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Araceli Martínez: "Es de justicia histórica recuperar la memoria de las mujeres que se atrevieron a desafiar los roles adjudicados"

Imagen de La Calderona en la pieza 'Alegoría de la vanidad' en un supuesto retrato de la actriz

Las mujeres protagonistas del siglo XVII son el eje central del IV Seminario sobre las Mujeres del Siglo de Oro que realiza la asociación de Mujeres Progresistas de Alcalá ‘Francisca de Pedraza’, en colaboración con el Ayuntamiento de dicha localidad y la Universidad de Alcalá. Se celebra este sábado desde las 10.30 horas y se puede seguir en directo vía streaming.

Se trata de conocer a mujeres que fueron referentes en la cultura y sociedad del siglo XVII. “Sus ideas fueron fundamentales para el progreso y la transformación del orden establecido”, explican las organizadoras del evento.

Araceli Martínez, doctoranda en Estudios Interdisciplinares de Género en la Universidad de Alcalá, es trabajadora social y durante la pasada legislatura fue directora del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha.

Es una de las ponentes de este seminario sobre el Siglo de Oro, “una época dura y de grandes contrastes, pero también de una actividad cultural impresionante”, explica, en el que “bien podríamos hablar de las mujeres del siglo XVI, entre las que destacaría, por mencionar solo a una, a Teresa de Jesús, sin duda”.

Martínez no olvida las dificultades de las mujeres para acceder al estudio y al mundo profesional y, en general, para gozar de reconocimiento público porque “estaba aceptado que las féminas eran seres inferiores a los varones tanto en lo mental como en lo moral” y, sin embargo, subraya que “tanto en el siglo XVI como en el XVII encontramos interesantísimas figuras femeninas”.

Con Araceli Martínez charlamos de forma previa a su intervención en el seminario.

Como usted dice, las mujeres también fueron activas protagonistas de la vida cultural de la España del Siglo de Oro y se hace necesario visibilizar ese papel. ¿Por qué?

El conocimiento de la historia de las mujeres nos permite explicarnos a través de nuestra genealogía, creando referentes para la sociedad del presente.

Siempre me gusta poner de manifiesto que no se trata de crear una historia paralela a la que siempre nos han contado ni de competir con los hombres, sino de iluminar esos espacios en los que se encontraban las mujeres y que han permanecido invisibilizados para la historia tradicional.

Me atrae mucho este momento, el del Barroco, de tantas contradicciones y ambigüedades: el concepto del honor, la pureza de la sangre de los cristianos viejos, los efectos del Concilio de Trento, pero también una cierta sensualidad y deseos de evadirse de los infortunios del destino.

La verdad es que eran tiempos duros, a veces diría que incluso espeluznantes debido a la miseria en la que vivía gran parte de la población, a pesar de vivir en la España imperial.

Además, como apunta Amelia Valcárcel, tras la Paz de Westfalia, comienzan a sentarse los pilares del movimiento ilustrado, que es donde germinará a finales del siglo siguiente el feminismo, no sin dificultades, críticas y controversia. En 1673, Poulain de la Barre publica su tratado en el que proclama la igualdad de los sexos y la necesidad imperiosa de que las mujeres accedieran a la educación.

Todas estas mujeres fueron apreciadas no solo en nuestro país sino también en Europa, aunque la historia oficial, salvo algunas excepciones, haya pasado de puntillas sobre sus nombres y aportaciones.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo, nos topamos con María Pita, la monja alférez, o sor María Jesús de Ágreda, consejera de Felipe IV, sin olvidarnos de intelectuales como Juliana Morell o literatas de la talla de María de Zayas y Sotomayor, en cuyas obras, muy leídas en su momento, planteaba los problemas a los que debían enfrentarse injustamente las mujeres. O sor Juana Inés de la Cruz, autora de firmes y preciosos versos de afirmación y desagravio del sexo femenino.

También me gustaría referirme a otras mujeres, como la pintora Isabel Sánchez Coello o la escultora María Luisa Roldán, la Roldana, de la que podemos disfrutar en Guadalajara gracias a dos preciosas obras suyas albergadas en el Museo Provincial.

Durante el Seminario hablará en concreto de ‘La Calderona’. ¿Qué destacaría de ella? ¿Qué mensaje sobre ella se puede trasladar a las mujeres del siglo XXI?

El teatro era la diversión de la época, fuese en las ciudades más populosas o, de manera rudimentaria, en los pueblos; y a las mujeres les gustaba, convirtiéndose el acudir a una representación en un espacio de sociabilidad para ellas.

María Calderón, conocida como La Calderona, era una auténtica celebridad del momento. Se la admiraba y al mismo tiempo se la estigmatizada, sobre todo a partir del escándalo que supuso su romance con el rey Felipe IV, de cuya relación nació un hijo, don Juan José de Austria, que llegó a ser reconocido por el monarca.

La Calderona vivió con más libertad y autonomía que la mayoría de sus congéneres, pero esa libertad tenía un precio. La moral imperante era clara: el camino de la libertad conduce a la perdición, es decir, a la prostitución o actividades afines, en la que encuadraban el trabajo de actriz.

"La Calderona acabó sus días como abadesa en un convento. Quizás no estuviera tan mal, pues murió empoderada

Aquí observamos, una vez más, la ambigüedad e hipocresía de la sociedad aurisecular: alaba y encumbra a las comediantas −como se decía entonces− y al mismo tiempo las señala como el modelo al que una mujer virtuosa no debe parecerse.

