El colinabo, la col rara y rica en vitamina C que es la sustituta perfecta para las patatas
Aunque ni su aspecto exterior ni su nombre resultan especialmente atractivos, el colinabo esconde en su interior un sabor exquisito y es una verdura con mucha historia y un gran valor gastronómico. Esta hortaliza pertenece a la familia de las crucíferas, y su nombre científico es Brassica campestris. A lo largo del tiempo, ha recibido diversos apelativos, entre ellos nabicol, bolinabo o colirrábano.
Su origen botánico es curioso porque el colinabo surgió a partir de una selección artificial fruto del cruce entre la planta salvaje de la col silvestre, Brassica oleraces, y un rábano blanco salvaje, Raphanus sativus. Se considera un tubérculo crucífero que se caracteriza por su bulbo grueso, del cual emergen ramas coronadas por hojas amplias y verdes, que en algunas ocasiones adquieren un tono azulado. Además, su superficie puede presentar diferentes colores: desde el verde claro, que es el más habitual, hasta el violeta por su superficie, mientras que en su interior en ambos casos destaca por ser de color amarillo. Su tamaño, en general, no supera el de una pelota de tenis, y sus tallos alcanzan varios centímetros de longitud.
En cuanto a su origen geográfico, se cree que esta verdura procede del norte de Europa. Existen teorías sobre su aparición: una de ellas sostiene que surgió en la República Checa durante el siglo XVII, otra sugiere que su desarrollo se produjo en la Edad Media en las tierras fértiles escandinavas. De hecho, el primer registro descubierto fue mencionado en un libro por el botánico italiano Pietro Andre Gregorio Mattioli. A finales del siglo XVI, el colinabo ya se cultivaba ampliamente en diferentes países del mundo como Austria, Alemania, Inglaterra, España, Italia y en varias áreas del Mediterráneo Oriental.
El sustitutivo habitual de la patata
Además de su relevancia histórica, el colinabo adquirió una importancia crucial durante la I y la II Guerra Mundial. Debido a la escasez de patatas provocada por la mala cosecha de 1916 durante el invierno alemán, se convirtió en el sustituto alimenticio indispensable para millones de personas. Aunque inicialmente estaba destinada a la alimentación de los animales de granja, concretamente a los cerdos. El hambre forzó a la población a incorporarla a su dieta diaria. De este modo, en 1917 se escribió un libro de recetas de este ingrediente donde se preparaba de múltiples maneras como en guisos, sopas, purés o mermeladas.
En la actualidad, su cultivo se lleva a cabo principalmente durante el verano y el otoño, y la cosecha tiene lugar entre finales de noviembre y el invierno. Aunque durante un tiempo fue considerado un alimento humilde, hoy en día se ha ganado un espacio en la gastronomía debido a su versatilidad culinaria.
De hecho, todas las partes de la planta son comestibles, y desde las hojas hasta el bulbo pueden incorporarse en diferentes preparaciones. Su sabor es más suave que el de una col tradicional, con un matiz ligeramente dulce que recuerda al brócoli o al repollo. Puede cocinarse al horno en finas rodajas para obtener unas chips saludables, hervirse para hacer un puré cremoso, o servirse como guarnición para platos de carne o pescado. Asimismo, puede consumir en crudo, simplemente quitando las primeras hojas y cortándolo en rodajas finas y aliñándolo a tu gusto, lo que lo convierte en una opción refrescante y nutritiva para ensaladas, con una textura similar a la de una pera.
Rico en Vitamina C
El colinabo puede parecer una verdura aburrida, pero esconde un auténtico valor nutricional. Destaca especialmente por su elevado contenido en vitamina C, lo que la convierte en un excelente ingrediente para reforzar nuestro sistema inmunológico y protegernos de agentes externos. Cabe destacar que cada 100 gramos de colinabo aportan aproximadamente un 62% de vitamina C, que contribuye a mejorar la absorción del hierro y a potenciar la acción antioxidante. No obstante, es importante tener en cuenta que el método de cocción influye directamente en su valor nutricional, cuando se cocina al vapor la vitamina C puede reducirse hasta un 54%.
Por otro lado, esta verdura no solo se distingue por su aporte vitamínico, sino también por su composición equilibrada. Según datos del Instituto de Nutrición de Centro América y Panamá (INCAP), cada 100 gramos de colinabo contiene 1,70 gramos de proteína, 0,10 gramos de grasa, 6,2 gramos de carbohidratos y un notable contenido de 3,6 gramos de fibra. Debido a esta combinación, el colinabo favorecer a la digestión y contribuye a mantener una sensación de saciedad.
Al compararlo con la patata, una hortaliza de consumo más común, vemos que aporta solo un 46% de vitamina C según la Federación Española de Nutrición (FEN). El colinabo puede ser un alimento alternativo de la patata a tener en cuenta para introducirlo en nuestras comidas diarias.
Colinabo asado con frutos secos y queso feta
Para esta receta sencilla y deliciosa, solo necesitaremos media hora en la cocina. El resultado serán unas crujientes chips de colinabo, perfectas tanto como plato principal ligero o como guarnición. Para cuatro comensales, los ingredientes son los siguientes:
- 2 colinabos
- 300 gramos de zanahorias, alrededor de 2 o 3 unidades
- 3 dientes de ajo
- 2 cucharadas de miel
- Almendras o avellanas
- Queso feta o de rulo de cabra
- 1 limón
- Aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta
Primero, precalentamos el horno a 200 grados para que alcance la temperatura adecuada mientras preparamos los ingredientes. A continuación, lavamos las verduras: los colinabos, las zanahorias y el limón. Luego pelamos las zanahorias y retiramos los tallos y hojas del colinabo. Seguidamente, forramos una bandeja de horno con papel vegetal y colocamos las verduras previamente cortadas en trozos. Sobre ellas, añadimos los dientes de ajo, un toque de miel y el zumo de limón recién exprimido. Después salpimentamos al gusto y regamos un chorro de aceite.
Con la ayuda de una cuchara o con las manos mezclamos bien todos los ingredientes procurando que los trozos no queden amontonados. A continuación, horneamos durante 20 minutos, pasado ese tiempo bajamos la temperatura a 180 grados y lo dejamos 10 minutos más. Entonces removemos la verdura y agregamos las almendras y un poco de ralladura de limón y lo dejamos 5 minutos más. Al sacar la bandeja del horno, servimos con queso feta desmenuzado al gusto.
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