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ANÁLISIS

Orgullo y tentaciones del éxito deportivo

Periodista y escritor
Las piscinas municipales de Montjuic ofrecen el que posiblemente sea el mejor tiro de cámara de la historia del olimpismo. Una perspectiva de la ciudad, con la icónica Sagrada Familia al fondo, que no deja de ofrecer imágenes asombrosas de “vuelos humanos” en cada una de las competiciones de salto y que ha sido incluso utilizada en videoclips de Dua Lipa y Kylie Minogue.
20 de mayo de 2026 22:33 h

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Hoy, el deporte puede aparecer donde menos te lo esperas, incluso en la Fundación Juan March. Concretamente, en una entrevista que el historiador Santos Juliá le hizo a Álvarez Junco, el gran investigador del mito de la nación española. En un momento de la conversación, preguntándose por la compleja identificación con el país que sienten sus ciudadanos, entre la exaltación, el desapego y el rechazo, Junco sacó a colación el grito de “yo soy español, español” que, a su juicio, paradójicamente sí había logrado identificar a una importante proporción de la población. Se estaba disertando sobre si en la dictadura al no ser uno ciudadano de un Estado, no podía ser nacional de la nación, pero toda esta serie de abstracciones teóricas quedaron sepultadas bajo una palabra: fútbol.

No tiene sentido engañarse. El fútbol en España es una afición mainstream que toca a todos los miembros de la familia y es capaz de paralizar el país en fechas señaladas. Si cuando juega la selección se reduce al mínimo el telediario, la última hora sobre Gaza y Ucrania se da en el descanso del encuentro. Y nada de eso es fruto de la dictadura ni de sus continuidades, ha sucedido en democracia.

En los estertores del franquismo y durante la Transición, la situación no era tan boyante para el fútbol en particular y el deporte en general. En las revistas especializadas se escribían columnas de opinión lamentando los estadios semivacíos y el desinterés de la juventud. Se decía que las gradas, entre nubes de farias y Varón Dandy, estaban envejecidas. Los adolescentes preferían el rock and roll y el cine –escribían– y contra eso poco se podía hacer.

En la actualidad, se escuchan análisis similares, los jóvenes están volviendo a abandonar el deporte, pero ahora se mencionan los videojuegos y las redes sociales. Es curioso, porque desde la Transición, el sector ha atravesado el mayor desarrollo de toda su historia y España se ha colocado, en múltiples disciplinas, en la vanguardia mundial.

Son varios los fenómenos que explican esta explosión en la práctica y la afición deportiva. Por un lado, periclitada la dictadura, emergió un verdadero Estado en tanto en cuanto se empezaron a prestar servicios dignamente financiados. Nada de eso había ocurrido en el franquismo. El artículo 43.3, la Constitución proclamó: “Los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte”. Siguió la Ley 13/1980, que tenía como fin “el impulso, la orientación y la coordinación de la Educación Física y del Deporte como factores imprescindibles en la formación y en el desarrollo integral de la persona” y que supuso la obligación de que todos los centros de educación básica contaran con infraestructuras adecuadas. Partiendo de la base de que en los 70 había niños que iban a clase en pisos particulares, con la nueva legislación las instalaciones deportivas pasaron de 19.418 en 1975 a 48.723 en 1986.

Sin embargo, no todo se explica por políticas. A veces tiene que surgir lo inesperado, lo mítico, la magia, como se quiera llamar. Si tenemos que explicar la generación de oro del baloncesto español, la que conquista mundiales, platas olímpicas y el Eurobasket de forma recurrente, uno de los mejores equipos de la historia del deporte, tenemos que situarnos a principios de los 80, en tres veranos espectaculares, en los que una selección inesperada cosechó un cuarto puesto en el Mundial del 82, subcampeonato de

Europa en el 83 y la plata de los JJ. OO. de Los Ángeles 84. Una generación joven y descarada consiguió derrotar a la URSS y a Yugoslavia, gesta que incluso se coló en la malinterpretada canción de Los Nikis, grupo de La Movida.

La pasión que despertó ese equipo coincidió con la profesionalización de la ACB, que se emitía en la televisión pública y las autonómicas hasta bien entrados los 90. Este nuevo contexto y diferentes inversiones y patrocinios garantizaron cierta igualdad entre Real Madrid, Barça, Estudiantes y Joventut. En consecuencia, se llenaron los pabellones cada semana para ver el basket. Los niños nacidos en los 80 crecieron asistiendo a este espectáculo, un baloncesto de gran calidad física y táctica, con extranjeros carismáticos y de primer nivel. Los clubes españoles podían caer inclementemente ante los equipos balcánicos, primero los yugoslavos y luego los griegos, pero tenían presencia permanente en la Final Four de la elite europea.

Gráfico Pág 72 Revista 50

Barcelona 92

No se puede negar que la eclosión del negocio global de la NBA con la estrategia de marketing más espectacular de toda la historia del deporte, el Dream Team de Barcelona’92, también influyó en esos críos, pero la pujanza de la ACB esos años fue el laboratorio del que surgieron los Gasol, Navarro, Carbajosa, Calderón, etc… Una generación de puro talento, pero también fruto de una cultura.

Esos Juegos Olímpicos, los nuestros, fueron quizá el eje que marcó el desarrollo del deporte español. Franco ya había intentado celebrar una cita olímpica en España, pero el fracaso de la candidatura fue el vivo reflejo de lo que era la dictadura. En 1965, Barcelona se postuló para obtener los JJ. OO. de 1972. Cuando el proyecto ya estaba listo, a última hora Arias Navarro, entonces alcalde de Madrid, presentó a la capital y el COE, en Nochebuena, se inclinó por la capital. Barcelona sería una sede secundaria para las competiciones de vela. La charlotada no pudo con la candidatura de Múnich, que tenía una profunda carga simbólica, dejar atrás el pasado nazi de Berlín 36.

