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'Los Casares', la cueva “con más representaciones humanas del Arte Paleolítico mundial”

Investigación en la cueva de Los Casares, en Guadalajara

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La cueva de Los Casares, en la provincia de Guadalajara es una de las cavidades de suroeste de Europa con mayor cantidad de grabados paleolíticos. Su cronología abarca desde hace probablemente 30.000 años atrás, hasta llegar hasta hace unos 11.000 años y es "la cueva con grafías paleolíticas más importante del interior de la Península Ibérica".

Quien lo dice es Manuel Alcaraz-Castaño, profesor de Prehistoria de la Universidad de Alcalá (UAH). La relevancia mundial del yacimiento está relacionada con "la calidad y cantidad de sus pinturas y grabados, en particular los que corresponden al Paleolítico Superior", es decir, una época de la Prehistoria entre hace 40.000 y 11.000 años.

La última campaña de excavación y estudio permite afirmar que "probablemente sea la cueva que más representaciones humanas tiene dentro del Arte Paleolítico mundial". El científico explica que ya se conocían muchos de sus grabados (sobre todo figuras, animales y signos, pero también bastantes figuras antropomórficas). La novedad, dice, es que "ahora hemos encontrado una barbaridad de grabados antropomorfos", aquellos que representan al ser humano, que se suman a los ya conocidos desde los años 30 del siglo pasado. 

Aunque el público en general conoce más las pinturas del Arte Paleolítico de las cuevas del norte de España, como la de Altamira, en Cantabria, lo cierto es que, cuando hablamos de grabados, la de Guadalajara está entre las más importantes de Europa.

"Y no solo tiene en sus paredes grabados del Paleolítico Superior, sino que en los sedimentos de la propia cueva encontramos un yacimiento del Paleolítico Medio, la época de los neandertales, de hace unos 43.000 años. Después encontramos otros niveles sedimentarios correspondientes a épocas prehistóricas más recientes, además de restos arqueológicos de momentos de la Historia antigua y medieval".

"Es muy interesante, el yacimiento tiene mucho que ofrecer y estamos cada vez más cerca de una documentación lo más completa posible de lo que encierra", dentro de las laboriosas investigaciones en esta cueva codirigidas por Manuel Alcaraz-Castaño junto a José Javier Alcolea-González, también de la UAH y que es quien se encarga de dirigir la línea de investigación centrada en las grafías paleolíticas de Los Casares.

Combinar tecnología para documentar y geo-referenciar la cavidad

Desde 2018 están documentando las paredes de la cueva, con una metodología que les permite ver más allá de lo que se encontró en los años 30 del siglo XX. Fue entonces cuando se descubrieron las grafías, gracias al trabajo del arqueólogo Juan Cabré y a su hija Encarnación.

De aquella época data el descubrimiento, en el seno A del yacimiento, de uno de los elementos más conocidos, el 'Caballo de los Casares', junto a otros grabados de rinocerontes lanudos, glotones o ciervos. "Desde entonces apenas ha habido nuevos estudios hasta que llegamos nosotros para volver a estudiar las paredes", dice Alcaraz. La tecnología ayuda.

En los 260 metros en línea recta que ocupa la cavidad, Alcolea y Alcaraz, junto a otros estudiantes y colaboradores como Ignacio Triguero, que realiza su tesis doctoral sobre los signos abstractos de Los Casares y otras cuevas del interior, utilizan una nueva metodología de documentación y estudio. En ella combinan el láser escáner y la fotogrametría (una técnica de medición digital con coordenadas 3D), cambiando los tipos de luz sobre la irregular topografía de las paredes. "Eso nos permite, después en el laboratorio, procesar las imágenes para localizar grabados que se ven peor en el lugar. No olvidemos que tienen más de 11.000 años y su conservación no es óptima en todos los casos".

'Graffiti' medieval

Y es que esta cueva está "muy antropizada". Los habitantes del lugar la han frecuentado a lo largo de todos los tiempos, dejando su huella. "En las paredes podemos encontrar incluso algún graffiti medieval y algunas partes están muy deterioradas. Ahora estamos documentando los grabados peor conservados y que están más ocultos".

