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¿Es un buen momento para hablar de transgénicos?

Para que la balanza se vuelva a inclinar, si alguna vez lo estuvo, a favor del uso agrícola de cultivos GM en Europa hace falta que tanto políticos como grupos ecologistas se posicionen a favor de su siembra

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Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) en el año 2050 la población mundial habrá crecido del orden de un 34%, por lo que se estima que la demanda global de alimentos crecerá hasta un 70% en las próximas décadas. Por lo tanto, aumentar la producción agrícola para atender a esta creciente demanda global será sin lugar a dudas una prioridad mundial. Sin embargo, el camino a seguir para alcanzar este gran reto de la sociedad moderna se prevé arduo y con múltiples obstáculos. ¿Cómo podemos atender a esta creciente demanda global sin producir un impacto ambiental importante?

Aumentar la producción de las tierras ya dedicadas al cultivo no es una opción viable. Para ello es necesario incrementar el uso de fertilizantes o abonos nitrogenados que, de forma indirecta, producen gases tales como el óxido nitroso que favorecen el efecto invernadero, contribuyendo de esta forma al cambio climático. Transformar zonas forestales en áreas de cultivo sería otra opción. Sin embargo, esto tiene grandes consecuencias sobre el planeta. Por una parte, favorece el efecto invernadero y por otro lado tiene un impacto negativo sobre la biodiversidad. Además, hay que tener en cuenta que el tamaño de la tierra útil dedicada al cultivo viene disminuyendo constantemente desde hace décadas. Esta tendencia va a continuar, se prevé que para el año 2050 van a ser más o menos 0,15 hectáreas, frente a las 0,38 hectáreas en 1970 (FAO). Este hecho viene provocado por dos motivos principales: la sobre-explotación de zonas cultivadas que terminan empobreciendo el terreno y la transformación de terreno agrícola en zonas industriales. Entonces, ¿cómo conseguimos producir más en un terreno cada vez más pequeño y sin que tenga una repercusión considerable en el planeta?

Las plantas modificadas genéticamente (MG) representan una alternativa viable, barata y de bajo o nulo impacto medio ambiental. Se conoce como planta MG o planta transgénica a aquella cuya información genética ha sido modificada mediante ingeniería genética con el fin de otorgarle una nueva característica. ¿Pero que ventajas reales presentan las plantas MG frente a los cultivos tradicionales? Por ejemplo, el cultivo de plantas resistentes a determinados herbicidas conlleva un menor uso de estas sustancias químicas, que se traduce en una reducción de los costes y de los riesgos ambientales derivados de su uso. El empleo de plantas MG resistentes a condiciones adversas puede favorecer la accesibilidad de determinados cultivos a países que tienen un menor acceso a determinados alimentos. Sin embargo no todo son ventajas. El alto coste que supone el empleo de esta tecnología para los agricultores es un problema fehaciente. Las empresas biotecnológicas “creadoras” de los cultivos MG monopolizan un mercado sin ninguna competencia directa. 

El primer cultivo GM se comercializó en el año 1996 y desde entonces el área global de siembra de cultivo GM no ha dejado de crecer. En la figura que acompaña el artículo se muestran los países que actualmente tienen en producción cultivos GM (el cuadro muestra la producción en millones de hectáreas). Así los principales productores son países en desarrollo tales como China, India, Brasil o Argentina, que juntos suman más del 53% del área total global de cultivo GM en el mundo. Entre los países desarrollados, Estados Unidos se posiciona como líder indiscutible en la siembra de cultivos GM, con más de un 40% del área total global (ISAAA, International Service for the Acquisition of Agri-biotech Applications, 2017). En Europa, España es considerada la cuna del cultivo GM ya que prácticamente el 95% de los transgénicos del continente europeo tienen origen en campos de nuestro país. Pero, ¿cómo esta regulada la siembra de cultivo GM en Europa?

En enero del 2015 el Parlamento Europeo dio luz verde a la nueva directiva comunitaria sobre cultivos transgénicos. Esta devuelve a los Estados miembros de la UE las competencias para decidir su política en relación a los organismos GM, de modo que serán los distintos Estados quienes decidan si quieren permitir este tipo de cultivos, que variedades y bajo que condiciones. Sin embargo, la entidad que decide en Europa si un cultivo GM es apto para su siembra es la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). De esta forma los países europeos solo pueden decidir si cultivan o no aquellas plantas GM que hayan sido previamente aprobadas por la EFSA.

En la actualidad la normativa europea solo permite el cultivo de una variedad vegetal de organismo GM para el consumo humano. Este es el maíz Bt o MON810, creada por la multinacional Monsanto, y que presenta resistencia a los insectos lepidopteros llamados barrenadores del tallo. Aunque la evolución de los cultivos GM en Europa ha sido muy variable a lo largo de los años, actualmente hay una tendencia hacia la prohibición. Países como Austria, Hungría, Francia, Grecia o Luxemburgo han prohibido el cultivo de maíz Bt en sus territorios. Además, países como Austria, Croacia, Letonia, Lituania, Polonia, Alemania o Chipre han comunicado formalmente a la Comisión Europea su deseo de prohibir los cultivos GM. ¿Pero cuales son los principales motivos que provocan esta tendencia en Europa? Las campañas de oposición lideradas por grupos ecologistas, así como el escaso apoyo social a este tipo de cultivos son las principales causas. Por lo tanto, la prohibición de la producción de los cultivos GM en Europa es una acción totalmente independiente de la ciencia, ya que tanto la EFSA como organizaciones independientes en cada uno de los países han declarado que los productos genéticamente modificados son totalmente seguros. Un ejemplo claro lo encontramos en Escocia, que ha admitido que su decisión de salirse de la producción de las plantas GM fue basada únicamente en asuntos de marketing, no en ciencia.

Para que la balanza se vuelva a inclinar, si alguna vez lo estuvo, a favor del uso agrícola de cultivos GM en Europa hace falta que tanto políticos como grupos ecologistas se posicionen a favor de su siembra. Esta tarea que se prevé ardua y larga, tiene que venir además acompañada de movimientos de concienciación social tales como el iniciado en el año 2015 por Biotecnología Si (@BIOTECH_SI), en el que a través del lema #mitostransgénicos pretendía acabar con los mitos falsos en torno a los cultivos GM. Sin embargo, no se puede negar que no corren buenos tiempos para los transgénicos en Europa. Entonces, si la tendencia no cambia, ¿cómo haremos para hacer frente al gran reto planteado inicialmente? ¿cómo alimentaremos a una población cada vez mayor, empleando para ello, áreas de cultivos cada vez menores?

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