Sobre este blog

El caballo de Nietzsche es el espacio en eldiario.es para los derechos animales, permanentemente vulnerados por razón de su especie. Somos la voz de quienes no la tienen y nos comprometemos con su defensa. Porque los animales no humanos no son objetos sino individuos que sienten, como el caballo al que Nietzsche se abrazó llorando.

Editamos Ruth Toledano y Concha López.

Dale un mordisco a la rabia

La vacunación es la única medida conocida contra la enfermedad de la rabia.

Nadie más debe morir de rabia. Ningún animal más debe morir porque en su entorno se dio un caso de rabia. En este artículo tienes las claves para que así sea. De ti depende en gran medida.

El pasado 28 de septiembre se celebró el Día Mundial contra la Rabia, la zoonosis que provoca más muertes en el mundo y que, en la actualidad, con los medios que contamos, podría ser erradicada. Se trata de una enfermedad vírica que se transmite, en la mayoría de los casos, por mordedura. El virus rábico cohabita con todos los animales del planeta desde hace mucho tiempo, nada más y nada menos que 4.000 años, y está distribuido prácticamente por todo el mundo. Ya en Babilonia, 2.300 a.C, se imponía multas a los propietarios de perros que causaban la muerte por mordedura. En la mitología griega, Aristeo prevenía el contagio (vacuna) y Artemisa curaba la enfermedad (tratamiento). En 1885, Pasteur inoculó la primera vacuna contra la enfermedad, salvando la vida a una persona que había sido mordida por un perro rabioso.

Los murciélagos son su principal reservorio y el perro es su principal vector transmisor, aunque no el único. En España hemos tenido casos de rabia por mordedura de murciélagos. El principal reservorio de la que se conoce como rabia salvaje es el zorro.

Cada 10 minutos muere una persona por rabia en el mundo, y el 95% de los casos lo son por mordedura de perros. El 80% de los casos se da en zonas rurales, el 95% en África y Asia, y un tercio de todos ellos se da en India. Afecta de manera particular a la población infantil. El número de casos anuales en animales no humanos es de aproximadamente 27.000.

El gran problema de la lucha contra esta enfermedad, que parece que se va resolviendo aunque queda por hacer, es la disparidad de medidas sanitarias que se toman según el continente en el que se actúa contra el virus.

En América Latina, por cada caso de rabia en humanos, son vacunados 2,8 millones de perros, 1,7 millones de bóvidos y 41.000 personas. En Asia, por cada caso de rabia en humanos, son vacunados 1.000 perros, 1.900 bóvidos y 200 personas, y en África, por la misma circunstancia, son vacunados 200 perros, 600 bóvidos y 8 personas. Como se ve la desproporción es clara.

En los últimos dos años, con el apoyo económico de la Unión Europea, la OIE ha entregado a diez países asiáticos 3 millones de dosis de vacuna para perros.

Un ejemplo claro de que los programas de vacunación masiva funcionan es que, en el Parque Nacional del Serengueti, las muertes atribuídas a la rabia han descendido en un 86% en las zonas en que se han puesto en marcha, y desde 2006 no se han comunicado muertes por esta causa en los poblados habitados por los Masai.

Los datos oficiales de la Organización Mundial de la Salud revelan que solo con gastar el 10% de los 2.100 millones de dólares que se utilizan anualmente en tratar a personas mordidas por animales bastaría para erradicar la enfermedad en el mundo.

Actualmente toda la comunidad científica está de acuerdo en que la rabia es un modelo de enfermedad que se presta como pocas a trabajar desde postulados de 'Una Sola Salud', es decir, la de todos los animales, incluida la especie humana, ya que sabemos que el sacrificio sistemático de los perros vagabundos no es la vía para reducir el número de casos. El error que se ha cometido hasta ahora, y que se está subsanando, es haber privilegiado la vacunación masiva de los animales destinados al consumo humano en detrimento de la vacunación de los perros. Hoy sabemos que la lucha contra el virus en su principal reservorio, el perro, es más rentable que la de la profilaxis en personas expuestas, lo que además carece de eficacia para modificar la ecología de la enfermedad e interrumpir el ciclo de transmisión.

La lucha contra esta terrible enfermedad, casi siempre mortal, ya se ha globalizado en torno a organizaciones internacionales como la FAO, la OIE, la OMS, los colectivos y gobiernos locales, los propietarios de perros y, por supuesto, los veterinarios, en especial aquellos que trabajan en centros privados y que inmunizamos millones de animales de compañía todos los años.

