El método para conservar el caqui o persimón para que dure varios días en casa sin deteriorarse
Se ha convertido en una de las frutas del otoño, un habitual en fruterías y supermercados, y también en un pequeño quebradero de cabeza doméstico. ¿Es mejor guardarlo en la nevera o dejarlo fuera? ¿Por qué algunos se ablandan a los dos días mientras otros aguantan semanas? Y, sobre todo, ¿qué diferencia hay entre ese persimón que vemos etiquetado y el caqui de toda la vida? La respuesta a cómo conservarlo bien empieza mucho antes de llegar a casa.
Elegir el fruto adecuado
El punto de partida está en la compra, porque no todo lo que llamamos caqui se comporta igual. El llamado persimon —marca certificada por la Denominación de Origen Kaki Ribera del Xúquer— no es una variedad distinta, sino un caqui tratado para eliminar su astringencia y poder comerse firme. Procede, como el caqui tradicional, de la variedad Rojo Brillante, pero a diferencia de este no necesita madurar en casa ni ablandarse para resultar agradable. Su carne es tensa, crujiente y de un naranja intenso, lo que explica que haya ganado terreno rápidamente entre quienes prefieren una fruta más manejable y con menos sorpresas.
La D.O. insiste en que, para reconocerlo, basta buscar la etiqueta 'Persimon' o identificar el sello de certificación en bandejas y envases. También conviene fijarse en el color: el fruto debe estar anaranjado casi por completo, con el verde limitado al borde del cáliz. Más allá del etiquetado, una señal inequívoca es la firmeza; un persimón debe sentir duro al tacto, sin manchas hundidas ni golpes, porque esas pequeñas heridas son el atajo más rápido hacia el deterioro.
La diferencia entre blando y firme
Entender por qué unos caquis duran más que otros exige detenerse un momento en esa idea que tanto confunde: la astringencia. Los caquis tradicionales necesitan sobremadurar —oscurecerse, ablandarse y volverse casi gelatinosos— para dejar atrás ese sabor áspero y seco que producen sus taninos. Por eso, comprarlos verdes y duros no es un error, sino el estado previo necesario. Su proceso continúa en casa, donde pueden transformarse en pocos días.
El persimón, en cambio, ya ha pasado por un tratamiento que neutraliza esa astringencia antes de llegar al mercado. Por eso se vende listo para comer, firme y dulce desde el primer día. Este detalle es importante a la hora de conservarlos, porque mientras el caqui tradicional evoluciona rápidamente y pide cierta vigilancia, el persimón se mantiene estable sin grandes cuidados.
Cómo conservarlo para que dure más
La recomendación de la D.O. es clara: el persimón no debe ir a la nevera. Su lugar está a temperatura ambiente, lejos de fuentes de calor y sin humedad excesiva. En estas condiciones, puede aguantar días en perfecto estado, conservando su textura crujiente. Guardarlo en frío puede alterar esa textura, acelerar ciertos cambios internos y, en algunos casos, restarle sabor.
Ocurre algo distinto con el caqui clásico, que sí agradece el frío cuando ya está muy blando. En ese punto, el frigorífico ayuda a frenar un deterioro inevitable, aunque conviene recordar que se trata de una fruta pensada para consumirse rápida, casi inmediatamente después de alcanzar la madurez.
Uno de los motivos por los que hay frutas que maduran sin aviso es la convivencia con otras que producen etileno, el gas natural que actúa como acelerador. Manzanas, plátanos o peras son auténticas máquinas de maduración. Mantener los caquis separados de ellas puede suponer la diferencia entre disfrutar de un fruto firme toda la semana o encontrarse con uno ablandado antes de tiempo. En el caso contrario, cuando un caqui tradicional necesita ayuda para madurar, colocarlo junto a un plátano es un truco tan antiguo como eficaz.
Las pequeñas señales que no indican un problema
A veces, al abrir un persimón, aparece bajo la piel una zona más oscura. La D.O. explica que este pardeamiento es habitual y no implica pérdida de calidad ni deterioro; suele surgir por pequeños roces sufridos durante la recolección y el transporte. Lo que sí conviene vigilar son las zonas muy blandas, los olores extraños o una astringencia inesperada, que no debería aparecer en un persimón correctamente tratado. En ese caso, es mejor no consumirlo y reclamar al establecimiento, porque el proceso de eliminación de astringencia es una fase controlada y certificada.
Temporada, trazabilidad y calidad
Aunque el caqui se ha convertido en una fruta omnipresente, el persimón certificado tiene su propio calendario. Su campaña se concentra en otoño e invierno, aproximadamente de octubre a enero. Comprarlo fuera de temporada significa, casi siempre, que procede de otros lugares o se ha almacenado durante largos periodos, algo que repercute en su sabor y textura.
El interés creciente por la trazabilidad y la fruta de proximidad explica parte del éxito del persimón certificado: el consumidor sabe de dónde viene, cómo se ha tratado y en qué condiciones ha llegado al supermercado. Y también sabe que lo que compra está listo para comer sin sorpresas.
Una atención sencilla
Conservar bien un caqui no requiere grandes complicaciones, pero sí entender qué se tiene entre manos. Un persimón se disfruta tal cual, firme, dulce y a temperatura ambiente, sin necesidad de maduración ni de frío. Un caqui clásico necesita tiempo, paciencia y, a veces, un acompañante que le acelere el proceso.
En un momento en que la cocina doméstica se llena de trucos para reducir el desperdicio alimentario y aprovechar mejor la compra semanal, conocer estos matices se vuelve una herramienta de aprovechamiento doméstico.
0