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Carmen Machi versus Antígona; Manuela Paso vs. Creonte
Si el espectador cierra los ojos mientras oye la lucha dialéctica entre las actrices Manuela Paso y Carmen Machi (Antígona versus Creonte), le asaltará la duda de si está en el Teatro Romano de Mérida o en su vecino Anfiteatro, en el que los mejores gladiadores se daban cita por una victoria de vida.
En este combate teatral, que dirige Miguel del Arco, no pierde Machi ni Paso; ambas ganan y se ganan al público. Las dos están sublimes en sus respectivos papeles y atrevidas en sus personajes, especialmente Carmen Machi, quien da a vida a Creonte, un personaje que casi siempre ha sido interpretado por actores (en masculino).
De hecho, Creonte es el rey de Tebas, pero la autoridad “no tiene sexo”. Del Arco introduce esta casi novedad -algún precedente existe- para remarcar que el poder, con independencia de quien lo ejerza, corrompe, y para añadir el elemento de la maternidad, pues las tragedias, especialmente con hijos de por medio, las sufren de forma diversa los hombres y las mujeres.
El poder, la democracia, el pueblo y las virtudes y miserias del ser humano se dan cita en “Antígona”, una obra que Sófocles escribió para tirar de las orejas a la joven democracia griega, en la que ya se hablaba de un fenómeno actual: la corrupción.
Tío y sobrina, Creonte y Antígona, Machi y Paso. Un rey que eleva bondades y que quiere darle lo que el pueblo le pide, y una joven que, harta de ver que “de donde dije digo, digo Diego”, se revela. El choque se espera y tiene lugar, y ambas actrices lo viven y el público, como si fuera el de Tebas, atiende al mismo.
La versión libre de Paso permite ropajes actuales y una escenografía minimalista, lo que facilita al espectador el poder entender que el poder sigue siendo hoy el mismo poder de aquellos años, y que la autoridad sigue siendo aplaudida o criticada.
El individuo y la sociedad, el ser espiritual y el civil, el derecho natural y el derecho positivo son disyuntivas, “colisiones” y “problemas” que ya observó Sófocles, y que hoy en día aliñan reflexiones sobre cuáles son los límites del poder del Estado.
La salvaguarda y la abogacía por las leyes naturales, morales en muchos momentos, combate con quien quiere que se cumpla la ley de la polis. “A nadie podremos decir que conocemos hasta no verlo en el ejercicio del poder”, exclama Creonte.
Antígona narra la historia de una mujer que ha padecido los estragos del poder y los poderosos desde la infancia, y que se muestra convencida de que enterrar a su hermano -muerto mientras atacaba su ciudad natal- está por encima de cualquier otra cosa.
Creonte, que no quiere dar sepultura para que esa alma camine en pena entre los mortales, es un político convencido de que las decisiones que toma son la mejor opción posible para la ciudad.
Ni Machi ni Paso retrasan sus posiciones. Creonte y Antígona creen tener la razón... se obcecan, se enrocan, lo que permite al público disfrutar de dos “actorazas”. La lucha dialéctica, o lo que viene a ser el agón, como así la denominaban los griegos, es sobrecogedora y enérgica.
El coro y su corifeo elevan en compases sus comentarios. “La sensatez es la primera condición de la felicidad”, grita el coro. “Evohé, evohé...”, exclama de jubilo.
Paso y Machi comparten escenario con Ángela Cremonte (Ismene), Santi Marín y Silvia Álvarez (corifeos), José Luis Martínez (guardia), Raúl Prieto (Hemón) y Cristóbal Suárez (Tiresias).
Creonte afirma: “Tus manos están atadas tanto como las mías, pues nadie puede actuar fuera de la ley”. Antígona le responde con una pregunta: “¿se debe obedecer un ley que es inhumana?”...
Por Alberto Santacruz
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