La rabia es una enfermedad que afecta a animales domésticos (bovinos, ovinos, équidos y suidos), carnívoros salvajes, murciélagos, de compañía (perros, gatos y hurones, al que incluyo sin gustarme demasiado considerarlo un animal de "casa"), así como simios y humanos. En función de los animales afectados hablaremos de rabia salvaje o selvática, y de rabia urbana.

El virus penetra a través de las heridas producidas por la mordedura y, raramente, a través de la saliva infectada, cuando ésta contacta con la superficie de las mucosas, o por arañazos de uñas lamidas con saliva contaminada. El virus no puede atravesar la piel intacta, y es muy raro el contagio por trasplante de órganos, por aerosoles o por ingestión de carne o leche contaminada.

Los veterinarios y los médicos nos enfrentamos a una enfermedad que por desgracia tiene un periodo de incubación muy largo, de hasta dos años, aunque lo normal es que se manifieste a las 4-8 semanas de la entrada del virus, es decir, de haber sufrido la mordedura. La eliminación de las partículas virales puede empezar hasta 15 días antes de aparecer los síntomas, lo que supone un grave problema a la hora de activar las alertas sanitarias: antes de que el perro o el gato manifiesten síntomas de rabia, habrán podido contagiar a otros animales, si es que hubo mordeduras, lo que collleva una complicada búsqueda de posibles portadores del virus, que a su vez podrían contagiar a otros. El virus progresa desde el lugar en el que se produjo la mordedura hasta que llega al Sistema Nervioso Central y pasa posteriormente a las glándulas salivares.

En términos médicos y veterinarios hablamos de una rabia furiosa y de una rabia muda o paralizante, aunque en ocasiones se pueden dar las dos formas en el mismo individuo. Los animales afectados se pueden morder de forma compulsiva la herida provocada por la mordedura, morder y atacar objetos imaginarios, mostrar intranquilidad, presentar pupilas muy dilatadas, presentar cambios en la fonación, mostrarse insensibles al dolor, comer piedras, arena, lo que en veterinaria llamamos pica, y presentar fotofobia e hidrofobia. Tras 1-4 días de presentar estos síntomas aparecerán las convulsiones, parálisis progresiva y muerte. Si en el animal afectado predomina la forma muda, habrá miedo, cambios de voz por parálisis en la laringe, temblores musculares y parálisis en la mandíbula y en la lengua, lo que imposibilitará la ingestión de alimentos y de agua, con hipersalivación y muerte por parálisis respiratoria. En los gatos prevalecerá la forma furiosa con arqueamiento del dorso, incapacidad para guardar las garras, maullidos constantes, incoordinación y parálisis.

Los métodos de diagnóstico en el laboratorio son variados, siendo lo deseable demostrar la presencia del virus en los animales afectados.

Si nos centramos en España, el debate actual está en conseguir de una vez por todas la unificación de criterios a la hora de actuar en la prevención de la enfermedad.

En este sentido, el mundo de la veterinaria coincide en que la vacunación debe ser obligatoria en todas las comunidades autónomas, siguiendo los mismos protocolos, en perros, gatos y hurones. Es ésta la conclusión a la que se llegó en Toledo hace pocos meses en un simposium en el que estuvieron presentes todos los estamentos relacionados con la sanidad. No es entendible que en España, a día de hoy, haya cuatro comunidades, que son Cataluña, País Vasco, Galicia y Asturias, en las que la vacunación de perros no sea obligatoria; tampoco es entendible que cada comunidad autónoma establezca protocolos diferentes, tanto en lo que respecta a la primera vacuna, que se realiza cuando los cachorros tienen tres meses de edad, como en las revacunaciones anuales. Un caso de rabia será igual en cualquier punto del territorio, aunque es cierto que determinadas zonas están más expuestas que otras a la entrada de animales que puedan portar el virus, como son Andalucía, Ceuta y Melilla, por su proximidad con Marruecos.

Curiosamente, perros de dos de las comunidades mencionadas, Cataluña y País Vasco, y en las que la vacuna de rabia no es obligatoria, se vieron implicados en la alerta sanitaria que se declaró el año pasado, cuando un perro procedente de Marruecos, pero cuyos propietarios tenían su domicilio en Cataluña y habían viajado por el país africano, que es en el que contrajo la enfermedad, presentó signos de rabia en Toledo. Además, de los 18 perros sacrificados (el enfermo y 17 que pasaban por allí), y no 4 como se dijo, debido a esta alerta sanitaria, 3 tenían su lugar de residencia en el País Vasco, concretamente en la provincia de Vitoria. Si quieres saber más sobre este caso en concreto, el año pasado presenté una ponencia en un congreso veterinario.

