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Macromentiras en el corral ibérico

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En el país de las licenciaturas exprés, másteres falsos, currículos contrahechos y tesis subcontratadas no podemos esperar que la grey política y mediática esté suelta en inglés, menos aún que distingan entre ganadería extensiva e intensiva pero, al menos, cabría desechar la mentira. 

No ocurre. La oposición, arriostrada por una prensa y periodistas incondicionales, ha elegido la mentira como estrategia y acción política. De la oposición, más trumpista que nunca, y de la prensa muy implicada no cabe esperar menos. Lo trágico es que una parte del propio Gobierno y del partido mayoritario en el Ejecutivo de coalición se haya sumado al banquete, consumiendo información en mal estado de conservación y producción insostenible, de manera ansiosa. Lo pagarán en bicarbonato electoral.

La ministra portavoz, otros ministros y los presidentes de Castilla-La Mancha y Aragón han comulgado en la misa negra por la mentira. De los primeros cabe suponer un temor, terror, reverencial a enfrentarse a los poderes fácticos del país. Con respecto a los segundos, Emiliano Garcia Page y Javier Lambán, se trata de un nuevo episodio de su visceral oposición a que Pedro Sánchez sea presidente y que lo sea, además, de un gobierno de coalición progresista. Ambos, desafinados, son el reducto de los fragmentos del neofelipismo agazapado, pero localizables con facilidad en las bancadas de la derecha.

Lo que ha dicho el ministro Alberto Garzón es lo que dicen las instituciones europeas y sostienen gobiernos como el alemán o el neerlandés, las organizaciones medioambientales, el medio rural, los pequeños y medianos ganaderos… Sobre todo lo dice el sentido común y, sorprendentemente, el propio Gobierno de coalición en sus programas y en su acción, singularmente como objetivo en la Agenda 2030. Están además los intereses y el derecho de los consumidores a ser protegidos e informados, principio básico en la legislación europea y española. 

La pregunta es: ¿por qué no puede decir lo que dijo el ministro Garzón? ¿Para quién quieren gobernar estos ministros socialistas del Gobierno? ¿A quién temen y a quién obedecen?

Es, por otra parte, lo que nos viene exigiendo la legislación europea desde 1991, cuyo incumplimiento por parte del Estado español nos ha llevado ante la justicia europea. Entonces, la pregunta es: ¿por qué no puede decir lo que dijo el ministro Garzón? ¿Para quién quieren gobernar estos ministros socialistas del Gobierno? ¿A quién temen y a quién obedecen? Sabíamos que no podrían dormir, pero lo que no sospechábamos es que padecerían tamaña descomposición de vientre.

La mentira publicada y transmitida oralmente afecta desde incluso antes de que formasen gobierno los coaligados; era un aviso. Los propios ministros socialistas lo han sufrido. Por eso, no se comprende de los ministros socialistas que no combatan la mentira y apoyen la verdad, y las propias políticas en su Gobierno que es uno, y colegiado, como reiteradas veces ha insistido su presidente Pedro Sánchez. Es la estrategia de la derecha asilvestrada y trumpista, aprendida de ultramar, en la que la mayoría de los medios de comunicación desempeñan el papel más rutilante. 

Los medios de comunicación se han investido como las unidades antidisturbios del trumpismo ibérico, golpeando la verdad allí donde se hace presente, dejando así la arena política, legítimo espacio de debate y crítica, convertida en un campo de minas. Es la verdadera policía del sistema, no golpea físicamente como la rupestre, no nos da palos, nos están moliendo a mentiras. Golpes contra la verdad, contra la democracia a la que no dudan en hacer tambalear. El aniversario del asalto al Capitolio ha querido coincidir con esta nueva mentira para recordarnos los peligros a los que se expone la democracia.

Dejó dicho Simón Bolívar: “Nos dominan con el engaño, no con la fuerza”. Es su estrategia, pudrir la democracia y a sus gobiernos mentira tras mentira, golpe a golpe.