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2026: para que el mundo nos duela con todas sus fuerzas
“Noto que algo me falta hoy para ser, que me falta hoy para estar”, nos cantó el gran Leiva en los últimos minutos del 2025 en TVE en un emotivo homenaje a Robe Iniesta, que apenas unas semanas antes de terminar el año tristemente nos dejó para volar alto, como buen hombre pájaro que era.
2025 ha quedado atrás. Y lo hace dejándonos un mundo más feo y embrutecido. Baste pensar en el genocidio israelí de Gaza, en el conflicto de Sudán, en la guerra de Ucrania, en la creciente militarización, en la criminalización de personas migrantes… Barbaries todas ellas que han sentado las bases para que 2026 sea peor… o para que despertemos.
Así, ha arrancado el nuevo año. Con el bombardeo de EEUU a Venezuela como pistoletazo de salida. Y yo, que noto que algo me falta para ser, que me falta para estar. Quizás una pizca de inocencia. Quizás una pizca de coraje. O de esperanza. Esa que va desvaneciéndose a medida que el mundo normaliza el caos, la violencia y la locura.
Puede que sea porque Robe ya no está para embellecer con sus canciones este mundo que nos duele. Y tanto que nos duele. Nos duele este asfixiante aire de época. Este espíritu de los tiempos, atravesado por la vieja máxima del capitalismo, “piensa mal y acertarás”, hoy elevada a sentido común. Nos duele su pesimismo antropológico, según el cual “el hombre es un lobo para el hombre”, porque en la naturaleza humana está, dicen, el egoísmo y no la solidaridad, la competencia y no la cooperación.
Nos duele Donald Trump, encarnando el ideal del ‘homo economicus’ individualista y calculador y el hombre de negocios de éxito. Culminando al mismo tiempo el sueño americano y la distopía orwelliana. Actuando como emperador de un imperio en decadencia, decidido a sustituir un mundo (pretendidamente) basado en reglas, por otro basado en la ley del más fuerte; un orden basado en el derecho internacional, por otro basado en la desconfianza en el que si piensas mal, acertarás.
Pero el mundo ha empezado el año también conmocionándose ante el ataque de Trump a Caracas. Y eso, en el ocaso de los tiempos que vivimos, es una buena noticia: aunque muera a todas horas gente dentro de nuestro televisor, aún no han destruido del todo nuestra sensibilidad, aún no han destruido del todo nuestra humanidad.
Si supiera yo mandar a tomar por culo con el estilo con el que lo hacía Robe, mandaría a tomar por culo a toda esa Administración norteamericana que ha desempolvado la Doctrina Monroe, con el “corolario Trump”, y que vuelve a tratar a América Latina como su patio trasero (rescatando a Milei en Argentina, expulsando a China de Panamá o México, combatiendo a la izquierda en todo el hemisferio…) y que ha declarado que va a intervenir en la Unión Europea apoyando a partidos de extrema derecha.
Si supiera yo mandar a tomar por culo con el estilo con el que lo hacía Robe, mandaría a tomar por culo a todos esos líderes europeos que han aceptado la sumisión a Estados Unidos pese a que Trump les humille constantemente, declare explícitamente su injerencia, amenace con anexionarse Groenlandia o pese a que Elon Musk declare que la UE debería desmantelarse. Esos líderes europeos que aplauden el ataque a Venezuela y declaran que Nicolás Maduro es un dictador ilegítimo, mientras apoyan al genocida de Netanyahu, para quien la Corte Penal Internacional sí emitió una orden de detención por crímenes de guerra.
Mandaría a tomar por culo a casi todos los líderes españoles, especialmente a los aliados de Trump (Vox y el ala más trumpista del PP, encarnado por Isabel Díaz Ayuso), pero en general, a todos los que consienten que el nuevo embajador de EEUU en España venga a presionar para el aumento del presupuesto para la OTAN y a apoyar a la extrema derecha. Igual que mandaría a tomar por culo a muchos de los líderes canarios, como el presidente Clavijo, que se ha limitado a decir que “Canarias sigue con preocupación la situación de Venezuela”, como si por allí hubiera pasado un huracán o un tifón, sin condenar abiertamente la agresión a un país cuyo vínculo con Canarias es historia viva. O como el vicepresidente de la Unión Canario-Venezolana, hablando de “aires de libertad” tras escuchar las bombas. Muy al contrario que los colectivos antimilitaristas y la sociedad civil canaria, que han protestado contra el bombardeo, como en tantos otros lugares del Estado y del mundo.
