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Artículos de opinión de Javier Gallego, director del programa de radio Carne Cruda.

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Curas con la mano muy larga

La Mezquita-Catedral de Córdoba, inmatriculada en 2006.

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Mientras la Iglesia francesa encarga un informe sobre curas pederastas, asume sus terribles resultados y vende inmuebles para indemnizar a las víctimas, la Iglesia española sigue tapando los casos de pederastia y solo reconoce un 2,7% de errores en los 35.000 edificios que se adjudicó en las inmatriculaciones. No es ningún ejemplo la Conferencia Episcopal en Francia, que ha estado ocultando los abusos durante décadas, pero al menos tiene propósito de enmienda. La nuestra sí es ejemplo: de tener la mano muy larga para robar, esconder y escamotear hasta las disculpas.   

Los obispos galos han tenido que reconocer y pedir perdón a las 216.000 víctimas certificadas de abusos de los curas desde 1950 hasta hoy, 330.000 si contamos las violaciones perpetradas por laicos de la organización. La cifra real ascendería a 5,5 millones, según estiman los investigadores, porque durante años se han negado las acusaciones, se han destruido pruebas, incluso se ha perseguido a quienes denunciaban. Todo lleva a pensar que en España, con mucha mayor implantación de la Iglesia, la cifra sería muy superior. 

No lo podemos saber porque la Conferencia Episcopal Española se niega a investigar la pederastia. No sólo se ha negado a crear una comisión independiente sino que también se ha opuesto a indagar sobre los más de 1.200 casos presentados por el periódico El País al Vaticano y al presidente de la CEE. Pero qué van a investigar si según dijo hace un mes su portavoz, Luis Argüello, en los últimos 20 años solo “hay dos denuncias: a un laico y a un sacerdote desconocido”. Han leído bien. Solo dos denuncias, uno no era cura y el otro debía de ser alguien que se disfrazaba. En Francia 5,5 millones de víctimas, aquí solo dos pederastas. Tengo que hacer un esfuerzo de contención para no blasfemar, lo admito.

Hay más. Los obispos españoles se han puesto de perfil en la “batalla total” del Papa contra la pederastia. Se han desmarcado con frases tan resbaladizas como “lo importante no está en el pasado sino en el futuro”, “nos ofrecemos humildemente a charlar” o “hay que tener una mirada amplia con este tema” porque también se abusa de los niños en otros ámbitos. Parecería que como lo hacen otros, lo suyo tampoco es para tanto. Les ha faltado corear “¡No estamos solos!”. No tienen perdón de dios.

Pero sí de la prensa conservadora. No leeréis un editorial exigiendo a la Iglesia española que haga como la francesa. Pero sí podéis leer editoriales y columnas laudatorias ensalzando a los obispos por reconocer casi 1000 inmatriculaciones erróneas. “Inmatriculación errónea” en cristiano quiere decir “robo”. Por lo visto reconocer que eres un ladrón tiene cien años de perdón... si eres cura. Los curas españoles robaron, como poco, un millar de inmuebles que no les correspondían. Serían muchos más porque, gracias a una ley de Aznar, se les permitió adjudicarse con facilidad 35.000. Si solo reconocen dos casos de pederastia en 20 años, normal que en 25 años solo admitan un 2% de robos de edificios.

Un asunto tiene que ver con el otro. Los obispos españoles no quieren que se investigue a los curas pederastas porque si se hiciera el número sería tan bestial, tan demoledor, que se les caerían las columnas que sostienen el templo: se exigiría la devolución del patrimonio robado y el final del Concordato que llevamos arrastrando 40 años, por el miedo del PSOE a enfrentarse a la Iglesia española. Los socialistas siempre ponen la otra mejilla cuando los obispos alargan la mano para zurrarles desde sus medios. A lo mejor es eso, el trauma que tienen algunos de las hostias que los curas les daban en el colegio. 

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