Tamar Novas, nominado por 'Rondallas': “Me dieron un Goya cuando no tenía ni idea, ahora sí que me considero actor”
Han pasado 21 años desde que Tamar Novas ganara el Goya a Mejor actor revelación por Mar Adentro. No era la primera vez que el cine español le veía, también había demostrado desparpajo como uno de los amigos del niño de La lengua de las mariposas, pero fue el filme de Alejandro Amenábar el que le colocó en el foco de la industria. Y allí se plantó, con 18 años recogiendo un Goya en un momento que se ha convertido en viral. La Academia decidió aquel año ‘jugar’ y bajar el micrófono con los discursos que se alargaban y Novas demostró su carisma y gracia yendo a buscar el otro micro para terminar sus agradecimientos.
21 años después vuelve a optar al Goya por Rondallas, la comedia agridulce de Daniel Sánchez Arévalo. Lo hace por un personaje de esos ante los que el público cae rendido. Su Xoel juega en esa fina línea entre la risa y el exceso. Pero él lo borda y lo convierte en un ser empático que roba cada escena donde aparece. Su segunda nominación le pilla en un momento privilegiado. Sin nada que demostrar —con el estreno de Caminando con el diablo agendado para el 6 de marzo— y con mucho que disfrutar. Y eso se nota en cómo afronta una carrera por el premio donde otros la viven con la ansiedad de la competición.
Han pasado 21 años desde que ganó el Goya como actor revelación por Mar adentro, ¿qué recuerdo tiene de aquello? ¿Hasta qué punto hay un puente entre estos dos momentos?
Es inevitable hacer vínculos, porque también el año pasado estuvimos allí celebrando los 20 años de la película y nos reunimos varios de los actores. Y claro, yo tengo un recuerdo increíble, imborrable, de esa primera vez allí, con lo que considero que es una familia del cine español que para mí me recibió con muchísimo cariño y que además me dio la oportunidad de tomarme esto muy en serio. Me dio mucha responsabilidad, pero también fue como un abrazo, un reconocimiento de ser bienvenido, y ahora toca hacer todo el camino y, haciendo balance, pues es un poco un círculo para mí, maravilloso. Yo una de las cosas que siempre quise es tener la sensación de tener un oficio, tener un trabajo. Me considero muy afortunado porque he tenido muchas oportunidades con gente que me ha enseñado muchísimo y que me hace ver que se puede aprender este oficio.
¿Aumenta el riesgo de volverse un poco idiota el ganar un Goya tan pronto?
No sé si es un riesgo muy grande de convertirte en un idiota. Yo tenía 18 años y es verdad que hay un momento en el que todo lo vivo como una especie de montaña rusa… los Goya, el Oscar. Pero sobre todo tengo la sensación de empezar como gente puntera, con los mejores. A mí me dio mucho también. Es que tuve mucha ayuda. De Javier Bardem, de Celso Bugallo, que ahora me acuerdo mucho de él y se le echa de menos. Fue de los primeros que me dio una charla, a su manera, del oficio, me dijo que esto que estaba viviendo a lo mejor yo no estaba preparado para ello. Mabel Rivera, Francesc Garrido, Clara Segura, Lola Dueñas… A mí me han ayudado mucho a poner pies en la tierra respecto al oficio, a tomarme esto muy en serio, como una profesión.
Y sí hay un momento en el que estás un poco chalado con todo lo que pasa, pero también me dio mucha responsabilidad. Mucha. Pensé: Si me meto, me meto a fondo. Y así he estado los últimos 20 años. Pero también eres muy consciente de que aún no estás hecho como actor al recibir un premio así. Entonces, relativizas un poco los premios en ese sentido, porque yo ahora sí que me considero actor. Sí que lo digo con orgullo. Desde hace años me dedico a esto e intento hacerlo lo mejor posible y me doy mi valor y la gente me lo da. Me da un espacio y eso da mucho gusto. Pero al mismo tiempo dices: bueno, a mí me dieron un premio cuando no tenía ni idea. Realmente no tenía ni idea.
Ha dicho que desde hace unos años sí que dice ‘soy actor’. ¿Hubo algún momento exacto donde lo empezó a pensar?
