió a tomar fuerza. Tan solo en Madrid, en abril de aquel año y tres meses antes de la sublevación militar, cuatro nuevos grupos escolares poblaron sus calles en el barrio de las Letras, Usera, Batán y Casa de Campo. Bienvenidos, bienvenidas, a este peculiar paseo por una capital que irradiaba ilusión ante el porvenir.
El guía principal de esta ruta es Carlos Díez Hernando, pedagogo jubilado e investigador y divulgador de la educación durante la Segunda República. Forma parte de la asociación Calles Dignas – Justa Freire, impulsora de la actividad con la que este domingo, 19 de abril, visitarán los cuatro grupos escolares inaugurados el martes 14 de abril de 1936. La teatralización está servida. Díez hará las veces de un periodista, becario del ‘Ahora’, enviado por Chaves Nogales al evento.
El periódico mencionado publicó una pequeña nota sobre la creación de los cuatro nuevos grupos en su edición del día siguiente. El último en hablar aquella jornada fue el ministro de Instrucción Pública, Marcelino Domingo. “Se congratuló de la obra de asistencia que el pueblo presta a estas mejoras escolares y terminó enalteciendo la obra de la democracia, que es creadora de la única aristocracia que él admite: la del espíritu”, recogieron en la crónica sin firmar.
La nueva pedagogía llega a España
Díez ubica en aquel abril de 1936 un estado eufórico ante la derrota de la derecha de la CEDA. “En el primer bienio republicano se inauguraron 18 grupos escolares en Madrid. Con la derecha en el poder, solo dos, y tras la victoria del Frente Popular, en apenas unos meses antes de la guerra, cuatro”, cifra. Es de esta forma como el Gobierno intentaba paliar la gran cantidad de pequeños sin escolarizar.
Desde el punto de vista del pedagogo, no solo se trata de un fenómeno llamativo a nivel cuantitativo, sino cualitativo, basado en el artículo 48 de la Constitución aprobada en 1931. “Ahí se establece que la educación es responsabilidad exclusiva del Estado. También es una educación que asume las innovaciones de la llamada Escuela Nueva llegada desde Europa”, añade Díez.
Se refiere a la introducción de nuevos métodos con los que enseñar a las pequeñas e incipientes mentes frente a la educación tradicional, como el Freinet y el Montessori. Ello fue posible por la formación de los maestros y maestras más allá de las fronteras españolas gracias a las becas de la Junta de Ampliación de Estudios y la Institución Libre de Enseñanza (ILE).
La escuela irradia cultura
Victoria Martínez Latorre, docente jubilada, este domingo se convertirá en la maestra Justa Freire. “En 1931, en Madrid había unos 40.000 niños y niñas en las edades obligatorias de escolarización, de los 6 a los 12 años”, apunta. Por otro lado, esta profesora recalca que la arquitectura de los colegios que ocuparon estos grupos escolares también estaba pensada al milímetro. “Algunos de ellos siguen utilizándose como colegios y podemos apreciar su gran iluminación y cantidad de espacios y galerías que creaban un ambiente limpio y bello, saludable, en realidad”, agrega.
Este último factor no es baladí. La escuela podía ser el único lugar en el que niños y niñas recibieran una revisión médica o una comida completa y sana al día. Asimismo, la escuela se convirtió en el epicentro de un potencial infinito: la creación y el disfrute de la cultura. Martínez explica que este tipo de pedagogías incorporaron la enseñanza de las artes, en su sentido más amplio, a través de la pintura, la música, la lectura y los coros. “Así, la cultura también salía hacia fuera, hacia las familias de los niños y niñas”, apunta.
Autoridades republicanas escuchan problemas actuales
Este domingo, la asociación Calles Dignas – Justa Freire se vestirá con sus mejores galas para acercarnos a los cuatro grupos escolares inaugurados en aquel quinto aniversario de la proclamación de la Segunda República. A lo largo de esta ruta que se prevé de más de tres horas de duración y varios viajes en metro, aparecerán hasta 32 personajes, a través de los que se abordarán temas como la educación infantil, el laicismo en las aulas, la coeducación y la educación rural.
