Por qué conviene evitar las bolsas al vacío para guardar los abrigos: alternativas para ordenarlos sin olores
Con la llegada del buen tiempo, muchos nos enfrentamos a una tarea tan rutinaria como importante: el cambio de armario. Guardar abrigos, chaquetas gruesas y parkas para hacer espacio a la ropa ligera del verano no siempre es una tarea sencilla, sobre todo cuando el espacio en casa es reducido. En pisos pequeños o compartidos, donde cada centímetro cuenta, las bolsas al vacío se han convertido en una de las soluciones más populares para almacenar ropa y textiles. Sin embargo, aunque estas bolsas sean de lo más prácticas, no siempre son la mejor opción para conservar este tipo de prendas a largo plazo.
Su uso debe ser cuidadoso, con ropa limpia, seca y por un tiempo limitado. Por suerte, existen alternativas más recomendables que combinan orden y frescura: las fundas de tela, las cajas transpirables, unas perchas adecuadas y otros métodos de enrollado son algunas de las opciones más eficaces que servirán para proteger tus prendas de invierno.
A continuación, explicamos por qué conviene evitar las bolsas al vacío en determinados casos, cómo usarlas correctamente cuando no hay otra alternativa, y qué otras formas existen para almacenar abrigos sin que pierdan forma ni acumulen malos olores.
El problema de las bolsas al vacío: humedad y olores
Las bolsas al vacío funcionan extrayendo el aire que rodea la ropa, lo que permite comprimir el volumen de las prendas y ahorrar espacio. En teoría, es una solución perfecta para casas sin trastero o con los armarios mínimos. Sin embargo, cuando hablamos de ropa de abrigo, sobre todo de tejidos gruesos como lana, paño o plumón, estas bolsas pueden tener efectos contraproducentes.
Uno de los principales problemas es la humedad. Aunque parezcan herméticas, las bolsas al vacío no siempre protegen del todo frente a la condensación. Si la ropa no se guarda completamente seca, o si la humedad ambiental es elevada, es fácil que con el paso del tiempo se genere un microclima dentro de la bolsa. Esto no solo produce malos olores, sino que también puede favorecer la aparición de moho o manchas difíciles de eliminar.
Además, comprimir de forma prolongada ciertos tejidos puede hacer que pierdan su forma original o que les cueste más recuperarla. E incluso en el caso de los abrigos con relleno de plumas o fibras sintéticas, esta compresión puede reducir su capacidad de aislamiento y su eficacia para cuando llegue el invierno siguiente.
Cuándo conviene usarlas y cómo hacerlo bien
Hay algunos casos en los que las bolsas al vacío siguen siendo una opción válida. Cuando el espacio de almacenaje es extremadamente limitado, como en pisos compartidos, habitaciones pequeñas o estudios, esta solución puede resultar útil siempre y cuando se tomen ciertas precauciones.
Antes de guardar cualquier abrigo en una bolsa al vacío, conviene seguir estos pasos:
- Lavar o ventilar las prendas: no es una sorpresa que no sea recomendable guardar ropa con olores, manchas o restos de perfume. Lo ideal es lavar los abrigos y el resto de prendas o, si no es posible, airearlos bien y cepillarlos para eliminar polvo y suciedad.
- Secado completo: cuando laves la ropa que necesites guardar, asegúrate de que la prenda esté completamente seca. Cualquier rastro de humedad atrapado en el interior de la bolsa puede acabar generando moho.
- Incluir una bolsita deshumidificadora o de olor: existen pequeños sobres de sílice, carbón activado o incluso lavanda seca que ayudan a absorber la humedad y mantener un olor agradable en el interior.
- No usar bolsas para más de seis meses seguidos: cuanto menos tiempo estén las prendas comprimidas, mejor conservarán su forma y propiedades. Si puedes, revisa el contenido cada pocos meses y ventila las prendas durante unas horas.
Alternativas más recomendables para guardar abrigos
Cuando el espacio lo permite, existen otras formas más eficaces y seguras de guardar los abrigos durante los meses de calor. Aquí repasamos algunas opciones organizativas que protegen los tejidos, evitan olores y permiten mantener todo en orden:
- Fundas transpirables para ropa: una de las mejores opciones para guardar abrigos es utilizar fundas de tela, preferiblemente de algodón o materiales no sintéticos, que permiten que las prendas respiren. Este tipo de fundas protegen del polvo, pero no aíslan completamente el aire, lo que ayuda a evitar la humedad acumulada. Existen modelos con cremallera, ventanas transparentes y diferentes largos, ideales para chaquetas cortas o abrigos hasta el tobillo. Son especialmente recomendables para prendas de lana o tejidos delicados.
- Cajas organizadoras con tapa (no herméticas): otra alternativa útil son las cajas de tela o cartón rígido, que permiten apilar prendas sin comprimirlas en exceso. Muchas vienen con tapa y asas, y se pueden guardar bajo la cama, en altillos o sobre el armario. Lo ideal es rellenar los abrigos con papel de seda o incluso camisetas viejas para mantener su forma, sobre todo en el caso de prendas con hombreras o estructuras marcadas. También conviene colocar una bolsita de olor o un sobre antipolilla dentro de cada caja.
- Perchas específicas para prendas pesadas: si tienes algo de espacio en el armario o un perchero disponible, es buena idea dejar colgados los abrigos más voluminosos. En este caso, es importante usar perchas robustas, con forma anatómica o forradas, para evitar que los hombros se deformen con el paso del tiempo. Además, si optas por mantenerlos colgados, conviene cubrirlos con una funda ligera y revisar periódicamente que no acumulen polvo ni humedad en los rincones del armario.
- Rollos de almacenamiento o mantas enrolladas: para chaquetas menos estructuradas o prendas finas de entretiempo, una opción práctica puede ser enrollarlas en vez de doblarlas. Esto evita que se formen arrugas profundas y permite aprovechar mejor el espacio dentro de cajones o cajas.
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