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El 8M es el nuevo 15M

Frente al nacionalismo y la testosterona, el municipalismo y el feminismo.

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Siete años después parece que el 15M ha agotado sus siete vidas y agoniza en el olvido. Las fuerzas que impulsaban el cambio no han tomado el cielo y están por los suelos. Se ha hecho mucho -acabar con el bipartidismo, cambiar la agenda pública, dar voz al conflicto social, señalar a los corruptos o restaurar el periodismo crítico- pero se quería mucho más y el aniversario de ese soplo de aire fresco llega en un clima irrespirable. Este país se ahoga en la cloaca sin fondo de la corrupción, se asfixia amordazado por la censura y se ahorca con sus banderas nacionales.

El 15M venía a dinamitar el sistema, regenerar la política y revolucionar a la sociedad, pero hoy triunfa una contrarreforma que pretende consolidar el régimen del 78 con una Transición 2.0, blanquear a los partidos corruptos con la ayuda de Ciudadanos y adocenar a la calle con discursos patrióticos que no enfrentan a las bases contra las élites sino a las clases trabajadoras entre sí.

La rebelión transversal que movilizó a todo el Estado ha sido sustituida por el choque de dos mitades, separatismo y unionismo, que se retroalimentan para anular la corriente de cambio. Los CDR son 15M, pero en el independentismo abundan discursos identitarios excluyentes y líderes contrarrevolucionarios.

Prueba de ello es el nuevo president, el ultra Quim Torra, autor de vomitivos tuits y artículos xenófobos, homenajes a la carcundia fascista de los años 30, los matones Josep y Miquel Badia y el racista Daniel Cardona (el de "un cráneo de Ávila no será nunca como uno de Vic") y de loas al eugenista de ERC, Heribert Barrera (el de "hay que esterilizar a los débiles mentales"). A los indignados los comparó con el 23F. Luego le molestará que le llamen golpista.

No se retracta de sus insultos, por cierto, sólo dice que siente si os molesta que os llame ladrones o bestias. ¡Qué ricura! Le echarán la culpa a Rajoy, pero es triste que la CUP y ERC hagan presidente a este Le Pen que escupe odio racial. No se puede hacer una revolución social con estas tortas, lo más que se consigue es que la gente se líe a tortazos con las banderas, como está ocurriendo. El resultado es que arrasan las derechas nacionalistas tanto en España como en Cataluña. Tal para cual, ya lo explicaba Chaves Nogales ¡en el 34! Es cierto que reprime quien tiene la fuerza bruta del Estado, pero los indepes también buscan y usan la persecución para ensimismarse en su visión unilateral del mundo. Torra lo ha escrito: que manden los tanques.

Los estacazos de las banderolas se los llevan los que se han quedado en medio, las izquierdas, por la dificultad de escapar a la política futbolera, pero también por hacer mutis frente a la creciente represión y por su incapacidad para ofrecer nada estimulante: ni república, ni revolución, ni proceso constituyente. Y sin embargo, aún albergo dos esperanzas. Frente al nacionalismo y la testosterona, el municipalismo y el feminismo.

Es en la política local de los "ayuntamientos del cambio" donde vemos el 15M: en su defensa de lo público frente a las privatizaciones, en el rescate a los ciudadanos frente a los bancos, la especulación y los fondos buitre, en la recuperación de la calle y la cultura, en el fomento de la participación democrática. Y sin duda, la revuelta más transformadora, subversiva, igualitaria, universal y poderosa es el feminismo.

"La revolución será feminista o no será" se repetía en 2011. Ahora ha llegado la confirmación: el 8M es el nuevo 15M.

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