Una mirada a la vida entre las ruinas de Gaza: las fotos de Fatma Hassona, asesinada en un bombardeo israelí
“¿Qué más tiene que pasar para que paremos este genocidio?”. La pregunta la lanza la cineasta franco-iraní Sepideh Farsi, otra vez. Se repite desde hace años y no hay respuesta. Farsi está en Málaga para presentar en el Festival de Cine Francés que organiza la Alianza Francesa una exposición inédita en España de la fotoperiodista gazatí Fatma Hassona y una película, titulada Put your soul on your hand and walk (algo así como Pon tu alma en la mano y camina), construida a partir de las videollamadas que Farsi y Hassona mantuvieron durante un año.
A la 1 de la madrugada del 10 de abril de 2025, un día después de que Farsi anunciara que su cinta se proyectaría en una sección paralela del Festival de Cannes, el ejército israelí aniquiló a Hassona y a toda su familia disparando dos misiles de precisión a su casa en el barrio al-Tuffah. Mató a siete personas. Sólo sobrevivió su madre. El ejército alegó que el objetivo era un miembro de Hamás y que había tomado precauciones para evitar “bajas civiles”.
Fue un ataque selectivo y brutal. Ni Hassona ni Farsi habían revelado que ella protagonizaba la película, pero la fotoperiodista sí había contado a Al Jazeera, a cara descubierta, que estaba documentando el genocidio. “La verdadera cuestión no es quién dio la orden, sino por qué Israel ordena matar periodistas”, apunta Farsi.
Farsi conoció a Hassona en abril de 2024. Israel le había prohibido entrar en Gaza para documentar por sí misma el conflicto. Un amigo común las puso en contacto y desde entonces tejieron un estrecho vínculo a través de conversaciones casi diarias. “Conocerla fue como tener un espejo frente a mí. Cada conversación entre nosotras podía ser la última. Cada vez que me conecto y la veo es como si fuera un milagro”, relata en la película. Farsi añadió a la cinta presentada en Cannes los dos minutos y medio que hablaron el día antes de su asesinato.
Su muerte brutal cuando apenas tenía 25 años amplió el eco de su obra. “Si muero, quiero una muerte resonante, no quiero estar en las noticias urgentes, ni en un número con un grupo”, había dejado escrito ella, como una profecía que el ejército israelí se encargó de cumplir por ella.
“¿Qué más tiene que pasar?”, se pregunta Farsi, recordando las muertes indirectas que generan el asedio y el bloqueo, cómo se ceban con los médicos (1.600 asesinados), con los trabajadores humanitarios (casi 400 de la Agencia UNRWA) y los periodistas (250). Según el último informe de la agencia URNWA de Naciones Unidas, tras los atentados del 7 de octubre de 2023 Israel ha asesinado de manera directa a 74.228 personas, entre ellos más de 20.000 niños, herido a 175.188 gazatíes, arrasado miles de casas y destruido infraestructuras básicas. En los últimos meses ha violado el alto el fuego en vigor, matando a 1.445 y bloqueando ayuda humanitaria, según organizaciones internacionales.
“Nuestra fuerza es que no tenemos nada que perder”
La película funciona como una larga entrevista en la que Fatma vuelca sus miedos y esperanzas: al comienzo es una joven de 24 años que sueña con salir de Gaza para estudiar Fotografía, y luego volver; que no pierde la sonrisa ni cuando señala los edificios a punto de colapsar y trata de recuperarla con rapidez cuando recuerda a su abuela asesinada; que sigue aferrándose al principio islámico de que todo ocurre por algo.
“Me siento muy orgullosa. Somos fuertes y valientes y somos personas muy importantes en el mundo. Nos hagan lo que nos hagan, si nos intentan destruir o incluso matarnos, seremos felices y viviremos nuestras vidas, lo quieran o no. No pueden derrotarnos. Nuestra fuerza es que no tenemos nada que perder”, dice en una de sus primeras conversaciones.
Por entonces Israel ya había asesinado a su abuela Fatma, su tío Saadi, su esposa Basima y sus hijos Sojoud y Zeid, los nietos de su abuela; no tenía Internet, agua o luz. Farsi le pregunta si está en un lugar seguro. “No hay lugar seguro en Gaza”. Su tono se va volviendo más oscuro con el paso del tiempo. El conflicto la iba cercando: un bombardeo israelí mató a una de sus mejores amigas, a quien había retratado, apenas un rato después de verse.
