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Adolf Hitler, Donald Trump y la prioridad nacional de PP y Vox

Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, a la salida del Congreso, en una imagen de archiivo..
23 de julio de 2026 21:51 h

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Tras la aprobación de los Presupuestos de la comunidad en las Corts Valencianas con mención expresa de la “prioridad nacional”, Diana Morant, ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, declaró que la deriva hacia la extrema derecha del PP sigue un camino que se parece mucho al que siguió Adolf Hitler.

La reacción del PP ha sido inmediata. Su secretario general, Migue Tellado, ha exigido la dimisión de la ministra, porque “no se puede ir por la vida con ese tipo de comparaciones”, que la inhabilitan para seguir sentándose en la mesa del Consejo de Ministros.

No sé qué le habrá parecido a los lectores la comparación de la ministra del PSOE y la contrarréplica del secretario general del PP. Yo sí tengo una opinión formada sobre la pertinencia de la comparación y la inanidad de la réplica del secretario general.

El lector habrá comprobado por el título de este artículo que intercalo a Donald Trump entre Hitler y el PP/Vox. Lo hago porque Donald Trump es el eslabón que permite dar sentido a la entrada de Adolf Hitler en una comparación con las estrategias políticas que se están poniendo en práctica en Europa en estas primeras décadas del siglo XXI.

Comparar directamente a Adolf Hitler con Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal resulta chocante. La distancia entre el Gobierno del Tercer Reich y la pareja de la derecha española, que todavía no es, pero puede ser la que ocupe el Gobierno del Estado español, es demasiado grande desde todos los puntos de vista como para que no produzca perplejidad. ¿Se puede encontrar directamente un punto de conexión entre Hitler y Feijóo/Abascal o la distancia entre los términos de la comparíación es tan enorme que carece de credibilidad?

Con el eslabón de Donald Trump el punto de conexión resulta razonable. Los términos de la comparación entre Hitler y Trump no resultan estrafalarios. Y a través del actual presidente de los Estados Unidos, ya no resulta descabellado proyectar la presencia de Hitler en las estrategias políticas que se ponen en circulación en los países europeos. La sombra de Hitler no ha dejado nunca de estar presente en Europa, aunque hubiera hasta el momento unanimidad en su rechazo. Desde que Donald Trump es presidente de los Estados Unidos, Adolf Hitler ha dejado de ser una sombra para convertirse en una opción política creíble para cualquiera de los países europeos.

El profesor Timothy W. Ryback, que había dedicado prácticamente toda su vida académica al estudio del ascenso al poder de Adolf Hitler, se ha ocupado de ilustrar la proximidad y la distancia entre la ejecutoria de Donald Trump en su segundo mandato y la de Adolf Hitler una vez alcanzada la Cancillería. Lo ha hecho en una serie de artículos extensos, que casi podrían ser calificados de pequeños ensayos, publicados en The Atlantic entre el 8 de enero de 2025 y abril de 2026.

En el primero, 'Cómo Hitler desmanteló una democracia en 53 días', estudia los pasos que dio Hitler desde que se convierte en Canciller hasta el momento en que el Reichstag aprobó la “ley de habilitación” que le permitió al Führer sustituir la legislación parlamentaria por la legislación gubernamental. En el segundo, retrata la sorpresa de quienes pensaron que podrían domesticar a Hitler, para acabar dándose cuenta de que era él el que se había apoderado de ellos. En el tercero, estudia la forma absolutamente unilateral en que Adolf Hitler entendía la lealtad y la confianza en las relaciones con sus ministros o altos dirigentes del Reich.

En el cuarto, estudia lo que el título indica con precisión: cómo la prensa nunca reconoció la amenaza que Hitler suponía para la democracia de Weimar. En el quinto, el título lo dice todo: 'Los terribles aranceles de Hitler'. En el sexto cuenta cómo Hitler “fabricó” una crisis, de la que responsabilizó al partido comunista, para hacerse con todo el poder. En el séptimo relata cómo presionó al presidente del Banco Central, cuya independencia estaba garantizada en la Constitución de Weimar, llegando hasta el punto de amenazarlo de muerte, de forma creíble, para forzar su renuncia. En el octavo estudia cómo Hitler llegó a considerar Groenlandia como una cuestión de seguridad nacional y diseñó una estrategia para apoderarse de ella. Y en el noveno, y último hasta el momento, describe el proyecto de construir una nueva ala para ampliar el edificio de la Cancillería.

La concomitancia entre la ejecutoria de Donald Trump y la de Adolf Hitler salta a la vista. El sistema político de la democracia, sea parlamentaria o presidencialista, es el enemigo “interior”, mucho más peligroso que el “exterior”. Hay que acabar con cualquier resistencia al ejercicio del poder interno, a fin de proyectar dicho poder sin control hacia el exterior mediante el ejercicio de la fuerza.

Esta es la forma de ejercer el poder que Hitler tenía en la cabeza y es también la forma de ejercicio que tiene en su mente Donald Trump. La proyección de ese poder sin control fuera del territorio del Estado caerá por su propio peso. La recuperación de la doctrina Monroe para América Latina, la integración de Canadá como un Estado más de los Estados Unidos y la apropiación de Groenlandia son los objetivos ya expresados por Donald Trump.

Penetrar en los países europeos mediante la promoción de los partidos de extrema derecha es el complemento de la operación. Ahí es donde entran Vox inicialmente y el PP, arrastrado por Vox. A través de la estrategia de la “prioridad nacional” de Santiago Abascal primero y de la “mayoría nacional” de José María Aznar después.

En esas estamos en ese momento. Y de ahí que resulten pertinentes las palabras de Diana Morant tras la inclusión de la mención expresa de la “prioridad nacional” en el proyecto de Ley de Presupuestos de la Comunidad Autónoma Valenciana. Estamos en el prólogo de una operación antidemocrática de primer orden en España y en otros países de la Unión, que puede acabar poniendo fin al experimento político de mayor envergadura después de la Segunda Guerra Mundial.

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