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Granada celebra la Toma más silenciosa tras el fallecimiento del concejal de Cultura dos días antes

Un año más, se han visto banderas preconstitucionales

Álvaro López

Granada —

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Desde el silencio casi sepulcral por momentos en la Plaza del Carmen hasta el pasamanos con las autoridades antes de la visita a la Capilla Real, todo el ceremonial que se ha llevado a cabo en el marco de la conmemoración de La Toma de Granada por parte de los Reyes Católicos el 2 de enero de 1492 ha estado marcado por el fallecimiento del concejal de Cultura, Juan Ramón Ferreira, el pasado 31 de diciembre. Su inesperado deceso ha dado pie a una de las celebraciones menos festivas que se recuerdan.

No en vano, los actos, que recuerdan el fin de la llamada Reconquista de la península Ibérica por parte de los Reyes Católicos en el siglo XV, se han celebrado a pesar de la muerte del edil porque desde el Ayuntamiento de Granada se acordó un día de luto oficial, que se limitó al 1 de enero. Algo que no sucedió en 2022 cuando falleció José María Corpas, entonces concejal de Economía en activo, en cuyo caso sí se decretaron dos días de luto oficial.

Luto visible

Pese a la no suspensión, el deceso del edil se ha notado no solo en el silencio que ha cargado el ambiente de un evento que suele concentrar gritos y algunos enfrentamientos entre detractores y defensores de esta ceremonia. Por ejemplo, las vallas colocadas en la Plaza del Carmen para delimitar la asistencia de ciudadanos han sido de color negro y la evidencia más notable de lo duro del momento para muchos de los concejales, han sido los rostros tristes de los ediles que han compatido corporación con Ferreira hasta este pasado 31 de diciembre. Especialmente abatidos se ha visto a la alcaldesa Marifrán Carazo y al portavoz del equipo de Gobierno, Jorge Saavedra.

En cuanto a la carga política de la cita, en esta ocasión tampoco han faltado quienes han portado banderas preconstitucionales en los actos de la plaza del Ayuntamiento. Aunque es cierto que otro año más la presencia de partidos y organizaciones de izquierdas ha sido nula por momentos, no se han gritado consignas especialmente polémicas, salvo algún 'Arriba España' que no ha tenido demasiado eco entre los asistentes. Sí se han producido vítores a la Legión, que ha vuelto a desfilar otro año más y algunos aplausos al paso de los concejales, que han sonado por momentos como un gesto de apoyo.

Como curiosidad, muchos de los ciudadanos que han seguido el recorrido por las calles de la ciudad hasta la Catedral han portado pequeñas banderas de España, que no se solían ver en años anteriores. Y al mismo tiempo, por casualidad o quizás no tanto, el Partido Popular ha levantado estos días una carpa informativa que se ha instalado en la Plaza de Isabel la Católica, punto clave visual en el desfile de la comitiva de camino a la misa en la Capilla Real.

Un ceremonial cada vez menos tenso

Lejos en el tiempo empiezan a quedar aquellos años en los que la Toma de Granada era un foco de enfrentamiento para los asistentes. Sobre todo desde la pandemia, el evento no congrega apenas a formaciones y colectivos progresistas que piden que el festivo local de Granada no sea el 2 de enero, sino que se celebre cuando se conmemora el asesinato de Mariana Pineda, símbolo de la lucha por la libertad. Una reclamación histórica que ha logrado algunos éxitos porque el PSOE sí adoptó dicho suceso como festivo local en 2022, aunque desde entonces no se ha repetido.

Y lejos quedan aquellos momentos de tensión que se solían producir en la Toma de Granada porque la última vez que sucedió algo destacable en ese sentido fue en 2020, cuando un grupo de personas protagonizaron una trifulca. En aquella ocasión un joven fue zarandeado por un hombre de mayor edad que le recrimibaba a él y a otros asistentes de izquierdas que estuviesen gritando consignas contra la conmemoración. La Policía Nacional los separó y, simbólicamente, acabó también con ese tipo de enfrentamientos que habían sido habituales en todas las celebraciones previas, que incluso el PSOE, mientras estaba en la oposición, había amagado con cancelar o resignificar. Algo que no llevó a cabo cuando gobernó en las dos últimas ocasiones (entre 2016 y 2019 y entre 2021 y 2023).

El amplio dispositivo policial, que hace la vista gorda ante la presencia de banderas o símbolos preconstitucionales, y la cada vez menor asistencia de ciudadanos a la conmemoración, hacen que La Toma de Granada vaya perdiendo peso en importancia para la ciudad, al menos en cuanto a los actos en sí, que no provocan las mismas emociones que en otros tiempos.

Lo que se ha mantenido, como cada año, ha sido el acto alternativo que organiza Granada Abierta. Esta plataforma, que aglutina a parte de la sociedad civil y artística de la ciudad, lleva tres décadas pidiendo el fin de esta conmemoración al considerarla “anacrónica, sectaria y excluyente” por celebrar la expulsión de los musulmanes y judíos que vivían en Granada y que fueron perseguidos tras la llegada de los monarcas católicos. Para visibilizar su rechazo, este 2 de enero han vuelto a celebrar un acto alternativo en el que se ha leído un manifiesto contrario a esta cita.

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