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Política Se cumplen dos años de las elecciones municipales de 2019 en Santander

El PP llega al ecuador de su legislatura sin que el desgaste de un gobierno dividido ni la pandemia le pasen factura

Presentación de la reforma del Centro Cultural del Grupo Ateca. De izquierda a derecha, Ceruti, Igual y Díaz.

Un 26 de mayo de 2019, Gema Igual, cabeza de lista del PP, ganaba las elecciones municipales en Santander con uno de los resultados más bajos de la historia reciente de su partido. Perdida la mayoría absoluta y con un PP en el que no escampaban los casos y juicios por corrupción, el partido de Pablo Casado encaraba en la capital una ardua formación de gobierno y una gobernanza no menos azarosa con 11 concejales. Con una oposición conjurada para arrebatar al PP su sempiterna hegemonía pintaban bastos para los populares. Dos años después, no solo el PP ha mantenido la Alcaldía con el apoyo de Ciudadanos y Albert Rivera, sino que ha pasado por una pandemia sin pagar el desgaste que ello ocasiona. Llegado el ecuador de la legislatura, el PP, en un equipo de gobierno abiertamente dividido con Ciudadanos, acomete los dos años que restan antes de volver a las urnas en 2023 reforzado y con aspiraciones de volver a la senda de la mayoría absoluta.

Este 26 de mayo de 2021, dos años después, el PP tiene dividida a la oposición, al socio resignado, más dinero que nunca en la arcas municipales y un Gobierno de Cantabria que está pagando los platos rotos de una epidemia, cuya gestión ante los sectores más afectados parece pasar de largo por la Plaza del Ayuntamiento. Sin embargo, este mismo día, la capital de Cantabria llevaba contabilizados 8.980 contagios, desde que se desatara en 2020 la crisis por coronavirus, uno de cada cuatro casos diagnosticados en Cantabria, así como 128 muertos, casi uno de cada cinco fallecimientos acaecidos en la Comunidad. Basta pasear por la primera línea comercial de sus calles y, sea por la pandemia o por la crisis lastrada desde 2008, los comercios cerrados se cuentan por docenas. Si a eso se añade las presiones y movilizaciones por las consecuencias económicos de las restricciones, con una Asociación de Hostelería belicosa, excepto con el equipo de gobierno, puede decirse que Partido Popular y Ciudadanos han conseguido que la mirada de los ciudadanos se dirija a la sede de Presidencia en la calle Peña Herbosa a la hora de pedir responsabilidades.

Sin embargo, basta bajar al detalle para comprobar que el Ayuntamiento tiene flancos abiertos que no permiten triunfalismos gestores y menos fundamentar en datos su convencimiento en retornar a la senda de las mayorías. Hay en ello por lo tanto más motivos emocionales que reales: en primer lugar, una desconfianza ya atávica del ciudadano en la contraoferta electoral de la oposición, pero también por la ola a la que parece haberse subido el PP tras los resultados electorales de Madrid (no se mencionan los de Cataluña), del mismo modo que el socio Ciudadanos mira con aprensión cómo el partido va desapareciendo de aquellas instituciones donde se realizan comicios. Y a la hora de votar, lo emocional pesa tanto o más que lo racional.

De los compromisos con que se formó el pacto de gobierno, tres al menos no se han cumplido, pero no importa, parece dar igual, ya que no le está pasando factura al PP. En la Magdalena sigue la escollera que había que retirar y en el Paseo de Pereda el carril-bus que había que quitar; mientras la portavocía conjunta que ostentaba el primer edil de Cs, Javier Ceruti, ha dejado de existir. Ítem más: con dos presupuestos en vigor (uno ordinario de 201 millones de euros y uno extraordinario anti-Covid de 60 millones), el Consistorio tiene más liquidez que nunca, pero su grado de ejecución no es como para tirar cohetes (apenas sobrepasa el 70%) y la liquidez es más producto del dinero no gastado de anteriores ejercicios que de una bonanza económica que haga rebosar las arcas municipales.

Para desesperación de la oposición, también da igual lo que se apruebe en el pleno de la Corporación. Formalmente hay mandatos que el equipo de gobierno ha de llevar a término, por no hablar de las leyes cuya ejecución es inexcusable, pero en la practica depende de la voluntad y la capacidad de este, el cual no tiene ninguna prisa en reformar el reglamento del plenario, por ejemplo, para crear comisiones de investigación que examinen la ejecución de las grandes contratas de servicios municipales -basura, agua y parques-, tan poca prisa como en aplicar la Ley de Memoria Histórica en su callejero. Así que solo basta bajar a la calle, para comprobar cómo en Santander el general Dávila sigue teniendo un paseo dedicado a su memoria y los contenedores de basura amanecen literalmente en ruina sin que se repongan. Obviamente no se encontrará ninguna declaración o negativa expresa a desarrollar los mandatos del plenario, simplemente estos entran en un pudridero temporal que conduce al olvido. Allí quedan arrinconados junto a las buenas intenciones de tener aprobada esta legislatura el avance del nuevo Plan General de Ordenación Urbana.

Y quedan dos años en los que la pandemia, si se cumplen las expectativas, irá pasando a un segundo plano y la reactivación económica será un simulacro de recuperación, algo que a buen seguro sí que el Partido Popular se atribuirá. La oposición, mientras tanto, sigue intentando erosionar la credibilidad de un equipo de gobierno que ya no oculta su división interna entre los socios, visto que eso no le pasa factura, y pese a los lamentos públicos de Ciudadanos por los incumplimientos sistemáticos.

Los socialistas son muy activos en buscar y hacer públicos los resquicios, agujeros y fallas gestoras de la Alcaldía. El PRC, por contra, ha adoptado una estrategia más 'conseguidora' para lo cual echa mano sin tapujos de sus parlamentarios en Cortes, socios necesarios del Gobierno Sánchez, y del Gobierno regional e instituciones que controla como el Puerto de la capital. Unidas por Santander intenta sacar provecho a su único concejal con medidas más testimoniales que efectivas dedicadas a las capas más vulnerables de la sociedad, mientras Vox centra su política en nichos que le dan buenos resultados en toda España: socavar los programas de protección a la mujer y los emigrantes, aparte de prestar, ya por dos veces, un apoyo necesario al PP para aprobar sus cuentas anuales, apoyo del que el PP parece olvidarse rápidamente.

Los esfuerzos de todos ellos poco parecen calar ante una población que parece tener más que asumido que, pase lo que pase, el gobierno de Santander es cosa del PP desde los tiempos de los Reyes Católicos, como dijo en una ocasión el exportavoz socialista Juan José Sota.

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