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Becerradas: cachorros víctimas de miserables

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Los "mozos" cortan una oreja a un becerro aún vivo, el pasado domingo en El Escorial. Foto: Partido Animalista PACMA

Cada verano el municipio de El Escorial celebra sus fiestas de "Mozos, casados, solteros y viudos", con actividades de todo tipo y para todos los públicos, incluidos niños. Y como es desgraciadamente habitual en España, también en este caso el maltrato animal está incluido en el programa de festejos. El sufrimiento de animales amparado en la tradición y en la diversión es siempre deleznable, pero más aún cuando se trata de cachorros de menos de dos años, que son sometidos a todo tipo de vejaciones y torturas por parte de los “mozos” del pueblo, ávidos de sadismo y sin atisbo alguno de compasión o empatía.

Después de varios años de suspensión de la becerrada, este año el equipo de gobierno municipal, del PP, desoyó las solicitudes formuladas por el Partido Animalista (Pacma) para trasladar la opinión de las más de 14.000 personas que habían pedido con su firma una nueva suspensión.

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Perros Presuntamente Peligrosos. Perros Potencialmente Pegajosos

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Alessandro Zara Ferrante y Chuni. Foto: Ruth Toledano

Pancho sale todos los días a pasear con Juan. Pasean una hora por su barrio, todas las mañanas y todas las tardes. A lo largo del camino, Pancho hace siempre nuevos amigos. Se lleva bien con personas jóvenes, con mayores, con niños. Y con perros de ambos sexos y de todas las razas. Siempre es amable, cariñoso y, sobre todo, respetuoso. Nunca ha hecho nada malo. Sin embargo, en nuestra sociedad, Pancho es considerado un potencial agresor, un potencial asesino. No importa que nunca haya dado señales de agresividad. No importa que nunca haya amenazado o agredido a alguien. No importa que despierte la simpatía de la mayor parte de la gente que lo conoce. Se le considera Perro Potencialmente Peligroso (PPP).

Pancho es un Pit Bull. Como tal, pertenece a una de las ocho razas mencionadas en el Real Decreto 287/2002, que desarrolla la Ley 50 del 23 de diciembre de 1999. Además del American Pit Bull Terrier, se incluyen el Staffordshire Bull Terrier, el American Staffordshire Terrier, el Rottweiler, el Dogo Argentino, el Fila Brasileiro, el Tosa Inu y el  Akita Inu. Estas últimas tres razas son casi inexistentes en España.

El pasado domingo 27 de Julio, Madrid se sumó por primera vez a la Caminata Mundial para la eliminación del concepto de razas de perros peligrosas, un evento que se realizó en más de 140 ciudades de 19 países. Los participantes pedían la eliminación de la Ley de Perros Potencialmente Peligrosos, por ser absurda, injusta y racista. Esta ley criminaliza a quienes consideran a estos perros como parte de su familia, y nada hace, en cambio, para fomentar la tenencia responsable ni, menos aún, para prohibir su utilización en las mas crueles prácticas, como son las peleas de perros y la caza con realas, verdaderas industrias del abandono en todos los países.

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Ganemos la abolición

Manifestación abolicionista en A Coruña. Foto: "Galicia, Mellor Sen Touradas"

Fue en 2008. Ciudadanos preocupados y colectivos se unen para conformar la que sería la primera coalición cívica contra la realización de festejos taurinos en territorio gallego. Una idea muy humilde, que nace con personas inexpertas en el desarrollo de iniciativas pero de la mano de expertos y organizaciones con muy buenas ideas, compromiso de futuro y experiencia en la creación de estrategia.

Han pasado ya seis años y se podría decir que el primer objetivo de aquel grupo de personas anónimas se ha cumplido. La plataforma "Galicia, Mellor Sen Touradas" se ha convertido en una referencia nacional e internacional en el análisis de la “cosa taurina” y en la elaboración de respuestas a una continua y sistemática financiación pública de la tauromaquia en la comunidad gallega. El ataque se centró en las dos ciudades donde las corridas de toros tenían, a priori, mayor respaldo institucional. Así era: organismos que en circunstancias normales representarían a la ciudadanía pasaban a defender los intereses de empresarios vinculados con los diferentes ejes dependientes de la tauromaquia. Ganaderos, organizadores de tortura, toreros… todos tenían un lugar en los consistorios y diputaciones. Salían a comer, se reunían en los salones nobles de los palacios municipales, a fin de cuentas eran amigos y como tal surgiría necesariamente el clientelismo.

