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“Hasta que no nos demos cuenta de que el capitalismo nos está matando a todos, no empezaremos a cambiarlo”

Andraka presentando su libro junto a la poeta Marta Navarro y Carmen Giménez

María Pérez Guerra

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25 años y miles de kilómetros recorridos después, el periodista radiofónico Gorka Andraka publica su primer libro, 'Chiribitas, historias que prenden la vida'. Se trata de una serie de 72 relatos que recorren el mundo, cuentan historias épicas y cotidianas y critican la sociedad establecida, son feministas y ecologistas. El autor ha descubierto muchas de las historias cuando compaginaba su programa de radio, 'Mar de fueguitos', con la cooperación, que le ha llevado a sitios como Irak o el Sahara. Este viernes a partir de las 20.00 horas presentará esta historias que prenden la vida en 'La Vorágine'. 

En el libro cuenta 72 relatos de diferentes partes del mundo, ¿cuál es el nexo común?

El título del libro es 'Historias que prenden la vida' porque todas son historias reales de gente que sigue luchando por cambiar las cosas, tiene dignidad con su vida, vive en positivo y trata de cambiar a mejor.

¿Cuánto contenido tiene de crítica social?

Hay historias más políticas o que tienen que ver con gente que está en conflictos, en guerras y en campamentos de refugiados y hay historias de gente de aquí, que vive en su pueblo con sus vecinos y compra en la tienda del barrio. Pero, al final, todas las tienen un contenido político porque yo creo que sin política no hay vida. 

¿Cómo ha conocido esas vivencias?

En la mayoría de sitios he estado, por ejemplo, en Chiapas, Irak y Sahara. Hay otras, como la de la Plaza Roja de Moscú, que me han contado.

¿Qué importancia tienen los viajes para empatizar y curar males como el racismo?

Viajar, conocer culturas y gentes distintas te abre la mente. Conocer otras maneras de pensar y de entender la vida es bueno para no pensar que tu modelo es el único que vale y que existe. Hay cosas de otras culturas que no te gustan, pero otras que puedes coger para ti. También empatizas mucho mejor y eres más cercano y sensible. Si, por ejemplo, viajas a Senegal y ves la situación que hay allí, cuando lleguen los refugiados a la puerta de tu casa no va a ser igual que si no sabes nada.

¿Cree que falta empatía?

Lo que falta ahora es sentido común, porque el modelo que tenemos, el capitalismo loco, nos los quita. Nos parece bien todo: que uno esté debajo de un puente tirado, que la gente se muera en el Mediterráneo porque no le dejamos un barco… Hemos perdido el sentido común, las mayores barbaridades nos parecen normales. Siempre decimos “no se puede hacer otra cosa” o “las cosas son así”, pero son así porque el modelo que tenemos las ha hecho así. Si viajas a otras partes del mundo, hay otras maneras de, por lo menos, intentar vivir con algo de coherencia.

¿Qué aspectos de la vida tienen descuidadas las personas occidentales?

En otros sitios, como en las comunidades indígenas de Chiapas, tienen en cuenta cosas que nosotros no. Por ejemplo, la palabra comunidad, que te afecte lo que le pasa al vecino y tener en cuenta las cosas comunes. Nosotros somos individuales y nos preocupa, como mucho, lo que les pase a nuestra familia y amigos, y a veces ni eso.

También se ha perdido pensar de una forma global, en el sentido de que vivimos en un mundo que no es nuestro. Estamos destruyendo lo que queda para después. Y el tema del dinero: depende donde vives, lo importante no es ser millonario, es tu familia y tu pueblo, sin pensar tanto en los millones, sino en la calidad de vida.

¿Qué papel tiene el ecologismo en el libro?

Si haces un libro de relatos que prenden la vida, tiene que ser un libro con una mirada feminista y ecologista. Muchos relatos tienen que ver con el ecologismo, maneras de entender la naturaleza y la vida. Al final, la vida somos más que las personas, es todo lo que nos rodea. Hay historias en el libro de gente común, que ni siquiera piensa en ecologismo; simplemente vive su vida con el medioambiente.

¿Qué zonas del mundo tienen más en cuenta la ecología?

Las comunidades indígenas de Chiapas. Más que ser respetuosos con el medioambiente, lo que más llama la atención es la manera de pensar que tienen sobre su vida y el mundo. Se sienten parte de la naturaleza y, para ellos, la naturaleza es su madre y la cuidan como tal.

¿Es una posibilidad que eso pase aquí?

Para llegar a esa manera de entenderlo hay que empezar a desmontar la que tienes. El capitalismo es incompatible con la naturaleza y nuestra lógica, tener muchas comodidades, hace que al final nos conformemos. Hasta que no nos demos cuenta de que este sistema no vale porque nos está matando a todos, también a nosotros, no empezaremos a cambiarlo. Si no cambia el sistema, da igual que des mucho dinero a ONGs o tengas un sol pegado en casa.

¿Cuál es el papel del feminismo en el libro?

El feminismo es fundamental. Es una manera de pensar y de organizar el mundo en el que más de la mitad de la población es tenida en cuenta y tiene su papel. Sin feminismo, no tiene sentido el mundo en el que vivimos. El capitalismo es antifeminista porque no piensa en esos términos, sino en patriarcado, beneficios y su manera de hacer negocios. Ahora se machaca tanto al feminismo porque está más fuerte; es un cambio de modelo, revolucionario y eso no interesa. Es otra manera de organizarse.

¿Cuál es la situación de las mujeres en España comparándolo con otros países?

Yo creo que hay un problema estructural que está por encima de los países: tener machacadas y explotadas a las mujeres. Pueden estar mejor aquí o allá pero es un problema mundial que hay aquí y en el Congo. En lo que tiene que ver con cambiar el fondo, queda mucho por hacer en todas partes. No hay ningún país en el que pueda decir que ya lo han conseguido. 

¿Hacen falta más libros de crítica social?

Hay poco que sea crítico, alternativo y radical. Hay pocos libros, música… No interesa porque va contra el sistema. Cualquier proyecto alternativo no tiene apoyos de instituciones ni de la gente, porque está criticando el modelo y cuestionando a las personas. Está claro que al gobierno y al banco no le interesa apoyar esto, pero la propia ciudadanía también se acomoda.

¿No hay demanda?

La gente pone excusas: que es más caro o que no se entera de que salen cosas, pero es capaz de encontrar la cosa más barata en Taiwan y comprarla por internet. Al final, es una manera de pensar, ser y entender el mundo que te cuestiona y la gente elige no cuestionarse y vivir mirando hacia a otro lado.

¿Se considera una persona radical?

Sí. Yo pienso que si tienes sentido común, piensas, cuidas, estás pendiente de lo que tienes alrededor y del planeta ya eres radical, rebelde, revolucionario y todo lo malo que hoy no se puede ser. Con cosas sencillas, no hace falta que montes un ejército. Eso te hace ser radical y, en cierto sentido, criminal, porque te criminalizan por pensar diferente, apoyar ciertos proyectos o decir ciertas cosas.

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