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Esta es la razón por la que el planeta necesita que vivas cada vez más años

Longevidad y sostenibilidad

Darío Pescador


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En España en 1900 la esperanza de vida al nacer no llegaba a los 35 años de edad. Esto no quiere decir que toda la gente se muriera con 35 años, como seguramente podrán comprobar muchas personas que conozcan la historia de su familia. Esta cifra es una media, y el que sea tan baja es consecuencia de la elevada mortalidad infantil.  

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Según datos de la OMS, la esperanza de vida media al nacer en la actualidad varía entre los 50 años en Sierra Leona y los 84 años en Japón. La de España se sitúa actualmente en los 83 años. Este valor ha aumentado en unos cinco años en las últimas tres décadas.

¿Cuánto más podemos esperar vivir? Los avances en medicina pueden elevar aún más esta cifra y hay líneas de investigación en todo el mundo dirigidas a prolongar la vida humana más allá de sus límites naturales. Suponiendo que la esperanza de vida sigue aumentando, ¿es sostenible un mundo donde las personas vivan cientos de años? 

Por qué nos morimos, y cómo evitarlo

Hace un siglo, la principal causa de muerte eran las enfermedades infecciosas. La gente moría por millones de viruela, tifus o cólera. Las vacunas y la higiene eliminaron esos riesgos para la mayor parte de la humanidad.

Hoy en día la principal causa de muerte son las enfermedades cardiovasculares, enfermedades crónicas que tienen su origen en el estilo de vida: una dieta poco saludable, el sedentarismo y el consumo de tabaco y alcohol. Todos ellos factores que determinan el desarrollo del cáncer, la segunda causa de mortalidad. En muchos sentidos, la gente muere hoy de abundancia e inactividad

Los países con menos incidencia de estas enfermedades crónicas también son los que tienen mayor esperanza de vida, como Japón. Sin embargo, que la gente muera más o menos tarde no es tan importante como el estado de salud en que se encuentren, tanto para el planeta como para su entorno.

Una persona que viva hasta los 80 años pero pase las dos últimas décadas de su vida enferma consume una enorme cantidad de recursos en forma de cuidados médicos, horas de dedicación de las personas encargadas de dar esos cuidados. Tiempo y recursos que podrían emplearse en otras actividades si la misma persona estuviera sana.

Vivir hasta los 150 años, pero ¿con salud?

Los beneficios de extender la salud son impresionantes. La reducción de la mortalidad representa alrededor del 11% del reciente crecimiento económico en PIB en los países de ingresos bajos.

Sin embargo, cuando se toma en cuenta el valor intrínseco de la salud, llamado valor de los años de vida adicionales (VLY), el resultado es muy superior. Esta cifra se deduce de la disposición de las personas a intercambiar ingresos, placer o comodidad por un aumento de su esperanza de vida. 

Los cálculos realizados entre 2000 y 2011 indican que alrededor del 24% del crecimiento de la renta total en los países de ingresos bajos se debió a los VLY ganados. Las personas con más salud durante más años tienen más capacidad de contribuir a las sociedades donde viven.

Por eso se distingue hoy entre los conceptos de duración de la vida (lifespan) y duración de la salud (healthspan), es decir, cuántos años vivimos con salud e independencia.

Aún así, la edad máxima que puede vivir una persona se ha mantenido constante a lo largo de la historia, y está en unos 125 años. Si se eliminaran las enfermedades crónicas, como media solo aumentaría la esperanza de vida en 15 años

La ciencia ya está investigando cómo saltarse ese límite mediante trasplantes de órganos fabricados en laboratorio a partir de células madre, o terapias génicas que desactiven las partes del ADN responsables del envejecimiento.

Es muy posible que en unas décadas una vida de 150 años o más sea alcanzable. Pero, teniendo en cuenta que los recursos del planeta son limitados, ¿podemos permitirnos vivir tanto?

Más años, menos población

Los científicos hablan de la capacidad de la capacidad de carga de la Tierra, es decir, la cantidad máxima de seres humanos que pueden habitar el planeta sin agotar los recursos. La mayoría de los estudios pone esta cifra alrededor de los 8.000 millones, la cifra a la que llegaremos este año, aunque algunos creen que podría ser la mitad. 

La población humana mundial ha crecido por los avances en la agricultura y la tecnología, pero a costa de explotar los recursos del planeta y verter enormes cantidades de CO2 que están cambiando el clima. Pero ¿el que la gente viva más años causaría un aumento de la población y del consumo de recursos? No necesariamente.

Los estudios indican que cuanto mayor es la esperanza de vida en una sociedad, más baja es su fertilidad, lo que lleva a un descenso de la población, aunque también a un aumento del consumo de recursos per capita.

Por un lado, también se ha comprobado que la conciencia ambiental depende de la esperanza de vida. Las personas que esperan vivir más tiempo tienen una mayor preocupación por el futuro y, por tanto, invierten más en el cuidado del medio ambiente. 

Una posible explicación de esta relación es que, a medida que las personas viven más tiempo, disponen de más tiempo para proseguir su educación y su carrera profesional antes de formar una familia. Además, el mayor acceso a los anticonceptivos permite a las personas retrasar o limitar la natalidad.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que, si bien el aumento de la longevidad puede dar lugar a un descenso de las tasas de fertilidad en general, también permite que se produzcan embarazos más tardíos y la posibilidad de que haya varias generaciones en una familia, lo que tienen efectos positivos tanto para la familia como para la sociedad en su conjunto.

La longevidad y la sostenibilidad no parecen tan importantes como la sostenibilidad y la salud. Es difícil construir un mundo sostenible lleno de personas enfermas que requieren muchos más recursos. Inevitablemente, un efecto secundario de una mejor salud es una mayor esperanza de vida.  

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