Partíamos de la base de que no éramos antitaurinos. Nos daban igual los aficionados y todo el entramado del que se rodeaban. Importaba la gente, el vecino y su opinión. Somos abolicionistas que reivindicamos las luchas por los derechos civiles y sociales, y en cada rueda de prensa, en cada protesta, proponíamos nuestra alternativa a los millonarios dispendios, como los que realiza todavía el Partido Popular en Pontevedra, desde la Diputación, y en A Coruña, Sarria, Padrón y Muíños desde los gobiernos municipales. Imagínense un municipio como este último, Muíños, con poco más de 1.700 habitantes, subvencionando una plaza de toros portátil con capacidad para 2.500 espectadores. ¿A qué sabio se le ocurre eso?.

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Abogados que defienden a animales

El encadenamiento a perpetuidad, una forma habitual de maltrato severo. Foto: Observatorio Justicia y Defensa Animal

Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.

Benito Juárez

Los derechos legales y naturales de los animales

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España, donde se mata lobos para cazar votos

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Lobo ibérico disecado en el Museo de la Fauna Salvaje de Boñar (León). Foto: 3Félix/CC BY-SA 3.0

Sobre el lobo ibérico corren ríos de tinta. Desde antiguo ha sido objeto tanto de veneración como de persecución. Quizá sea el animal que mejor represente la libertad y la lucha por la supervivencia frente a la dominación humana. Su conservación se presenta como un gran reto para las generaciones futuras. En su defensa cuenta cada vez con más aliados pero también con poderosos e intrincados intereses que lo quieren muerto, extinto o cautivo y exhibido como vergonzante atracción turística.

Para identificar adecuadamente el problema hay que conocer qué se esconde tras la decisión política de matar lobos, qué intereses anidan y confluyen en nuestro país con el objetivo común de diezmar la población de lobos.

No entraré en las razones que han llevado desde antaño a buena parte de la población rural a focalizar todos sus males en un animal salvaje al cual debemos la riqueza, la “salud” y el equilibrio de nuestros cada vez más reducidos espacios naturales. Existen sin duda razones sociológicas y culturales dignas de estudio; sin embargo, no resultan novedosas ni aisladas. Para el ser humano existe una arraigada creencia conforme a la cual los animales salvajes entran en competición directa con los intereses humanos y, por ello, son considerados “alimañas”, animales dañinos que hay que exterminar o cuanto menos, mantener a raya. No debemos olvidar que hasta hace relativamente poco en España existían por orden de los Ministerios de Agricultura las llamadas Juntas Provinciales de Extinción de Animales Dañinos y Protección a la Caza ,  cuyo cometido, por obvio, no necesita ser explicado. Hoy en día, la figura del alimañero, lejos de desaparecer, se está volviendo a potenciar en determinadas regiones como en Castilla y León, donde es reconocido mutatis mutandis por la vigente Ley 4/96 de Caza de Castilla y León bajo el eufemismo de “Especialista en Control de Predadores”.

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Carreras de burros: entre lo patético y lo canalla

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Carrera de burros en Vitoria-Gasteiz. Foto: ATEA

No son pocos los lugares de la geografía patria donde se celebran “carreras de burros”. Naturalmente, no es que los animalitos queden en un determinado paraje para competir entre sí, pues en tal caso sería cosa suya. Me refiero a las carreras que, organizadas por peñas, cuadrillas, comisiones festivas y demás entidades de similar pelaje, se valen de pollinos para que estos midan su capacidad atlética. ¿Qué hay de malo en ello?. La pregunta habría que hacérsela a los burros, he oído decir a ciertas mentes preclaras, como si los animales no nos contaran a través de toda una parafernalia gestual sus emociones y su estado anímico. Con todo el mérito de un título académico, intuyo que no se necesita para según qué apreciaciones. De hecho, no se solicita a nadie el título de pediatría para la pertinencia moral de su denuncia por malos tratos a un niño. ¿Qué creemos que ha de sentir un bebé dejado a pleno sol, que además llora y patalea, colorado como un tomate, sino un extremo desagrado (sufrimiento)?

