Carlo Angrisano, otro Girauta que pasa por el PP y acaba en la ultraderecha
“Vox se lleva a un paquete”. Así definen en la delegación del PP en Bruselas a Carlo Giacomo Angrisano Girauta (Barcelona, 1996), donde estuvo trabajando hasta finales del año pasado el ya ex secretario general de las Nuevas Generaciones, quien este domingo anunció su baja del partido. El plan que no oculta: saltar a la formación de Santiago Abascal, para quien ha pedido el voto en plena campaña en Castilla y León. Angrisano sigue así la estela de su tío, Juan Carlos Girauta, conocido por transitar desde la izquierda a la ultraderecha calentando sillones pagados con dinero público.
Angrisano Girauta anunció que se iba de un PP que ya no contaba con él desde hacía meses, que le había despedido como asesor en el Parlamento Europeo y al que había reclamado, sin éxito, un hueco en futuras listas electorales. Estaba amortizado y pasaba más tiempo con su familia en Ecuador que en España, según se han apresurado a decir sobre él desde la dirección nacional del partido. La pregunta es cómo la dirección de la delegación del PP en Bruselas, el poderoso secretario general, Miguel Tellado, y las mismísimas Nuevas Generaciones, comandadas por la veterana Beatriz Fanjul, y sus respectivos y prolijos equipos no han visto venir lo que iba a pasar.
Hijo de un famoso almirante italiano, se afilió al partido en un momento de efusividad de la derecha española. Corría 2012 y Mariano Rajoy había logrado una amplia mayoría absoluta para la derecha. Mayor que la de José María Aznar. Con apenas 16 años, comenzó a labrarse una carrera política donde sus mayores lo hicieron antes que él: en las juventudes del partido.
Lo hizo en un buen puesto: secretario general. ‘Número dos’, solo por detrás de la todavía presidenta, Beatriz Fanjul. Ambos se hicieron con el control de la organización en abril de 2021, bajo el mando de Pablo Casado y de Teodoro García Egea, quienes por entonces decidían todos los nombramientos que se hacían en el partido, estrategia que no les valió para nada cuando Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso decidieron su final.
De su paso por la organización juvenil del PP apenas queda rastro. En su ficha pública solo hay una nota de prensa, el organigrama ha sido borrado para no dejar constancia del puesto que ocupó, aunque a los anticuarios de Internet no se les escapa nada.
El lustro que pasó como dirigente de la incubadora de líderes del partido tampoco ha dejado ninguna huella interna ni externa. Los más amables de quienes en algún momento coincidieron con él por cargo aseguran a elDiario.es que ha sido una persona “desconectado de la organización”, que es casi como decir que un entrenador de fútbol no va ni a los partidos. Su poco más de año y medio como asesor en Bruselas le sirvió para hacer amigos dentro del PP. Su compañera de escaño, Isabel Benjumea, le reprochó en público no “dar las gracias a un partido que te ha dado tantas oportunidades”.
También desde el Ayuntamiento de Madrid se le ha pedido que “cierre al salir”. “Se abrió una etapa que nunca debió empezar. Llegó sin proyecto, permaneció sin ideas y se va sin lealtad ni honor”, han dejado escrito sobre él algunos con los que ha coincidido.
En privado, las palabras sobre Angrisano Girauta son bastante más duras. “Estresado no estaba”, dicen desde la delegación del PP en Bruselas. “Como sabía que no iba a agarrar ningún cargo en Europa, ahora pega el petardazo con un mensaje que no se sostiene” para “hacer daño de cara a las elecciones en Castilla y León”, apuntan las mismas fuentes, que zanjan: “Era totalmente irrelevante en la delegación”.
El “trampolín” de los Girauta
La serie de comicios abierta por el PP el pasado mes de diciembre en Extremadura se ha saldado con falta de acuerdo con Vox y la apertura de una guerra pública entre ambos partidos que ya ha escalado a sus principales dirigentes. Los de Abascal han tumbado la investidura de María Guardiola, mantienen la duda sobre Jorge Azcón en Aragón y no se lo van a poner nada fácil a Alfonso Fernández Mañueco a partir del próximo domingo.
“Hacía meses que se había marchado de Bruselas, donde estaba como asesor”, apuntan fuentes del PP, que añaden que de su desempeño como asesor se desprende “un rendimiento más que dudoso”. “Para mí es alguien que entendió la política desde joven como un trampolín sin más aspiración que ocupar un cargo”, cuenta a este medio alguien que trabajó con él.
En el PP son muchos los que trazan un paralelismo entre Carlo Giacomo Angrisano y su tío, el también político Juan Carlos Girauta, hoy eurodiputado de Vox, partido para el que ha pedido el voto su sobrino. Girauta (el viejo) puede presumir de haber transitado por todo el espectro político. Desde la militancia en la clandestinidad de izquierdas durante el franquismo (en la que militó solo para poder ligar con mujeres, tal y como él mismo reconoció) pasó al PSC, luego al PP, poco después estuvo en Ciudadanos y, tras formar parte del equipo que lo hundió, se pasó con todo su bagaje a Vox.
Desde 2024, es eurodiputado junto a Jorge Buxadé o Hermann Tertsch. Girauta salió en Twitter en defensa de su sobrino. “La derechita cobarde está aterrorizada. Va a jugar tan sucio como la PSOE”, dejó escrito. Y replicó a la eurodiputada Benjumea para, por el camino, tildar a sus antiguos compañeros de “mafia”.
El propio Tertsch publicó un mensaje contra el PP, y aseguró que “no es cierto y además es mentira” que Angrisano Girauta se haya ido porque no le querían hacer hueco en listas electorales. “Y lo digo porque lo sé y además me consta”, apunta.
Incluso el responsable nacional de prensa de Vox, Juan E. Pflüger, defendió públicamente al, hasta ahora, 'número dos' de las Nuevas Generaciones del PP, y acusó a los medios de comprar un “relato fabricado al servicio de Génova”. También lo hicieron otros, como el portavoz nacional, José Antonio Fúster, o incluso el diputado Carlos Flores Juberías, condenado por violencia machista.
Nuevas Generaciones, campo de batalla interno
Angrisano Girauta fue encumbrado como 'número dos' de las Nuevas Generaciones del PP en 2021, de la mano de Teodoro García Egea y bajo la Presidencia de Beatriz Fanjul, que está a punto de cumplir un lustro como jefa de las juventudes de su partido. Es decir, que Fanjul y el resto de miembros de su dirección están a punto de cumplir un año con el mandato caducado. Y en Génova no parecen dispuestos a abrir el proceso congresual que estipulan los estatutos internos.
“No hay fecha” para el congreso, aseguran desde el equipo de Alberto Núñez Feijóo. Las Nuevas Generaciones del PP se suman así a otras organizaciones del partido que no cumplen los estatutos y eluden la obligación legal de someterse a los militantes. El caso más exagerado es, quizá, el de Catalunya, donde no se celebra un congreso desde 2018.
El problema para el PP es que un proceso congresual en Nuevas Generaciones podría partir en dos a la organización y mostrar las grietas internas, las diferencias de proyecto y las preferencias por determinados liderazgos estatales. Este mismo fin de semana, por ejemplo, las Nuevas Generaciones de Madrid publicaron en redes sociales un mensaje en el que aseguraban que “el feminismo es una amenaza para las mujeres y España”. Y llamaban al presidente del Gobierno “Chapero Sánchez”.
Un discurso suave, según Carlo Giacomo Angrisano, un digno sucesor de la saga Girauta.
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