Los gritos islamófobos, una escalada en el racismo del fútbol español que desata críticas contra la Federación
Un partido de fútbol amistoso e intrascendente ha dado la vuelta al mundo. Pero no por ninguna acción en el terreno de juego, sino por los cánticos islamófobos que una buena parte del público del RCDE Stadium de Cornellà (Barcelona) coreó este martes durante el España-Egipto. Tras la conmoción inicial, las críticas se han dirigido hacia la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) por su falta de contundencia a la hora de atajar los gritos.
Fuentes de la RFEF se defienden de las críticas y aseguran que se activaron los protocolos antiviolencia, y que tanto integrantes del equipo de seguridad de la Federación como de mediación acudieron a la parte de la grada desde donde partían los cánticos islamófobos.
El incidente islamófobo en Cornellà supone un salto en la gravedad de los gritos racistas que, habitualmente, ocurren en los campos de fútbol en España, y que ya han motivado las primeras condenas por la vía penal. A diferencia de los casos que se han sucedido en los últimos años, donde se pudo identificar a los autores concretos de las vejaciones racistas a jugadores, este martes los gritos provinieron de centenares de aficionados de varias zonas del estadio.
El episodio se produce en un contexto de auge de la extrema derecha. En Europa, en España, y en los campos de fútbol. Además del “musulmán el que no bote” cantado durante la primera parte, la grada coreó insultos contra Pedro Sánchez habituales de los grupos ultraderechistas, y pitó el himno de Egipto antes de empezar el encuentro, un hecho inusual en partidos amistosos.
“Corremos el riesgo de volver a los años ochenta, cuando la ultraderecha irrumpió en las gradas para llegar a los más jóvenes y tener presencia mediática”, advierte Baptista Silanes, veterano aficionado del Espanyol y miembro de Unitat Contra el Feixisme i el Racisme (UCFR), desde donde ha impulsado con varios clubes la iniciativa 'Deporte Sí, Fascismo No'.
La iniciativa antifascista de UCFR ha logrado adhesiones de entidades pequeñas, pero Silanes echa en falta más contundencia de los equipos de mayor categoría. “Los grandes clubes e instituciones del fútbol tienen un antifascismo de fachada, dicen lo que toca para quedar bien, pero después la realidad es que no se quieren mojar mucho porque alegan que sus aficiones son plurales y no quieren perder clientes. Es triste pero es así”, reflexiona el activista.
Silanes detecta, en los últimos años, una “mayor organización” de los grupos de ultraderecha para ganar visibilidad en los estadios y en los medios. “Hay que trabajar con los jóvenes para que no terminen en estos grupos ultras pensando que son lo que está de moda ahora”, asevera.
Uno de los ídolos de la juventud, la estrella del F.C. Barcelona Lamine Yamal, de religión musulmana, ha cargado en Instagram contra los cánticos: “Es una falta de respeto intolerable. Usar una religión como burla os deja como personas ignorantes y racistas”.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha expresado en X su apoyo “a los deportistas que lo sufrieron” y su “aplauso a quienes, con su respeto, nos ayudan a ser un país mejor”. “El episodio de ayer en Cornellà es inaceptable y no debe repetirse. No podemos permitir que una minoría incívica empañe la realidad de España, un país plural y tolerante. La selección de fútbol y su afición, también”.
El conseller de Deportes de la Generalitat, Bernat Álvarez, ha cargado contra la Federación por no haber parado el partido. Según ha relatado Álvarez, destacado exjugador de baloncesto profesional, durante el descanso incluso tuvo que advertir a los responsables de las federaciones española y catalana de fútbol que se iría del estadio si no se activaban los protocolos antirracistas. “Se fue tarde con todas las decisiones”, ha criticado.
Fuentes de la RFEF matizan que la decisión de esperar al descanso para lanzar la advertencia se tomó de acuerdo con el equipo arbitral. Los gritos islamófobos se produjeron tanto en la primera parte como en la segunda, esto es, antes y después de los avisos que se lanzaron por megafonía y las pantallas del RCDE Stadium en el descanso.
