Alfredo Poveda, agente medioambiental: “Falta más contundencia desde la política con los incendios forestales”
“El debate ahora sobre los incendios va de saber qué es lo que quiere la sociedad. Hay que preguntarnos si solo nos vamos a acordar de los bosques cuando se queman o si exigimos a los gobiernos planes de largo plazo”.
Así de contundente se muestra Alfredo Poveda. Trabaja en Cuenca y es el presidente de la Asociación Profesional de Agentes Medioambientales de Castilla-La Mancha (APAM). Lo dice sin paliativos. O se cambian las cosas o los voraces incendios de este y del anterior verano de 2025 se repetirán una y otra y otra vez.
“Los expertos nos dicen que en 15 años nos podemos quedar sin ningún bosque natural en la península ibérica si esto sigue así. Todos tenemos responsabilidades en eso”, apunta durante una entrevista, cuando todavía humean los megaincendios forestales de este verano que ya están entre los peores de la historia del país, y apenas ha comenzado el mes de agosto.
En España hay 26 millones de hectáreas forestales y 11 de ellas están desarboladas. “La propiedad forestal en España es eminentemente privada”, subraya.
“Lo que tenemos es una cantidad de hectáreas forestales que no pueden ser gestionadas por la administración pública. Eso es inviable, así que hay que apelar a la concienciación del propietario particular”. Conseguirlo pasa, en su opinión, por que cada propietario “tenga su finca o parcela en buenas condiciones, sin que acumule combustible forestal”.
La propiedad forestal en España es eminentemente privada. Lo que tenemos es una cantidad de hectáreas forestales que no pueden ser gestionadas por la administración pública. Eso es inviable, así que hay que apelar a la concienciación del propietario particular
El problema, reconoce, “es el coste que le supondrá si no hay beneficios de gestión a cambio”. En España hay un mundo rural que, dice, “vive por respiración asistida, y muy dependiente del medio urbano” y además “no hay recetas fáciles ni mágicas para revertirlo”.
“Ahora es el incendio el que maneja el paisaje sin respetar nada”
Aquel 'paisaje mosaico' en el medio rural al que estaban acostumbrados nuestros abuelos ya no existe. “El manejo del paisaje que propiciaba el ser humano con su actividad ya no es tal. Ahora el incendio es el que te lo maneja en tres horas, sin respetar nada”, lamenta.
En opinión de este profesional habituado a lidiar con los incendios, desde el puesto de mando avanzado que toque cada vez, cree que “la economía basada en el paisaje se ha transformado en la economía de la extinción que es infinitamente más cara”.
Habla de Castilla-La Mancha y no niega que haya prevención. De hecho afirma que la hay “durante todo el año” y que se hace bien, pero con mucho margen de mejora.
La economía basada en el paisaje se ha transformado en la economía de la extinción que es infinitamente más cara. Tenemos que definir mejor qué es la prevención
“Tenemos que definir mejor qué es la prevención. Sabemos que son trabajos de manejo de vegetación encaminados a reducir la oportunidad de incendio y que, si se producen, que podamos tener ventanas de oportunidad a través de la Red de Áreas de Defensa (RAD) contra los incendios para acometer la extinción con más seguridad”.
Y no solo eso. Durante las últimas olas de grandes fuegos se han producido detenciones por malas prácticas en situaciones de riesgo extremo de incendio. Irresponsabilidades a las que cree que también hay que ponerle coto.
“En Castilla-La Mancha el plan de prevención, vigilancia y extinción 2026 viene a regular con más decisión las actividades que pueden realizarse en función del nivel del Índice Potencial de Propagación (IPP)”, asegura. Y, sin embargo, cree que, a la vista de lo que está ocurriendo, hay que endurecer todavía más las medidas.
“Nos parece, y el ejemplo está en La Mierla, que hay cuestiones que deben pulirse. Con cierto nivel de riesgo hay actividades que deben restringirse al 100%. Esta es una decisión política compleja, pero es que aun aplicando medidas valientes en ciertos niveles de riesgo hace falta más contundencia”, reclama.
