Kim Kardashian, símbolo de la política exterior de Occidente
La estrella de lo-que-sea Kim Kardashian ha estado en Bahréin en viaje promocional pagado por un empresario local con buenos contactos con la familia real. El Gobierno se ocupó de dispersar con gases a los manifestantes que se oponían al show publicitario.
Algunos porque lo veían como un acto con el que Bahréin intenta demostrar que es un país normal al que llegan las giras promocionales o de otro tipo de celebridades internacionales. Es decir, no un régimen apestado por sus frecuentes violaciones de los derechos humanos. Otros se movilizaron porque son integristas religiosos algo molestos con la presencia de una mujer célebre por un vídeo sexual.
En cualquier caso, el viaje ha sido un éxito. Kardashian --con 16 millones de seguidores en Twitter-- dijo estar maravillada por la belleza del país y muy agradecida a sus jerarcas. Al igual que el premio de Fórmula 1, a una escala inferior, la visita ha colocado a Bahréin por unos días en el mapa, no por la tortura de presos o las condenas a largas penas de prisión a médicos por atender a las víctimas de la represión.
A falta de Angelina Jolie, nos vale una Kardashian.
No es tan diferente este espectáculo a la política exterior de Europa y EEUU en el Golfo. ¿Pena de muerte por decapitación? Horrible. ¿Aplicar descargas eléctricas y quemar con cigarrillos a los presos? Desagradable. ¿Lanzar mensajes de odio a los chiíes desde los medios de comunicación oficiales? Rechazable. ¿Incumplir las promesas de reformas? Lamentable.
Pero necesitamos su dinero. El de los saudíes, qataríes y bahreníes y sus repletos fondos de inversión. Necesitamos su petróleo y su gas. Necesitamos que hagan frente de una manera u otra a los iraníes. Necesitamos que los aliados de la zona sepan que siempre estamos dispuestos a mirar a otro lado.
Ya quisiera Kardashian ser invitada a una facultad de sociología de Cambridge para disertar sobre el papel de la mujer en el honrado negocio de las 'celebrities'. Lo único que está disponible es un paseo por Bahréin para promover el consumo de batidos allí.
Kardashian necesita la pasta. Como nosotros.
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