En 1992, España se encontraba en una situación parecida a los alemanes. Los JJ. OO. de Barcelona tenían que ser los de la normalización democrática, los del progreso de España, un país que dejaba atrás la dictadura franquista. El COI, a su vez, también quiso que supusieran el símbolo del final de la Guerra Fría. La ciudad catalana, cosmopolita, diversa y milenaria, tenía que soportar semejante peso histórico, que de nuevo se iba a expresar mediante el deporte. Era el proyecto estrella de la estrategia de un gobierno que quería, básica y prosaicamente, atraer capitales extranjeros mostrando un nuevo país en diferentes escaparates durante un mismo verano.

No cabe duda de que el impulso olímpico cambió el deporte español para siempre. El Plan ADO no solo fueron unas becas, como se suele creer. También se crearon centros de alto rendimiento y se fortaleció el papel de la ciencia en el deporte. Nombres de medallistas como Mireia Belmonte (natación), Saul Craviotto (piragüismo), Pedro Aguado (waterpolo), Carolina Martín (bádminton), Joel González (taekwondo), Javier Gómez Noya (triatlón)… han ido desfilando por los pódiums asociados siempre al Plan ADO. Tras obtener 5 y 4 medallas en Los Ángeles y Seúl, respectivamente, se logró la cifra histórica de 22 en Barcelona para continuar con una media de 17 medallas por cita hasta París en 2024.

Sin embargo, hubo una cara B en todos estos años de gloria del deporte español. El médico Eufemiano Fuentes –involucrado en la Operación Puerto que puso de manifiesto un dopaje masivo en el deporte de elite nacional– comentó ante una cámara supuestamente oculta de la televisión alemana ARD que el Gobierno le dio libertad para hacer lo que fuera necesario para conseguir medallas en Barcelona 92. La única condición habría sido que no hubiera positivos ni problemas de salud. Fuentes, según su testimonio, entendió que podía importar el sistema de dopaje de la RDA, para lo cual tuvo que pagar por la información.

El alcance real de sus métodos solo se puede intuir, ya que el juez Antonio Serrano no permitió a los investigadores acceder a toda la documentación incautada. En consecuencia, tanto la prensa internacional como expertos en dopaje llevan años preguntándose por la impunidad de Fuentes y la ausencia de investigación, al menos periodística sobre este fenómeno en España. El plan del doctor, según sus propias palabras, no parecía difícil de rastrear: “Crear un equipo de trabajo, ocho años antes buscar jóvenes de 12 a 15 años que en la Olimpiada tuvieran 22-24 años, captarlos, prepararlos técnicamente, entrenarlos deportivamente y ayudarlos médicamente para que den el máximo”.

Pero Fuentes no fue el único doctor. Marcos Maynar, autor de informes exculpatorios para casos como el de Carlos Gupergui, positivo por nandrolona en el Athletic de Bilbao, o Aitor González, ciclista del Euskaltel-Euskadi, fue sancionado diez años en Portugal por la red de dopaje descubierta en el equipo LA-MSS, donde había fallecido el ciclista Bruno Neves de un paro cardiaco mientras entrenaba.

Tan solo dos años después de este suceso, en 2010, Paco González dijo en la Cadena Cope que, entre el material incautado en la Operación Galgo, había constancia de que el Real Madrid enviaba los análisis internos que le realizaba a sus jugadores al doctor Maynar. La idea “que les dijera si está todo bien”. Lo que nadie preguntó fue el qué: si la limpieza o la administración de productos. Los protocolos de detección son una información preciosa para establecer las pautas de dopaje. Cuando ese mismo año un laboratorio de Colonia introdujo por sorpresa un método experimental más preciso y profundo que el conocido hasta entonces, explotó un caso de dopaje de uno de los niños bonitos del deporte español, Alberto Contador. Positivo por clembuterol, cuyo umbral permitido en sangre es cero.

Quince años después de todos estos sucesos, encuestas anónimas sitúan el dopaje en el atletismo español entre un 28 y un 36%, mientras CELAD (Comisión Española para la Lucha Antidopaje en el Deporte) se ha enfrentado a graves críticas por defectos de forma en los casos que supervisa, es decir, por un posible encubrimiento deliberado.

Al mismo tiempo, y si sirve de consuelo, España está a la vanguardia en investigación y ciencia en el deporte. Los pool de innovación existentes son punteros. Recientemente, un dispositivo español ha sido capaz de calcular el lactato en sangre en tiempo real mediante la medición del sudor, lo que supone una verdadera revolución para la preparación de los deportistas. Igual que los gemelos digitales de los atletas, el lienzo sobre el que se desarrollará la futura medicina deportiva. En España se están llevando a cabo investigaciones muy avanzadas para establecer un modelo homologable en todo el mundo.

Esta es la faceta que debería distinguir el deporte español en la democracia, la inversión en ciencia (legal), ya que se ha demostrado con Induráin, Rafa Nadal, Fernando Alonso, Marc Márquez o unas selecciones de fútbol masculina y femenina –que han dejado boquiabierto más de una vez a todo el planeta–, entre tantos otros, que España cuenta con materia prima de una calidad extraordinaria. Ya no hay motivo para sentirse acomplejados como ocurría en el régimen anterior, pero la exaltación e instrumentalización política del éxito deportivo no se debería permitir nunca que cegase a las instituciones.

  1. “Los españoles y el deporte. Del pódium al banquillo”, de David Moscoso Sánchez.
  2. “Los Juegos Olímpicos de Franco: Un análisis de la candidatura frustrada de Barcelona'72”, de Juan Antonio Simón.
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