Con cierto nivel de riesgo hay actividades que deben restringirse al 100%. Esta es una decisión política compleja, pero es que aun aplicando medidas valientes hace falta más contundencia. La sociedad no está preparada para responsabilizarse
El fuego de La Mierla se produjo, según los primeros indicios, durante labores agrarias, pero todavía su origen está en fase de investigación. Otros como el de Almorox, en Toledo, tuvo origen en trabajos ilegales de soldadura. Sea como sea, Alfredo Poveda cree que hay que “dar una vuelta” a las medidas porque “delegar en el ciudadano responsabilidades que pueden provocar incendios no parece lo más aconsejable”.
Este agente medioambiental cree que “falta concienciación en la sociedad” y que la normativa delega “mucho” (demasiado quizá) en las personas. “Lo vemos a menudo cuando investigamos incendios: la sociedad no está preparada para responsabilizarse”, insiste.
Planes municipales y de autoprotección que no se cumplen
Alfredo Poveda no habla solo de los montes o de los bosques, sino de las zonas de interfaz urbano-forestal, como en Almorox (Toledo), en Burgohondo (Ávila) o en la Sierra Oeste de Madrid. Son lugares con un denominador común: “Infinidad de casas embutidas en zonas forestales”.
En este punto se detiene en la normativa vigente que obliga a ejecutar planes de autoprotección en municipios y en sus urbanizaciones. En este aspecto, lamenta, “nos falta mucho por hacer a nivel legislativo”.
La Asociación Profesional de Agentes Medioambientales de Castilla-La Mancha (APAM) considera que uno de los grandes puntos débiles en la prevención de incendios forestales se encuentra en las parcelas privadas y en las viviendas situadas en la interfaz urbano-forestal, donde el monte y las edificaciones conviven a escasos metros.
“Tenemos un grave problema”, asegura, al hablar de las fincas privadas que lindan con terrenos forestales, ya que la normativa atribuye a los propietarios la responsabilidad de mantener las medidas de prevención y autoprotección. Sin embargo, sostiene que esas obligaciones “muchas veces no están ejecutadas”.
A su juicio, la herramienta más eficaz para reducir el riesgo son los planes de autoprotección, cuya implantación es obligatoria por ley, aunque en la práctica su desarrollo sigue siendo insuficiente.
La asociación también reclama una mayor implicación de los ayuntamientos. Poveda recuerda que “existe la figura del Plan de Actuación Municipal ante Incendios Forestales (PAMIF) pero los ayuntamientos no están ejecutando los trabajos necesarios para cumplirlo”.
El Plan INFOCAM tiene definidas las llamadas Zonas de Alto Riesgo de Incendio Forestal (ZAR) en Castilla-La Mancha. Son áreas declaradas oficialmente dentro del Plan de Protección Ciudadana debido a la alta frecuencia o virulencia de los incendios y la importancia de los valores naturales amenazados.
Existe la figura del Plan de Actuación Municipal ante Incendios Forestales (PAMIF) pero los ayuntamientos no están ejecutando los trabajos necesarios para cumplirlo
“No es algo costoso teniendo en cuenta lo que están salvando. Es una medida de protección civil”, defiende el presidente de APAM, quien considera que reforzar estos planes resulta imprescindible para minimizar el impacto de los grandes incendios y mejorar la seguridad tanto de la población como de los equipos de extinción.
Y es que, en el ámbito rural pero también en el urbano dice que “el paisaje es ahora una sucesión de bosques que tienden al máximo crecimiento”, ayudados por la falta de gestión y por abundantes lluvias que provocan crecimientos rápidos junto a olas de calor que lo convierten en polvorín.
“No quepa la menor duda: es a esto a lo que nos vamos a seguir enfrentando si no hay soluciones”, comenta lacónico durante la entrevista.
Me parece preocupante el uso que se hace del lenguaje y cómo se utiliza el cambio climático de forma ideológica o mediática, pero sin que el ciudadano lo entienda
Alfredo Poveda también enfrenta el negacionismo de forma tajante. “El cambio climático está aquí, pero hay que tener cuidado con el manejo del término”, advierte. “Me parece preocupante el uso que se hace del lenguaje y cómo se utiliza el cambio climático de forma ideológica o mediática, pero sin que el ciudadano lo entienda”.
