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Cuidado con las jarras y botellas de plástico con agua en verano

Las botellas de agua podrían filtrar sustancias químicas cuando se almacenan a temperaturas altas

Foto: Priyanka98742

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Con el buen tiempo y el calor es importante mantenerse bien hidratado. Es común reutilizar botellas de agua desechables de plástico durante estos meses, incluso dejar en el coche una botella de agua por si acaso o descuidarnos agua en una jarra durante varias horas a temperatura ambiente. Aparentemente el agua no muestra signos de deterioro, pero son prácticas que deberíamos evitar por varios motivos.

Los envases de plástico como las jarras y las botellas son livianas y no se rompen cuando se caen al suelo. Pero, además del problema ambiental que suponen (sobre todo las botellas), algunos estudios sugieren que pueden suponer un riesgo para la salud cuando se calientan. Uno de ellos, publicado en 2014 en Environmental Pollution, indica que las botellas de agua pueden filtrar sustancias químicas cuando se almacenan a temperaturas altas.

Agua y botellas de plástico

Seguro que habrás comprobado en más de una ocasión que si dejas una botella de agua varios días a una temperatura ambiente (por encima de los 18ºC), el gusto cambia, es desagradable, con una clara tendencia a un regusto a plástico. La mayoría de las botellas de agua están fabricadas con politereftalato de etileno (PET), material con el que se hacen además el resto de envases plásticos usados para alimentos (que no contienen bisfenol A).

El PET se ha convertido en uno de los materiales más usados en la distribución de alimentos por su elevada resistencia, su facilidad para ser moldeado y sus propiedades técnicas. Se usa sobre todo para envases de bebidas refrescantes, aguas minerales, aceite comestible, bandejas para comida precocinada o envases de salsas. Pero, además, es un termoplástico, es decir, se deforma fácilmente a altas temperaturas porque las cadenas moleculares que lo forman no están unidas entre sí.

Por esta razón, cuando se calientan se pueden desplazar unas respecto a otras, adquiriendo nuevas posiciones. Una consecuencia deestos cambios esla migración de compuestos al agua y, en concreto, de antimonio (Sb), ya que para la fabricación del plástico PET se usa trióxido de antimonio como catalizador, lo que hace que el producto final contenga antimonio en concentraciones de centenares de miligramos por kilogramo.

Migración de antimonio proporcional a la temperatura

En una revisión exhaustiva sobre agua y botellas de plástico realizada por expertos de la Universidad Complutense de Madrid, los resultados indican que el antimonio es el principal elemento de la migración de sustancias procedentes del PET, al agua de bebida, a través del proceso de lixiviado. La Agencia de Protección Medioambiental estadounidense (EPA) lo clasifica como contaminante prioritario, y la Unión Europea marca un límite máximo de migración en 5 µg/L.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) fija una ingesta diaria tolerable (IDT) de 6 µg/kg de peso corporal y asegura que el antimonio procedente del lixiviado de materiales con antimonio se presenta en forma de oxoanión de antimonio (V), que es la forma menos tóxica. No hay datos de la capacidad cancerígena de ciertos compuestos de antimonio por la vía oral.

De acuerdo con la revisión de la Complutense, el PET es seguro toxicológicamente porque los niveles de antimonio encontrados en condiciones normales de almacenamiento no superan los límites de migración considerados seguros por la Unión Europea.

Las investigaciones realizadas hasta el momento indican que la concentración de antimonio aumenta desde 0,44 a 190 µg/L por la aplicación de altas temperaturas (70ºC durante 9 horas) en aguas con gas. Las regulaciones europeas requieren una evaluación de la seguridad del PET tras un periodo de almacenamiento en el que las botellas se mantienen a 40ºC durante 10 días para probar la migración.

En otra investigación realizada por expertos alemanes en 2008, estos observaron que el contenido de antimonio aumenta hasta 7 µg/L cuando el envase se somete a temperaturas de 80ºC durante 48 horas. Por debajo de los 60ºC se libera una pequeña fracción de antimonio al agua desde el envase, pero por encima de esta temperatura los niveles son superiores. Si bien el color de la botella no incide en los niveles, sí lo hace el tiempo de exposición y el pH del agua (la disolución del antimonio es superior en aguas con gas). 

Foto: Olichel

Foto: Olichel

Agua y calor

Otra práctica común es olvidar la jarra de agua en la mesa y dejarla a temperatura ambiente varias horas, incluso una noche entera. ¿Es seguro beber agua que hemos dejado a temperatura ambiente? Si al cabo de unas horas volvemos a beber agua, lo más probable es que notemos que esta tiene un gusto desagradable, lo que indica que ha ocurrido algo durante este tiempo.

Puede pasar que el líquido contenga algún tipo de microbio (cuanto más tiempo pase el agua en la jarra a temperatura ambiente sin tapar, más posibilidades de que se contamine, y cuanto mayor sea la temperatura, más rápido se multiplicarán) o que se hayan producido reacciones químicas.

En este último caso, y según una investigación de Johns Hopkins University Water Institute, cuando el agua se expone al aire, absorbe un poco de dióxido de carbono y una parte pequeña se transforma en ácido carbónico, que forma carbonatos y bicarbonato, lo que rebaja el pH y hace que el agua se vuelva un poco más ácida y varía sus propiedades organolépticas. El agua no deja de ser potable porque la acidez no afecta nuestro organismo (excepto por los gérmenes que pueda contener como polvo o insectos).

Es recomendable que el agua que se almacena en una jarra para beber diariamente se cambie cada día y se lave bien la jarra, al menos en verano. El cloro que se añade en el agua de grifo impide el crecimiento de bacterias, aunque debe tenerse precaución en cómo se conserva. Si la dejamos al sol durante unas horas, es mejor tirar el agua y llenarla de nuevo, porque el cloro se habrá evaporado y pueden llegar gérmenes por el aire.

Cinco consejos para conservar el agua en verano

  • A la hora de comprar agua embotellada debemos fijarnos en el envase, que no tengan abolladuras ni roturas. También comprobaremos la fecha de consumo preferente (suele estar en una vida útil de uno a dos años).
  • No beber de la misma botella directamente más de una persona. Es preferible beber en vasos limpios.
  • Refrigerar la botella después de abrirla. Al igual que otros alimentos, el agua embotellada contiene un bajo número de bacterias inocuas. Refrigerarla nos ayudará a mantener estos niveles bajos.
  • Las botellas pequeñas de plástico están pensadas para utilizar una sola vez. Debemos evitar rellenarlas una y otra vez. Las preocupaciones en este sentido se centran en la seguridad del plástico en ciertas condiciones: el PET usado se descompone cuando se usa varias veces, liberando químicos perjudiciales.
  • El agua debe mantenerse alejada del calor y de la luz solar, así como de cualquier disolvente doméstico como detergentes. 

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