El caso es que acabó sus días como abadesa en un convento situado en Valfermoso de las Monjas, en la provincia de Guadalajara. Quizás no estuviera tan mal, pues murió empoderada.

¿Por qué?

Ingresar en los conventos del Siglo de Oro era muy diferente a cómo puede ser la clausura en la actualidad, pues las monjas solían estar en permanente contacto e interacción con la vida mundana.

De hecho, el convento era una alternativa honrada para muchas mujeres que tenían miedo de lo que el matrimonio implicaba (sexo, parto, malos tratos, etc.), como así proclamaba Teresa de Jesús.

Entiéndase como un castigo, entiéndase como una manera de ‘lavar’ sus pecados (algo frecuente en la época, en la que había personas, hombres y mujeres, que decían pasar sus últimos días abrazadas a la religión para hacerse merecedoras de la vida eterna), esto evidencia la doble moral establecida de modo muy diferente para los hombres y las mujeres en una sociedad en la que el debate aceptable sobre los límites de la libertad de las mujeres se establecía en si debían poder o no elegir marido.

De todo lo que hemos comentado se desprenden dos mensaje: ningún avance de las mujeres ha surgido espontáneamente, sino que implica la suma de los peajes asumidos por muchas mujeres que lo largo del tiempo se atrevieron a desafiar los roles adjudicados y los estereotipos aceptados.

Por eso es de justicia histórica recuperar su memoria y también honrarla, luchando contra el riesgo de involución.

¿Qué otras mujeres de la época destaca y que estén vinculadas a la hoy Castilla-La Mancha?

Las diferencias entre las mujeres del pueblo llano y las de alta alcurnia eran enormes, sin embargo, más allá de desigualdades estamentales, su trayectoria llega hasta nosotras para mostrarnos un camino: esa genealogía a la que hemos aludido con anterioridad, que las convierte en referentes.

Cuando fui directora del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha tuvimos el empeño de poner el nombre de mujeres significativas de nuestra región a algunas de las iniciativas que se pusieron en marcha, tanto por una cuestión de justicia histórica para con ellas, como también para que su semblanzas pudieran ser más y mejor conocidas.

Así, del siglo XVI elegimos a la inmensa Luisa de Medrano (Atienza) para el Premio Internacional a la Igualdad con el que se ha galardonado a personajes tan importantes con Marcela Lagarde, Amelia Valcárcel, Miguel Lorente, Carlota Bustelo y Soledad Cazorla; y el centro de documentación y biblioteca especializada en cuestiones de género y feminismo del Instituto de la Mujer, se lo dedicamos a Luisa Sigea (Tarancón).

Oliva Sabuco (Alcaraz), que murió en el XVII, fue una gran erudita que gozó de reconocimiento en vida, pero tras la cual, no solo cayó sobre ella la losa del olvido, sino que llegó a cuestionarse la autoría de su obra. Así pues, qué mejor que la Enciclopedia Virtual de las Mujeres Ilustres de Castilla-La Mancha llevase su nombre.

Antes me he referido a sor María Jesús de Ágreda. Además de la relación epistolar que mantuvo con Felipe IV, era conocida por su ascesis y por protagonizar, según se cuenta, algunos fenómenos inexplicables, como la bilocación (el libro de Javier Sierra, La dama azul, está protagonizado por esta monja soriana). Pues bien, la nacida en una ilustre familia de Guadalajara, María de Orozco y Luján, y convertida en beata de Alcalá de Henares, también experimentó con frecuencia episodios poco racionales; visiones, éxtasis, etc., que tal vez nos dificultan acceder a otras capas de su vida igualmente ricas e interesantes, como que fue una mujer culta que aconsejó al Rey Planeta y también al último de los Austrias, Carlos II.

La historia fue contada en masculino, pero ellas también fueron protagonistas

Resignificar el papel que la historia contada en masculino universal ha reservado para las mujeres es uno de los objetivos de este seminario en el que también se hablará de Christine de Pizan, una de las autoras más nombradas y, al mismo tiempo, menos conocidas de la historia. En su obra tomó el pulso de la sociedad de su época “de forma magistral”. Será Irati Santos Uriarte, escritora y periodista, la que se adentre en la figura de esta mujer que dejó su huella en la Francia medieval.

Almudena del Mazo, ilustradora y Victoria Encabo, historiadora, hablarán sobre “Los pleitos sobre violencia de género en Alcalá de Henares: Francisca de Pedraza y Mariquita Pérez’.

Después, Adoración Troya, directora de la Unidad de Igualdad de la UAH se centrará en Francisca de Nebrija, catedrática de Retórica de la Universidad de Alcalá. Nacida a finales del siglo XV, su formación en Lengua, Humanidades y Retórica le permitió sustituir a su padre, Antonio de Nebrija, tras su fallecimiento, al frente de la cátedra. Eso la convierte en una de las primeras profesoras de universidad en todo el mundo.

La presentación de las ponencias correrá a cargo de la concejala de Igualdad, Patricia Sánchez, y de las Periodistas Cristina Toledano, Diana Pizarro y Selena Ruiz.

El seminario se celebra en el antiguo hospital de Santa María La Rica de Alcalá de Henares y puede seguirse a través de streaming en Youtube, a través del enlace que tienen a continuación.

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