Lucía Tomás, psicóloga: "¿Habrá mucha más psicopatología a causa del confinamiento? Por supuesto"

Lucía Tomás es la presidenta del Colegio de Psicólogos de Aragón.

Después de dos semanas de confinamiento, quien más, quien menos ha tenido momentos de tristeza o de irritabilidad. La presidenta del Colegio de Psicólogos de Aragón, Lucía Tomás (Zaragoza, 1953), recomienda no ocultar esos sentimientos negativos, sino expresarlos con normalidad. Tomás opina que el encierro en casa nos va a pasar factura a todos.

¿Cree que el estado de alarma puede empeorar la salud mental general de los ciudadanos?

Sí, por supuesto. Lo veo en la gente de mi alrededor. Llevamos dos semanas y las personas ya están empezando a notar efectos del confinamiento, de moverse menos, de no tener contacto con otros. Los contactos por videoconferencias no son lo mismo, aunque por supuesto ayudan mucho. Esta situación altera el patrón de sueño, el patrón de comida porque se come más o se come menos... Conforme vayan pasando los días, las personas van a estar más afectadas emocional y psicológicamente.

¿Son afecciones hasta el punto de que personas que nunca han tenido problemas de salud mental puedan requerir tratamiento, incluso medicación?

No podemos generalizar. Hay que tener en cuenta tantas cosas… Las personas, para empezar, somos muy distintas. Cada uno tenemos nuestra personalidad, nuestros recursos personales. Y después, están las condiciones de nuestro entorno: en qué vivienda estamos confinados, si salimos a trabajar o lo hacemos desde casa, con cuántas personas convivimos, cuáles son las condiciones de esas relaciones interpersonales, la situación económica, la social, si estas afectado por el coronavirus o no… Son tantas cosas que no se puede generalizar. Pero, desde luego, el malestar emocional, la preocupación por la salud, por lo que va a pasar es una realidad. A partir de ahí, hay personas que lo gestionarán mejor y otras, peor. ¿Habrá mucha más psicopatología? Por supuesto. No toda psicopatología requiere una medicación; para eso estamos también los profesionales de la psicología: reforzar a la persona, enseñarle herramientas para que pueda hacer frente a estas dificultades que está teniendo.

De esas condiciones del entorno que ha nombrado, ¿hay algunas más determinantes que otras?

El tipo de vivienda es importante. No es lo mismo vivir en una vivienda unifamiliar, con un jardín y con espacio para que la gente pueda estar en distintas plantas; que estar en un piso pequeño, interior, sin balcón, donde conviven varias personas. Por otro lado, las personas mayores que están solas y las familias con niños pequeños son casos más complicados. Los niños pequeños, tantos días sin poder salir al parque, al colegio, sin estar con sus amigos… tienen momentos en el día en que están tristes, irritados, malhumorados. Es normal. Nos pasa a los adultos, ¿cómo no a ellos? Por supuesto, hay personas más vulnerables. O personas que tienen el coronavirus y están aislados en casa. El otro día hablé con una persona que lleva ya dos semanas aislada y le queda otra más; eso es muy duro. Puede haber otros problemas añadidos. El confinamiento supone sumar a lo que ya tenemos. Las personas que ya llevan una carga pueden empeorar mucho más. A las personas que normalmente estamos bien, nos va a afectar, pero no de la misma manera. Son muchas las variables que pueden favorecer o empeorar nuestra salud mental.

Hemos escuchado recomendaciones estos días, pero muchas veces no podemos evitar las circunstancias que más nos pueden perjudicar...