Si supiera yo mirar al mal a los ojos como hacía Robe, gritaría que, como en la novela 1984, hoy la guerra es la paz y la mentira es la verdad. Que el verdadero dictador, Donald Trump, ha secuestrado a Nicolás Maduro bajo acusaciones de narcotráfico que nunca ha demostrado, mientras indulta al exmandatario hondureño Juan Orlando Hernández, que sí había sido condenado a 45 años de cárcel por narcotráfico. Si supiera yo mirar al mal a los ojos como Robe, aullaría algún verso salvaje que hablara de que los intereses de un alcalde que jura su cargo sobre el Corán, como ha hecho Zohran Mamdani en Nueva York, pueden alinearse más con los intereses de sus conciudadanos que los de otros líderes que disfrazan su xenofobia de patriotismo.
Claro que han bombardeado Venezuela, cómo no iban a hacerlo. Si desde que cayó la URSS, ha sido el país que, junto con Cuba, más ha incomodado a Washington. Si fue Venezuela uno de los países que organizó la OPEP y aceleró la entrada de China y Rusia en América Latina. Si fue Venezuela quien impulsó la UNASUR y la CELAC y se atrevió a negociar el petróleo en monedas distintas al dólar. Porque debemos entenderlo: al igual que en Europa no se puede ser demócrata sin ser antifascista, en América Latina no se puede ser demócrata sin ser antiimperialista. Y si alguien se ha atrevido a plantar cara al imperialismo norteamericano, esa ha sido sin duda Venezuela.
Por eso, principalmente por motivaciones ideológicas y de dominación geopolítica, tal vez usando el petróleo más como pretexto que como objetivo, no podían tolerar que Venezuela desafiara su hegemonía en la región y no es descartable que a partir de ahora vayan a por México, Colombia, Cuba y otros países que se resistan a alinearse con las prioridades estratégicas de EEUU. Por eso, y por supuesto, por la necesidad de desviar la atención del caso Epstein, lograr un golpe de efecto de cara a las elecciones de medio mandato e incrementar la popularidad de Trump en unos Estados Unidos fracturados.
Pero no solo han bombardeado Venezuela y secuestrado a su presidente: han bombardeado el derecho internacional y han secuestrado la soberanía de los pueblos recogida en la Carta de las Naciones Unidas. Ayer fue Gaza, hoy es Venezuela y mañana será cualquier país que se les oponga. Y cuidado, porque el proyecto europeo está hoy en peligro existencial, con elecciones clave en el horizonte como las de Portugal y Hungría, con gobiernos como el de Francia y España en la cuerda floja, y con una extrema derecha dopada por EEUU y al alza en las encuestas, cuando no ya en el gobierno.
Tampoco cometamos el error de pensar que los conflictos nunca cruzarán nuestras fronteras. Cerca del archipiélago canario, por ejemplo, varias explosiones en un buque en las costas senegalesas hicieron saltar todas las alarmas a finales de noviembre, trascendiendo a la prensa especulaciones que apuntaban a operaciones de sabotaje que podían extender la guerra a las aguas del Atlántico africano. Puede que no fuera nada, pero es sabido que buques de la flota fantasma rusa repostan habitualmente en puertos canarios. Lo que unido a la creciente inestabilidad en el Sahel y los planes expansionistas de Marruecos, férreo aliado de EEUU, podría fácilmente acercar la guerra a nuestro territorio (ahí está el Sáhara Occidental, el otro gran perdedor en los últimos movimientos geopolíticos).
2026 ha empezado, y yo noto que algo me falta para ser, que me falta para estar. La inocencia, el coraje, la esperanza: quizás eso es lo que más nos han bombardeado.
Mi deseo para este nuevo año: que el mundo nos duela. Que nos duela con todas sus fuerzas. Que se nos contagie la dignidad de todas esas personas que luchan, que se expresan, y sobre todo, que estos días han vuelto a posicionarse bajo el lema del ‘No a la guerra’. Que trabajemos para que algún día Canarias haga valer su posición estratégica para liderar un nuevo impulso atlántico por la paz y la transición ecosocial. Para que transformemos el dolor en voluntad de cambio. Para que no tengamos que pensar mal para acertar.
Que Robe vuelva y sea millones. Para que volvamos a embellecer el mundo. Para que escribamos nuestro futuro. Para que nos atrevamos a soñar.
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