Con La lengua de las mariposas yo era un chaval de 11 años que tuvo esa ocasión ese verano de hacer esa película que me encantó, pero luego cuando llamaban para pruebas de series y tal, pues como no coincida en verano, tanto mis padres como yo decíamos que no. Con 16 o 17, yo estaba decidiendo que iba a hacer o periodismo o audiovisual. De hecho lo hice, aunque me encantó la experiencia de Mar adentro y tenía claro que quería ir por ahí. Lo compaginé con la formación como actor. El punto es que creo que esto es un oficio y hay un respeto al oficio que lleva un tiempo.
Hay que saber tener unas herramientas para trabajar y no simplemente hacer versiones de ti más o menos parecidas. Leer un guion, entenderlo, trabajar sobre él. Yo consideraba muy importante subirme al escenario. Cuando vine a Madrid empecé en Corazza y estábamos haciendo un ensayo de madrugada y tuve una sensación en el escenario de que empezaba a ser actor. Recuerdo eso, recuerdo el Centro Dramático Nacional con El viaje a ninguna parte, que además Mabel Rivera me regaló esa obra durante el rodaje Mar adentro, y me lo encontré como un mensaje del pasado.
Hay algo en las películas de Daniel Sánchez Arévalo, y es que en todas sus películas ha estado nominado algún actor a los Goya, ¿qué tiene?
A mí me pasaba con sus películas y creo que lo que la mayoría de los actores queremos es formar parte de universos como los de Dani. Es uno de los grandes. Creo que lo que tiene es que le gustan mucho los actores, que eso no siempre es garantía, pero le gusta mucho probar. Decía corten y surgían cosas. Le gusta mucho que la cosa esté viva y yo creo que eso los actores lo valoramos. Que el rodaje no sea simplemente la realización de un guion que puede estar muy bien escrito, sino que ocurran cosas inesperadas. Y él tiene mucho arte en tener esa paciencia. No se inquieta con que algo no salga como igual se lo imaginó, sino de otra manera. No hay una ansiedad por ir a un resultado.
¿Se ha encontrado lo contrario, directores a los que no les gusten los actores, o estén más pendientes de otra cosa?
A ver, no diré tanto, pero sí que esto de ‘me gusta trabajar con los actores’ es una cosa muy buena, pero a veces es muy complicado, porque también los actores y actrices tenemos nuestra necesidad de atención, atención, atención, y un rodaje es un millón de cosas a las que hay que prestar atención. Igual no es tan fácil encontrar el tiempo para nosotros. Sí que me he encontrado esto de que alguien dice: “Me gusta mucho trabajar con los actores, vamos a ensayar”, y luego a lo mejor hay situaciones en las que dices “es que ensayar a lo mejor para mí no es esto”. A veces te encuentras, seguramente también por los tiempos, una necesidad por el resultado y eso para los actores es muy agobiante. Pero igual que un director se ha podido encontrar con que yo no trabajaba de la forma que él quería. Pero en general yo digo mucho una cosa que creo que decía Fernando Piernas, que es uno de mis maestros, que es: “Tómate cada director como una forma de entrenar”.
¿Hay algo generacional en los cambios en el cine español? Quizás una nueva generación de productores, de directoras, fomentan más un trato horizontalidad sin que sea todo competitividad.
Totalmente. Y a lo mejor también es consecuencia de que vivimos en una sociedad que igual de una forma también natural se está dando cuenta de que eso nos aplasta como gremio. Creo que hace falta tener esta sensación de estar todos en un mismo nivel. Aunque luego es muy jerárquica la cosa, y están los tiempos de un rodaje, que a veces son un poco de batalla. Yo lo he vivido también. Yo empecé en La lengua de las mariposas y tengo esa imagen de señores. De estudio. De director. Esa cosa clásica de Hollywood, pero es que ha cambiado mucho todo. Lo que menos me gusta de todos los cambios que está habiendo es que las salas de cine viven un momento complicado. A mí que me encanta la sala de cine... y ese es de los cambios que más miedo me da.
¿Tenéis los actores alguna responsabilidad en eso? ¿Piensa en ello a la hora de elegir un proyecto? Sé que no siempre se tiene la suerte… Hace poco veíamos las declaraciones de Oliver Laxe sobre trabajar con Netflix.