Son recomendaciones que están muy bien, pero no son una solución para todo. Está bien que se hayan repetido mucho, porque es verdad que hay que poner especial énfasis en que en este confinamiento tengamos rutinas: unos horarios para decir que duermo mis horas por la noche, como a las horas que suelo comer, me muevo, hago algo que me estimule cognitivamente, como son las lecturas o crucigramas; dosifico las noticias para no estar todo el día en un estado de angustia porque esto va a más y de pensar en qué va a ser de nosotros... Todo eso está muy bien para intentar llevar una vida lo más saludable posible, teniendo en cuenta las circunstancias de confinamiento, pero hay problemas añadidos que no se pueden resolver, que requieren otro tipo de atención. Hay que individualizar, no se pueden dar recomendaciones generales para que todos estemos bien. Para empezar, es normal que las personas sientan miedo, tristeza, irritabilidad, enfado… Todas estas emociones afloran. Las personas necesitamos expresar lo que sentimos. Lo único es que no es recomendable estar con esta inacción todo el día. Hay que intentar desahogarse, llorar un rato, pero después hacer algo para distraernos. Hay que buscar un equilibrio.

¿Tampoco sería bueno ocultar esas sensaciones negativas?

Las personas tenemos emociones que necesitamos expresar. Expresar, identificar, hablar de ello, normalizarlo. Estar triste o estar preocupado son emociones normales que estamos sintiendo todos en menor o mayor medida.

¿Las dudas sobre cuándo acabará esta situación nos hace más difícil llevarlo?

Por supuesto. Si hubieran sido sólo dos semanas, no hubiera habido ningún problema. Somos capaces todos. Ahora estaríamos acabando. El problema es que nos enfrentamos a dos semanas más y todos estamos ya pensando que esto, probablemente, se va a alargar más. Entonces, esto va a empezar a pasar factura a todos, en mayor o menor grado. A la vez, hay personas que siguen trabajando, que es verdad que se exponen, que pueden tener otro tipo de preocupaciones; pero por lo menos salen de casa. Hay muchas personas confinadas que, aunque salgan cinco minutos a comprar el pan o algo de comida, son muchas horas para estar en casa. Y no es lo mismo un confinamiento que uno busca por alguna razón, por escribir un libro o por querer desconectar un tiempo de los estímulos exteriores, a algo impuesto. Algo impuesto, que además está afectando a mucha gente ya económicamente, en pequeñas empresas o con ERTE.

¿La incertidumbre económica añade tensión?

Esa inseguridad es una amenaza muy, muy grande en la vida de las personas. Estamos en una sociedad en la que dependemos de tener unos ingresos para vivir. Hay muchos miedos ahora: a cuánto tiempo va a durar esto, qué va a pasar con mi trabajo… y esto, sin hablar de todas las personas afectadas: estar hoy ingresado en un hospital es muy duro. Es duro para los profesionales sanitarios que se están exponiendo día a día, pero para las personas ingresadas también es muy difícil porque no están viendo a humanos, están viendo casi a robots, vestidos con esos trajes con los que no les ven ni la cara, sin el apoyo de la familia que les visite, sin poder hacer llamadas telefónicas... Son situaciones duras.

¿Cree que es recomendable anunciar las prórrogas cuando todavía queda bastante tiempo del estado de alarma en vigor, como se hizo la semana pasada?

Son momentos para mostrar lo mejor de nosotros mismos, para ser generosos, solidarios. No estoy de acuerdo en que se esté criticando al Gobierno. Nadie estaba preparado para esto. Quiero creer que la gente trabaja con la mejor voluntad, pero son situaciones muy extraordinarias y no estamos preparados. Por eso, a veces se toman decisiones que pueden no ser las más indicadas. En cuanto a cuándo anunciar las prórrogas, creo que con mucho tiempo no se puede hacer, porque también hay que ir viendo día a día cómo evoluciona. Nadie puede saber cuánto tiempo vamos a estar confinados. Todos nos imaginamos que va a ser más tiempo de un mes, pero ¿cuánto tiempo antes se puede decir? No lo sé, porque también hay que permitir a la gente tener algo de esperanza. Si antes de acabar un confinamiento, ya sabemos que se alarga no ayuda mucho. En todo caso, no tengo la información necesaria para saber cuándo se puede decir. Podría decir cuando se debería, pero no sé cuándo se puede. Por tanto, opinar sobre esto no me parece indicado.

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Publicado el
28 de marzo de 2020 - 21:05 h

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