El impuesto a los megarricos marca la agenda económica de las izquierdas en la cumbre de Barcelona
A la sombra del encuentro entre los presidentes de Brasil y de España, Lula y Pedro Sánchez, el socialismo europeo celebra en Barcelona dos jornadas de mesas redondas con líderes políticos y académicos que intentan marcar una agenda común frente al trumpismo del odio y el neoliberalismo. En la Fira de Barcelona, el mismo escenario que acoge grandes cumbres empresariales de la ciudad como el Mobile, ministros del Gobierno (ninguno de Sumar, todos del PSOE) y voces progresistas de todo el mundo han marcado una dirección difícil de seguir cuando están en el ejecutivo: subir los impuestos a los megarricos para mejorar el estado del bienestar, intervenir el mercado de la vivienda, controlar la voracidad de la inteligencia artificial y las empresas tecnológicas y apostar por las renovables ante la crisis energética desencadenada por la guerra de Irán.
Algunos de estos asuntos pasan por encima en el memorando acordado por Lula y Sánchez, que ya se mostraron de acuerdo en gravar a las grandes fortunas con un 2% durante la presidencia brasileña del G20 en el 2024, de forma que se conseguirían 250.000 millones de euros. Este acuerdo, por supuesto, sigue sin plasmarse en un gran acuerdo mundial, pero sobre el papel todos los grandes pensadores y políticos progresistas están de acuerdo. El asunto fiscal a las fortunas quedó fuera del memorando, que se centró en asuntos económicos más bilaterales como la cooperación en transición energética ante la crisis del petróleo por la guerra de Irán o garantizar la cadena de suministro de los minerales críticos, necesarios para esta transición y para la electrónica.
Hace tan solo un día, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, hizo viral un vídeo en el que anunciaba que impondrá un nuevo impuesto a las segundas residencias de más de 5 millones de dólares. En los últimos meses, el economista francés Gabriel Zucman ha vuelto a popularizar la idea del impuesto a los megarricos con la publicación de sus últimos libros La riqueza oculta de las naciones: investigación sobre los paraísos fiscales y de El triunfo de la injusticia: cómo los ricos evaden impuestos y cómo hacerles pagar.
Boric con gafas de sol
En la conferencia del economista en la cumbre de Barcelona, el diálogo entre realpolitik y academia cobró cuerpo cuando apareció entre el público y con gafas de sol a modo incógnito un exmandatario sudamericano. “Hola, soy Gabriel Boric, hasta hace unos meses presidente de Chile”, irrumpió, y preguntó cómo delimitar el patrimonio exacto de los megarricos y si debería ser un impuesto destinado a un país o internacional.
“Los analistas financieros deben determinar el valor patrimonial, a partir de los beneficios de las cotizadas, la investigación de las no cotizadas y las tasaciones que hacen los seguros de bienes como yates”, respondió Zucman, al tiempo que expresó que se puede “a la vez” imponer gravámenes internos para beneficios de un país y “un fondo global para ayudar a la educación y la sanidad en países en vías de desarrollo o la transición energética”.
Un superrico, defendió Zucman, es alguien que tiene más de 100 millones de dólares en riqueza. “La riqueza extrema es real, pero cuentan el cuento de que es virtual”, denunció, y puso como ejemplo el día en que Elon Musk, “que decía que no tenía efectivo, encontró 44 millones de dólares para comprar Twitter, convertirla en una máquina de propaganda y después llegar a ser ministro”.
“La Unión Europea requiere una unanimidad de los 27 para aprobar este tipo de impuestos que jamás podrá existir. Pero cualquier país solo podría aplicar este impuesto, con el único riesgo de la migración de bienes”, dijo, y detalló que hay fórmulas para que los millonarios que se lleven fortunas sigan pagando impuestos en el país de origen. “Si uno es ciudadano de los Estados Unidos, sigue pagando impuestos allí toda la vida. Un francés se va a Suiza y deja de pagar. Esto no tiene ningún sentido, al menos deberían seguir pagando unos años, diez o quince, en Francia”, dijo, con un ejemplo que podría servir para los españoles que se llevan sus fortunas a Andorra.
