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Regatas, amigos y mariscadas sin superar los 183 días para Hacienda: las visitas de Juan Carlos I a España desde que se exilió

El Rey emérito Juan Carlos I durante una de sus visitas a Sanxenxo en una imagen de archivo.

Jaime Sevilla Lorenzo

2 de abril de 2026 22:05 h

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El PP echa de menos a Juan Carlos de Borbón. Aprovechando que la desclasificación de los documentos sobre el 23F no desveló novedades relevantes sobre su papel en el intento de golpe, Alberto Núñez Feijóo manifestó que “sería deseable que el rey emérito regresara a España”. Una petición en la que se quedó bastante solo: ni la secundaron otros partidos ni parece que en la propia Casa Real haya generado entusiasmo. Zarzuela respondió que puede volver cuando quiera pero le puso una condición: que también fije su residencia fiscal en el país que reinó durante casi 40 años y que ha seguido visitando a menudo desde que lo cambió por Abu Dabi.

Juan Carlos I se marchó por sorpresa en agosto de 2020. Al principio, y en un contexto de pandemia, se mantuvo casi dos años sin pisar suelo español. Permaneció en la capital de Emiratos Árabes Unidos mientras la Fiscalía de su país le investigaba por posibles delitos fiscales. Desde que en 2022 el Ministerio Público archivó esas pesquisas –no porque no cometiera los hechos, sino porque consideró que estaban prescritos o que le amparaba su inviolabilidad–, tardó apenas dos meses en visitar España.

Ese primer viaje estuvo rodeado de una gran expectación, que incomodó tanto a la Casa Real como al Gobierno. Cientos de personas le recibieron entre gritos de “Viva el rey” en el Club Náutico de Sanxenxo (Pontevedra). Allí acudió a una regata a bordo de su velero ‘Bribón’ y fue agasajado por autoridades locales y amigos millonarios. Fue donde pronunció su famosa frase “¿explicaciones de qué?”, cuando una periodista le preguntó si iba a rendir cuentas ante su hijo sobre sus finanzas.

Antes de volver a Abu Dabi pasó por Madrid, donde mantuvo con Felipe VI un encuentro discreto durante más de 10 horas que Zarzuela no incluyó en su agenda y de la que tampoco difundió imágenes. El Gobierno se mostró contrariado por cómo se desarrolló esa primera visita. Su entonces portavoz, Isabel Rodríguez, manifestó que “podría haber sido mucho más cuidadoso” y que perdió “una oportunidad que los españoles esperaban de dar explicaciones, de pedir perdón”. En ese momento también estaba pendiente de juicio por supuesto acoso a su examante Corinna Larssen, en un proceso ante la Justicia británica que acabó desestimado.

Desde entonces pasó casi un año hasta que el padre del actual monarca volvió a pisar España, pero a partir de ese momento se multiplicó la frecuencia de sus viajes. También pasaron a ser visitas más discretas, sin baños de masas, sin tanta exposición mediática y en la mayoría de ocasiones sin contacto con su hijo. Se desconoce cuánto gasta el Estado en su seguridad durante estas estancias, pese a que han solicitado esa información diputados de partidos como ERC, Compromís y el BNG, medios de comunicación como Maldita.es e incluso el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno.

Su plan favorito en esos desplazamientos sigue siendo el que protagonizó la primera vez: subirse a bordo del ‘Bribón’ en Sanxenxo. Ahí su gran anfitrión es su amigo Pedro Campos, empresario y presidente del Real Club Náutico de la localidad. Juan Carlos de Borbón suele quedarse en su casa y disfrutar de regatas y mariscadas en compañía de su entorno. Además de sus visitas a Galicia, también es frecuente que pase por Vitoria. A esa ciudad no va tanto por ocio sino por motivos de salud: acude a consultas médicas en la clínica de su también amigo Eduardo Anitua.

Excluido de actos públicos, invitado a encuentros familiares

En otras ocasiones ha participado en eventos familiares, que la Casa Real ha tratado de acotar al ámbito privado. Fue el caso de la celebración de la mayoría de edad de la princesa Leonor, en octubre de 2023. En ese momento, el rey emérito fue excluido de los actos oficiales en los que la heredera al trono juró la Constitución y recibió el Collar de la Orden de Carlos III, pero sí participó después en una “celebración familiar y de carácter privado”, según describió entonces Zarzuela.

Dos meses después, regresó a Madrid para otro encuentro familiar: el 60 cumpleaños de la infanta Elena. La hermana mayor de Felipe VI consiguió reunir en un restaurante de Madrid a toda la familia, incluidos los reyes padre e hijo y las reinas Letizia y Sofía. No era una hazaña fácil, en un momento en el que el monarca actual había decidido poner aún más distancia con su predecesor.

Ya en el último año, los homenajes por los cincuenta años de la Transición democrática han repetido el esquema del 18 cumpleaños de Leonor. Juan Carlos I fue apartado de todos los actos institucionales que conmemoraban el aniversario del proceso democrático que él protagonizó, pero sí viajó a Madrid para participar en la comida privada con la que la Familia Real festejó la efeméride en el Palacio de El Pardo. Juan Carlos I también tenía intención de visitar Sanxenxo en marzo, pero finalmente decidió quedarse en Abu Dabi y sin planes de ser evacuado pese a la situación de Oriente Medio.

Sean para acudir a regatas, a consultas médicas o a celebraciones familiares, los viajes del rey emérito a España siempre han sido de unos pocos días y sin pernoctar en el Palacio de la Zarzuela ni en ninguna otra dependencia del Estado. Si superase los 183 días al año en el país, tendría que pagar aquí sus impuestos, algo que no hace desde que vive en Abu Dabi, salvo por las dos regularizaciones con las que pagó más de cuatro millones de euros para evitar una imputación por fraude fiscal.

Uno de los principales criterios que sigue la Agencia Tributaria para exigir que una persona pague sus impuestos en España es que pase más de la mitad del año aquí, con algunos matices. Es lo que motivó, por ejemplo, el caso Shakira, que se centró en investigar cuántos días había pasado la cantante en el país en unos años en los que no declaraba en él sus ingresos.

Por tanto, si Juan Carlos de Borbón decidiese volver a residir en su país tendría que someterse a las reglas fiscales españolas. Esto no solo implicaría que declare aquí su IRPF. También debería aflorar qué patrimonio tiene en el extranjero y, si recibiese donaciones de otras personas –él no tiene ingresos conocidos desde que su hijo le retiró la asignación que recibía como miembro de la Familia Real–, estas tendrían que tributar entre el 34 y el 81%. Son cuestiones que tendrá que valorar si finalmente decide volver y cumple con la exigencia que la Casa Real le ha dejado clara: “recuperar la residencia fiscal en España”.

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