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Vox se enreda en su política internacional de seguidismo a Trump y Netanyahu

El presidente del Vox, Santiago Abascal.

Jaime Sevilla Lorenzo

1 de abril de 2026 22:16 h

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Vox presume de defender a los cristianos del mundo. Se presenta como abanderado de los valores tradicionales de España, entre los que incluye la religión católica. Hace un par de semanas, su diputada Reyes Romero aseguraba en el Congreso que “los cristianos son el grupo religioso más perseguido del mundo” y cargaba contra la izquierda por su “silencio atronador” al respecto. Pero cuando a quien acusan los católicos de limitar su libertad religiosa es a Benjamín Netanyahu, el silencio atronador es el de Vox.

Cuando Israel impidió la semana pasada la tradicional misa del Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro de Jerusalén, provocó un amplio rechazo internacional. Después de que el Patriarcado Latino de Jerusalén denunciase a mediodía que la Policía había bloqueado la celebración religiosa, el Gobierno italiano de la ultraderechista Giorgia Meloni tardó apenas una hora en condenar los hechos como una “ofensa” en “uno de los lugares más sagrados para millones de fieles del mundo” y convocar al embajador israelí. En España, Pedro Sánchez rechazó el “ataque injustificado a la libertad religiosa”. Otros gobiernos de ideologías tan dispares como Francia, Brasil o incluso Estados Unidos, el principal aliado de Netanyahu, también criticaron lo ocurrido.

A Vox le costó sumarse al rechazo. Durante toda la tarde mantuvo silencio mientras se sucedían las reacciones internacionales. Ya en torno a las diez de la noche, publicó un tuit en el que pedía al Gobierno israelí “explicar y corregir lo ocurrido en la Iglesia del Santo Sepulcro”. “Podemos entender que la situación es muy complicada en Jerusalén con el cierre de sacros lugares de las tres religiones, pero debe quedar claro que los cristianos mantienen intacta su libertad religiosa y que se procure su seguridad a pesar de los ataques islamistas”, añadía.

La tibieza del partido de Santiago Abascal ha generado críticas fuera y dentro de la extrema derecha. Juan García-Gallardo, exvicepresidente de Castilla y León con Vox y ahora enfrentado a la dirección del partido, se preguntó si “también es culpa de los ‘críticos’ que el presidente de Vox siga callado con este tema”. “Hasta el ateo anticlerical Sánchez ha condenado la acción de Netanyahu contra los católicos”, lanzó en la red social X. Vox no ha ocultado su adhesión al Gobierno israelí. En 2024, en pleno conflicto en Gaza, Abascal se reunió con Netanyahu en Jerusalén para trasladarle su apoyo.

La posición de la formación de extrema derecha ante lo ocurrido durante el Domingo de Ramos es la última muestra de sus dificultades para defender una política internacional coherente y alineada con sus principios. Apenas un par de meses antes, lo evidenció también ante las amenazas de Trump de anexionarse Groenlandia, que tuvieron en vilo a Europa. Vox, que alardea de la soberanía nacional como uno de sus grandes valores, no se atrevió a cuestionar que el presidente de Estados Unidos intentase conquistar un territorio que forma parte de Dinamarca, y, por tanto, de la Unión Europea y la OTAN.

“No pensamos sobre Groenlandia”

“Si tenemos que tener una opinión de todo en la vida, incluso de Groenlandia, yo la verdad... No pensamos sobre Groenlandia”, se excusó en enero el portavoz del partido, José Antonio Fúster. Y llegó a reconocer: “No ha habido ni medio nanosegundo que hayamos dedicado a Groenlandia. No es nuestra competencia. Nos declaramos incompetentes en esta materia”. El líder de la formación, Santiago Abascal, abundó hace poco en esa tesis durante la campaña de las elecciones de Castilla y León: “A nosotros no nos interesa Groenlandia, nos interesa Soria”.

Su preocupación por Soria no les ha impedido la contundencia en el posicionamiento ante otros asuntos internacionales que encajan mejor con sus alianzas, como Venezuela. Tras la captura de Nicolás Maduro por parte del Ejército de EEUU, Fúster se pronunció así: “¿Están los venezolanos mejor? Sí. ¿Tienen una puerta abierta a la esperanza? Sí. Confiamos en el buen hacer y las mejores condiciones de la administración estadounidense [para que] se produzca con el menor coste para la población. Confiamos en la Administración Trump”, dijo en la misma rueda de prensa en la que se declaró incompetente sobre Groenlandia.

Esa confianza en el presidente de Estados Unidos ha marcado la política internacional de Vox desde que llegó por segunda vez a la Casa Blanca a principios del año pasado. Sus posicionamientos han estado condicionados por el apoyo incuestionable a las decisiones de Trump incluso cuando chocaban con sus valores. Ya al principio del mandato, cuando el líder norteamericano anunció su agresiva política de aranceles, que ponía en serio peligro al sector agrícola español al que tanto dice defender Abascal, su partido se puso de perfil. Tras un tiempo en el que calificaba la medida de “legítima”, acabó reconociendo que causaría “algo de daño” a la economía española, pero le quitó peso al asegurar que lo que “más daño causa a España” es “la política que se pacta en Bruselas entre el PP y el PSOE”.

También se evidenció en su posición ante la guerra de Ucrania. Tras un apoyo más inequívoco a Zelenski durante los primeros años del conflicto, el distanciamiento de Trump con él llevó a Abascal a suavizar su respaldo. Llegó a culpar a la UE de “facilitar” la invasión que ordenó Putin y se puso del lado del presidente estadounidense cuando humilló al líder ucraniano en el Despacho Oval.

La última muestra de la adhesión incondicional de Abascal a Trump y a Netanyahu se ha visto en el último mes, al posicionarse a favor de sus ataques contra Irán. Como es habitual, se llevó la crisis internacional al terreno nacional: acusó a Pedro Sánchez de ser “el mejor amigo de los ayatolás” y aseguró que “el régimen iraní y Venezuela han estado tras la financiación de la extrema izquierda”.

El apoyo continuo a Trump no es la única alianza internacional incómoda que ha condicionado los posicionamientos de Vox. En 2024, tras las últimas elecciones europeas, el partido abandonó en la Eurocámara el grupo de los Reformistas y Conservadores, en el que está la formación de la italiana Giorgia Meloni, para sumarse a la nueva familia de los Patriotas, comandada por el húngaro Viktor Orbán y el partido de Marine Le Pen en Francia. Ahí tiene que hacer equilibrios para mantener su defensa de Ucrania, cada vez más suave, entre partidos prorrusos como el del propio Orbán, el principal defensor de Putin en el seno de la Unión Europea. También es importante para Abascal su vínculo con el argentino Milei, que hace unas semanas le visitó en Madrid. Se puso para la ocasión un mono de la empresa que Argentina expropió a Repsol, una de esas grandes compañías españolas cuyos intereses defiende Vox.

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