Las crisis de Ciudadanos y del PAR complican las alianzas de Lambán para un tercer mandato tras las autonómicas de mayo

Javier Lambán y Daniel Pérez Calvo en las Cortes de Aragón

Conrad Blásquiz


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Javier Lambán está asistiendo con preocupación a la aparición en el mapa político aragonés de negros nubarrones que, tras las elecciones autonómicas del 28 de mayo, podrían complicar su reelección para un tercer mandato. El presidente aragonés ha expresado en público en más de una ocasión su deseo de reeditar, si así lo permiten los resultados electorales, el cuatripartito que ha gobernado la comunidad en esta legislatura, formado por PSOE, PAR,  CHA y Podemos. 

Sin embargo, corre serio peligro uno de los pilares de esa alianza, el PAR, considerado por el líder del PSOE como su socio preferente que, a cuatro meses escasos de la cita electoral, ha acelerado su ruptura interna. Su líder, Arturo Aliaga, enrocado, se resiste a dimitir pese al acoso del sector crítico y  de la mayor parte de la dirección aragonesista. Su situación actual de confrontación compromete seriamente sus resultados electorales y la posibilidad de que obtenga algún diputado en las futuras Cortes.

Respecto a Ciudadanos, el otro partido de centro derecha que Lambán estaría dispuesto a sumar a esa futura alianza para no verse en la obligación de arrojarse a los brazos de Podemos o de Aragón Existe –si entra en las Cortes-, prosigue su descomposición y está en plena desbandada. Sus concejales en el Ayuntamiento de Zaragoza han sido los primeros en anunciar esta semana su retirada al acabar la legislatura, lo que ha acelerado las especulaciones sobre su posible salto al PP.

Lambán y la “gobernabilidad sensata”

El lunes pasado, Lambán mostró su preocupación por las dificultades que atraviesan ambas fuerzas políticas “llamadas a moderar el funcionamiento de las instituciones” y a asegurar lo que él llama “la gobernabilidad sensata”, al margen de las posiciones más radicales de Podemos. Hizo un llamamiento a ambas formaciones de centro derecha a que “resuelvan sus problemas y no dejen de ser actores importantes en la política aragonesa, por su bien y por el de la política de la comunidad”. 

El dirigente socialista volvió a elogiar la labor “impecable” que realiza el vicepresidente del Gobierno y máximo dirigente del PAR, Arturo Aliaga, que aguanta las embestidas del sector crítico y de la mayoría de los miembros de la ejecutiva aragonesista, que también se han rebelado contra él en los últimos días. La negativa de Aliaga a dimitir tras un auto judicial que denuncia graves irregularidades en el congreso regional del pasado año y que supuso su reelección ha destapado la caja de los truenos del partido aragonesista, que hoy por hoy es una olla en ebullición, cuando faltan cuatro meses para la cita con las urnas. Como consecuencia de esa complicada situación interna, los aragonesistas corren serio riesgo de desaparecer del Parlamento autonómico, lo que sería un mazado para un partido que acaba de cumplir 45 años y que acumula un largo historial de poder en el Gobierno autonómico. 

En un duro artículo publicado en Heraldo de Aragón, uno de los fundadores del PAR, José María Mur, ha exigido la dimisión de Aliaga al advertir que bajo su mandato, el PAR ha defraudado a sus militantes y votantes, “al olvidar sus señas de identidad, para hacer de comparsa del cuatripartito en beneficio del señor Lambán y del señor Sánchez”. A juicio de Mur, la participación del PAR en el Gobierno  “Frankenstein” de Aragón era innecesaria, “pues con nuestra abstención el gobierno sería el mismo y ha servido para halagar la vanidad de Aliaga, vicepresidente del Gobierno con el partido menos votado, al tiempo que asumía el manejo de la Consejería de Industria”. Y en alusión a las irregularidades que la justicia ha detectado en el último congreso, Mur se ha expresado tajantemente: “Si ha sido capaz de hacer trampas a sus compañeros de partido para ganar por la mínima el pasado Congreso, qué no será capaz de hacer en el futuro”. Mur, al igual que otras destacados aragonesistas, ha reclamado la dimisión de Aliaga y la convocatoria de “un congreso de la reconciliación”, una alternativa que ha sido descartada por Aliaga, quien en los últimos días ha perdido el control de su ejecutiva, que hasta ahora le había sido fiel. Aliaga se ha enrocado junto a un puñado de fieles y, lejos de dimitir, ha logrado la cabeza del vicepresidente de la Diputación de Teruel y número dos aragonesista, Alberto Izquierdo, quien en los últimos días se ha sumado a la rebelión contra el presidente aragonesista.

También en Ciudadanos prosigue con una sangría de anuncios de abandonos que no ha logrado taponar el congreso refundacional del pasado fin de semana. Hoy por hoy, ningún concejal naranja quiere repetir en la próxima legislatura, lo que sitúa al partido en una difícil situación de no retorno. La actual vicealcaldesa de Zaragoza, Sara Fernández, no ha dejado pasar ni 48 horas de la cita madrileña del fin de semana para confirmar lo especulado, que al final de legislatura dejará Ciudadanos sin descartar su salto al PP. A Fernández le ha seguido el anuncio del concejal de Urbanismo, Víctor Serrano, de que tampoco tiene ninguna intención que competir en las primarias. Ambos han arrojado la toalla con críticas al líder del partido en Aragón,  Daniel Pérez Calvo, el único que hasta ahora se ha mostrado dispuesto a competir por la candidatura autonómica, aunque también ha hecho un llamamiento a conseguir el “máximo consenso posible” en torno al candidato. Un acuerdo que hoy por hoy se prevé complicado. El teniente de alcalde del Ayuntamiento de Teruel, Ramón Fuertes, el aragonés con mayor peso en el partido a nivel nacional, tampoco ha concretado si se presentará a las primarias del partido a nivel regional. 

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