De la hoguera a la declamación: el proyecto europeo Ancestor o cómo narrar historias puede cambiarnos la vida
¿Quién no ha llegado a casa después de todo un día y lo primero que ha hecho es contarle a alguien lo que ha sucedido? Desde lo más trivial, como aquel conductor que se saltó el paso de cebra por el que ibas a cruzar, hasta la sustanciosa conversación que escuchaste mientras esperabas para pagar en la fila de un supermercado. Eso sí, acentuando ciertos aspectos para captar la atención.
Los cuentos, los relatos o las historias forman parte de nuestra cultura y de nuestra vida, sin importar de dónde vengamos. Eso es lo que busca visibilizar el proyecto europeo ANCESTOR, A Net to Catch European Stories and Tales from the Oral Tradition: unir a las diferentes culturas a través de la oralidad, sin importar el idioma, durante los dos próximos años.
Blanca Calvo forma parte del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de Guadalajara y dirige la iniciativa. La antigua directora de la biblioteca de Guadalajara que hoy lleva su nombre explica que los seres humanos nos alimentamos de historias: “Por eso nos gustan tanto las películas, por eso somos cotillas y hablamos de nuestros vecinos, porque necesitamos de las historias para vivir. Nos gustan los cuentos porque nos dan un momento de descanso, de concentración, también de compartir”.
Existe una gran complicidad entre el público, porque cada historia cambia según quien la cuenta y quién la escucha. Es muy democrático culturalmente
Tenemos una tendencia a relacionar los cuentos o las historias con el público infantil, quizá por el fenómeno Disney a partir de las adaptaciones de cuentos clásicos de escritores como Perrault o los Hermanos Grimm. Blanca Calvo cree que el origen de los cuentos “no fue en absoluto infantil”, sino que está ligado a los momentos prehistóricos.
“El nacimiento de los cuentos se produjo en torno a una hoguera, cuando los seres humanos se juntaban, se sentían tranquilos y tenían mucho tiempo por delante. Nacieron de la necesidad de compartir y sentirse cómodos, para transmitir conocimientos”, comenta durante la entrevista.
De ahí que esos cuentos que nacieron con “el propósito de advertir, como Caperucita Roja, que seguro que nació de la necesidad de decir a las niñas que tuvieran cuidado cuando fuesen solas y no se fiasen de cualquiera” se han ido azucarando en sus versiones cinematográficas y han cambiado “esos finales crueles que tienen los cuentos tradicionales”.
Desde proyectos como este, Blanca Calvo nos cuenta que hacen “todo lo posible por decirle a la sociedad que el cuento sigue siendo útil y necesario para todos”.
La fuerza de la palabra
Las personas siempre han tenido la necesidad de plasmar esos relatos, también más allá de la escritura. Fue el caso de las pinturas rupestres, auténticas narraciones sobre piedra.
Descubrir el origen de los cuentos todavía se plantea como una incógnita. A través de uno de los proyectos presentados por el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de Guadalajara, en un encuentro celebrado en Sudáfrica, Blanca nos cuenta que un arqueólogo de Ciudad del Cabo les llevó a una región “en la que hay muchos abrigos al aire libre, con inscripciones, dibujos, etcétera, y algunos de los motivos que había dibujados en la piedra coincidían con cuentos bosquimanos, que son Patrimonio de la Humanidad. A veces los temas coincidían”.
Aunque podamos creer que la palabra oral es más frágil que aquello que queda escrito, tenemos que recordar que grandes epopeyas o libros como Las Mil y Una Noches se transmitieron al principio de manera oral. O que los papeles que jugaban figuras como la del juglar en la Edad Media eran muy relevantes, pues no solo contaban los diferentes sucesos que acontecían, sino que también narraban historias que han permanecido hasta nuestros días, algunas en forma de leyenda.
“Imagínate ahora, con los medios de comunicación electrónicos, donde muchas veces todo se encuentra en la nube, que es un espacio que no controlamos del todo. Quizá viene una catástrofe y puede borrarlo todo, sin embargo, la memoria y la transmisión de persona a persona es imposible de destruirlo. Parece débil, pero es muy fuerte. La oralidad es muy potente”, explica Calvo.
Guadalajara es una clara punta de lanza en lo que se refiere a la narración y a los cuentos. Desde principios de la década de 1990 se desarrolla el Maratón de los Cuentos, un encuentro “que nació como un juego”, pero que llegó a salir en el Libro Guinness de los Récords tras estar más de 24 horas leyendo sin parar. “Desde entonces ha seguido el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil empujando para que ese fuego no se apague y yo creo que ya nos sentimos muy identificados con ese rasgo de personalidad de que Guadalajara sea la ciudad de los cuentos”, señala Blanca Calvo.
“La clave para narrar es la empatía”
Narrar una historia no es solo tratar de conectar con el público, sino permitir que también quede un poso en el oyente después de escuchar. “Existe una gran complicidad entre el público, porque cada historia cambia según quien la cuenta y quién la escucha. Es muy democrático culturalmente. No es como el teatro, donde el que se sube al escenario es un poco el amo de la situación, en el cuento la atención y la mirada de quien escucha es tan importante como la voz y la mirada del que cuenta”, expone Blanca Calvo.