Si, en general, las carreras entre animales promocionadas por los humanos merecen una reflexión en sí mismas, aquellas protagonizadas por determinadas especies se convierten en modelo de escasa virtud moral. ¿Por qué precisamente burros? Acaso esa sea la pregunta clave. Y la respuesta se presenta tan punzante como cierta: porque se trata de animales que en nuestra jerarquía moral ocupan muy bajos estratos de consideración. Se les supone tercos, necios e insensibles, cuando están muy lejos de todo eso, como atestiguan no solo los etólogos, sino todo aquel que haya tenido la oportunidad de convivir con uno de estos animales, y como en cualquier caso debería dictarnos el más elemental sentido común.

A los burros les encanta tratar con los suyos, o pegar brincos porque sí, o retozar en la arena; depende. Cosas de burros, en definitiva. Lo que me temo que no les gusta nada es que les trasladen a un escenario festivo (charangas, cohetes, griterío), ante miles de personas, y les obliguen a colocarse en la rampa de salida. Para ello hay que “convencerles”. Y como tienen la (razonable) costumbre de negarse a avanzar hacia lo que presumen desagradable (¿estúpidos?), se les lleva sí o sí, pues al fin y al cabo son meros borricos y no caballos alazanes. El firme de baldosa (con frecuencia mojada) no ayuda, y de hecho sufren una permanente sensación de inseguridad bajo sus patas. Por eso no avanzan por deseo propio. A menos que se tire de ellos mediante sogas o empujándoles del trasero. Pero creo que a eso lo llaman “por la fuerza”.

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Retratos de los “invisibles”

Bufón (AXLA), Lextor (Txikas de Etxauri), Poli (APA Más Vida), Xisca (perrera de Aranjuez / ARPA) y Uppe (CPA de Torrejón) ©Fotopets

El momento de la adopción de Atreyu tuvo unos testigos de excepción: Merce y Andrés. Juntos crearon Fotopets, una empresa dedicada a hacer retratos profesionales de animales considerados de compañía. Muchos de sus clientes son adoptantes, y desde el principio decidieron que en esos casos donarían el 10% del precio a la asociación o protectora donde hubiera sido adoptado el animal. Pero se les quedaba corto. Querían hacer más, y encontraron la forma. Cogieron las cámaras y empezaron a contactar con asociaciones para hacer retratos profesionales de los animales en busca de familia, para facilitar su adopción.

Atreyu había sido abandonado, ni siquiera sabemos por quién. Fue uno de los 150.000 animales de compañía abandonados cada año en España. La mayoría son perros, como Atreyu. Pero también gatos, conejos, cerdos vietnamitas… Las cifras oficiales, las manejadas por las administraciones, los reducen a unos 120.000, pero las protectoras, las que realmente saben a cuántos animales rescatan, a cuántos no pueden ayudar y cuántos son sacrificados sin haber tenido una nueva oportunidad, no bajan de los 150.000.

La mayoría de esos animales se queda en el anonimato, en una historia sin pasado y la mayor parte de las veces sin futuro, en una mirada que vaga por las calles intentando sobrevivir en medio de la indiferencia, cuando no de la hostilidad.

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El fotógrafo taurino que prohibiría los toros

Ensayo fotográfico "Toda la vida, toda la muerte". Monumental Plaza México. ©Enrique Villaseñor

Enrique Villaseñor es fotógrafo, periodista y arquitecto mexicano. Ha sido presidente del Consejo Mexicano de Fotografía. Fundó y ha impulsado la Bienal de Fotoperiodismo en México, que ha celebrado seis ediciones. Es promotor del Foro Iberoamericano de Fotografía, del que fue director académico. Como corresponsal del SELA, ha realizado reportajes y documentales sobre toda Latinoamérica. Ha participado en exposiciones individuales y colectivas en los cinco continentes y representado a México en prestigiosos certámenes internacionales de fotografía. Actualmente prepara una serie de publicaciones multimedia sobre fotografía, arquitectura y multimedia con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

¿Por qué su ensayo fotográfico Toda la vida, toda la muerte?

