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Fernando Navarro: “Los asesinos de mi libro tienen mucha ternura y humanidad”

Fernando Navarro

Alejandro Luque

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Podía haber sido una película. Al fin y al cabo, Fernando Navarro (Granada, 1980) lleva muchos años ganándose la vida como escritor para el cine. Sin embargo, las palabras lo fueron llevando a un terreno desacostumbrado. “En algún momento pensé que, si aquello se convertía en un filme, sería demasiado expresionista, algo improducible. Lo que me salían eran imágenes, sí, pero en un sentido plástico. A veces no eran más que aproximaciones a historias, principios, finales, colores. Sí, sabía que no era una película, pero no sabía lo que era”. Al final lo supo: era un libro. Una novela. Se titula Malaventura, ha sido publicada por Impedimenta y es uno de los debuts más sorprendentes en lo que va de año.

Una de las razones de esa sorpresa es que se trata de un western, género revitalizado en los últimos años por autores como Jon Bilbao o Hernán Díaz. De hecho, Navarro envió su obra a la editorial porque había publicado previamente a estos autores, y pensó que sus responsables quizá querían seguir en esa línea. Pero este western, además, está ambientado en Andalucía, tiene flamenco como banda sonora y a sus personajes les delata hasta el acento. “No era mi intención, pero cuando vine a darme cuenta, detrás de cada uno de ellos venía el lenguaje. Por mi profesión cuido mucho los diálogos, quiero que las palabras reflejen realidades, y al final los personajes fueron adoptando naturalmente su propia forma de hablar”.

El desierto es tan poderoso, que cualquier cosa que se sitúe allí se convierte en western

Sin embargo, para Navarro ese casticismo andaluz no entraña ningún aliento reivindicativo. “He querido imitar la naturalidad con que en los Estados Unidos se escriben las novelas, las películas o las canciones. No hay ninguna reivindicación de Minneapolis en Fargo. Aquí, en cambio, todo se connota, pero no es para nada mi intención. Tampoco hacer una búsqueda antropológica, ni un ensayo etnográfico. Algunas palabras me gustan más con la tilde al final, simplemente, pero no me interesa ningún tipo de lenguaje normativo, y que me perdonen los Califato ¾”, sonríe.

Escritor de oficio

Tan natural como llevarse esa galería de criaturas más o menos excéntricas –la mujer barbera, la vidente, el forajido, los quinquis, los cazadores, los demonios…– a Andalucía Oriental, donde al fin y al cabo se han rodado tantas películas del género. “Soy de esa zona, es mi escenario. Hay allí un paisaje humano y físico que genera personajes literariamente interesantes”, comenta el autor. “Sin embargo, me desligo mucho del territorio real. Aunque los topónimos sean los que son, iguales a los del mapa, los sitios de mi novela no existen”.

“Y al mismo tiempo”, puntualiza Navarro, “reflejan un mismo sentir andaluz oriental, pobre y olvidado. Es un buen fondo para contar el desamparo, para mostrar a los perdedores, mezclando también lo mediterráneo con la picaresca y la novela negra. Al final, el paisaje convierte una historia, te la contextualiza. Y el desierto es tan poderoso, que cualquier cosa que se sitúe allí se convierte en western”.

Todos estos ingredientes han permitido que la publicidad presente a Malaventura como un cóctel irresistible en el que conviven Federico García Lorca, Cormac McCarthy, Tarantino o Sergio Leone. Cuando se le dice a Navarro que también tiene un aire a Juan Rulfo, también por su carácter fantástico, se encoge de hombros: “Hombre, Andalucía es un personaje mítico e irreal, no hay más que convertirlo en literatura para que sea alucinante. Pero cuando estaba escribiendo, no tenía una idea tan elevada de la literatura. Tenía a Elmore Leonard, a Lovecraft, a Richard Matheson, a toda esa literatura americana de derribo que es la que más leo, porque me siento cercano a su modestia: ellos cuentan una historia, luego otra, y van tirando”.

A esta visión obrera de la literatura ha contribuido, según él mismo reconoce, su profesión de guionista. “Yo me considero un escritor de oficio: mi oficio es escribir cada día para ganarme el pan. Por eso me siento más cerca de los autores que he mencionado antes, que no son estrellas, sino currantes diarios a cambio de un cheque”.   

Fantasmas y criaturas

No obstante, volviendo a la dimensión fantástica de Malaventura, Fernando Navarro admite que él mismo convive con lo extraordinario de forma cotidiana: “Creo en muchas cosas, y me rodeo de gente que cree en fantasmas y criaturas. Creo, por ejemplo, que se puede hablar con los animales o interpretar el clima. Y el terror y lo esotérico forman parte de mi mundo, por supuesto”.

No tengo una visión política o moral del mundo, y si la tuviera, sería infantil, torpe o equivocada

Al final, lo que subyace bajo la ópera prima del granadino es la vieja lucha entre el bien y el mal, en la que él juega a la confusión: “Cuando pienso en historias de buenos y malos, me puede venir a la cabeza Raíces profundas o El bueno, el feo y el malo. Los arquetipos están para jugar, para darles la vuelta. Por eso los asesinos de mi libro tienen mucha ternura y humanidad. Hasta ahí llego, y me conformo con entretener un poquillo. No tengo una visión política o moral del mundo, y si la tuviera, sería infantil, torpe o equivocada”.

Aunque lleva muchos años en Madrid, trabajando para directores como Álex de la Iglesia, Rodrigo Cortés, Paco Plaza, Jonás Trueba o Jaume Balagueró, el guionista de películas como Toro, Verónica, Cosmética del enemigo o Bajocero siente que el sur sigue tirando de él, cada vez más. No sabe si seguirá cultivando en la literatura estos territorios míticos andaluces, o si seguirá a alguno de sus personajes en futuras tramas. Lo seguro es que volverá por el sur y seguirá teniendo como maestro al que fue su mentor en los años mozos de Granada, Antonio Arias, de Lagartija Nick. Y apostilla: “Enrique Morente decía que aspiraba a ser un rockero de Graná. Yo también aspiro a lo mismo”.  

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