Para narrar “la clave es la empatía”, ponerse en el lugar de la persona que está atenta y que escucha. No todas las historias llegan de la misma forma al oyente, pero “los seres humanos somos iguales en todas partes en el fondo. En la superficie podemos variar un poco porque las circunstancias que nos rodean son distintas, pero frente a los grandes temas como la muerte, el amor, la pérdida, o cualquier otro reaccionamos exactamente igual”.
Blanca Calvo vuelve a citar el proyecto de narración que desarrollaron en 2025 en Sudáfrica, donde contaron cuentos relacionados con temas como el nacimiento del mundo, la relación entre hombres y mujeres, los animales o la muerte: “Buscamos un cuento tradicional europeo y otro sudafricano y en el fondo veías que los sentimientos que movían eran los mismos”.
De igual forma ocurrió durante una narración de relatos de misterio en otro proyecto que realizaron: “Los búlgaros contaron un cuento sobre la construcción de un puente sobre un río y para poder concluirlo tuvieron que hacer un sacrificio humano. Bueno, pues en un viaje que hice a Guinea Ecuatorial, me contaron una historia muy parecida a esta. Es sorprendente. Desde luego lo es cómo las historias se entrecruzan a pesar de estar a tantos kilómetros de distancia”.
El porvenir de la narración oral como profesión
Calvo señala que “cualquier persona puede contar un cuento, solo se necesita que alguien escuche para dar vida a esa narración”. Y además aboga por difundir una idea: “Escuchar una historia es un placer que no pertenece solo a la infancia, sino que puede acompañarnos toda la vida”.
Narrar una historia también contribuye al desarrollo del lenguaje, sobre todo en los jóvenes, dice, “porque les ayuda a estructurar un relato, a expresarse y buscar las palabras o el gesto adecuado, sobre todo en una edad donde se es un poco patito feo donde el cuerpo está cambiando, es una técnica maravillosa para ayudarles a comunicarse”.
Sin embargo, advierte: en las últimas generaciones ha habido un cierto “peligro” de que desapareciera la narración de cuentos. En el siglo XX se hacían reuniones en torno al fuego del hogar y en los pueblos grupos de gente se sentaban (hay quien todavía lo hace) a contarse lo que había sucedido en el día. Con la llegada de la televisión “fue una conmoción porque fascinó a muchas personas y surgió ese peligro de que pudiese desaparecer la narración”.
La narración de cuentos, así como la figura del narrador ha empezado “a escasear” pero en los países mediterráneos como España, Portugal, Francia o algunos como Reino Unido ha surgido la profesión del “narrador profesional, que es una persona que está muy bien dotada para contar y a veces poseen formación teatral”. Para Blanca Calvo esas personas son “los guardianes de la palabra”, y a través del proyecto ANCESTOR, buscan también que “ese movimiento a favor del nacimiento de esta profesión continúe”.
El proyecto ANCESTOR va a reunir a narradores de diferentes países europeos, especialmente del este, “donde la profesión de narrador no está tan desarrollada”. Se encontrarán en una residencia creativa en Sigüenza (Guadalajara).
También lo harán a través de cursos sobre la técnica de contar historias que se impartirán en cada país del consorcio como Italia, Bulgaria, Letonia y Eslovaquia, además de en España; de igual manera un encuentro de '20 Lugares de Cuento' en Guadalajara en los días previos al 35 Maratón de los Cuentos. De este encuentro se prevé que salgan dos 'Rutas de Cuento' que inviten a recorrer, con los cuentos como leitmotiv, los países europeos. Se contará para ello con expertos en el terreno del turismo.
Por otro lado, en marzo de 2027 tendrá lugar un gran encuentro con 20 instituciones de 10 países en la Universidad Comenius de Bratislava (Eslovaquia).
Para Blanca Calvo, el proyecto tiene a la vez “la dificultad de unir a gente que tiene distinta lengua, pero donde se va a buscar una fórmula para que el público que escuche a los narradores los entienda y conseguir para esos países que no tienen este arte tan desarrollado un escenario artístico con cuentos de sus países”.
Le preguntamos por aquel cuento recomendaría escuchar a través de una narración oral y se ríe, diciéndonos que es una pregunta muy difícil de responder. “Yo disfruto mucho los cuentos de humor, en eso los narradores de Galicia tienen mucho ganado porque tienen un humor muy socarrón”, explica.
Sin embargo, sí destaca una anécdota vivida en Sudáfrica, cuya moraleja es que los cuentos pueden unir a las diferentes sociedades, sin importar su origen, su cultura e incluso su nivel de conocimientos. Lo vivió personalmente cuando una narradora italiana contaba un cuento de Italo Calvino que hablaba sobre la creación del mundo. Entre el público había gente de muy distintos niveles culturales y algunos no sabían leer. “Había que ir traduciendo para que todos lo entendiesen. Todos se tronchaban de risa. Es sorprendente cómo personas que han tenido una vida tan distinta se ríen de las mismas cosas. Fue un momento precioso y creo que también crucial en mi vida como escuchadora”.
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