En España, recientemente el ministro de Consumo y Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, propuso un impuesto de estas características, aunque ya existe en España un impuesto estatal de solidaridad a grandes fortunas desde el año 2022, que grava a partir del 1,7% a fortunas de entre 3 y 5,3 millones, un 2,1% entre 5,3 y 10,6 millones y un 3,5% a los que tienen más de esta cantidad. El impuesto a los megarricos se sumaría en las fortunas superiores a los 100 millones de euros.
El impuesto a los megarricos fue también motivo de debate en una de las primeras mesas de la jornada, en la que el economista Tommaso Faccio, experto en impuestos, recordó que Donald Trump propuso en 1999 un impuesto más ambicioso en términos cuantitativos a las grandes fortunas para acabar con la deuda pública estadounidense. “Para acabar con la deuda de Estados Unidos, hacen falta 39 billones de dólares y para acabar con la pobreza extrema, 10 veces menos, 318.000 millones”, detalló.
Faccio detalló que en los últimos 30 años, el 1% más rico ha visto aumentar su riqueza un 115% mientras los menos ricos lo hacían tan solo en un 65%, agrandando la desigualdad y ha querido desmentir un mito de la derecha contra las izquierdas: “No queremos acabar con la riqueza, sino con la pobreza”. “El 10% más rico concentra el 80% de la riqueza”, aportó la secretaria de política económica del Ministerio de Hacienda brasileña Deborah Freire. El exprimer ministro de Suecia, Stefan Lofven, también se mostró partícipe de gravar a las grandes fortunas.
Vivienda, IA y transición energética
Más allá del impuesto a las fortunas, otros temas centrales de la agenda económica como la vivienda, la IA o la transición energética han sido debatidas en el foro progresista con visiones más bien coincidentes. En la mesa sobre vivienda, sin presencia española, el más contundente fue el alcalde de Atenas, Haris Doukas, quien defendió la receta de “controlar precios, restringir la vivienda de corto plazo y turística, proteger contra desahucios y promover la inversión en vivienda social y asequible”, sin que nadie le rebatiera.
El líder de Vooruit en Bélgica, Conner Rousseau, diputado de 33 años, subrayó el hecho de que “hace unos años, un trabajador de la construcción y una limpiadora eran pobres, pero podían pagar una vivienda” y hoy en día “con dos carreras no puedes pagarte una”. Luca Menesini, presidente del Partido Europeo Socialista en el Comité Europeo de las Regiones, se mostró contundente con la idea de que “hay que intervenir el mercado ya”. “Solo eso no nos hará ganar las elecciones en Europa, pero es muy importante”, ha rematado.
En la mesa sobre Inteligencia Artificial, el investigador alemán Christian Kellerman, del German Research Centre for Artificial Intelligence, reconoció que todavía “no está claro” cómo será el impacto de la IA en el mundo laboral, entre visiones que muestran un “renacimiento de las clases medias”, una “canibalización de las clases trabajadoras” o un posible aumento del desempleo. Ante esta incertidumbre, defendió que “la socialdemocracia tiene un campo para crear políticas de rentas”.
El eurodiputado italiano del Partido Democrático Brando Benifei defendió que las regulaciones “tienen que ser claras y evitar la discriminación” y combatir la visión de “unas empresas que quieren que no exista la regulación o la participación de sindicatos”.
En el plano energético e industrial, las voces de izquierda coincidieron en defender la importancia de la transición ecológica para que Europa combata su dependencia de los combustibles fósiles, crítica en plena guerra de Irán, y, de paso, bajen los precios y se ayude a combatir el cambio climático.
La economista Mariana Mazzucato, una de las grandes expertas presentes, defendió que la sociedad “ha fallado” en los tipos de economía que ha permitido. “Las finanzas están en llamas y no tiene por qué ser así”, ha defendido, en una crítica al hecho de que vivamos “una sociedad en que los beneficios no son reinvertidos” en la mejora de las condiciones de vida. “La energía y la vivienda no pueden ser un juego de apuestas que hunden a miles de personas en la miseria”, sentenció.
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