La fotografía es, ante todo, un medio de comunicación. Comunica lo que tú vives. No concibo un fotógrafo cuya fotografía esté separada de su vida. Cuando es así, es una fotografía que se quedó a mitad de camino, pues lo que tú eres es lo que conecta con el público. Siempre concebí la tauromaquia como una expresión de cultura, de arte, de testimonio de lo que es la sociedad en la historia. Más allá del colorcito, de la musiquita, esas imágenes han sido motivo de gran placer para mí.

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Músicos de la banda de Pamplona, objetores de conciencia en Sanfermines

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Toro tras una corrida en los "sanfermines" 2013. Foto: ©Calamar2/Pedro Armestre

“Podéis alegar problemas psicosociales”, se nos dijo en aquella primera reunión. Fue la primera de muchas, de meses de consultas con abogados, asociaciones de defensa de los animales, intercambio de cartas y pareceres con final feliz en lo personal y agridulce en lo laboral. Nuestro éxito, no acceder nunca más a la plaza de toros como músicos y evitar ser cómplices con nuestra presencia de un acto repugnante y criminal.

Desde el año 2002 soy componente de la banda de música de Pamplona. Accedí a ella tras unas pruebas de elevada exigencia musical y poco después de acabar mis estudios superiores en el conservatorio. La alegría vino acompañada de cierto cachondeo familiar porque ello me obligaba a acudir a la plaza de toros cada año durante las fiestas de San Fermín. Mi aversión a la tortura taurina tenía ya pedigrí. De pequeño me llevaron a una corrida y con unos prismáticos pude ver el géiser de sangre manando del toro. Tengo por lo general mala memoria, pero esa imagen me marcó y sigue fresca en mi retina.

Por fortuna la actividad anual de la banda ofrece momentos mucho más gratificantes, tanto en sentido artístico como ético, de los que me siento satisfecho de formar parte. Sin embargo, el asfixiante peso de la tradición en España asocia a las bandas de música con actos que empañan su currículo artístico: acompañan a las corporaciones municipales en procesiones religiosas y ejercitan el arte del requiebro pasodoblero en las corridas de toros. Los primeros resultan de un anacronismo incomprensible en un Estado que se proclama laico y en el que numerosas autoridades políticas –de todo tipo y condición ideológica- siguen vistiendo sus mejores galas detrás de hostias y cruces; los segundos, además de anacrónicos, son sonrojante memoria viva de tiempos de retraso, incultura y escasa empatía con la condición de seres vivos -capaces de sentir dolor- que compartimos con el resto de animales. Si la violencia consustancial a esa condición se reduce y reprime con la conciencia (motor de la empatía), la tauromaquia parece una forma especialmente cruel de limar diferencias de especie.

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Tauromaquia en las aulas: adoctrinando en la crueldad

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Campaña "Infancia sin viOLEncia", Fundación Franz Weber

Lo que se dé a los niños, los niños lo darán a la sociedad (Karl A. Menninger)

Son las nueve de la mañana en una clase de sexto de primaria de un colegio de Castilla-La Mancha, uno cualquiera. El profesor se dirige a sus alumnos: “Niñas, niños, hoy os tenemos preparada una sorpresa. Nos visita un hombre que va a contarnos muchas cosas acerca de su trabajo, una profesión apasionante y arriesgada que hará que más de una y uno sintáis envidia. Por favor, recibidle con un aplauso...”. Se abre la puerta y entra Juan José Padilla, o David Fandila “El Fandi” , o Julián López “El Juli” (¿qué más da el nombre si a todos ellos iguala el color rojo ajeno de sus manos?)

Durante dos horas los chavales ven, tocan y aprenden (¿aprenden?) acerca de capotes, banderillas, estoques o suertes, todo ello explicado por quien, utilizándolos para confundir, torturar y acabar con la vida de un toro, los exhibe como arte, cultura, heroísmo y defensa de los toros. Sí, digo defensa, porque los toreros juran amar al toro más que nadie, lo de ensañarse con él hasta matarlo no es significativo en su discurso.

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