La retransmisión del partido en TVE permite constatar que, en especial en la segunda mitad, parte de la grada respondió con silbidos a los cánticos islamófobos. Después de que algunos aficionados reiteraran el “musulmán el que no bote” en el minuto 48 de juego, se envió otro aviso por megafonía, que fue recibido por amplios silbidos y otra tanda del mismo grito islamófobo. Sin más consecuencias.
“Se tendría que haber parado el partido”, ha zanjado el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni. Tanto el Camp Nou de la capital catalana como el RCDE Stadium de Cornellà son dos de las sedes del mundial de 2030 que España organizará junto a Marruecos y Portugal.
A diferencia de los responsables de la Generalitat y el Ayuntamiento, el Gobierno ha evitado valorar si el partido se tendría que haber suspendido, aunque igualmente ha expresado su condena unánime: “Los insultos y cánticos racistas nos avergüenzan como sociedad”. También dirigentes del PP se han sumado al rechazo a los gritos islamófobos. El único que no los ha condenado ha sido Vox.
Los responsables de la Federación Española rechazaron los cánticos tras el partido, si bien mientras se producían la organización se limitó a avisar por las pantallas del estadio y por megafonía, durante el descanso, de la normativa que prohíbe este tipo de discriminaciones. El presidente de la RFEF, Rafael Louzán, lamentó los gritos islamófobos, pero los tachó de “incidente aislado”. “Salvando eso, ha habido un gran ambiente”, agregó.
Silanes también pone el foco en la Federación. “Los avisos por las pantallas no son suficientes. El árbitro, que era búlgaro [Georgi Kabakov], es lógico que no entendiera los cánticos. Faltó más contundencia en el momento por parte del delegado de campo de la Federación o de sus responsables”, asevera el activista de Unitat contra el Feixisme.
“Lo que pasó es dar un paso atrás de muchos años”, ha ahondado Álvarez, que no ha dudado en apuntar hacia los ultras como responsables de los cánticos. “Estaba organizado por parte de la extrema derecha”, ha manifestado Álvarez en declaraciones a SER Catalunya. “Vinieron al partido para desplegar ese discurso de odio y había gente con la que la sensación que tenías es que todo estaba muy dirigido”, ha agregado.
El reglamento de la FIFA (aplicable al encuentro amistoso al tratarse de dos selecciones de federaciones de distintos continentes) permite que futbolistas, integrantes del cuerpo técnico y miembros de cada delegación puedan señalar incidentes directamente a los árbitros.
En el protocolo juega un papel central el colegiado del encuentro, que es quien tiene la autoridad para interrumpir el partido y transmitir un mensaje de advertencia al público (en Cornellà se esperó al descanso), y suspenderlo de manera temporal o definitiva si los incidentes no cesan.
Una vez terminado el encuentro, y en función de lo que informe el colegiado, la FIFA puede imponer a la Federación Española un abanico de sanciones: multas, partidos a puerta cerrada, cierres parciales del estadio, pérdida de puntos o incluso exclusión de competiciones, en el caso del castigo más extremo.
Los precedentes de la FIFA de sanciones más graves se han producido cuando el público, a diferencia de lo ocurrido en Cornellà, ha lanzado objetos al campo o ha empleado bengalas en sus cánticos racistas. Así ocurrió en 2021, cuando Hungría fue sancionada con dos partidos a puerta cerrada en la fase de clasificación para el mundial de Catar por incidentes racistas en la visita de Inglaterra.
En paralelo a la actuación de la FIFA, en España los Mossos d'Esquadra han empezado a indagar en los incidentes. Fuentes jurídicas consultadas son escépticas sobre el resultado de cualquier investigación, ya sea en vía penal o administrativa contra los autores de los cánticos. El motivo: la gran cantidad de personas que corearon el grito islamófobo dificulta su concreta identificación, requisito necesario para que puedan asumir una multa o una sanción.
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