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Los piratas del cemento

Ramón Pérez Almodóvar / Ramón Pérez Almodóvar

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Los piratas del cemento y del asfalto han destrozado nuestro ecosistema y nuestra biodiversidad, han reducido a la mínima expresión la superficie agrícola de la isla, nos han hecho absolutamente dependientes para alimentarnos de los importadores sin escrúpulos que se benefician del REA, han aniquilado cualquier posibilidad de desarrollo ganadero, han sometido a una presión difícilmente soportable al pequeño y mediano comercio insular, favoreciendo la implantación de grandes transnacionales de la distribución de alimentos y otros productos, han conseguido que la mayor parte de la población dependa del turismo para trabajar, es decir, dependa de grandes touroperadores como TUI, han condenado al fracaso escolar a decenas de miles de jóvenes y a una vida indigna a decenas de miles de personas mayores dependientes, especialmente a aquellas que sufren enfermedades mentales irreversibles.

Estos políticos profesionales desvergonzados han destrozado las ciudades donde vivimos para hacerse de oro especulando con el precio del suelo; han derrochado nuestro dinero, construyendo obras que disfruta una minoría, como el Auditorio, mientras que los trabajadores de la cultura se las ven y las desean para sobrevivir; han despilfarrado los recursos de todos construyendo infraestructuras innecesarias, como el tranvía; nos han robado en nuestra cara, a la vista de todos, como en Las Teresitas; han vendido nuestro derecho al agua, como el caso de EMMASA en Santa Cruz; han construido obras e infraestructuras con dinero público para regalarlas en concesión privada a sus amigos, como el Parque Marítimo de Santa Cruz o el mismo tranvía; en suma, han aplicado el programa de la Escuela de Chicago sin ruborizarse, privatizando derechos y servicios, como la salud, la educación, el abastecimiento de agua, la generación y distribución de energía eléctrica, la recogida de basura, el mantenimiento de parques y jardines, etc.

Estos sinvergüenzas han condenado al paro estructural a más del 25% de la población, a la economía sumergida a otro tanto por ciento similar, a bajos salarios y largas jornadas de trabajo a la mayor parte de los trabajadores, mientras una minoría se ha ido haciendo cada vez más rica gracias a un sistema fiscal de corte feudal, una evasión fiscal masiva legalizada (RIC).

Todo, claro está, con la clara complicidad y participación de un buen número de medios de comunicación que se han lucrado con algunos de los negocios de los piratas del cemento y el asfalto, ocultando a la población tal estado de cosas, vulnerando día a día los derechos de los ciudadanos, como la libertad de expresión y el derecho a recibir información veraz. Estos caraduras todavía tienen la desfachatez de despotricar contra la supuesta falta de libertad de expresión en Venezuela, donde los medios de la oligarquía han preparado y ejecutado un golpe de estado. Sin duda, les gustaría que sus socios pudieran hacer allá lo mismo que ellos hacen aquí.

Los piratas del cemento, empezando por Miguel Zerolo y siguiendo por Ricardo Melchior, son los responsables del caos que se forma en Santa Cruz cada vez que cae un 'palo de agua': no pueden culpar al Instituto de Meteorología ni tampoco a una fuerte lluvia. En 2002 hubo varios muertos, seis, y no dimitió nadie, ni Zerolo ni Hilario Rodríguez, el santero del Suroeste. En 2005, una intensa lluvia mezclada con fuerte viento, que no era una tormenta, dejó a oscuras durante varios días a media isla. No sabemos si UNELCO-ENDESA ha pagado multa alguna. Ahora, una fuerte lluvia, anunciada, preavisada como en 2002, una borrasca, saca a relucir los efectos de la aplicación del neoliberalismo salvaje en Tenerife, que ha urbanizado barrancos, colmatado de edificaciones lomas como Ifara, que quiere cementar los sebadales, que ha borrado paisajes (caso Mamotreto, que además es ilegal), que pretende extinguir especies por Ley, que asfalta cerebros con su apisonadora mediática?y buena parte de todo lo anterior, al margen de la Ley.

Porque los piratas del cemento tampoco cumplen las sentencias que pierden. Por lo tanto, el ejemplo que dan nuestras autoridades es que la Ley está para no cumplirla. Siendo esto así, quedan pocas opciones: una es organizarse y prepararse para tomar pacíficamente las instituciones públicas que unos pocos traidores vendepatrias han prostituido.

Ramón Pérez Almodóvar

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