El trabajo arqueológico discurre lento, pero los investigadores han concluido prácticamente la documentación de la zona más cercana a la entrada, el llamado seno A de la cueva, según la terminología de Cabré. En el lugar, hay tres salas interiores que se distribuyen a lo largo de la estrecha galería principal y durante la campaña de septiembre y octubre multiplicaron hasta por seis los grabados que tenían localizados hasta ahora.

Lo habitual en este tipo de yacimientos es encontrar figuras que representan animales y signos, pero en 'Los Casares' han encontrado durante esta campaña "muchas más figuras antropomorfas, las que representan a los humanos".

Suponen un porcentaje no desdeñable del total de los grabados, aunque "no aparecen representados de forma naturalista, sino que son figuras animalizadas, a veces aparecen con pezuñas, con caras un tanto extrañas que no sabemos interpretar bien. Lo relevante es haber encontrado muchas más de las conocidas hasta ahora".

Este yacimiento de la provincia de Guadalajara se corresponde en el tiempo con la cueva de Altamira, en Cantabria. "Ambas tienen la fase principal de su decoración durante el Magdaleniense, y están datadas en un periodo con una antigüedad de entre 20.000 y 11.000 años, en la fase final del Paleolítico Superior.

"De hecho, la mayoría de cuevas con Arte Paleolítico se sitúan en esta cronología, aunque en muchas de ellas, incluyendo Los Casares, existen también grafías de época más arcaica dentro del Paleolítico Superior". Y es que otra de las coincidencias entre ambas cuevas es que también albergan arte más antiguo. "Estilística y técnicamente es diferente, eso sí", matiza el investigador.

La animalización de las figuras humanas

Para los científicos este tipo de representaciones siguen siendo un misterio. ¿Qué significan? ¿Por qué se hicieron?

"Lo único que sabemos es que los animales fueron representados de forma naturalista. Y aunque no nos gusta hablar estrictamente de arte, en algunos casos podríamos considerarlo como tal por su maestría técnica, por su grado de detalle… En cambio, en el caso de las figuras humanas, ese naturalismo y detallismo no aparecen. Eso quiere decir que hay detrás razones culturales. Sin duda podrían representar la figura de humana de manera realista, pero las representan animalizadas o con formas extrañas. Lo que no sabemos es por qué y quizá no lo sepamos nunca, por mucho que se quiera elucubrar".

Otra de las características de estos grabados es que muy pocas veces representan escenas, ya que, como apunta J. Alcolea, "la estructura compositiva del Arte Paleolítico es completamente diferente a la de las artes visuales históricas, no obedeciéndose las reglas de perspectiva o proporción".

Las figuras suelen aparecen exentas, sin otra relación que la mera proximidad entre ellas o bien formando composiciones que los científicos interpretan de maneras diversas. "A veces se han encontrado escenas de carnívoros persiguiendo a herbívoros, pero no son nada habituales las escenas que impliquen a la figura humana".

En 'Los Casares' se han propuesto escenas de antropomorfos asociados a caballos, pero es controvertido porque no hay evidencias claras", y en realidad, como apunta J. Alcolea, "se trata de la mera yuxtaposición o superposición de unas figuras sin que sea posible determinar si existe la relación espacio-temporal que requiere una escena; el tiempo no se plasma habitualmente en los paneles paleolíticos, y eso impide que aislemos verdaderas escenas narrativas".

Si hay algo que distingue al Paleolítico del Neolítico es la economía. En el primero los humanos son cazadores-recolectores, en el segundo son ganaderos y agricultores.

"Si hablamos del Paleolítico, cuando interactúan con los caballos es para cazarlos y comerlos, pero no para domesticarlos, o al menos así lo apuntan todas las evidencias sólidas conocidas hasta la fecha", aclara Manuel Alcaraz, para matizar que algunas hipótesis basadas en grabados encontrados en España y Francia apuntan a que a finales del Paleolítico se representaron algunos de estos animales con bridas. "Ocurre en la cueva de Los Casares, pero nosotros no creemos que eso esté garantizado y "de hecho, se trata de hipótesis obsoletas, provenientes del siglo XIX, cuando nuestro conocimiento del simbolismo paleolítico era mucho más reducido". 

