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75 años de 'Cahiers du cinema', la revista que cambió el cine, dio forma a la Nouvelle Vague y reivindicó a Buñuel

Jean-Luc Godard, aquí en el rodaje de 'Alphaville' en 1965, comenzó como redactor de 'Cahiers du cinema'

Guillermo Martínez

2 de mayo de 2026 21:53 h

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La revista que más ha influido a nivel internacional y que en mayor grado ha marcado la crítica cinematográfica cumple tres cuartos de siglo. Ese podría ser el titular alternativo en el que concuerdan los expertos, quienes evocan a Cahiers du Cinema como la publicación de la que emergió una nueva forma de entender la imagen en su conjunto. Por sus páginas se pasearon las plumas más laureadas del momento, que evocaron las bases de la crítica al cine de autor y crearon una sinergia sin igual con los directores más aclamados de la Nouvelle Vague. Numerosísimos países, también España, han intentado replicar sin éxito este fenómeno.

Para Vicente Monroy, programador en Cineteca Madrid, Cahiers du Cinema es “la publicación más importante de la historia del cine”. A pesar de que no es un fenómeno que se pueda abarcar de manera unidireccional, para este estudioso del séptimo arte sí existen ciertas características que componen a la revista desde su fundación. Estamos en 1951. Francia bulle culturalmente tras la liberación de los nazis y hay un debate muy enconado entre cierta tendencia analítica que se posiciona a favor del cine del bloque comunista, que lo entiende de una forma ideológica, frente a otra perspectiva que abandera André Bazin, quien defiende que las películas son obras de arte que no tienen por qué adscribirse a una ideología política concreta.

Desde el primer momento, Cahiers du Cinema fue el altavoz de esta segunda forma de entender el cine. “A lo largo del tiempo, ha habido gente que les ha tachado de conservadores por eso”, añade Monroy. Lucía Tello, doctora en Historia del Cine, define a Bazin como “un enamorado del cine, profesor de muchas generaciones de cinéfilos”. No estaba solo. Nombres como las de Jacques Doniol-Valcroze y Joseph-Marie Lo Duca estaban junto a él. Además, buena parte de los fundadores de la mítica revista procedían de otra cabecera previa, Review du Cinema.

Todos ellos lograron vehicular la crítica cinematográfica hacia lo que pronto se denominaría cine de autor. “Eran unas creaciones muy personales, con muchísimas influencias subjetivas y ribetes autobiográficos. Ellos fueron quienes vieron por primera vez esas betas de genialidad en directores como Alfred Hitchcock, Orson Welles y Fritz Lang”, ilustra la también directora del máster en Estudios Avanzados en Cinematografía de la Universidad de La Rioja (UNIR).

De críticos a directores de la Nouvelle Vague

Monroy detalla que Cahiers du Cinema, con una fuerte vertiente pedagógica y didáctica hacia el gran público, acogió entre sus páginas “firmas memorables” como las de François Truffaut, Jean-Luc Godard, Eric Rohmer, Claude Chabrol y otros integrantes del conocido como grupo de los jóvenes turcos. “Es el momento en el que entran en escena una gran oleada de críticos que en poco tiempo se convertirán en los grandes directores de la Nouvelle Vague. Consiguen dar el salto de la crítica a la acción cinematográfica”, abunda el también autor de Breve historia de la oscuridad. Una defensa de las salas de cine en la era del streaming (Anagrama, 2025).

La gran internacionalización de la revista llegó de la mano de la Nouvelle Vague, a mediados de la década de 1960. “A partir de entonces, una y otra son difícilmente diferenciables porque tanto los textos críticos como los guiones de los cineastas conviven en un diálogo permanente”, concede el programador en Cineteca. Así aparece el llamado “tercer cine” que Cahiers enarbola en sus páginas, una suerte de tercera vía entre los productos comerciales estadounidenses y el cine de autor europeo.

Siempre más allá de lo comercial

Por otra parte, uno de los grandes logros que la publicación consiguió fue abrir la mirada imperante en el momento a otras obras cinematográficas que no cabían en el estándar. “Después de la Segunda Guerra Mundial, el cine estadounidense se impuso como hegemónico y no había posibilidad de batir las cifras que alcanzaba. Desde Cahiers pusieron en boga otro cine no tan comercial. Sus opiniones trascendían de lo meramente visual”, se explaya Tello.

