La noche en que Canarias guardó silencio: el apagón invisible
El 28 de abril de 2025, mientras la Península Ibérica sufría el “cero eléctrico”, en Canarias las luces siguieron encendidas. Pero a las 20:43 horas, un apagón distinto se extendió por todo el archipiélago: el de las comunicaciones telefónicas. Un fallo en cadena, que arrancó en un desequilibrio energético lejano, acabó por ahogar el pulso digital de las islas.
Contexto del “cero eléctrico” peninsular
A mediodía, Red Eléctrica de España detectó una brusca caída de frecuencia: en solo cinco segundos, 15 000 MW —casi el 60 % de la generación peninsular— quedaron desconectados. El resultado fue un apagón masivo que dejó sin luz a buena parte de la Península. Canarias, con su sistema eléctrico propio, no se inmutó: no hubo ni un solo corte de luz.
Sin embargo, esa misma tarde, mientras la población buscaba noticias y trataba de comunicarse con familiares, algo comenzó a fallar en las redes de voz y datos. A las 20:43 h, los teléfonos móviles y fijos dejaron de conectar.
La señalización: la gran víctima silenciosa
Cada llamada telefónica necesita, antes que nada, un permiso: un intercambio de datos de control que la red tramita mediante protocolos (SS7 en la telefonía tradicional y SIP/IMS en las redes de datos LTE). Cuando se desató el pánico informativo por el apagón peninsular, millones de usuarios apretaron “llamar” al mismo tiempo.
Los sistemas de señalización, diseñados para gestionar hasta unos 1. 000 mensajes de control por segundo, vieron multiplicada esa carga por 1,5. Las colas de petición se colapsaron y el softswitch empezó a rechazar nuevas llamadas. Las antenas seguían activas, pero les faltaba el “visto bueno” de la red para establecer la conexión.
Cables submarinos sin pulso propio
Canarias conecta con Europa y África a través de cuatro cables de fibra de largo recorrido. A lo largo de esas rutas, repetidores ópticos refuerzan la señal; sin embargo, carecen de generadores autónomos: dependen de la alimentación remota (±6 kV) desde estaciones situadas en la Península y el norte de África.
Cuando el “cero eléctrico” dejó sin energía esas estaciones de alimentación, los amplificadores submarinos se quedaron sin corriente. En cuestión de minutos, los cuatro cables perdieron la capacidad de transportar voz y datos. Aunque en las islas todo seguía iluminado, sus arterias de información habían sufrido un paro cardíaco energético.
Respaldo local que no bastó
Los centros de conmutación en Canarias contaban con UPS de emergencia y generadores diésel para mantener operaciones cortas. Las baterías aguantaron alrededor de media hora; los generadores llegaron a arrancar, pero fallaron en las pruebas automáticas de continuidad y no pudieron sostener la carga. Sin energía local en esos nodos, la señalización y la conmutación quedaron en suspenso.
Centralización de la inteligencia de red
La gestión de las llamadas móviles (el MSC o MTSO) está concentrada en la España peninsular. Cuando esos centros perdieron conectividad de fibra y respaldo eléctrico, las estaciones base canarias quedaron huérfanas de su “cerebro”: radiaban señal, pero sin instrucciones para negociar ninguna conversación.
Cronología del silencio
Hora Qué sucedió
20:43 Primeras llamadas bloqueadas; silencio radial.
20:45–21:15 Saturación de señalización: hasta 75 % de rechazos.
21:00 Caída simultánea de los cuatro cables submarinos.
21:30 Agotamiento de UPS; generadores dejan de funcionar.
23:30 Restablecimiento parcial de alimentación en origen.
05:00 (29) Recuperación completa tras conmutación alternativa.
Un apagón más allá de la electricidad
No fue un apagón de luces, sino de voces. Un incidente ajeno a Canarias abrió una brecha en su sistema de comunicaciones, revelando que la independencia eléctrica no basta si las redes de datos y voz dependen de infraestructuras externas.
Este blackout telefónico expuso la fragilidad de la señalización masiva, la vulnerabilidad de los cables submarinos sin fuente propia y el riesgo de concentrar la “inteligencia” de la red lejos de donde se usan.
Canarias continuó brillando en la oscuridad eléctrica, pero esa noche aprendió que el futuro de sus comunicaciones exige latidos propios: amplificar la señalización, dotar de energía local a sus enlaces submarinos y acercar el “cerebro” de la red al archipiélago. Sólo así podrá evitar que, ante la próxima crisis, el silencio vuelva a extenderse de costa a costa.
Reacción institucional: hacia una red más resiliente
Tras la caída del sistema, se han iniciado contactos con los principales operadores de telefonía móvil para analizar la posibilidad de establecer nodos de comunicación dentro del archipiélago. El objetivo es evitar futuras interrupciones masivas como la vivida durante horas tras el apagón peninsular. Aunque Canarias cuenta con enlaces como Canalink, que conectan con Europa y África, la dependencia de nodos externos sigue siendo un punto débil evidente.
Acciones del Gobierno de Canarias
Tras el apagón telefónico, el Gobierno de Canarias activó el Plan Territorial de Emergencia de Protección Civil (PLATECA) para coordinar la respuesta ante la caída masiva de las comunicaciones. Esta medida permitió acompañar el restablecimiento progresivo del servicio, pero no abordó de forma estructural las carencias detectadas durante la crisis.
La actuación, centrada más en gestionar los efectos inmediatos que en prevenir futuros fallos, ha sido cuestionada por varios expertos en telecomunicaciones. Pese a la magnitud del fallo, no se ha anunciado un plan específico de inversiones para dotar a Canarias de una red de respaldo propia ni medidas concretas para descentralizar la inteligencia de red. El blackout ha evidenciado que, si bien Canarias cuenta con independencia eléctrica, no dispone de soberanía tecnológica suficiente para garantizar sus comunicaciones ante fallos en el continente.
Próximas reuniones con operadores de telecomunicaciones
En respuesta a la crisis de comunicaciones, el Gobierno de Canarias y varios cabildos insulares han solicitado reuniones con los principales operadores de telecomunicaciones para la próxima semana. Estas reuniones tienen como objetivo analizar las causas del apagón y explorar soluciones que refuercen la resiliencia de las infraestructuras de comunicación en el archipiélago.
Durante estas reuniones, se prevé discutir la posibilidad de establecer nodos de comunicación dentro de las islas, reducir la dependencia de infraestructuras externas y mejorar los sistemas de respaldo energético para garantizar la continuidad del servicio en situaciones de emergencia.
Una oportunidad que no puede desaprovecharse
Lo ocurrido no debe quedar en una anécdota ni en una simple nota de prensa. Es una llamada de atención que ofrece a Canarias la oportunidad —y la responsabilidad— de revisar a fondo su sistema de comunicaciones. Reforzar la autonomía tecnológica, descentralizar la inteligencia de red y asegurar enlaces con respaldo energético son pasos imprescindibles. Que esta crisis se convierta en el punto de partida para garantizar que nunca más el archipiélago vuelva a enfrentarse a un apagón que, aunque invisible, silencie millones de voces.
0