Es importante que los lectores sepan que si su perro sale de alguna de estas comunidades y se traslada temporalmente a cualquiera de las otras en que la vacunación antirrábica es obligatoria, deberá cumplir su normativa.

El tema de los gatos es más controvertido porque la mayoría de las comunidades autónomas no obligan a vacunarlos, salvo en Andalucía, Castilla-La Mancha y Ceuta y Melilla. En mi opinión, independientemente de que estos felinos vivan en viviendas desde las que no tienen acceso al exterior, como los que sí lo tienen, deberían ser vacunados, y así lo recomiendo a mis clientes en la clínica en la que trabajo, recomendación que la mayoría acepta gustosamente. Las explicaciones serían demasiado extensas para plantearlas en este artículo, pero estoy seguro de que los veterinarios que atienden a vuestros gatos habitualmente os las darán en cualquier de las visitas que hagáis a sus centros de trabajo. Un par de apuntes al respecto:

¿Te imaginas que tu gato, en un momento dado, mordiera a alguien que ha entrado en tu casa a realizar una reparación o un trabajo que le has encargado, o a alguno de los amigos de tus hijos? ¿Qué crees que pasaría si el agredido presenta una denuncia y tu gato no está vacunado contra la rabia? ¿Alguna vez entró en tu casa un murciélago que tu gato intentó atrapar?

Según la Asociación Americana de Medicina Veterinaria (boletín de enero de 2015), los animales (en concreto los perros, pero es probable que sea igual en los gatos) cuya vacunación antirrábica se consideró fuera de fecha en el momento de la exposición a un animal con rabia respondieron muy bien cuando recibieron un refuerzo de la vacuna inmediatamente después de ser mordidos, y no manifestaron síntomas de ningún tipo. Estos perros, vacunados previamente, adquieren un título de anticuerpos muy alto de forma inmediata. Un perro o un gato que nunca haya sido vacunado y que haya sido mordido por un perro o un gato con rabia, estará condenado a la muerte.

Afortunadamente, España estaba libre de rabia desde 1975, año en que un brote en Málaga afectó a 126 animales y provocó la muerte de una persona. El caso registrado en Toledo el año pasado debe servirnos para no bajar la guardia y estar muy pendientes de las amenazas que nos rodean, y no solo a nosotros sino a otros países europeos. En febrero de 2012 se detectó en Holanda un caso de rabia en un cachorro que había pasado por España procedente de Marruecos; estuvo en nuestro país ocho días. En 2013, en Francia, un gato procedente de Marruecos manifiestó síntomas de rabia. Una vez revisada su documentación se constató que no cumplía con la normativa europea para la importación de este tipo de animales. La necesidad de incrementar el control de las áreas en los puertos africanos es indispensable, así como en los pasos fronterizos por los que tienen que acceder las personas que los trasladan.

En 2013 tres cachorros de la misma camada entran en Holanda procedentes de un criadero de Bulgaria y a los pocos días manifiestan síntomas de la enfermedad y tienen que ser sacrificados, algo que no está demasiado lejano de suceder dentro de nuestras fronteras. Ojalá me equivoque.

También, el año pasado, en Madrid, una mujer murió de rabia, muchos meses después de haber sido mordida por un perro rabioso en Marruecos.

Desde hace muchos años, los veterinarios clínicos de pequeños animales asistimos atónitos al fraudulento negocio de los perros y gatos de importación que nos llegan desde los países del Este de Europa, que mayoritariamente llegan de Eslovaquia. Perros y gatos con pasaportes de la Unión Europea en cuyas reseñas figuran fechas de nacimiento que no se atienen a la realidad, y con sellos de vacunas que dudamos que hayan recibido, entre ellas la de la rabia, y que se venden en tiendas de mascotas. La Unión Europea legisla que ningún cachorro de perro o gato puede ser vacunado de rabia antes de que cumpla los 3 meses de edad, y que se debe esperar tres semanas para que cruce la frontera del país en que fue vacunado por primera vez, es decir, para poder ser importado. Los veterinarios en nuestras clínicas estamos hartos de ver animales procedentes de estos países que fueron ¿vacunados? mucho antes de los tres meses de edad perceptivos. Estos vendedores entienden que es muy complicado vender un cachorro con tres meses y tres semanas de edad, por lo que los traen con 45 días de vida o menos, falsificando las fechas de nacimiento y poniéndoles más edad de la que tienen para intentar cumplir las normativas de la Unión Europea mencionadas anteriormente. Incluso los hay que se atreven a cambiar los pasaportes del país de origen por un pasaporte español, haciendo creer al comprador que el perro o el gato han nacido en España. Ellos mismo lo reconocen, así que no me estoy inventando nada, y así lo afirmé en un programa de Cuatro TV hace tres años. Un fraude a todas luces, cuando el microchip que llevan, una vez comprobado, certifica que no se ha sido implantado en España.