Una vida “prescindible”
La exposición, comisariada por Sullivan Benetier y Antonio Rodríguez Molina, recoge 50 fotografías tomadas entre octubre de 2023 y abril de 2025 en el marco del proyecto City of Ghosts, y podrá verse hasta el próximo 18 de diciembre en la sede de la Alianza Francesa (calle Canales, 11).
Las fotos de Hassona documentan los estragos de los bombardeos y el bloqueo, y la voluntad tenaz de los gazatíes por superarlos. Fatma fotografiaba un espacio remoto, sino su entorno cotidiano y su propia tragedia. Farsi descubrió en ella una mirada madura que reflejaba la vida entre los escombros y no reducía a los gazatíes a la mera condición de daño.
En sus imágenes aparecen personas orgullosas en espacios cotidianos, familias y breves momentos de normalidad aparente en mitad de un escenario de guerra y muerte. “¿Cómo es fotografiar Gaza?”, le preguntó poco después de entablar contacto. “Es como poner tu alma en la mano y caminar”, le respondió. Una expresión que alude a la vulnerabilidad de quienes viven, y tantas veces mueren, bajo las bombas y su resiliencia, y que dio título a la película. “Llevo nueve meses sin comer pollo, mi mayor sueño es comer pollo y un trozo de chocolate”, cuenta entre risas, mientras se escucha el vuelo de los drones en el exterior. En un vídeo que se hizo viral, Hassona grabó su alegría cuando llegó ese momento.
La muestra incorpora, además, un informe que demuestra que la casa, en la que la propia Fatma se había ubicado en redes sociales, fue el objetivo de dos misiles precisión, equipados con sistemas de guía y control, disparados de noche. “El tipo de munición y la hora del ataque sugiere que el ejército israelí consideró prescindibles las vidas con las que acabó”.
El informe, firmado por el arquitecto israelí Eyal Weizman como investigador principal, está elaborado por Forensic Architecture, un grupo multidisciplinar de la Universidad de Londres, que ha prestado servicios periciales ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos o la Asamblea General de Naciones Unidas.
“Ver no es una actividad inocente ni independiente de nuestra experiencia: aprendemos a mirar dentro de unas condiciones históricas, culturales y políticas”, dice Rodríguez Molina, uno de los comisarios de la exposición, citando a John Berger: “¿Qué responsabilidad adquirimos cuando miramos las fotografías de Fatma Hassona? ¿Qué hacemos con aquello que nos muestran?”. En su texto curatorial, Rodríguez Molina atribuye a las fotografías el valor de “combatir el borrado, contradecir los relatos que deshumanizan y preservar memoria frente a quienes pretenden destruirla”. Abren un espacio de atención y debate a partir de una experiencia concreta: la imagen.
“Es difícil tener más evidencias”
La directora franco-iraní encontró en el sufrimiento de Hassona un espejo de su propia peripecia, pero también una manera diferente de enfrentarlo. Farsi decidió salir de Irán cuando tenía 18 años, cinco años después de la Revolución islámica. Para entonces, ya había pasado una temporada en prisión. No puede volver a su país desde 2009. “Desde Francia, donde se instaló, se ha convertido en una activa opositora al régimen iraní.
“Vengo de un país donde los periodistas van a prisión o son asesinados. Es un mundo que va a peor. El genocidio continua en Gaza y el conflicto se ha extendido, y el régimen iraní masacra a su población mientras Estados Unidos bombardea”, lamenta la directora, que ve una deriva en Europa y en la injerencia de Rusia, Israel o Estados Unidos. “¿Hablamos de las víctimas en Gaza, Irán o Líbano? No, hablamos del precio del barril”.
Mientras, los líderes mundiales se esfuerzan por ocultar los crímenes. La semana pasada, Netanyahu ordenó investigar por todos los medios posibles a los militares que se han atrevido a dar su testimonio en Naza: “Elogio el valor de los directores y los militares, pero es una piedra más para mostrar lo que ya sabíamos. ¿Qué más tiene que pasar para que paremos este genocidio? Es difícil tener más evidencias”.
El asesinato de Fatma Hassona, una joven de 24 años que fotografió la vida de su pueblo en medio del asedio y las bombas y se atrevió a contarlo, es una de esas evidencias.
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