La primera parada está en el actual colegio Fernández de Moratín, un parvulario recién inaugurado hace nueve décadas con el mismo nombre. Ahí aparecerá la comitiva integrada por el ministro de Instrucción Pública, Domingo, el presidente interino del momento, Martínez Barrio, y el concejal y gran artífice de la educación en la capital, Andrés Saborit, quienes estarán acompañados de la directora del centro, Emilia Olaya.
Los intérpretes comentarán la necesaria educación infantil de la que adolecían los críos de menos de 6 años de la mano, también, de Bernardo Giner de los Ríos, ideólogo de la arquitectura del centro y sobrino de Francisco, fundador de la ILE. Entrará en juego la asociación vecinal Manzanares – Casa de Campo con la participación de varios madrileños de la zona, quienes expondrán a las autoridades republicanas los actuales problemas a nivel educativo que atraviesa el barrio.
Apropiación del patrimonio
La comitiva recalará en el actual colegio Divino Maestro, antiguo grupo escolar Pedro Atienza, ubicado cerca de Lucero. Sin director oficial por aquel entonces, será Julia Álvarez Resano, directora del grupo escolar Rosario Acuña y una de las cuatro mujeres diputadas en Cortes en 1936, quien represente a la dirección. Tras un pequeño homenaje en la Casa de Campo para recordar cómo la República abrió el enclave al pueblo, llegarán al lugar que ocupaba el grupo de Pedro Atienza, donde hablarán sobre la educación laica.
Díez cuenta que se llamó así porque un vecino de Carabanchel, propietario del solar, donó los terrenos al Ayuntamiento para levantar la escuela. “A finales de 1940, el Estado transfirió el centro a una congregación religiosa, así que denunciaremos la pérdida de patrimonio. Ahí debería haber ahora mismo un colegio público, y no uno religioso”, sostiene el pedagogo.
Ángel Llorca, el maestro de maestros
La visita continuará en el colegio Jorge Manrique, en el barrio de Usera, donde hace 90 años estaba el grupo escolar Lope de Vega. En este caso, la conversación versará sobre la inspección médica – escolar a través de Enrique Jaso, histórico galeno que años más tarde adquiriría una importancia inusitada a la hora de proteger a los niños más desfavorecidos por la guerra. Junto a él estarán el director del grupo, Nicolás Escamilla, y otros tantos directores, como Sidonio Pintado, Virtudes Luque, Juliana Torrego y Rosalía de Prado.
El recorrido proseguirá hasta la estatua de Claudio Moyano al inicio de la cuesta que lleva su nombre, muy cerca de Atocha. Allí estará esperando Ángel Llorca, director del grupo Cervantes y, de alguna manera, maestro de todos estos directores regeneracionistas. “Era muy veterano, pero también su referente. Se jubiló poco antes del inicio de la guerra”, detalla Díez. Será él quien hable sobre la ILE, la pedagogía que practicaba y su influencia en el nuevo cuerpo docente.
La maestra republicana María Sánchez Arbós, directora del grupo escolar Francisco Giner de los Ríos, también reflejará su experiencia sobre la coeducación. Lo mismo sucederá con Pablo de Andrés Cobos, director del Claudio Moyano, quien añadirá algunos comentarios sobre la educación rural, mundo del que procedía. Al pequeño coloquio se unirá Ricardo Esparza, maestro navarro que ejercía en el grupo escolar Montesino.
Desde el inicio de la Cuesta Moyano por el Paseo del Prado, se desplazarán hasta el actual colegio Palacio Valdés, antigua ubicación del grupo escolar López Rumayor. “Rumayor era un empresario de la hostelería al que le iba bien en los negocios, y aun así estaba plenamente identificado con el proyecto republicano. Aportó el dinero necesario para crear el grupo escolar que después llevó su nombre”, expone Díez.
Más allá de la participación de la asociación vecinal Sol y Letras, en este enclave aparecerá el director del grupo, Enrique Cubillo de la Fuente, también encargado de las colonias escolares de verano. “La República intentó organizarlas para que los niños que no tenían la posibilidad de salir de Madrid durante el verano, pudieran hacerlo”, explica el integrante de Calles Justas. La ruta se cerrará en torno a las 13.00 horas con la actuación del coro de la Solfónica, que representará a sus colegas del coro de las Misiones Pedagógicas, a las que homenajearán de esta manera antes de unirse a la manifestación por la educación pública que discurrirá por el centro de la capital en esos momentos.
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