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Entrevista

Richard Linklater homenajea a Godard en ‘Nouvelle Vague’: “Siempre hay espacio para lo nuevo, para la revolución”

Guillaume Marbeck, el Godard en la ficción, junto a Richard Linklater

Javier Zurro

7 de enero de 2026 22:15 h

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El amor de Richard Linklater al cine se nota no solo en cada película que hace, sino también cada vez que da una entrevista o una rueda de prensa. Se le acumulan las referencias, las menciones… No solo eso. También tiene su propio cine en Austin (Texas), desde el que programa sus películas favoritas. Seguro que en esa sala ha proyectado infinidad de veces Al final de la escapada, la obra maestra con la que Jean-Luc Godard reventó las normas del cine en 1960. Un cine libre, rompedor y que desafiaba las formas imperialistas. 65 años después, la película de Godard sigue siendo un soplo de aire fresco. Sigue sonando moderna, nueva e indomable.

El director de la trilogía de Antes de… o Boyhood, entre otras, descubrió el filme cuando tenía veintipocos años, en una época en la que se encontraba “pasando de ser un futuro novelista y dramaturgo a cineasta”. “Recuerdo leer libros y entrevistas y sentirme muy interesado. Veía todas las películas en los cines. La razón por la que comencé a estudiar cine fue, simplemente para ver películas. En la primavera del 88 —en 1985 fundó la Austin Film Society— mostré 17 películas de Godard. Perdimos mucho dinero, pero lo hice para mi propia educación. Pensé que tenía algo que aprender. Aunque no puedes imitar a Godard. Probablemente, a nivel psicológico y humano no entiendes realmente las películas de Godard. Están más en tu cerebro, pero encuentro eso fascinante. Es un pensador tan inusual…”, decía el director desde el pasado Festival de Cannes.

Fue en el certamen francés, dónde si no, donde se presentó su carta de amor a la nueva ola francesa. Nouvelle Vague, que llega a los cines este viernes, respira admiración y cariño por aquellos directores que cambiaron todo, especialmente por Godard. Es en el rodaje de Al final de la escapada donde Linklater coloca su cámara para contar las bambalinas de aquella obra maestra y hacer una defensa del cine como arte comunal. Para ello copia sus recursos, como si el filme de Linklater fuera casi el making of del de Godard. Rodada en francés, el filme ha acabado enfrentándose a uno de esos golpes irónicos del destino, ya que en EEUU se verá en Netflix, una plataforma que Godard despreciaría con toda su ira.

No le importa haber caído en la “romantización”, y recuerda que es que aquellos directores, además, eran gente que “se veían geniales”. “No sé si es parte de la mitología, pero pienso en mí dirigiendo y soy un tipo con vaqueros y una camiseta de manga corta, pero pienso en ellos, en Truffaut y digo, 'ahhh eso es ser un director de cine'. Tenían sofisticación, glamour… esas cafeterías llena de humo, los coches…”, subraya.

Para él, “hablar de la nouvelle vague siempre es relevante”. “Siempre digo que Al final de la escapada llega justo en medio de la historia del cine, y es una obra tan novedosa que creo que siempre hay algo nuevo en ella que vale la pena explorar. No se puede imitar. Es un momento histórico fascinante: el nacimiento del cine personal, en el que la tecnología, con las cámaras más ligeras, hace que las películas sean diferentes. Y esa idea sigue siendo bastante radical. Se rebelaban contra la industria francesa de la época. Y simplemente estaban atacando. Siempre hay espacio para lo nuevo, para la revolución. Mi primera película me hizo sentir así. Es importante que el artista se sienta así”, añade.

Un pintor pinta. Un escritor escribe, pero cuando tienes que incluir a otras personas en el proceso artístico, este se vuelve bonito, porque hay tensión y complejidad

Richard Linklater Cineasta

La película es una mirada “a un equipo”, y eso entronca con una de las constantes de Linklater, que reconoce que está “un poco obsesionado con el arte colectivo”. “Tengo otra película este año, Blue Moon, y trata sobre una colaboración artística. En ese caso son dos personas. Aquí es sobre un equipo, pero el proceso artístico es fascinante. Hablamos del aspecto comunitario y la colaboración. Un pintor pinta. Un escritor escribe, pero cuando tienes que incluir a otras personas en el proceso artístico, este se vuelve bonito, porque hay tensión y complejidad. Así que si iba a hacer una película sobre hacer una película, quería incluir al equipo. Y este es un equipo muy pequeño. No hay técnico de sonido. No hay pértiga. No hay vestuario. No hay localizaciones. Pero sí está lo básico y quería rendir homenaje a todas esas personas”, subraya.

Define su acercamiento como “una película sobre los orígenes”, no sobre los mitos construidos posteriormente. Por ello le pidió a los actores “que se alejaran del icono”. “Eran solo unos jóvenes haciendo una película como si fuera a convertirse en la más influyente. Pero la vibra no era esa, sino una pequeña revolución personal que ocurre cuando una persona está junto a otras personas. Y nunca volvería a suceder de esa manera. Ni siquiera debería haber sucedido entonces. Pero había algo en Jean Seberg, en Belmondo… eran tan únicos. Fue un momento perfecto en el tiempo. Una de esas locas confluencias artísticas de personalidades”, dice de aquella película.

Quizás por ello ha elegido a intérpretes que no son especialmente conocidos. O lo justo, como Zoey Dutsch, que interpreta a Seberg. Sin embargo, son los dos actores franceses, Guillaume Marbeck, como Jean-Luc Godard; y Aubry Dullin, como Jean-Paul Belmondo, quienes consiguen que el espectador se sienta hipnotizado. Linklater logra que parezca que miremos por la cerradura de una puerta para ver aquel rodaje. Niega que tenga un deseo de haber podido vivir aquello, pero sí que concede que debió ser “un gran momento para ser joven”: “No fumo, pero supongo que lo habría hecho. Sí, hubiera fumado mucho. Es fácil idealizar aquel momento, pero me encanta esa época, con todos sus defectos. Se puede mirar atrás históricamente y reconocer que fue un momento artísticamente interesante”.

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