El Seprona, pese al gran trabajo que realiza interceptando camiones en los que viajan hacinados estos animales, no da abasto para poder evitarlo, y tampoco los jueces cuando dictan sus sentencias sobre las denuncias que se han interpuesto sobre este tema, quedando impunes los delitos cometidos.

Desde nuestra asociación, AVATMA, hemos solicitado a los colegios que regulan nuestra profesión que nos doten a los veterinarios clínicos de alguna herramienta a través de la que hacerles llegar todas las irregularidades que detectemos relacionadas con la problemática comentada, y que sean ellos los que las transmitan a los que, desde los organismos públicos, pueden actuar en consecuencia. El hecho de que estén entrando en nuestro país miles de perros y gatos con una dudosa o nula inmunidad frente al virus rábico, supone un problema sanitario que en algún momento puede estallar. Ya he comentado anteriormente el caso ocurrido en Francia.

En el simposium de Toledo del año 2015 se hizo alusión a esta situación, recomendándose el incremento del control y vigilancia sobre las importaciones ilegales de animales domésticos e incluso salvajes, aunque en realidad los perros y gatos que entran en España de los países del Este de Europa no lo hacen de manera "ilegal", pero si incumpliendo las normativas europeas sobre la materia que estamos tratando.

La problemática de la rabia tiene otra vertiente suficientemente conocida y contra la que, de momento, se producen muy pocas muy actuaciones. Me refiero a la existencia de miles de perros de cazadores, que normalmente forman parte de rehalas para caza mayor, que presentan cartillas sanitarias en las que figuran como vacunados de rabia cuando realmente no lo están.

Los cazadores se niegan a inmunizar a sus perros porque dicen que la vacuna merma su capacidad olfativa, y siempre hay algún veterinario que dejó el código deontológico debajo de la cama, y que por unos euros colabora en el fraude. Afortunadamente son una mínima parte de nuestro colectivo. Este problema no es nuevo, viene de muchos años atrás, ha sido denunciado por veterinarios clínicos en algunas comunidades, y los organismos oficiales, pese a tener conocimiento de ello, poco o nada han hecho por solucionarlo, salvo ampliar las normativas burocráticas, que siguen sin cumplirse en muchos casos. La noticia que conocimos hace pocos días en Aragón es alentadora, y certifica lo comentado anteriormente. Lo mismo sucedió el año pasado en Andalucía.

Todo esto supone un peligro de salud pública que debería ser tenido en cuenta y contra el que se debe actuar con la máxima contundencia.

Se dice que la profesión veterinaria tiene una función que desempeñar y una responsabilidad que asumir en la prestación de servicios que lleven a la eliminación de la rabia en el ser humano a escala mundial, y aun siendo así, yo añadiría que también en el perro y en el resto de los animales que la pueden padecer. A ellos nos debemos y por ellos trabajamos. El lema de nuestra profesión 'Higia pecoris, salus populi', debería ser y no siempre lo es, adecuadamente interpretado. Como he comentado anteriormente la rabia debe ser contemplada en lo que se conoce como 'Una Sola Salud'.

Y para terminar, querido lector, si vas a viajar con tu perro o gato fuera de tu país de origen, las normativas sobre la rabia varían en función de las naciones y continentes, así que lo indicado es que consultes con tu veterinario lo que debes cumplir para no tener problemas, que, en algunos casos, pueden suponer el sacrificio de tu animal de compañía o, como mal menor, una larga cuarentena. Si vas a viajar a países que no son de la Unión Europea, los trámites debes ponerlos en marcha 4 meses antes de la fecha del viaje; sí, has oído bien, con 4 meses de antelación. Los veterinarios deberíamos conocer este tipo de normativas para evitar casos como el que se produjo el año pasado, cuando una catalana viajó con su perro a Marruecos sin haber sido informada adecuadamente de las normativas que debía cumplir, y tuvo que sufrir las consecuencias, aunque la historia tuvo un final feliz.

Sólo hay un camino para acabar con la rabia: vacunar. revacunar, revacunar...

Si quieres ampliar la información sobre todo lo que os he contado, aquí tenéis un excelente documento.

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Editamos Ruth Toledano y Concha López.

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Publicado el
6 de octubre de 2015 - 21:25 h

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