Partamos de la base de que tengas para comer, porque no hay que perder esa sensación de trabajo y de que es para ganarte la vida. Hace años decíamos que este trabajo era muy inestable y había unos datos terribles, solo el 8% de actores que trabajaban. Ahora, creo que en general gente de mi generación que son periodistas, que son músicos, tienen los mismos problemas o problemas aún más difíciles para su trabajo. Yo considero que he tenido cierta sensación de poder elegir. Para mí es fundamental y he tenido la suerte casi siempre de poder hacerlo. En eso me considero un privilegiado. Luego estos asuntos, tocan sensibilidades que creo que a veces tienen que ver también con la brocha gorda, con el titular, con ver qué ha dicho cada quien.
Depende de cada proyecto, imagino.
Sí. Claro que hay una realidad que es según lo que eliges, pero en todo, no solo en una película: en la obra de teatro que haces, en la serie que haces, hay una ideología o hay algo a lo que le estás dando de comer. Y lo mejor es ser consciente de eso y también respetar al otro, porque: ¿qué relación hay ahí con las decisiones que cada uno toma? Creo que hace falta mucho contexto. Yo creo que en estos tiempos nos cuesta encontrar tiempo para tener un contexto de por qué alguien decide algo o por qué alguien hace unas declaraciones que de repente son virales durante una semana. Todo el mundo habla de eso y el problema que tenemos es que todo empieza a perder valor, porque si a todo le damos tanta gravedad, pues a lo mejor no es tan importante. Uno mismo también se dice, bueno, pues si se meten conmigo, pues ya pasará, ya vendrá otro y tocará al siguiente. Intentaré yo aprender de qué me pasó a mí y tendré cierta compasión del otro que a lo mejor ha querido decir una cosa y se ha interpretado otra.
¿Eso afecta a cómo os enfrentáis a las entrevistas o a un canutazo en una alfombra roja?
Totalmente. Yo creo que es un aprendizaje que estamos haciendo todos también. No es lo mismo estar aquí hablando con cierta sensación de matizar un poco que estar en la alfombra y te hacen una pregunta a cañón o una conversación que tienes y se saca de contexto. Pero bueno, también es parte de este oficio saber en qué contexto estás y saber que, si tienes una repercusión, lo que digas puede afectar a otras personas. Entonces también hay conversaciones y preguntas que uno no va a responder lo que piensa, porque tampoco ves que al otro le interese mucho.
En ese sentido, ¿cómo se lleva con las redes sociales?
Le doy importancia justa. No exhibo mucho mi vida del día a día y en lo que puedo promociono mis trabajos. Yo intento no crear una imagen que me sea muy difícil sostener. Tener una cierta coherencia entre lo que vendo y lo que luego hago en el día a día. A mí, en las personas que conozco que a lo mejor tienen una repercusión o que tienen un discurso, siempre me ganan más lo que les veo hacer con el vecino. Muchos mensajes están muy bien y creo que hay que darlos, pero si luego esa persona se cae un señor por la calle y no le ayuda, se me cae un poco ese armazón. Entonces yo intento tener cierta sensación de coherencia.
Una típica pregunta es qué discurso piensa dar si gana, si va a hacer un discurso politizado…
Bueno, a ver, primero no ponerme muy nervioso.
Y que no le bajen el micro como la otra vez.
Claro, en ese momento yo no estaba preparado. Me parece que tiene sentido que desde la propia academia haya una especie de tutorial para ser conscientes todos que estamos en un espectáculo para mucha gente y a lo mejor podemos evitar mencionar a todos tus primos o algo así. En este caso, además siendo 20 años después, sí que pienso mucho en la responsabilidad no solo de que es un espectáculo, sino tampoco resultar un coñazo o alargarme. Pensar en las personas que son la causa de que yo esté ahí. Hacer algo digno. Porque la película creo que tiene un mensaje digno y me enfocaría en eso, en dar las gracias a las personas más concretas y también algo que tenga que ver con el mensaje de la película.
¿Entiende que se escrute tanto lo que se dice en un momento como este?
Lo entiendo por los tiempos que corren y las dinámicas que hay en las redes sociales, que se busca algo que tenga un impacto muy rápido para criticar o ponernos a favor. Pero tengo también una sensación como negativa. No sé si decir que es bullying, pero cuando de repente hay una masa que va contra alguien... Yo cuando veo que alguien ha sido torpe o igual no ha estado lo más acertado siempre me digo: frénate, para un poco.
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