Son los primeros que reivindican a Buñuel, lanzan al estrellato a Saura, a quien consideran el gran director español de los 60, y dan a conocer a Almodóvar en los 80

Luis E. Parés Director Artístico de Cineteca

Ambos especialistas citan un artículo publicado apenas tres años después de la aparición de Cahiers du Cinema. Escrito por Truffaut, el texto denostaba el “cine de calidad”, es decir, aquel elaborado con grandes presupuestos, en gran medida institucionalizado y con guiones muy psicológicos, una especie de lo que ahora hace Netflix, compara Monroy. Es en él donde se sientan los mimbres vigentes a día de hoy en torno a la crítica del cine de autor. 

“Y luego están los textos de Bazin, que son obras maestras. El famoso artículo de Jacques Rivette sobre la técnica del ‘travelling’, que dice que es una cuestión moral. En los años 80 llegarían Serge Daney y Serge Toubiana como directores, quienes aportaron una crítica más corporal, sensorial, muy interesante”, completa el programador de Cineteca.

Cahiers du Cinema marcó otro hito en relación con el periodismo y la crítica cinematográfica. Tello comenta que la revisto logró que este tipo de autores empezaran a reivindicarse como auténticos intelectuales que sabían de lo que hablaban, con mucho conocimiento del bagaje y el devenir de la historia del cine

Los ecos en la gran pantalla española

El cine español también ha bebido en gran medida de la crítica de esta revista francesa. Así lo defiende Luis E. Parés, director artístico de Cineteca Madrid. “Son los primeros que reivindican a Luis Buñuel, lanzan al estrellato a Carlos Saura, a quien consideran el gran director español de los años 60, y también dan a conocer a Pedro Almodóvar en los 80”, ejemplifica. Más recientemente, la revista ha reivindicado a directores como Albert Serra y Jonás Trueba.

Este especialista en historia del cine apunta que Cahiers se convirtió en una ventana al exterior cuando en España golpeaba la dictadura franquista. “Se podía comprar en el Instituto Francés, así que había gente que conocía las películas, había leído sus guiones, pero no podía verlas por la censura”, recuerda. Fue entonces cuando sus artículos llegaban como explosiones que dejaban tras de sí una onda expansiva repleta de arte e imaginación. 

En este sentido, Parés revela que la película Contactos (1970), dirigida por Paulino Viota, nació por la influencia de la lectura de una serie de artículos de Cahiers llamados Praxis del cine, escritos por Noel Burch. “Unos tipos en Bilbao leen unos artículos y deciden aplicar esa teoría en una película española. Cahiers es la revista que más ha marcado en la cinefilia mundial”, determina el director artístico.

Tal ha sido su impacto a lo largo de estas siete décadas y media, que es difícil encontrar un país en el mundo que no hayan intentado repetir tal hazaña. Y España no iba a ser menos. Con Franco aún vivo la empresa se complicaba, pero no era imposible. “En los años 70, los cineastas más interesantes del momento venían del campo de la crítica, aunque ninguno pudo proseguir su carrera como directores y no hicieron más de dos películas”, explica Parés.

Se refiere a creadores como Álvaro del Amo, Francisco Llinás, Manuel Vidal Estévez (al que rinden homenaje en la cineteca Madrid en mayo), Antonio Artero y Manuel Revuelta. Más ligado a la actualidad, este estudioso del cine reivindica a un cineasta que empezó como crítico, pero que tampoco ha podido continuar su carrera. Se trata de Daniel V. Villamediana, antiguo codirector de Letras de cine

Para Monroy, a lo largo del siglo XX no ha existido una experiencia como la de Cahiers du Cinema que hable de manera más intensa, ya no solo del cine, sino del potencial de las imágenes para transmitir un mensaje al público. “Fue el núcleo de una nueva manera de pensar nuestro vínculo con las imágenes”, subraya antes de definir la revista como “revolucionaria”. Por su parte, Tello destaca que la publicación que ahora cumple 75 años es “la cumbre del periodismo cinematográfico y la cuna de uno de los grandes movimientos de la historia del cine, como es la Nouvelle Vague”. El mismo Monroy concluye con una nota algo agridulce: “Es una pena que hoy en día sea lo que es: las ruinas de un gran palacio de la imaginación que ya prácticamente no tiene nada que aportar”.

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