Este agente medioambiental alude a las causas que provocan los incendios forestales. “Con los incendios no todo se debe a la despoblación, ni al cambio climático, ni a los incendiarios ni a las personas irresponsables. Es algo multifactorial”, en el que, dice, “lo que hay de fondo es un escenario muy desfavorable por la cantidad de combustible forestal que tenemos unido a una concatenación de olas de calor”, cada vez más largas y frecuentes.
Con los incendios no todo se debe a la despoblación, ni al cambio climático, ni a los incendiarios ni a las personas irresponsables. Es algo multifactorial y hay que hacer pedagogía
“Es importante hacer pedagogía para entender cómo se relacionan los distintos factores. Honestamente, a nivel de Estado tenemos muy poca posibilidad de incidir en el cambio climático global, pero sí podemos adaptarnos manejando las masas forestales”. Y en esta cuestión incide en lo mismo: “Tenemos que saber si la sociedad quiere o no adaptarse porque a ver si va a ser que solo nos acordamos de los montes para las tertulias televisivas”.
La Sierra Norte de Guadalajara: la urgencia de estabilizar el suelo
En la Sierra Norte de Guadalajara, uno de esos voraces incendios cuyo origen sigue todavía sin confirmarse (se encuentra bajo investigación de la Guardia Civil y de los propios agentes medioambientales), ha calcinado 33.000 hectáreas según el último balance del viceconsejero de Medio Ambiente de Castilla-La Mancha José Almodóvar.
¿Qué hacemos ahora?, preguntamos. “Es un desastre para uno de los espacios naturales de montaña más característicos de Castilla-La Mancha”. Los agentes medioambientales no han entrado todavía de lleno sobre el terreno, junto a técnicos expertos. El incendio está controlado, pero sigue activo.
“Lo importante será estudiar la zona en profundidad porque no todo se quema por igual. Habrá que hacerlo hectárea a hectárea para averiguar la severidad de la afección”. Lo principal será detectar aquellas zonas donde el fuego ha arrasado la materia orgánica del suelo. Y los lugares en peligro de erosión o de sufrir escorrentías cuando vengan las lluvias. “Es allí habrá que hacer obras de emergencia post-incendio. Serán muy importantes”.
Alfredo Poveda recuerda que el tiempo corre en contra. “No sabemos qué puede pasar en otoño con un mar Mediterráneo muy caliente que puede provocar una o varias dana”. Por eso pone el foco en las obras de estabilización del suelo. “Hay que actuar de forma inmediata de acuerdo a las características orográficas del terreno para evitar la escorrentía y la pérdida de suelo”.
En este aspecto explica que “aunque lo desolador sea ver los árboles quemados -y no todos habrán sufrido por igual- los vecinos deben saber que la vegetación es renovable, pero el suelo no”. De ahí la prioridad en la actuación para evitar la desertificación.
“Soy consciente de la depresión social que ha causado este incendio”, comenta el agente medioambiental que pese a todo lanza un mensaje de optimismo. “¿El monte se va a regenerar? Sí, aunque a algunas zonas les lleve más trabajo”.
Sus compañeros de profesión y otros especialistas entrarán ahora al terreno, en cuanto sea posible, para ver dónde actuar, “incluso con pastoreo acotado”, señala. En algunas zonas se apostará por la siembra de herbáceos, en otras, aventura, quizá por “el acolchamiento con paja y otros restos vegetales o mulching”.
Todo está por ver, aunque descarta una repoblación masiva en la Sierra Norte de Guadalajara. “Ahora se usan menos, aunque pueden ser recomendables para mejorar la porosidad del terreno. La tendencia es realizar labores para que el monte regenere solo”.
“Entiendo la desolación, pero ahora la ilusión que deben tener es ver crecer el monte desde cero. Se necesitarán muchos años, sí, pero cada día será un retoño, un brote…”, zanja, dejando un mensaje de optimismo.
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