En realidad, muchos de los descubrimientos son interpretables. Se refiere en este punto a la conocida como figura del 'nadador' encontrada en los años 30. "Un antropomorfo que se sitúa en diagonal con los brazos extendidos. Tiene cierta lógica, pero es que en el Paleolítico las figuras suelen representarse sin tener en cuenta la línea del suelo, así que no sabemos si lo que representa es que alguien se está tirando al agua". Pasa lo mismo con otro grabado, el de tres figuras conocidas como 'la primera familia' (en lo que parecen dos adultos y un niño). "Es lo más parecido a una escena humana".

¿Qué instrumentos utilizaron para crear estos grabados? "Está claro que usaron instrumentos de sílex, similares a los que usaban para cortar o cazar. En este caso son lo que llamamos buriles, un tipo de herramienta que sirve para hacer incisiones". Servían para trabajar y modificar utensilios de hueso y también para realizar los grabados en las paredes, entre otras cosas.

La diferencia en este yacimiento es que algunos grabados "no son meras incisiones, sino que son estriados. Algunos son muy grandes y en sus trazos se observa que no solo utilizaron buriles", aunque no se han llevado a cabo todavía estudios exhaustivos al respecto.

El yacimiento neandertal

La cueva de Los Casares encierra, además, un yacimiento neandertal. Los científicos de la Universidad de Alcalá retomaron las excavaciones realizadas en la década de los 60 del siglo XX por Ignacio Barandiarán. "En los últimos años nos hemos centrado en localizar evidencias materiales del Paleolítico Superior relacionadas con los grabados, y parece que lo hemos conseguido, aunque los datos aún son preliminares. Sin embargo, hasta 2018 nuestras investigaciones se centraron en los niveles arqueológicos correspondientes a la época de los neandertales".

Pero más allá de los utensilios encontrados, Manuel Alcaraz recuerda que los neandertales, al igual que posteriormente el Homo Sapiens del Paleolítico Superior no solían vivir en el interior de las cuevas, sino en su entrada y allí "quedó todo arrasado" por la actividad humana con el paso de los siglos. 

El 80% de lo que hemos encontrado son raederas o útiles destinados al trabajo de la piel, la madera… No es habitual y por eso creemos que es un yacimiento especializado

Y es que el yacimiento encontrado correspondiente al Paleolítico Medio, época de los neandertales, se encuentra dentro de la cavidad, en el Seno A. En esta zona, que es la misma en la que se localizan muchos de los grabados paleolíticos de época posterior, "hemos localizado fundamentalmente lo que denominamos utensilios acabados. No encontramos restos de talla de piedra, que es lo habitual en los yacimientos paleolíticos, sino sobre todo herramientas ya finalizadas. Eso quiere decir que entraban allí para realizar tareas concretas. El 80% de lo que hemos localizado son raederas o útiles destinados al trabajo de la piel, la madera… No es habitual y por eso creemos que es un yacimiento especializado en este tipo de actividades".

Para avanzar en este aspecto será necesario realizar un estudio sobre las huellas de uso de estos utensilios, para conocer algo más de la ocupación neandertal. Probablemente no se planteen ya nuevas excavaciones en el Seno A, pero sí en otras zonas del interior cavernario, y tal vez en el exterior. "Quizá en la ladera exterior, pero es complicado que se haya conservado algo por la cantidad de gente que ha pasado por allí".

Una cueva accesible a las visitas turísticas

El yacimiento se encuentra en la localidad de Riba de Saelices (Guadalajara) y está declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por el Gobierno de Castilla-La Mancha.

Hoy es visitable. Se volvió a abrir al público, tras el paréntesis debido a la pandemia de SARS-CoV-2, el pasado mes de octubre. La entrada es gratuita hasta el 31 de diciembre de 2021, previa reserva.

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