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Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

Política migratoria de arma blanca

Concertinas en el vallado del Puerto de Santander.

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Un colgajo de unos diez centímetros de carne, desprendida del brazo de Daudá, chorrea sin cesar. Es un joven burkinés de 22 años, y su brazo quedó desgarrado tras engancharse con las cuchillas de la valla de Melilla. Se retorcía de dolor, encaramado en la valla y, como cada vez que enfrento la crudeza de imágenes de este tipo, me pregunto qué pensará de los ciudadanos de un país en el que se recibe a la gente pobre “a cuchilladas”, esto es, con metros y metros de vallas llenas de cuchillas. Cuchillas que te arrancan carne, que se clavan en manos, brazos, piernas, que te gritan que no solo no eres bienvenido, que has sido deshumanizado, que eres un “asaltante”, una “avalancha”, un intruso en el país del bienestar.

Pero, por fin, las quitaron. Quitaron las vallas de Ceuta y Melilla, y eso que estaban en una zona de máximo tránsito, en una de esas zonas en las que a quienes defendemos los Derechos Humanos nos cuesta tanto hacer entender que da igual que sean muchos los que intentan pasar, y que hay que respetar sus Derechos Humanos, que son los nuestros, sea como sea: porque no son algo condicionado; porque la legislación internacional, por no hablar de la ética, son incondicionadas; porque la vida está por encima de todo; porque la hospitalidad es una institución que se encuentra en los cimientos de la civilización y da igual si supone un cierto problema admitir la llegada de quienes son perseguidos o huyen de la guerra —refugiados políticos— o quienes no tienen qué comer —refugiados económicos—.

Tenemos los datos, que pesan como cuerpos que caen con la gravedad dramática de un fardo inerte, a modo de argumentos: 'Monitoreo del derecho a la vida', se llama el informe, con un nombre que duele. En el transcurso del 2021, se han contabilizado hasta 4.404 víctimas de la Frontera Occidental Euroafricana, gracias a los datos obtenidos por el colectivo canario Caminando fronteras a través del contacto directo con las propias víctimas, así como con sus seres queridos. Esta organización, que realiza la impagable e impagada labor de ser nuestro Observatorio de Derechos en las Fronteras, nos informa de un terrorífico aumento del 102.95% en las muertes de víctimas tan anónimas, que el 94.80% siguen sin ser identificadas, y de las que, que se sepa, 628 fueron mujeres y 205 niños y niñas ahogados. Durante el año 2021, doce personas murieron cada día de media cuando intentaban llegar en las distintas rutas migratorias hacia el Estado español. Por poner un ejemplo del tipo de casos recogidos en el informe, el testimonio de A.: “Señora se ahogó mi bebé, se ahogó” —explicaba por teléfono a Helena Maleno o alguna de sus compañeras, no se especifica— “Mi bebé está muerto, muerto, la gendarmería me trajo al hospital y el bebé está en la morgue. Quiero salir de aquí y enterrarlo”. A. pudo enterrar a su hijo en Tánger después de sobrevivir a aquel naufragio el 20 de mayo de 2021.

Aunque hoy por hoy la ruta más transitada —y mortífera— es la Ruta Canaria, las entradas por Ceuta y Melilla siguen siendo notables. Solo en mayo entraron unas 8.000 personas por la frontera sur, como fruto del chantaje del gobierno marroquí, y la mitad, por cierto, fueron devueltas “en caliente” violando la legislación internacional y contra las sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo y del Tribunal Constitucional español. Pero se quitaron las cuchillas sustituyéndolas por una estructura de “peine invertido” para impedir los profundos cortes que provocaba el alambre de cuchillas. Mejora muy parcial y, además,  siguen presentes en el lado marroquí.

Bien, pues en nuestra ciudad, en la que Revilla ha denunciado que todos los días hay una decena de intentos —¡una decena!—, donde la Autoridad Portuaria se las ha tenido que ver con los problemas generados por los intentos de paso a Gran Bretaña de una treintena de muchachos albaneses, una buena mañana, nos levantamos nada menos que con una valla con concertinas. ¿En serio? Si no fuera tan grave el caso, darían ganas de reír ante semejante disparate, ante el talante chusco con que se toman ciertas decisiones. En Bilbao pusieron una valla más alta y se ve que la Autoridad Portuaria santanderina tuvo la infeliz ocurrencia de subir la apuesta: seis metros de concertinas, que gritan que la ética y los Derechos Humanos no tienen prioridad aquí, que ensucian el paisaje de nuestra preciosa Bahía, que generan alarma social y fomentan la xenofobia en vez de crear puestos de trabajo y solucionar la inseguridad, que al parecer provoca la situación, con trabajadores sociales y fuerzas de seguridad. Y hay en licitación la compra de una decena de kilómetros más, porque ha comprobado “cierta eficacia” allí donde las han probado. Moscas a cañonazos, vivir para ver.

Si después de este clamor ciudadano y político las concertinas siguen ahí, solo cabrá pensar que la política es pura estética o mero tráfico de influencias, y una de las bahías más bellas del mundo quedará convertida en una de las más crueles e inhumanas

Por supuesto, la respuesta social no se ha hecho esperar, y las voces críticas con semejante desmán se han elevado desde el minuto uno. Pasaje Seguro se movilizó y elevó queja al Defensor del Pueblo, y ha recogido casi 45.000 firmas en contra de la medida salvaje y Cáritas ha pedido la retirada también. Izquierda Unida ha preguntado a la Comisión Europea su postura sobre la decena de kilómetros previstos, y las Juventudes Socialistas han condenado la vulneración de Derechos Humanos y puesto de relevancia que fue una decisión unilateral del presidente de la Autoridad Portuaria, Francisco Martín —cuyos valedores son Revilla y el PRC— quien no contó con el Consejo de Administración de la entidad. La propia delegada del Gobierno, Ainhoa Quiñones, se declara “totalmente en contra” y descarga la responsabilidad exclusivamente en el Puerto, y el PSOE ha pedido en el Parlamento cántabro la retirada “inmediata”. Pero Revilla se contenta con señalar que “a él tampoco le gustan”, sin hacer movimiento alguno al respecto.

Si después de este clamor ciudadano y político, las concertinas siguen ahí, solo cabrá pensar que la política es pura estética o mero tráfico de influencias, un juego de trileros, y una de las bahías más bellas del mundo quedará definitivamente convertida en una de las más crueles e inhumanas. Dice Saskia Sassen, una de las mejores sociólogas actuales, que “la seguridad se consigue por medio de la integración y no la fortificación y militarización”. Hagan lo que deben, acaben con esta política migratoria de arma blanca, y no nos hagan pensar que son unos inútiles. 

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